Prólogo
Hay muchas formas de que te rompan el corazón:
Que tu ex desaparezca durante tu aniversario porque “se le fue el WiFi”.
Que tu mamá le diga a tu abuela que te compre ropa talla L cuando tú usas M.
O que un tipo con mandíbula de villano de película de acción arruine la mejor idea que has tenido en tu vida… frente a una sala llena de inversionistas.
Spoiler: me pasó la tercera.
—Entonces, ¿según tu app, una persona responde un par de preguntas, y automáticamente le aparece su “alma gemela”? —dijo él, cruzado de brazos, como si estuviera viendo una comedia barata.
—No un par —aclaré, apretando la sonrisa—. Cuarenta y siete.
—Ah, claro —rió, con ese tono odiosamente condescendiente que solo alguien guapo y egocéntrico puede perfeccionar—. Cuarenta y siete. Así que ahora el amor es como un formulario de impuestos.
Risas. No las mías, por cierto. Las del jurado.
Me ardían las orejas. Literalmente. Si alguien me hubiera puesto un termómetro en ese momento, seguro salgo con fiebre de ego herido.
Daniel Lee. CEO de una plataforma de productividad, favorito de Silicon Valley y aparentemente jurado honorario del club internacional de “odio las apps de citas”. Por alguna razón cósmica que solo puede explicarse como karma, él y yo estamos compitiendo por la misma ronda de inversión. Y él acaba de convertir mi idea en una broma.
Pero no me importa.
Ok, me importa.
Ok, me importa muchísimo.
Pero no voy a dejar que un hombre con nombre de protagonista de drama coreano me arruine el día.
Porque si algo sé, es que el amor no se puede programar…
Pero esta vez, yo voy a intentarlo.