Prólogo: ¿Libertad?
Tic, tic, tic, tic.
Rojo. Pequeñas gotas cayendo como lágrimas carmesíes desde el final del arma hasta la punta de su zapato. Una mancha difícil de quitar, si tan solo le importase en lo más mínimo.
Avanzar entre la pila de cuerpos dispersos por el lugar se sintió igual a que si abriese la celda de un ave criada en cautiverio. Sabor a liberación en la base de la lengua.
El sonido de cientos de sirenas a las afueras del edificio de oficinas se colaba a través de la ventana, como los gritos de todas las almas suspendidas en el espacio; ya con nada que las atase a los cadáveres aun calientes de quienes habían sido hasta ese momento sus compañeros de trabajo. Bien, que sonasen. La imagen de ángeles tocando sus trompetas para anunciar su puesta en libertad se formó detrás de sus párpados. Si, eso estaba mejor. Mucho mejor.
Solo que no eran sirenas, mucho menos gritos de almas aquello que tiraba de él en ese momento para abandonar el plano de la inconsciencia, sino la dulce voz de una mujer, apremiándolo para abriese los ojos y comenzase el día.
Su primer día como hombre libre.
-o-o-0-o-o-
Falso.
Fue la única palabra que cruzó su mente en aquel momento.
Falso. Errado. Mentira. Inventos. Todos inventos. Exageraciones.
Solo que no lo eran.
Apenas fue capaz de distinguir las voces aquella vez. Lo único en lo que podía concentrarse siendo las manchas de sangre en las paredes y los muebles volcados. La mesita donde solía sentarse a tejer su madre, el sillón negro reclinable de su padre. Dos testigos silenciosos de la peor de las pesadillas.
Abrió los ojos, sobresaltada, buscando algo a su alrededor de lo que aferrarse con urgencia. Necesitaba comprobar que volvía a estar en el mundo real.
Kento dormitaba a su lado y recordó todo en menos de un segundo. Inspiró, exhaló. Varias veces. Así hasta que se dio cuenta de algo increíble. Ya no volvería a tener esa pesadilla. Podía afirmarlo con toda certeza. Ese sueño quedaría en el pasado. Lo sabía, lo intuía.
Bien. Ya iba siendo hora de respirar un poco de libertad.








