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El valiente caballero. [ RONARRY ]

Summary

A veces dos corazones destinados están más cerca de lo que realmente saben. Un conocido, un amigo... Un baile y dos personas, un disfraz de por medio y emociones flotando alrededor. Está es la historia de como Harry Potter se dio cuenta de que el amor, el verdadero amor, estaba justo a su lado. Top! Ron Weasley / Bottom! Harry Potter.

Genre
Lgbtq
Author
DY_Potter
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

San Valentín.

La mañana del catorce de febrero, aunque no hacía particularmente calor, tampoco estaba tan frío como los últimos días. Y el silencio era apenas un recuerdo, pues los alumnos del colegio se habían levantado temprano, alistando sus regalos y cartas que darían aquel día o noche.


Hermione estaba particularmente emocionada porque había estado compartiendo cartas con Víctor y aunque él no estaría ahí con ella en ese día, sentía su amor incluso en la distancia.


Su sonrisa se disipó cuando el ruido de una persona dejándose caer a su lado, en el gran comedor, llegó a sus oídos. No tuvo que voltear para saber que se trataba de su mejor amigo.


Harry Potter.


— No luces muy animado hoy. – Se atreve a decir. – Está noche es el baile de San Valentín.


— Oh, es cierto. Debería ir y decirle a mi novio que usemos disfraces en conjunto. – El sarcasmo era tan notorio que Hermione no se contuvo de hacer una mueca. – Espera, no puedo hacer eso. ¡Porque el imbécil actuó como el puto niñato que es y terminamos!


Un suspiro cansado escapó de los labios de la Gryffindor, sinceramente no creía que hubiese sido una gran pérdida, la relación que Harry sostenía con Malfoy era horrenda. La mayoría del tiempo ni siquiera entendía que había visto su mejor amigo en el Slytherin mimado.


Malfoy era grosero, tenía un temperamento horrible y se la pasaba presumiendo sobre estupideces que realmente a nadie le importaban. Y siempre tenía ese gesto que parecía estar oliendo mierda.


A veces Hermione solía pensar que Harry solo salía con él por mostrarse rebelde con su padre.


James Potter era el salvador del mundo mágico, una figura modelo para todos, menos para su hijo. Porque Harry tenía está etapa de adolescente rebelde donde cualquier cosa que su padre dijera, quería contradecirlo.


— Deberías ir al baile, no es obligatorio llevar pareja, yo iré con Ginny como amigas. – Ella sugiere en lugar de empezar una discusión sobre lo terrible que era Malfoy. – Puedes unirte a nosotros.


— ¿Y ver cómo mi ex novio probablemente esté restregando su cara contra la de una estúpida chiquilla de Slytherin? Prefiero pasar.


— Pff, no es como que te duela más allá del orgullo. – Aún con la mirada indignada que le da el pelinegro, ella continúa. – Vamos, Harry. Ambos sabemos que no querías realmente a ese idiota. Te divertía hacer enojar a tu padre y a Lucius Malfoy. Pero no sentías más que atracción física con ese imbécil, ¡Ni siquiera te conocía!


Harry no responde, en cambio desvía su mirada un momento, observando al rubio en la mesa de Slytherin. Aunque no parece particularmente afectado por la ruptura, tampoco se muestra tan arrogante como antes. Pero incluso eso no le hace querer ir y pedirle que regresen.


Porque secretamente era un alivio que Draco la cagara. Se había librado de él en una forma tan fácil, donde ni siquiera quedó como el malo.


— Y tal vez podrías encontrar a alguien. – Hermione menciona al aire, llamando su atención.


— Por supuesto, otro idiota que quiera salir con el hijo del salvador James Potter. – El desagrado es tan evidente en su voz. Aún no podía olvidar todo el desastre que fue su "casi algo" con Cedric Diggory hace dos años. – Admítelo Hermione, no existe nadie en esta escuela que realmente me conozca como Harry, solo Harry.


— Ron.


La respuesta le saca de su sitio un momento, haciéndole parpadear un par de veces, hasta que una carcajada escapa de sus labios.


— Bueno, si. Ron me conoce más de lo que yo mismo lo hago. Pero él no cuenta, es mi mejor amigo. – Ella le da esa mirada extraña y se ve obligado a alzar las manos. – ¡Oh, vamos! El beso de segundo grado fue solo para que su hermanita me dejara en paz. Ambos lo superamos y somos casi como hermanos.


— Si tú lo dices. – Ella le está dando por su lado y es tan evidente que quiere responderle, pero no se lo permite. – De cualquier manera, sobre conseguir a alguien en el baile, ¡Es de disfraces!


— Si, estoy al tanto de eso.


Hermione le da aquella mirada que le dice lo tonto que ella a veces lo considera. Y luego se levanta de la mesa y lo toma del brazo, llevándoselo de ahí.


— No es necesario que te vean el rostro, Harry. – Ella finalmente le dice, en un susurro. El pasillo está solitario. – Puedes usar un disfraz que tenga una máscara, algún antifaz. Nadie sabría quién eres.


Harry duda por un momento, no sabiendo que tan buena idea es esa, pero su mejor amiga se ve tan entusiasmada con ello que se ve incapaz de negarse. Pero sabe que probablemente se arrepienta luego.


— Sólo porque no tengo nada mejor que hacer está noche.


Una sonrisa se extiende por el rostro de la castaña y tan pronto como ella lo jala por los pasillos, se da cuenta de que realmente debió decir que no.


Ya que era un sábado, no habían clases en todo el día, por lo que se vio a merced de la chica durante horas. Buscando en revistas posibles disfraces que le quedarían bien, transfigurando ropa, una y otra vez.


Para cuando el atardecer estaba bajando, Harry había perdido la cuenta de todos los disfraces que se probó, de cada arreglo y hechizo que su amiga dijo. Y realmente estaba agotado.


— ¡Harry! – Ella grita, acercándose a la cama y mostrándole una imagen. – ¡Mira, mira! Es perfecto.


Aunque su cuerpo le pedía seguir recostado en el colchón, sólo observando el techo, sin ninguna otra preocupación. Se obliga a levantarse lo mejor que puede, sobre sus propios codos y observa la revista.


Su expresión de incredulidad debe ser realmente notoria, si el como Hermione aleja la revista es alguna señal.


— ¡Vamos! Es un buen disfraz. – Ella intenta convencerlo. – Nadie te va a reconocer y creo que te verás muy lindo.


— ¿No es algo pretencioso vestirme de príncipe, Hermione? – Un suspiro escapa de sus labios. – Me veré ridículo. Esto no es la cenicienta.


Una pequeña risa escapa de los labios de la castaña, recordando que su mejor amigo había sido criado con ambas culturas, tanto mágica como muggle. Y por supuesto se daría cuenta de aquella referencia.


— Podría serlo, un joven misterioso con un bello traje se encuentra con un caballero que está dispuesto a luchar por su amor. – Ella se deja caer en la cama. – ¿No es eso tan romántico?


— ¿Quién eres y que hiciste con Hermione Granger? – Una risa escapa de los labios de su amiga, antes de jalarlo a la cama a su lado. – Víctor debe tenerte demasiado enamorada si te hace actuar así.


No era realmente una mentira, pero también está el hecho de que deseaba ver a su mejor amigo conseguir una cita, incluso si era algo de una noche. Tenía que quitarse ya de encima el pensamiento de su relación pasada.


Harry era un chico divertido, risueño y realmente hermoso. Tenía más talento para el Quidditch que nadie en todo Hogwarts y su talento innato en defensa contra las artes oscuras era impresionante. ¿Porque se topaba con tanto idiota?


No, ella se aseguraría que está noche consiguiera un buen hombre, un chico ideal.


Su príncipe de San Valentín.


— ¡Ya es tarde! – Ella grita de repente, al escuchar el reloj retumbar. – No quiero más quejas. Este es el disfraz correcto y lo usarás.


Incluso aunque Harry hubiese hecho un esfuerzo en negarse, sabía que no funcionaria para nada. Cuando su mejor amiga decidía algo, no existía quien la detuviera, ni siquiera Víctor.


Por lo que, algunos hechizos fueron lanzados aquí y allá. Unos arreglos en las medidas, en los accesorios y detalles. Y para cuando se dio cuenta, ya estaba frente al espejo, mirándose impresionado.


El traje era tan blanco como la nieve con un azul cálido, aunque llevaba pantalón, el largo del saco le daba volumen a la parte baja. Sus zapatos eran azules y los accesorios que adornaban ciertos mechones de su cabello eran del mismo tono, sólo la tiara en el centro de su cabeza tenía piedras esmeraldas, algo que resaltaría sus ojos según Hermione.


— Te dije que te verías hermoso.


Una pequeña risa escapa de sus labios, ella siempre quería tener la razón. Pero aceptaba que está vez sí que la tenía.


Nunca solía arreglarse de aquella forma, pero se miraba bastante bien, casi como sacado de un cuento de hadas.


— Y mira este toque final. – Un antifaz fue colocado en su rostro, tapándole la parte superior de su cara, lo que pensó sería un problema debido a sus lentes. Pero descubrió que con este accesorio no los necesitaba. – Encantado para que no tengas que usar anteojos. Y también tiene magia para confundir a las personas, no podrán saber realmente quién eres.


— A veces olvidó que eres la bruja más brillante de nuestra generación.


Eso le vale una sonrisa llena de orgullo de ella. Y aunque con gusto seguiría halagandola, el reloj vuelve a retumbar, por lo que entiende que el baile ya ha comenzado.


— ¿Me permite escoltarla, bella dama? – Extiende su brazo y ella lo toma entre risitas.


Aunque la mayor parte del día la dedicaron a buscarle un disfraz, Hermione tenía uno planeado ya, al menos eso era lo que le había dicho cuando desapareció una hora durante la tarde. Ahora mismo ella vestía como un hada madrina, lo que de hecho era otra referencia y no pudo evitar reírse de eso todo el camino hasta el Gran Comedor.


No iba a mentir, estaba nervioso, demasiado si era muy sincero. Porque aunque confiaba en que nadie lo reconocería, temía que a ninguna persona le pareciera interesante siendo solo el, Harry. No el hijo de James Potter, no el heredero del gran salvador.


Pero debía ser fuerte, debía enfrentar sus temores. Y si al final de la noche no encontraba un "príncipe azul", al menos se divertiría. Y nadie podría decir que estuvo solo todo el baile, porque no sabrían que es el.


— ¡Hermione, Hermione! – La voz de Ginny atrae la atención de la chica. – Ven, tienes que ver el vestido de Luna. ¡Se ve hermosa!


— Ah, si. Pero yo... ¡Whoa! ¡Perdón, volveré rápido!


En un parpadeo, se encontraba solo, observando como su amiga era arrastrada lejos suyo. Y nunca se había sentido más fuera de lugar que en aquel momento.


Se obligó a girar sobre sus talones y caminar entre las personas, sin saber realmente a dónde ir o que hacer. Más que sonreír de vez en cuando y sentirse torpe.


Incluso se acerca a una mesa, tomando un poco de ponche, observando si Hermione ya había sido liberada de sus amigas. Pero no veía rastro de ella. Sin embargo, está distracción le hace que al girar y caminar, no se de cuenta de quien está detrás suyo y por lo tanto choca con aquella persona, derramando todo el líquido encima de su disfraz.


Encima de Draco Malfoy.


Jodida suerte Potter.


— ¡Oh, yo lo siento! – Se apresura a decir, dándose cuenta que incluso su voz es diferente, imagina que se debe al collar que Hermione coloco en su cuello. – No te vi, perdóname.


Sabe que Draco está realmente enojado por lo roja que se está poniendo su rostro y la forma en que le mira con tanto asco.


— ¡¿Eres un retrasado o algo así?! Por salazar, mira lo que hiciste. Arruinaste mi disfraz. Deberías mirar por donde vas. – El Slytherin se queja. – ¡Debes ser un estúpido sangre sucia! Sólo alguien así sería tan idiota como tú.


— Yo, no fue mi intención... – Intenta apaciguarlo, tomando un pañuelo de la mesa y tratando de limpiar el desastre, logrando que solo se ensucie más. – Mierda.


— ¡Eres un imbécil!


Draco le empuja con fuerza, lo que le hace trastabillar hacia atrás, casi cayendo sino fuera por un cuerpo detrás suyo que le detiene y lo sujeta con amabilidad.


Al voltear para ver de quién se trataba, parpadea un par de veces, dándose cuenta que es Ron, su mejor amigo. Y sabe muy bien lo pésimo que se llevan ambos chicos.


— ¡Oye, Malfoy! Ten cuidado, no tienes porqué ponerte así. Ya te dijo que lo siente.


— ¡Tú no te metas, comadreja! – Draco apunta con su dedo. – Ese idiota de ahí arruinó mi disfraz.


— Nadie podría arruinar tu disfraz de imbécil, Malfoy. – Una risa se escapa de los labios de Harry al escuchar aquello. – Lo llevas a diario desde que naciste.


Aquellos que habían estado escuchando alrededor, no pudieron evitar reír, incluso algunos que acompañaban al Slytherin. Lo que sin duda le hizo enojar más.


— ¿Y tú de qué estás disfrazado, Weasley? – Una sonrisa desagradable se extiende por los labios del rubio. – ¿De pobre? Pero eso eres.


— Soy un caballero, idiota. – Contraataca el pelirrojo. – Deberías estudiar un poco más, creí que eras el segundo más listo. Ya que Hermione siempre es la primera... Uh, eso debe doler.


Harry realmente no puede predecir el golpe que Draco intenta tirarle a Ron, ni mucho menos sabe como este último logro esquivarlo. Pero se aparta cuando ambos empiezan a correr.


Y se queda observando con cierta sorpresa como ambos pelean y se arrojan cosas, Ron termina subiéndose a una mesa y peleando con Draco con espadas falsas. Lo que de hecho es bastante gracioso si se detiene a pensarlo.


— ¡Ven acá, Weasley! – Grita Draco, lanzándose encima suyo. Pero entonces Ron se levanta y corre.


Para cuando Draco se pone de pie, no sabe dónde está, pero aún así corre y eso le impide ver el brazo que sale detrás de una columna y lo noquea justo en la cara.


Entonces Harry puede ver a Ron salir de esa misma columna y sonreír victorioso.


— Deberías de mirar por donde vas, Malfoy.


Los aplausos no se hacen esperar y los Gryffindor cercanos felicitan al pelirrojo. Quién choca las manos con algunos, disfrutando de haberle ganado al Slytherin.


— ¡Profesora! – Pansy chilla. – ¿No hará nada?


— Detención para Draco Malfoy por empezar una pelea. – La vieja mujer dice. – Ahora saqué a su amigo de aquí, señorita Parkinson.


La chica pareciera sacar espuma por la boca, mientras hace lo que se le ordeno. Y Harry no puede más que sonreír.


Cuando ve que las felicitaciones a Ron se terminan, aprovecha el momento y se acerca a su mejor mejor, tocando suavemente su hombro para llamar su atención.


— Eso fue muy valiente de tu parte. – Le dice mientras observa el disfraz que lleva. – ¿Como podría agradecerle, mi osado caballero?


Puede ver cómo Seamus le da un empujoncito en el hombro al pelirrojo y escucha algunos "Uhh" de personas alrededor.


Para cuando regresa su mirada al muchacho más alto, no recuerda haber visto tan sonrojado a su mejor amigo antes, lo que por alguna razón le parece sumamente tierno.


— Podría concederme un baile, mi príncipe. – El pelirrojo apenas puede hablar.


— Será un honor.


Harry ofrece su mano y se sorprende de lo fuerte que Ron la sujeta, aún cuando puede verlo morir de nervios, pero lo atribuye a eso mismo. Es llevado al centro de la pista y ayuda a Ron para que lo sujete de la zona correcta, en su cintura.


No era extraño para el estar tan cerca de su amigo, cuando eran pequeños, recordaba que se colaban a la cama del otro en noches lluviosas o particularmente frías.


Pero sabe que para Ron es diferente. Porque no sabe quién es bajo el antifaz. Así que entiende su nerviosismo.


— No debes hacerle caso a Malfoy, es un idiota. – Menciona al aire el más alto. – Aunque si estudias aquí, debes saberlo ya. No es una sorpresa.


— No, no lo es. Siempre ha sido bastante imbécil. – Le da la razón. – A veces suelo pensar que es por la crianza que le han dado. Pero realmente es desagradable por si solo.


— Es como un pequeño hurón rabioso cuando se enoja, ¿Sabes?


Eso saca una carcajada de Harry y contagia al más alto con su risa. Ambos probablemente recordando el incidente de cuarto grado, cuando un Moody falso, un mortifago loco que quería dañar a Harry, había transformado al Slytherin en un hurón.


Por un momento se quedan en silencio, sólo dando meciéndose de acuerdo a la música, dando lentas vueltas por la pista de baile.


Hasta que Ron habla nuevamente.


— Tu antifaz tiene magia.


Eso hace trastabillar a Harry pero Ron rápidamente lo sujeta, evitando que tropiece y caiga al suelo.


— ¿Como lo sabes? – Pregunta cuando ha retomado su postura.


— Porque puedo sentirla. – El pelirrojo le responde. – Y porque definitivamente no olvidaría un rostro tan bonito como el tuyo.


— No me has visto debajo del antifaz. – Una sonrisa traviesa se extiende por el rostro del más bajo.


— No necesito hacerlo, tus labios son muy bonitos y tus ojos encantadores. – La forma tan natural en que lo dice ocasiona un sonrojo en Harry. – Debes ser alguien realmente hermoso.


Había recibido elogios por su belleza muchas veces, pero ninguna era realmente sincero, porque sabía que era lindo pero la mayoría solo lo decía para ganarse su favor. No porque realmente les pareciera bonito.


Pero Ron no tenía porqué mentir. No había porqué quedar bien con el, no sabía quién era.


Y aún así era capaz de hacer enrojecer sus mejillas con cumplidos tan naturales.


— Bueno, agradezco los cumplidos.


— Deberías decir que soy el más guapo caballero del reino.


Una risa escapa de sus labios, ante el evidente comentario bromista del chico, no puede evitar negar con la cabeza.


— No necesito decirlo, apuesto a qué tiene cientos de damiselas a sus pies, mi valiente caballero.


— Pero ninguna tan hermosa como lo es usted, mi príncipe.


Harry había olvidado lo lindo que Ron podía ser y lo fácil que era sentirse seguro con él, poder ser como realmente era y no preocuparse por llenar expectativas, ni ser la sombra de su padre.


Con Ron podía divertirse, podía sonreír, podía ser el mismo.


¿Y no era eso simplemente encantador?


— Bueno, asumiendo que no deseas que sepa quién eres. – Empieza a decir el pelirrojo. – ¿Puedo saber más de ti? No tu nombre, pero tal vez tus gustos.


— Mm, me gusta el Quidditch. – Menciona al aire, sin revelar mucho. – La sensación de estar en el aire, de ser libre, es todo para mí. No es el juego en si. Es saber que tengo el control sobre la escoba, sobre la dirección que deseo seguir. La adrenalina que me envuelve.


Se sorprende al ver lo atento que Ron está a sus palabras. Y bajar la mirada, murmurando un "lo siento".


— No tienes que disculparte. – Ron se apresura a decirle. – Creo que entiendo lo que dices. Y es maravilloso que puedas sentirte libre. Además te ves lindo hablando de lo que te gusta.


Sabe que su rostro está realmente rojo porque sus mejillas arden, nunca antes había escuchado algo como eso, no de las personas con las que estuvo.


— ¿Quieres dedicarte al Quidditch?


— No realmente. Se que soy bueno, pero no pretendo convertirme en una estrella. No necesito que el mundo sepa mi nombre, ni dejar una marca. – No sabe porque está diciendo todo eso. Pero lo atribuye a la seguridad que le da Ron. – Sólo quiero ser yo. Vivir la vida cada día, disfrutar de la libertad, de las maravillas que el mundo puede ofrecerme. Reír y llorar, subir y caer, sólo vivir. Quiero que cuando sea viejo, cuando esté partiendo de este mundo...


— No te arrepientas de nada, ni hayas dejado algo sin hacer. – Ron completa su frase y una sonrisa se extiende por el rostro de ambos. – También quiero lo mismo.


Harry no puede evitar sentir un cosquilleo en su estómago, su corazón palpitando más fuerte. Ron lo comprendía tan bien.


El resto de la noche se la pasan hablando sobre todo y nada, sobre sus sueños, sobre sus deseos. Hablan sobre sus gustos y disgustos. Hacen bromas sobre tonterías y se ríen de estupideces.


Y bailan.


Ellos bailan toda la noche.


Observándose uno al otro, sintiendo a sus almas llamándose, la conexión de sus corazones y magia.


Para cuando son las once de la noche, Harry le pide a Ron que salgan un momento, porque necesita algo de calma. Y el ruido ya le había ensordecido los oídos.


Ambos se escabullen a un balcón de Hogwarts, en donde observan la luna y las estrellas, mientras siguen hablando.


— ¿Alguna vez has pensado en dejar todo y huir? – Harry pregunta. – Olvidarte del mundo y solo ir a donde tu corazón deseé.


— Muchas veces. – Ron está a su lado, observándole. – Pero eso me habría impedido conocerte.


Harry voltea a verle y están demasiado cerca, puede sentir la respiración de Ron en su rostro y sabe reconocer el deseo en los ojos de otro hombre.


Una vocecita en lo profundo de su mente le dice que no debe dejarse llevar por impulsos.


Pero otra más fuerte le dice que esto no es un simple impulso.


Nunca lo fue.


— Quiero besarte.


La declaración viene de Ron, pero no se mueve. Porque Harry sabe que el respetaría si le dice que no.


— Entonces hazlo.


Pero Harry definitivamente quiere besarlo.


Y es solo cuestión de segundos antes de que sus labios conecten.


El sabor de Ron es dulce, es delicioso. Sus labios son suaves pero sabe como besar, sabe como hacer que sus rodillas tiemblen y sabe hacerle sentir bien.


Harry pasa sus brazos detrás de los hombros del pelirrojo y deja que esté lo bese, que lo lleve a tocar las estrellas, que le haga sentirse deseado como nadie más podía.


El beso solo termina cuando la falta de aliento se hace evidente y Harry ve el rostro de Ron, realmente lo hace. No como antes, no como un amigo. Ve en el un hombre con deseo, un hombre que anhela.


Y vuelve a besarlo.


Pero entonces el sonido del reloj llega a sus oídos. Y Harry se obliga a separarse de aquellos maravillosos labios.


— Tengo que irme.


— ¿Porque? – Ron sonríe. – ¿Eres cenicienta acaso?


Harry sabe que no es así, no es cenicienta. Porque este no es un cuento de hadas para niños. Pero a Hermione le pareció gracioso hacer que la magia del antifaz desapareciera a la media noche. Y Ron conoce el cuento por ellos.


— ¿Realmente tienes que irte?


Harry duda un momento y aunque Ron le suelta, no se mueve, permite que el reloj marque las 12:01. Porque por primera vez no quiere correr, no quiere esconderse y ser alguien que no es. Quiere esto, quiere estar aquí.


Así que se queda quieto.


Y cuando está seguro que la magia del antifaz acaba, se lo retira del rostro y saca de su bolsillo los lentes.


— Harry...


Quiere reírse por la sorpresa en el rostro de Ron, pero está demasiado nervioso, porque no sabe si él lo rechazará ahora que sabe quien es.


— Lo siento, Ron. – Se disculpa. – Entiendo si no quieres volver a hablarme. Se que debí decirte antes, pero me estaba divirtiendo tanto, me sentía seguro contigo. Y no quería que te alejaras al saber que era yo.


— ¿Porque lo haría? – La pregunta sorprende al más bajo. – No entendía porque sentía está conexión con un desconocido, pero viéndote, sabiendo que eres tú... Supongo que siempre fuiste tú, con y sin antifaz. Siempre tú.


— Ron...


Pasa casi involuntariamente, sus cuerpos se buscan, sus bocas se buscan. Y cuando menos se dan cuenta, están unidos en un beso más apasionado que los anteriores.


Saboreando la boca del otro y disfrutando de ello. Sabiendo que esto no está mal, nunca lo estuvo. Porque estaban destinado uno al otro. Incluso si antes no lo habían visto.


A donde fuera que Harry iba, Ron siempre le seguía. Y cuando Ron necesitaba de alguien, Harry estaba ahí para él.


Eran dos mitades de un todo.


— Harry... Harry...


El aliento de Ron choca contra sus labios, mientras sus manos bajan de la cintura del moreno, hasta sus glúteos y aprieta sin pudor alguno.


— Si no quieres...


— No, está bien. – Se apresura a decir. – También lo deseo.


Eso es suficiente para que Ron empiece a besar su cuello y desabroché la camisa del disfraz que trae, dándole atención al resto de su piel con los labios. La cremallera de sus pantalones baja y puede sentir las manos ajenas entrando, tocando sin ninguna vergüenza.


Sabe que este no es el mejor lugar para una primera vez.


Pero está caliente y eso no importa ahora.


Así que permite que Ron lo toque y bese como desee, lo ve arrodillarse y bajarle los pantalones hasta los tobillos. Y cuando el pelirrojo empieza a masturbarlo solo puede dejar escapar algunos jadeos.


— Te haré sentir bien, Harry. – Son las palabras que el moreno escucha antes de sentir su miembro ser envuelto por los labios del pelirrojo.


— Oh, mierda... – Realmente había olvidado lo bien que eso se sentía. Y sólo puede sostenerse lo mejor posible del barandal detrás suyo.


Ron está haciendo un gran trabajo, volviéndole loco con solo eso, sacando y metiendo su miembro de aquella cavidad. Chupando de vez en cuando la punta y succionando fuerte.


Harry puede sentir sus piernas temblar pero sabe que no es así como quiere venirse, por lo que aparta a Ron de su miembro y le toma del cabello, obligándole a qué le vea.


— Hazme sentir mejor, valiente caballero. – El dice. – Es una orden.


— ¿Como podría negarme, mi príncipe?


Entonces Ron se levanta y hace que Harry se dé vuelta, inclinandolo hacia adelante y tomándolo de la cadera. Harry puede sentir como el contrario restriega la punta de su miembro contra su entrada.


Escucha un hechizo de lubricación y siente su entrada resbaladiza, separa más sus piernas, sabiendo lo que viene.


Y entonces lo siente.


La punta del miembro de Ron se abre paso a través de su apretada entrada, llenando su estrecho interior y haciéndole soltar un pequeño grito.


Ron se detiene por un momento, no queriendo hacerle daño. Pero Harry no es paciente y el mismo se empuja hacia atrás, ahorrándole tiempo al pelirrojo. Y sacándole un jadeo como consecuencia.


— Por Merlín... – Ron susurra detrás suyo. – Me aprietas tan bien, Harry.


— ¿Así que sabes hablar sucio? – Intenta reír pero apenas puede hacerlo con aquel miembro dentro suyo.


Ron no se contiene y empieza a mover sus caderas, empujando al inicio suavemente pero aumentando la fuerza con rapidez, al darse cuenta que el más bajo no se queja.


Harry esta siendo embestido una y otra vez, por quién había llamado mejor amigo, y no puede más que gemir su nombre y rogar por más. Sus piernas tiemblan por la fuerza que Ron utiliza al follarlo, pero no se queja. Porque se siente tan jodidamente bien.


— ¡Ron! ¡Se siente tan bien! – Logra decir entre jadeos. – Mmgh, oh dios.


El fuerte sonido de choque de pieles inunda el balcón, es tan pecaminoso que solo logra excitar más a ambos.


— Me recibes muy bien, cariño. – Escucha que Ron dice.


Las embestidas siguen y siguen, Harry hace todo lo posible por no doblar sus rodillas y permanecer de pie, por recibir las fuertes estocadas de Ron y mantener su trasero alzado para él. Porque sabe que el pelirrojo también se siente bien. Y quiere escuchar más de sus gemidos y gruñidos de placer.


— ¡Aaah! Justo ahí, justo ahí. – Harry chilla. – Empuja más ahí.


Ron empuja con tanta fuerza en su punto dulce que sus piernas tiemblan más que antes, su cuerpo entero siente un cosquilleo y apenas puede sostenerse con la fuerza que le queda.


— ¡Me voy a venir!


La advertencia llega solo unos segundos antes de que finalmente aquel líquido blanco salga de su miembro, ensuciando el suelo y trayéndole espasmos por todo el cuerpo.


Sabe que solo no cae al piso, porque Ron lo está sosteniendo de la cintura y aún continúa embistiendole. Tan fuerte que Harry puede ver su cabello moverse de atrás hacia adelante.


Está tan sensible que aún tiene espasmos en el cuerpo, pero no detiene a Ron, deja que busque su propio placer a través de su cuerpo.


Y sabe que el pelirrojo lo consigue cuando le da un par de embestidas especialmente bruscas, dejando su miembro tan profundo que Harry puede ver un ligero bulto en su vientre bajo. Y entonces siente como Ron está liberando su esencia dentro suyo.


Se siente tan lleno que se queda en silencio, sólo jadeando y dejándose sostener. Sabe que tal vez sus piernas no respondan ahora mismo.


— Lo siento, no te pregunté si podía venirme dentro. – Aunque Harry realmente no escucha un tono de disculpa en esa oración.


— Está bien, se sintió bien. – Una sonrisa se extiende por su rostro. – Pero tendrá que hacerse cargo del desorden que dejó dentro de mi, caballero.


La misma sonrisa traviesa se extiende por el rostro del pelirrojo, que lo deja en el suelo por un momento y lo ayuda a vestirse. Aunque Harry siente el semen corriendo por sus muslos. Y entonces Ron lo carga entre sus brazos.


— Me haré responsable, mi príncipe. – Finalmente dice. – Pero será en nuestra habitación. Escuché que el resto no iría a dormir.


Harry no puede evitar reír y aferrarse al pelirrojo.


Al final está realmente feliz de no haber faltado al baile. Y lo está aún más después de la cuarta ronda de la noche, aún cuando su cadera exige un descanso de al menos un mes.


Y a la mañana siguiente, cuando Ron lo ayuda a bajar las escaleras de la torre, Harry juraría que escuchó a Hermione decirle a Ron que podía quedarse con el disfraz de caballero que le había prestado.


Pero bueno.


Las cosas más locas pasan en San Valentín.


Y tal vez cenicienta no encontró al príncipe azul.


Pero si a su valiente caballero.

FIN.


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Compelling Plot

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Strong Dialog

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