𝔔𝗎𝖾𝗋𝗂𝖽𝗈 𝗉𝗋𝗂́𝗇𝖼𝗂𝗉𝖾 𝔜𝖺𝗇𝗀 - Hyunin

Summary

Hyunjin es el guardia del príncipe Jeongin, o eso es lo que los demás creen. Porque cuando se entera de su compromiso con una princesa de otro reino, decide recordarle a quién pertenece. Advertencias! - Hyunjin alfa ; Jeongin omega - contenido explícito

Genre
Erotica
Author
Hanttom
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝔄 𝗅𝗂𝗍𝗍𝗅𝖾 𝔖𝖾𝖼𝗋𝖾𝗍.


Las puertas del salón real se cerraron con un estruendo amortiguado. Jeongin no se giró. Permaneció de pie, los hombros rectos, la corona levemente ladeada tras una audiencia agotadora. El anuncio había sido claro: el príncipe del reino Yang debía casarse con la princesa Kim, uniendo dos tierras, dos ejércitos, dos coronas.

—¿Es cierto?

La voz lo hizo girar. Hyunjin estaba ahí parado, con el ceño fruncido y los ojos oscuros clavados en él. Su uniforme ajustado, su espalda recta. Pero lo que más pesaba era la rabia que se le notaba en la cara.

—¿Vas a casarte con ella?

El omega respiró hondo. Dio un paso hacia él.

—No es algo que quiera. Es una obligación.

Hyunjin rió sin gracia.

—¿Y tú vas a obedecer como si nada? —la voz de Hyunjin temblaba de celos—. ¿Vas a dejar que otro te toque solo porque tu padre lo quiere?

Jeongin apretó los dientes.

—No tengo opción.

—¿Y yo qué soy entonces? ¿Alguien para pasar el rato antes de que te vuelvas real con otra persona?

—No digas eso...-Extendió la mano, pero Hyunjin la apartó con brusquedad.

—No me toques. No después de eso

—¿Entonces qué quieres que haga? ¿Que desate una guerra por ti? —Jeongin alzó la voz por primera vez—. ¿Que me revele con mi padre? ¿Todo para seguir metiéndome en tu cama cuando nadie mira?

El alfa lo miró, la mandíbula tensa. Estaba tan cerca que podía sentir su respiración caliente.

—Te he protegido con mi vida. He dormido afuera de tu puerta cada maldita noche. Y ahora te vas a casar con alguien que ni conoces... ¿Y yo tengo que callarme?

Jeongin lo miró a los ojos. Su voz salió más suave, pero rota:

—No quiero casarme con ella. Te quiero a ti.

Y entonces Hyunjin lo tomó por el cuello de la túnica, lo empujó contra la pared del salón y lo besó. No fue dulce. No fue lento. Fue rabioso. Exigente. Sus labios mordieron los de Jeongin, quien respondió con el mismo fuego, aferrándose a su cintura con desesperación.

—Quiero que te acuerdes de esto cada vez que ella te toque —murmuró Hyunjin contra su boca.

—Cada vez que te metas en su cama... recuerda quién te hizo rogar por ser abierto. Por ser llenado. Por ser tomado como solo yo puedo hacerlo.

Jeongin cerró los ojos, jadeando.

—Llévame a tu cuarto. Ahora.

Hyunjin sonrió.

—No. Aquí mismo. Te haré mío acá.

El alfa lo tenía contra la pared, sus labios bajando por su cuello mientras sus manos se deslizaban debajo de la túnica. No fue suave. No fue romántico. Fue necesidad pura.

—Voy a tocarte —le murmuró, mordiendo la base de su garganta—. Y vas a quedarte calladito mientras lo hago. ¿Entendido?

Jeongin asintió rápido, ya respirando agitado. Hyunjin sonrió con la boca en su piel.

Le abrió la túnica sin cuidado, dejando que cayera por sus hombros. Le bajó la ropa interior y la dejó en sus tobillos. Lo agarró por las caderas y lo obligó a girarse, apoyando las manos contra la pared. Jeongin tembló al sentir el aire frío, tan expuesto.

Hyunjin bajó una mano, directa, y lo tocó por delante.

Sus dedos envolvieron el miembro caliente y palpitante del omega, frotándolo lento desde la base hasta la punta, y luego de vuelta, apretando justo donde sabía que lo volvía loco. Jeongin gimió, su cuerpo reaccionando de inmediato, los muslos tensos.

—Estás duro aquí abajo.. —susurró Hyunjin contra su espalda, besándole la nuca—. Me encanta lo rápido que te pones así por mí.

Aceleró los movimientos, masturbándolo con ritmo firme mientras la otra mano bajaba por su trasero, separándole las nalgas con un agarre posesivo. Lo tocó ahí también, sintiendo el lubricante natural, empujo un dígito apenas en la entrada, rozándolo.

—Estás tan caliente y mojado —gruñó—. Estás pidiéndome que te abra, ¿verdad?

—Sí.. por favor, Hyun.. —Jeongin apoyó la frente contra la pared, jadeando—. Quiero tus dedos..

Hyunjin escupió en su mano y llevó los dedos directo a su agujero. Empujó uno dentro, lento, sintiendo cómo el cuerpo de Jeongin lo apretaba.

—Mierda, siempre tan estrecho..

Comenzó a moverlo dentro, metiendo y sacando el dedo, húmedo, ruidoso, mientras seguía masturbándolo con la otra mano. Jeongin gemía, frotándose contra su palma, buscando más.

Hyunjin metió un segundo dedo. Lo estiró sin piedad, girándolos, hundiéndolos profundo hasta que tocó ese punto que lo hizo gemir fuerte, casi gritar.

—¡A-ah!, ahí.. ahí, Hyun.. n-no pares..

—Shhh —le mordió la oreja—. Vas a correrte con mis dedos antes de que te folle, ¿me oíste?

Jeongin no respondió, solo empujó más hacia atrás, su cuerpo rogando.

Hyunjin lo masturbó más rápido, los dedos curvados dentro de él, abriéndolo, preparando ese agujero que ya goteaba por el roce. Sentía cómo se contraía, cómo se humedecía más con cada movimiento.

Y cuando Jeongin se vino, lo hizo temblando, con un gemido agudo y desesperado, corriéndose sobre la mano de Hyunjin y manchando su vientre y parte de la pared.

Pero no hubo descanso.

—Ahora sí... —murmuró Hyunjin, bajándose el pantalón—. Ahora te follare para que no olvides a quien perteneces.

Acomodó la punta contra su entrada ya abierta y empujó. Despacio al principio, solo la cabeza, haciendo que Jeongin soltara un gemido ahogado.

—M-más... —jadeó, aún temblando por el orgasmo—. Todo...

Hyunjin se lo dio.

Lo empujó entero, con un solo movimiento firme, enterrándose hasta el fondo. Jeongin se arqueó con fuerza, los dedos rascando la pared.

—Ah.. iA-ah, H-hyun..! -gritó, el cuerpo sacudido por la sensación de estar lleno, completamente tomado.

Hyunjin empezó a moverse rápidamente, con las manos firmes en su cintura, marcando cada embestida con fuerza. El sonido de piel chocando. No hablaban. Solo gemían, se tocaban.

Cada vez más rápido, más duro, más profundo.

Hyunjin gruñía con cada embestida, sus caderas chocando contra el culo del omega, su miembro entrando y saliendo con un ritmo sucio, constante, húmedo.

Hasta que lo sintió apretarse fuerte de nuevo.

—¿Otra vez? —jadeó, sonriendo—. Vas a correrte otra vez con mi pene dentro.

—¡Sí! -Jeongin gritó, sin poder contenerse—. H-hyunnie… dentro, p-por favor!

Y Hyunjin acabó con él, empujando con fuerza, llenándolo tan profundo que Jeongin se vino otra vez, temblando, vacío de fuerzas, contra la pared.

Hyunjin lo abrazó por la espalda mientras sus respiraciones se mezclaban. No dijo nada. Solo lo sostuvo.

Jeongin apenas podía mantenerse de pie. Su cuerpo temblaba, completamente rendido, con las piernas abiertas y su pecho pegado a la pared fría. Aún sentía el calor de Hyunjin dentro, el miembro del alfa que lo había tomado sin parar hasta hacerlo correrse dos veces.

La sensación de estar lleno era real. Hyunjin no solo se había venido dentro, sino que lo había hecho con fuerza, profundo, marcando cada empuje con esa necesidad instintiva que solo un alfa podía tener por su omega.

Hyunjin jadeaba contra su nuca, aún abrazado a su cintura, su aliento caliente en la piel. Y entonces, le susurró con voz ronca, posesiva, cargada de deseo y poder:

—Ahora estás lleno de mis cachorros.

Jeongin cerró los ojos. Su vientre palpitó con esa frase, el instinto omega vibrando en lo más profundo. Era lo que había querido desde siempre, lo que nunca podría obtener de ningún otro.

Hyunjin bajó una mano por su abdomen, lo acarició con lentitud.

—Ya no importa con quién te quieran casar —continuó, besándole la oreja—. Tu cuerpo ya sabe a quién pertenece. Ya huele a mí. Está marcado por dentro.

Jeongin gimió bajito, aún sensible, sintiendo cómo el semen caliente se escurría lentamente por su interior.

—Mírate... —susurró Hyunjin, bajando la mano para apretar suave entre sus piernas—. Toda la corte sabrá que te abrí y te llené. Que este omega no es de nadie más que de su alfa.

Jeongin asintió con un gemido tembloroso, completamente entregado.

—Mío —gruñó Hyun, pegando un último beso a su nuca.

Y en lo más profundo, Jeongin supo que era verdad.

Que aunque le pusieran una corona al lado de otra persona, su cuerpo, su olor y su alma ya tenían dueño.

—No me importa con quién quieran casarte —dijo Hyunjin en voz baja—. Vas a seguir siendo mío.

Jeongin cerró los ojos, tragando saliva.

—Lo soy.. susurró—. Aunque me obliguen a sonreír en una boda frente a cientos, mi cuerpo.. mi alma.. ya se rindieron a ti.

Hyunjin gruñó suave, apoyando la frente en su hombro.

—No quiero verte con otro. No quiero que alguien más te mire como yo te miro. Que te toque como yo lo hago.

Hyunjin lo giró con cuidado, lo envolvió entre sus brazos.

Jeongin temblaba todavía, con la piel roja, los labios marcados, el cuello lleno de mordidas que no iba a poder esconder. Pero no dijo nada. Se dejó sostener.

—No vamos a contar esto —dijo Hyunjin, más serio—. No todavía. Pero te lo juro, Jeongin.. si llega el momento de esa boda.. me vas a encontrar ahí. Aunque tenga que interrumpir la boda con una espada en la mano.

Jeongin rió bajo, aún jadeando.

—Qué dramático.

—No es drama —le contestó Hyunjin, mirándolo a los ojos. —Es que no pienso dejar que nadie más tenga lo que es mío.



¡Buenas!, ¿Qué tal?, volví después de un largo periodo de ausencia. Espero que les hayan disfrutado del contenido, también agradecería mucho sus opiniones. ¡Nos vemos pronto!