Eternal Love, Two Shots Larry Stylinson

Summary

Louis es un hombre que lleva muchos años solo, porque sueña con encontrar a quien le haga sentir mariposas en el estómago solo de verlo, que le recuerde eso que sintió alguna vez, en otro tiempo, en otra vida. LT, HB, Sin smut.

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2
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n/a
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18+

Sentirte


“...por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños...”

Así escribía esa tarde de abril, Louis Tomlinson, uno de los más renombrados escritores de poesía del último tiempo.

Tenía 38 años, y una vida de soledad ensordecedora. Vivía en una pequeña casa en Brighton, con una bonita fachada gris, con algunas macetas con flores de colores, que de vez en cuando olvidaba regar. Le gustaba salir a andar en bicicleta por la ciudad, recorrer las calles húmedas después de la lluvia, sintiendo el aroma fresco de la mañana y el frío que calaba sus huesos; O caminar hasta la playa y sentarse en la arena, disfrutando del sol tibio cuando empezaba a esconderse, con su bufanda azul que resaltaba sus ojos y que siempre estaba enredada en su cuello. También le gustaba salir alguna noche a uno de tantos bares que había en la ciudad, algunos llenos de colores, otros más apagados, unos vintage y otros modernos. ¿Su favorito? The Sussex Arms. Le gustaba su ambiente tan cambiante, a veces tan familiar, y a veces tan impersonal. Le gustaba mirar a las personas, descubrirlas en sus gestos, en sus miradas, en su lenguaje corporal.

Era un salvador de letras muertas, a las que desgarraba con pasión, para transformarlas en poemas llenos de color o de lágrimas, dependiendo de su estado de ánimo, de lo que quisiera transmitir. Ser el mejor o no, el más reconocido o no, no era su problema. Solo escribía porque el tormento de su corazón era demasiado para dejarlo encerrado en su pecho y necesitaba que se colara a través de sus manos y de su computador, que era una extensión de su cuerpo, aunque su viejo cuaderno estaba siempre en su bolsillo, listo para recibir su inspiración que podía aparecer en cualquier momento.

La encontraba bajo el sol o la lluvia, sobre las calles de piedra o en las fachadas coloridas de la ciudad; dentro de las paredes de un museo, o al escuchar una música que despertara sus sentidos. Pero sobre todo, lo sobrecogía el amor. En todas y en cualquiera de sus formas.

Amaba ver los nidos de los pájaros, esos que construían para acoger a sus polluelos; mirar el amor con el que un padre tomaba a su pequeña hija en brazos; el cariño reflejado en una abuela que cuidaba a su viejo perro. Y la belleza de un amor correspondido, no el de cualquiera, no el de todos. El de aquellos que miraban hacia un mismo horizonte, que reflejaban la esencia del otro y sus sombras que habían vuelto propias. El de quienes tenían en la cama real conexión y hacían y creaban el amor cada vez con un prisma nuevo, con ese que te enamoraba un poco más cada vez.

Ese amor que él no poseía y que añoraba más que cualquier otro tesoro en el mundo. Uno que al parecer le había sido negado, que se le había diluido entre sus brazos ahora vacíos y marchitos.

No entendía por qué le había sido dado el privilegio de amar, si no iba a poder compartir con su amor el resto de su vida. Se había entregado por completo, había sido el más feliz al descubrir a su compañero cada día a su lado, amaneceres radiantes aunque afuera se cayera el cielo en medio de una tormenta oscura. Había amado, y su amor había muerto debido a una fulminante enfermedad, llevándose sus mejores años, su sonrisa y su mayor inspiración; la fuerza de sus piernas, el calor de sus brazos y la tersura de su pecho; su motivo para respirar y la luz de sus ojos.

Y con el paso del tiempo los recuerdos iban perdiendo su color, su intensidad y su sabor, dejando una huella indeleble. Siempre existiría la presencia de quien fue su compañero, pero la pasión en el corazón de Louis había empezado a añorar un nuevo motivo para revivir el ardor de su piel. Y no aparecía, a pesar de las horas, de los días, semanas y años. La soledad era la única que no dejaba de sentarse a los pies de su cama, o al frente en su mesa. La única que quería adueñarse de sus pensamientos y de su futuro.

En sus noches de insomnio escuchaba pasos que nunca llegaban, sus manos imaginaban el calor de un cuerpo que sería perfecto para él, con esa tersura frágil y esa poderosa fuerza en su alma. Noches en que se torturaba pensando en él, en ese alguien que calmara su sed, y que compartiera su camino; que mirara el mismo cielo y la misma noche estrellada, que probara el mismo café y la misma temperatura del agua en el mar.

Un día sábado de finales de junio, en una noche cálida, cuando Louis había apenas salido de su bar favorito, llegaba un grupo de tres riendo alegres y bulliciosos. Se sentaron y junto a unas cervezas bien heladas, comenzaron a conversar.

—Esta ciudad es realmente hermosa, —decía uno de los chicos, de nombre Liam, con preciosos ojos de caramelo.

—Nunca la imaginé así, tiene un magnetismo único, —confirmaba otro de los amigos, de mirada verde suave y una voz melodiosamente grave, llamado Harry.

—Creo que fue una gran idea que nos viniéramos a vivir aquí, —dijo el último, un joven de ojos chocolate y tupidas pestañas, Zayn.

—Debemos agradecerle a Niall que nos ayudó. Tenemos un jefe increíble, —comentó Liam. —¿Cuándo llega?

—Mañana en la noche, —informó Zayn.

Se bebieron tres cervezas antes de irse a su hostal.

Eran amigos desde hace dos años. Se conocieron en el trabajo, en una empresa de diseño dedicada a la creación de páginas web. Zayn era el más antiguo, luego llegó Harry y finalmente Liam. Fue difícil en un comienzo, porque Liam y Zayn se odiaron apenas se vieron, pero con una pequeña ayuda de Harry se dieron cuenta de que lo que “detestaban” del otro, era lo que más les gustaba. Después de pelear por dos meses, se hicieron novios, sorprendiendo a todos, excepto a Harry que desde el primer momento supo que se llevarían más que bien. Niall, uno de los jefes de la agencia, había decidido independizarse, y no solo eso, también mudarse desde Oxford a Brighton, para un cambio total en su vida, y al ofrecerles ese mismo cambio a tres de sus mejores empleados, los chicos habían aceptado.

Ahora estaban celebrando su empezar desde cero.

En una semana podrían mudarse. Liam y Zayn a un bonito departamento, Harry y Niall a unas amplias habitaciones cada uno, en una hostal más grande, que estaba en pleno centro de la ciudad. Una casona hermosa y antigua, llena de recuerdos para la dueña del lugar.

Liam y Zayn llevaban juntos poco más de un año, y decidir mudarse juntos a otra ciudad, fue un paso natural en su relación. Dejaron atrás a sus familias y a sus amigos, pero ¿quién podría negarse a una aventura con el amor de su vida? Ellos no.

Niall había terminado una relación hacía un mes. Había engañado a su novia con quien recién comenzaba, con su ex. Fueron un par de besos y algunas caricias, pero claramente no podía seguir en ese lugar.

Harry llevaba muchos años soltero. Su única relación la tuvo cerca de los veinte y duró tres años. Fue una bonita etapa, pero las cosas se enfriaron debido a que su novio viajaba mucho y Harry no siempre tenía tiempo para verlo cuando coincidían. No estaba buscando conocer a alguien, aunque no se cerraba a la posibilidad, pero estaba consciente de que no era fácil de conquistar. Tenía 27 años, y una necesidad de ternura y mimos impresionante. Añoraba dejarse envolver en medio de unos brazos cálidos y firmes que le gritaran dulce y azúcar, melosidad y caramelo. Era un romántico por naturaleza, le gustaba leer en sus ratos libres, o simplemente salir a caminar en una noche fría, envuelto en su largo abrigo negro o recorrer librerías o museos. También viajar a cualquier lugar en tren, de noche, con la luna como única compañía. El amor de sus amigos le conmovía, sabía que estaban genuinamente enamorados, lo demostraban cada vez que estaba en sus manos, y es cuando sentía más ganas de tener un amor bonito, un amor de cuentos, un amor lleno de rutinas.

Esos primeros días pasaron rápidamente. Sin que se dieran cuenta, ya estaban instalándose cada uno en su lugar. Colgando y guardando su ropa, ordenando sus artículos personales, alguna que otra decoración que compraron en alguno de los tantos bazares de la ciudad.

Harry llevó sus sábanas, mantas y almohadas. Algunas fotos de sus padres y su hermano pequeño. Le gustaba recordar así a su mamá, hermosa y radiante, antes de perderla hace 12 años. Ahora había dejado atrás a su papá y a Sam, su hermanito de 17 años, a quienes amaba con locura, pero que entendían su necesidad de un cambio. Además, estaban a apenas una hora en tren de distancia y para eso existían también las video llamadas, para no extrañarse tanto.

Una vez que estuvieron todos listos, se reunieron para decidir dónde estaría el centro de operaciones de la nueva agencia, y se decidieron por una sencilla oficina en uno de los edificios más nuevos de la ciudad, en el tercer piso. Allí instalaron sus computadores, y una pequeña cocina. Hicieron una lista para que alguno fuera al supermercado y surtiera con todo lo necesario el lugar, desde té y azúcar, hasta confort y jabón.

Harry, que ese día se encontraba un poco nostálgico, se ofreció para hacer las compras. Como hacía calor, se dejó solo su camisa, ligeramente abierta para refrescarse, y dejando salir sutilmente el olor de su perfume.

Caminó memorizando los lugares por los que andaba, empapándose de la magia que irradiaba todo a su paso, acostumbrándose al frío diferente, mucho más fresco y fuerte que el de Oxford, pero que era exactamente lo que necesitaba.

Mientras Harry llenaba un pequeño carrito en el supermercado, Louis iba camino hacia un local nuevo que había llegado junto a la feria de la ciudad. Le llamó la atención porque no había otro lugar que ofreciera tarot, terapias alternativas, incluidas regresiones e hipnosis. Y no es que Louis fuera un hombre al que le gustaran esas cosas, pero sí era alguien que gustaba de conocer algo nuevo, no era rígido en sus creencias y le parecía entretenido.

Entró al lugar, que contrario a lo que creía, no olía a incienso. Por el contrario, había un aroma muy agradable a naranjas.

—Buenas tardes, —saludó Louis a una simpática chica de pelo fucsia que estaba en la recepción.

—Buenas tardes, ¿en qué te puedo ayudar?

—Quisiera información. Me gustaría saber, por ejemplo, si ¿debo agendar para la lectura de tarot?

—No, eso es por orden de llegada desde las cuatro de la tarde. La hipnosis, regresiones o terapias alternativas si necesitan una cita porque son mucho más largas.

—Entonces, ¿podría leerme el tarot ahora?

—Así es. Hay una persona adentro, pero en unos quince minutos podrás pasar, ¿está bien?

—Perfecto.

—Puedes tomar asiento.

—Gracias.

Efectivamente y como dijo la chica, quince minutos después entraba a una habitación que nada tenía que ver con sus prejuicios. Era pequeña, pero limpia, luminosa, ordenada, cómoda.

Una señora con un rostro bondadoso lo recibió. Parecía tener más de 60 años y una voz melodiosa y dulce.

—Bienvenido, ¿cuál es tu nombre?

—Hola... Soy Louis.

—Louis, toma asiento aquí, frente a mí. ¿Al parecer es primera vez que vas a leerte las cartas?

—Sí...

—¿Puedo saber por qué?

—Nunca me llamó la atención, y quizás tenía un poco de prejuicios. Además, no había ningún lugar en Brighton para hacerlo.

—Eso es verdad, por eso nos decidimos por esta hermosa ciudad. Espero romper tus prejuicios, —dijo sonriendo bondadosamente. —¿Hay algo en especial que quisieras saber? ¿O prefieres que demos un vistazo general?

—Eso, algo general, —dijo Louis, que se sintió relajado y tranquilo.

—Bien. Entonces, revuelve las cartas, divídelas en tres y elige un montón.

Louis hizo lo que se le pedía, y se decidió por el lote de cartas que estaba a su derecha. La tarotista tomó ese montón, y lentamente iba girando las cartas y colocándolas sobre un paño de satín violeta.

—Vaya... Pocas veces veo cartas tan claras. ¿Eres escritor o periodista? ¿O algo que tenga que ver con la escritura?

—Soy poeta.

—Eres increíblemente creativo, sensible, profundo. No me extrañaría que seas reconocido, ¿lo eres?

—Lo soy, he ganado varios premios.

—Ya veo... También puedo notar que llevas mucho tiempo soltero, y que no hay nadie que te interese. Quizás, ¿buscas a alguien en especial?

—¿Existe?

—Para ti, sí. Veo a un chico precioso, único, tu inspiración. Puede parecer muy distinto a ti, pero en el fondo es por quien siempre esperaste. Está más cerca de lo crees.

—¿Cómo puedes saber eso?

—Es una conexión de otro plano. Ustedes deben conocerse de otra vida.

El estómago de Louis se contrajo, y una sensación de calor apareció desde las puntas de sus pies hasta su cabeza, algo conocido, algo que extrañaba sentir.

—¿De verdad crees que eso es posible? ¿Que tuvimos otras vidas?

—Por supuesto que sí. Si me permites un consejo, te sugeriría que te hagas una regresión. No pierdes nada, y puedes aprender mucho.

Louis sonrió, podía ser interesante.

—Lo haré.

—Es una gran idea, y pasa a verme si quieres verte de nuevo las cartas o si quieres conversar un rato, me agradaste mucho Louis.

—También tú, nos estaremos viendo por aquí.

—Nos vemos, cuídate y sigue escribiendo para quienes tenemos el alma rota.

Con una pequeña reverencia, Louis se despidió. Pasó a la recepción y pidió una hora para la regresión. La tendría al día siguiente.

Mientras caminaba de vuelta a su casa, no podía dejar de recordar esa sensación tan especial, mientras su corazón palpitaba un poco más rápido. Intentaba recordar de dónde venía, cuándo la había experimentado, en qué momento apareció la primera vez, pero no lograba develar el misterio. Esa noche tuvo suficiente inspiración para crear un poema corto, uno que hablaba del añorar ese algo impalpable, pero verdadero y real.

“... Mi corazón presiente que, en el viento cálido de mi vida, podría encontrar refugio en el amanecer de tu cuerpo... Te siento mío, pero no te tengo, ¿podrás regalarme tu historia para crear una nueva cada atardecer…?

"Siento en mí tu presencia, veo tus mejillas arreboladas creando iridiscencia en mi alma; calma esta ansiedad febril que transforma mi alma en lo más melifluo de mi vida y mi ser..."

Se durmió de madrugada, con su libreta y su lápiz sobre su pecho, en el lado izquierdo de la cama, como cada día. Ver el lado derecho le comenzaba a lastimar, siempre vacío, siempre limpio y sin arrugas. Siempre sin él.

Despertó con un presentimiento, uno que sin saber por qué, le causaba un poco de angustia. Después de almuerzo se dedicó a arreglar y corregir su nuevo poema, y lo alargó en varios versos, quedando un poco más satisfecho. Cuando se dio cuenta, ya estaba atrasado para su cita.

Caminó, a pesar del sol, con su bufanda en el cuello, como siempre. Cuando iba caminando apurado, pasó por los edificios nuevos que habían terminado de construir hace pocos meses, y su corazón casi se le escapa del pecho.

—¿Qué me pasa? —Se preguntó, nervioso. —No tiene sentido, Louis. Cálmate.

Después de varias respiraciones profundas, pudo seguir su camino y llegar al local del centro.

—Hola, —saludó nuevamente a la chica de pelo fucsia. —Tengo una hora para una regresión.

—Hola, toma asiento por favor. En unos minutos vendrán por ti.

Louis no se sentó. Se quedó de pie, mirando algunas pinturas que estaban colgadas en las paredes. Le llamaban mucho la atención, desde siempre en realidad, los trazos, los óleos, incluso las formas de los pinceles. Nunca se lo explicó, solo disfrutaba de apreciar el arte.

Pronto apareció una mujer muy bonita, de unos cincuenta años, vestida con un lindo vestido largo con flores amarillas. Parecía flotar.

—Hola, Louis. Soy Prisha, ven conmigo por favor.

Louis sonrió y la siguió. Entraron en una habitación de paredes blancas, con algunas plantas verdes y frescas. Luz tenue, muy agradable.

—Siéntate, por favor, —indicó Prisha, señalando una silla, y tomando otra para ella. —Quiero que hablemos un poco antes. ¿Es primera vez que vas a hacer una regresión?

—Así es.

—¿Te asusta?

—No, no me asusta, pero sí me pone un poco nervioso.

—Bien, eso es normal. La idea es que logre quitarte esos nervios. Te voy a explicar un poco de qué se trata. Te vas a acostar en el diván, en una posición cómoda. Puedes quitarte los zapatos si lo necesitas o pedirme una manta si tienes frío. A través de una técnica de respiración, te llevaré a un estado semi consciente y te guiaré en lo que vayas viendo o recordando. Luego te traeré de vuelta. Todo el proceso queda registrado en voz e imagen, para que estés seguro, y una vez que termina la sesión, se te entrega una copia. Muchas veces los pacientes no recuerdan gran parte de lo que sucedió, y se asombran al revisar los videos. ¿Hay alguna situación en especial de la que te gustaría saber el origen?

—Ayer vine a leerme el tarot, y apareció algo sobre una persona, un chico con el que tengo una conexión desde otra vida, y me quedé pensando en eso. Soy bastante escéptico con estos temas, pero algo me hizo sentido y por eso estoy aquí.

—Entiendo, entonces... Vamos a buscar a este chico especial, ¿estás listo?

—Lo estoy.

—Acomódate en el diván. ¿Quieres una manta? ¿o que prenda el ventilador?

—Una manta estaría bien, gracias. Voy a quitarme los zapatos.

—Eso es, lo más cómodo posible. Comenzaré a grabar, ¿estás de acuerdo?

—Sí.

—Cierra los ojos, vas a inspirar profundamente por la nariz, y botarás por la boca. Así es... Muy bien... Otra vez... Y otra...

Cuando Louis “despertó” había pasado una hora y media y recordaba muy pocas cosas. Lo único que sabía a ciencia cierta, es que ahí estaba esa sensación en su estómago, en su pecho, en todo su cuerpo. De nuevo.

Se despidió de Prisha y caminó durante unas dos horas, alrededor de la ciudad, buscando inconscientemente calmarse. Poco a poco comenzaban a llegar fragmentos de lo vivido a su mente.

Se sentó en una cafetería, y pidió un jugo de naranjas bien frío. Y desde algún lugar de la ciudad, un aroma a perfume llegó a su nariz, erizando su piel y secando su boca.

De golpe recordó algo que le provocó un sin fin de emociones juntas, cada una más hermosa que la otra. Unos ojos verdes que lo miraban con tanta ternura, que por fin pudo ponerle un nombre a eso que le pasaba.

Era amor.

Simple e intrincadamente, amor.

Esa sensación que sentía en su estómago y en su cuerpo, era lo que alguna vez le provocó el estar enamorado. No podía recordar a quién había amado de esa manera, literalmente con cada milímetro de piel y cada una de sus neuronas, pero lo había hecho y podía sentirlo. Le sobrecogía darse cuenta de su capacidad de amar, lo intenso que vibraba su esencia más íntima.

¿En qué vida tuvo el privilegio de saber cómo se apreciaba de verdad el amor? ¿Sería una señal que recordara en este momento, cuando todo parecía monótono y tranquilo? ¿Estaba preparado para un terremoto en su corazón?

Preguntas y cuestionamientos que empezaban a inundar de reflexiones y de ideas su mente, provocándole un horrible dolor de cabeza. Prisha le había advertido de algunos posibles efectos post regresión, por lo que decidió terminar su jugo y caminar rápidamente hasta su casa y descansar por lo que quedaba de día.

Apenas llegó, y muy contrario a lo que acostumbraba, se quitó su ropa y se colocó un viejo pijama. Tomó un gran vaso de agua, y luego se preparó un té. Se metió a la cama, y buscó en su mesita de noche, un libro que estaba leyendo, que trataba de un amor imposible, pero no pudo conectar con él. Luego tomó su libreta, e intentó algunas palabras, pero tampoco pudo hacerlo. Miró su celular, y ahí estaba el video y el audio de su sesión, pero tenía temor de escucharse y verse. Decidió beber su té y luego intentar dormir un poco. Se sentía, por alguna extraña razón, agotado.

En ese mismo instante, Harry y sus amigos habían decidido ir a comer a un bonito restaurant al final de la calle principal.

—Me encanta esta ciudad, creo que ha sido una excelente decisión movernos, —empezó Liam con la conversación.

—Sí, aunque a veces siento algo extraño, —comentó Harry.

—¿A qué te refieres? —Preguntó Niall, leyendo el menú.

—No sé cómo explicarlo. Hay veces en que me siento horriblemente nostálgico y melancólico cuando despierto, o cuando intento dormir... es como si me faltara algo, o alguien, no lo sé... Nunca me había pasado algo así, y a veces me duele el pecho o se me aprieta el estómago...

Los demás chicos lo miraron un poco preocupados.

—¿Quizás extrañas Oxford? —Intentó Zayn.

—Estoy seguro de que no, ha sido muy fácil dejar todo atrás. Hablo con mi papá cada vez que puedo, y sé que está bien, no me preocupa.

—Te falta sexo, amigo, y unas buenas nalgueadas, —opinó Niall, haciéndolos reír.

—Claro que no... Eso no va conmigo... Soy más de sexo vainilla, azucarado, cursi...

—Lo sabemos, solo es una broma para que te sientas mejor, —dijo Liam.

—Pero, —interrumpió Zayn, —aunque te guste ese tipo de sexo, de vez en cuando es bueno variar, ¿no crees?

—Una vez tuve sexo con un tipo, y él hizo eso, de pegarme, porque para mí es así, y en ese momento tomé mi ropa, me vestí y me fui. No me gusta, nunca, no es algo que disfrute. Amo la intensidad, no la fuerza ni el querer someter de esa manera.

—Hablas tan bonito... —Afirmó Niall. —Pero en este punto, estoy de acuerdo con Zayn. Creo que la variedad es importante, y te evita caer en la rutina.

—Sinceramente, creo que si estás con la persona correcta, puedes hacer muchas cosas en la cama, y por eso es importante conocerse. No por eso vas a pasar del sexo tranquilo a la dominación con látigos de cuero y amarras; la no rutina no pasa por ahí. Si fuera por eso, también terminas cayendo en una rutina de obligarte a hacer algo diferente cada vez, y creo que eso es agotador, —reflexionó Harry, terminando su pasta.

—También es cierto, —confirmó Liam. —Creo que finalmente, la única respuesta correcta es la que decidan los dos entre las cuatro paredes de una habitación. Lo que deseen ambos es la clave.

—Tan sabio mi amor, —dijo Zayn, besándolo en la mejilla.

—Estaba todo muy rico, ya es hora de irnos a descansar. Mañana tenemos que empezar con tres páginas web, y son bastante complejas, —informó Niall.

—¿En serio? ¿Tres?

—Así es. Debemos aprovechar que nos está yendo muy bien. Es el momento de hacer nuestro mejor trabajo, así tenemos la mejor publicidad.

—Bien, me gusta tener mucho trabajo, y por algún motivo que desconozco, necesito ir a dormir.

—Entonces chicos, nos vemos mañana.

Se despidieron, y Niall y Harry se fueron por el norte, y Zayn y Liam, por el sur.

En su habitación, Harry se sentó por varios minutos frente a su ventana, mirando a la gente pasar, como si estuviera buscando algo, alguien. Se dedicó a leer, tenía entre sus manos un libro de poemas que le había recomendado su papá hace mucho tiempo, y que no había tenido tiempo de conocer. Leyó un par de líneas, y se quedó pensando.

“... un río de tristeza circula por mis venas, pero me he olvidado de llorar,

ojalá que la espera no desgaste mis sueños.

Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta desolación,

pero si habito en tu memoria no estaré solo y dolerá menos que ayer..."

Se quedó mirando esas letras, entendiendo sin entender. De alguna manera sintió que él era quien había inspirado cada una de esas palabras. Siguió leyendo hasta que le dieron las tres de la mañana y lo acabó. Su corazón se sentía extrañamente calmado y al mismo tiempo angustiado. Pero era una agonía diferente, distinta a la que alguna vez percibió. La de ahora era cálida, como cuando esperas por algo que sabes que va a llegar y que te hará muy feliz.

Durmió profundamente, listo para un día lleno de trabajo. En cambio Louis, no pudo descansar. Cada vez que empezaba a relajarse, se sentía alterado. A las cuatro de la mañana no soportó más. Encendió su lámpara, y fue a la cocina por una taza de café y unas galletas. Luego volvió a la cama, y bien cómodo comenzó a comer, mientras miraba el video de su regresión.

Vio a Prisha sentada a su lado, a él acostado y con los ojos cerrados, cubierto con esa manta que le había gustado mucho porque olía a limón o a naranja, o algo cítrico muy fresco. Pudo mirarse respirando profundo, y cómo empezaba la sesión. Recordó que la voz de Prisha lo llevó a envolverse en una luz color violeta para su protección, y luego de unos minutos, que no sabe cuántos fueron ni cómo había sucedido, había viajado a una de sus vidas anteriores.

“Estoy de pie frente a un lienzo, en un salón con algunos otros pintores. La paleta de colores que había elegido era en tonos oscuros y opacos, quería probar con esos tonos apagados que eran lo que me representaba en ese momento. Todos a mi alrededor mezclaban y preparaban sus pinturas y pinceles. Ser pintor y pobre no era bien visto, por eso nos reuníamos en una vieja casona a escondidas...

“¿Logras ver lo que iban a pintar?

“Puedo verlo... Es un chico, joven, de pelo largo, muy bonito. Lo vemos desnudarse y subirse a la tarima que estaba al centro del lugar... A veces lográbamos pagar a un modelo para practicar nuestras técnicas, y era primera vez que intentaríamos con una figura desnuda completamente...

“¿Te provoca algo este chico?

“Todo... Él es hermoso, sus ojos son verdes, grandes, luminosos... Su cuerpo es una escultura, su piel parece suave y delicada... Yo siento que lo he viso antes, que no me es indiferente, pero por más que me esfuerzo no logro descifrarlo.

“¿Pudiste pintarlo?

“Lo hice... Mi pintura es perfecta, pero está llena de colores... Cambié mi paleta por una llena de vida, una que se pareciera a él...

“¿Puedes hablar con él?

“Sí... Cuando terminamos de pintar, y mientras él terminaba de vestirse, me acerqué, y él me sonrió... Me sonrió grande, como si me reconociera y yo, simplemente pensé que moría, porque mi corazón saltaba en mi pecho con furia... Lo invité a tomar una copa y... lo que pasó en mi habitación no puedo describirlo...

“¿Algo bueno?

“Lo mejor de mi vida, la experiencia más sublime de mi ser... Volví realidad la utopía del amor con él enredado en mí...

“¿Y después? Avancemos unos años más adelante... Unos veinte años. ¿Lo ves?

“Es mi amor, mi pareja, mi vida... Ha sido difícil porque nos han perseguido, pero seguimos juntos y... yo nunca podría describir lo que siento por él...

Louis pudo ver cómo su cuerpo se sacudía al llorar mientras sus manos se aferraban a su pecho, como si sintiera un gran dolor, que ahora entendía. Sí, era dolor, pero dolor de no ser capaz de sacar de su interior lo que sentía. Era tanto amor que su cuerpo no podía soportarlo.

Prisha lo dejó llorar por largos minutos, hablándole suavemente y calmándolo, hasta lograr tranquilizarlo por completo.

“¿Puedes seguir?

“Sí...

“Vamos a irnos más atrás, conoces a este chico desde antes, ¿podemos saber desde cuándo?

“Tengo 15... Mi ropa es... extraña... Como del, no sé... año mil quinientos... estoy sentado afuera de lo que parece ser mi casa... De pronto se escucha un alboroto, son... son vecinos nuevos... Mis padres salen a saludar y me arrastran con ellos...

“¿Tiene algo de especial esa familia?

“Tienen un hijo de mi edad... Él es... Es él... Lo sé por sus ojos verdes, tan profundos y cálidos, tan míos...

“¿Sientes que lo conoces de antes?

“No... Es primera vez que lo veo...

“Avancemos un poco, un par de meses después, ¿dónde estás?

Louis pudo ver en las imágenes cómo, una vez más, apretaba su pecho y comenzaba a llorar, pero ahora era desesperante verse, le angustió mucho, y tuvo que detener el video. Su respiración estaba descontrolada y pequeñas gotas de sudor aparecieron en su frente. Se levantó al baño y lavó su cara, a pesar de lo congelada que estaba el agua a esa hora. Volvió a la cama más repuesto y dudó si seguir revisando la sesión, pero no podía quedarse con la duda. Puso play, y respiró profundo.

“No... No quiero... No es justo...

“¿Qué está pasando?

“Nos descubrieron, nos van a matar...

“¿Por qué?

“Nos amamos, pero es pecado hacerlo...

“Entiendo, ¿dónde están?

“En una casa abandonada... Llegaron unos hombres de repente y nos vieron besándonos... Corrimos, intentamos correr pero ellos... Ellos eran muchos más...

“¿Los alcanzaron?

“Sí... Nos llevaron a un calabozo... Nos van a matar... Pero antes de que lo hagan, decidimos hacerlo nosotros...

“¿Cómo lo hicieron?

“Tomamos nuestras navajas y... lo hicimos, las enterramos en nuestros corazones...

Prisha estaba visiblemente afectada, intentaba limpiarse disimuladamente las lágrimas, pero era difícil, más porque Louis estaba muy angustiado.

“Imagínalos rodeados de un color violeta, un fuego violeta que los une, que los protege, que los cuida, ¿puedes hacerlo?

“Lo hago...

“Ese fuego los mantiene vivos en sus corazones, en sus mentes, en otras vidas, porque su amor es más fuerte que cualquier herida o que cualquier prejuicio... Siente el calor que los abriga, y despídete de él, dile que lo vas a esperar en otra vida...

“Te esperaré siempre amor, mi único amor... en cualquiera de mis vidas estaré siempre esperando por ti, para amarte...

“Eso es... Ahora, vas a empezar a volver, despacio, respira profundo, otra vez... Estamos en Brighton, ¿lo recuerdas?

“Sí... Lo sé...

“Eres Louis, yo soy Prisha. Bienvenido, abre lentamente los ojos, y no te levantes hasta que te sientas preparado.

Luego de unos cinco minutos, Louis pudo abrir los ojos completamente consciente de dónde estaba. Luego se sentó despacio, y bebió al agua que le ofreció Prisha.

“Gracias por el agua.

“¿Cómo te sentiste?

“Eso fue intenso... Jamás imaginé que se sentía así, es muy loco... Hay muchas cosas que no recuerdo...

“Lo sé. Es una experiencia que tienes que vivir, que nadie puede contarte. Lo hiciste muy bien, se nota lo sensible qué eres, conectaste de inmediato y eso no siempre se logra. ¿Alguna duda?

“No... Me siento agotado, ¿es normal?

“Claro que sí. El esfuerzo emocional que tuviste fue muy grande. Es normal sentir cansancio, sed, dolor de cabeza, un poco de mareos. Siempre recomiendo que ojalá después de una sesión, puedan tomar un par de horas para dormir, o recostarse. La grabación estará en unos minutos en tu teléfono, y puedes verla cuando te sientas preparado. Hay personas que después de meses no logran volver a enfrentarse a lo que vivieron...”

Louis suspiró en su cama, aún podía sentir el dolor en su pecho, pero de alguna manera estaba tranquilo. Sonrió. Fuera verdad o no que vivimos otras vidas, estaba feliz de haber experimentado la regresión y esa sensación única de haber amado profundamente. Recordaba a cada instante esos ojos, esa mirada de quien se supone es su alma gemela, por quien está esperando. Más allá del color, tenía que ver con todo lo que transmitía, y es que nunca sintió tanta ternura, tanta dulzura en un solo momento.

Fue inevitable intentar escribir, aunque fuera tirar líneas, como le decía a dejar fluir ideas sueltas que luego de alguna manera lograría unir.

“... En sueños te he visto, no sé si eres real, pero simplemente abdiqué ante tu mirada...

El cielo de tenerte me parece fantasía, la ilusión de tocarte se volvió mi mayor tormento,

necesito tu luz abrazando mis sombras...”

Luego de eso, pudo dormir.

Después de despertar, pasado el mediodía, corrigió sus últimos apuntes para empezar a dar vida a un nuevo libro de poemas cortos que le había pedido la editorial con la que trabajaba, y que era muy respetuosa de sus tiempos y procesos. Estuvo cerca de tres horas, y con muchas tazas de té encima, hasta avanzar lo suficiente por el día. Tenía que ir a la farmacia, porque necesitaba nuevos cepillos de dientes, enjuague bucal, shampoo y todas esas cosas, que de un día a otro se habían acabado y apenas se enteraba.

Se vistió con una chaqueta y su bufanda de siempre. A pesar de estar en verano, era una tarde fría.

Caminó lentamente, le parecía que era justo disfrutar un poco más del paisaje, de sus emociones, de las realidades. Su mente parecía andar en cámara lenta, quizás estaba un poco resentido por el esfuerzo del día anterior. Iba llegando a la farmacia, cuando la sensación en su estómago apareció con fuerza. Louis miró a todos lados, y no vio nada ni a nadie que le llamara la atención, por lo que sencillamente entró.

En ese mismo momento, en la esquina de la farmacia, a la vuelta, Harry estaba afirmado contra una pared, con Niall a su lado.