Para Salvar Cybertron ★+18 by Big Uzui at Inkitt
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PARA SALVAR CYBERTRON ★+18

Summary

Megatron obliga a Optimus a casarse por el bien de todo Cybertron para que la guerra termine pero entre ese odio nace el amor más ardiente entre ellos 2 y poco a poco ellos se van juntando hasta que uno queda a los pies del otro

Genre
Romance
Author
Big Uzui
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
1.5 2 reviews
Age Rating
18+

La propuesta

La celda era fría y oscura. Optimus Prime despertó con un fuerte dolor en el procesador. Lo último que recordaba era una emboscada en las afueras de Iacon: luces rojas, el rugido de un motor, y luego nada.

Intentó moverse, pero gruesas esposas energéticas le sujetaban las muñecas y los tobillos a la pared.

La puerta se abrió con un siseo metálico. Megatron entró, imponente, con una sonrisa triunfante en su rostro plateado.

—Al fin despiertas, Prime.

Optimus levantó la mirada, llena de furia contenida.

—¿Qué significa esto, Megatron?

El señor de la guerra se acercó lentamente, deteniéndose a solo un paso de distancia. Su presencia llenaba toda la celda.

—Cybertron se muere. Las facciones siguen luchando mientras nuestros recursos se agotan. La única forma de forzar la paz es una unión inquebrantable entre ambos líderes. —Megatron inclinó la cabeza, mirándolo con intensidad—. Tú y yo. En matrimonio.

Optimus soltó una risa amarga.

—Estás loco si crees que aceptaré.

—No te estoy pidiendo que aceptes. —Megatron levantó una mano y sujetó firmemente la barbilla de Optimus, obligándolo a mirarlo—. Ya lo decidí. Te casarás conmigo hoy mismo. Por el bien de Cybertron… y porque yo lo deseo.

Optimus intentó apartarse, pero Megatron lo sostuvo con más fuerza.

—No tienes derecho —

—Tengo todo el derecho —interrumpió Megatron, bajando la voz hasta convertirla en un ronroneo peligroso—. Tus Autobot ya fueron informados. Si te niegas, la guerra continuará y millones morirán. ¿Vas a cargar con esa culpa, querido Prime?

El silencio se extendió entre ellos. Optimus cerró los ópticos, respirando con dificultad. Sabía que no tenía escapatoria. No ahora.

—…Acepto —susurró al fin, con la voz rota por la humillación.

Megatron sonrió satisfecho. Se inclinó y rozó sus labios contra los de Optimus en un beso breve pero posesivo.

—Buena decisión.

Horas después, bajo la luz fría de la Sala del Trono de Kaon, se celebró la unión. No hubo invitados festivos, solo testigos armados de ambos bandos y un anciano neutral que leyó los votos.

Optimus permaneció rígido durante toda la ceremonia, con la mirada perdida. Megatron, en cambio, no apartaba los ojos de él, victorioso.

Cuando el anciano declaró la unión oficial, Megatron tomó a Optimus por la cintura y lo atrajo hacia sí con fuerza. Sus chispas brillaron al unísono por un breve instante, sellando el lazo.

—Ahora eres mío, Optimus —murmuró contra su audio-receptor, solo para él—. En cuerpo, chispa y nombre.

Esa misma noche, en los aposentos privados de Megatron, la puerta se cerró con un golpe seco. Optimus se encontraba de pie junto a la gran ventana, mirando la superficie devastada de Cybertron. Sentía la presencia de Megatron detrás de él, acercándose.

—No me toques —advirtió Optimus con voz baja.

Megatron soltó una risa oscura y lo rodeó con los brazos desde atrás, pegando su pecho contra la espalda del Prime.

—Eres mi consorte ahora. Puedo tocarte cuanto quiera. —Sus manos descendieron por los costados de Optimus, presionando con posesividad—. Y pienso hacerlo toda la noche.

Optimus apretó los puños, pero no se apartó. Sabía que esta era la nueva realidad que había aceptado.

Megatron lo giró entre sus brazos y capturó sus labios en un beso profundo, exigente, mientras lo guiaba hacia la amplia plataforma de carga que servía de cama. Lo empujó suavemente sobre ella y se colocó encima, cubriéndolo por completo con su cuerpo más grande.

—Relájate, mi Prime —susurró contra su cuello, mordiendo con suavidad—. Esta noche voy a hacer que olvides por un rato lo mucho que me odias.

Megatron sonrió con malicia al ver la reacción de Optimus y se inclinó aún más cerca, rozando con los labios el borde de su casco.

—Mi dulce chispa… mi luz de Cybertron… mi adorable consorte —susurró con voz ronca y cargada de cariño fingido.

Optimus se mantuvo firme hasta que escuchó el siguiente apodo. Megatron lo dijo lento, casi saboreando cada palabra:

—Mi corazoncito azul…

Un leve sonrojo energético tiñó las placas faciales de Optimus, un brillo suave y rosado que no pudo ocultar. Intentó girar el rostro, pero ya era tarde.

Megatron soltó una risa baja y triunfante.

—¡Aja! Con que ese sobrenombre te gusta, ¿eh? Porque te sonrojaste, uuuuyyy… —canturreó divertido, apretándolo más contra su cuerpo—. Mi corazoncito azul… sí, definitivamente ese es el ganador. Te queda perfecto.

Optimus apretó los dientes, claramente avergonzado y furioso al mismo tiempo.

—Deja de burlarte —gruñó.

Pero Megatron no tenía intención de parar. Siguió pegado a él, pasando una mano por su espalda con lentas caricias mientras lo guiaba entre las mesas.

—Eres tan adorable cuando te enojas, mi corazoncito. Me dan ganas de comerte a besos aquí mismo.

Tomó una copa de energon rosa burbujeante, decorada con cristales brillantes, y se la ofreció con una reverencia exagerada.

—Bebe, mi amor. Es suave, dulce y sube un poco la temperatura… como tú cuando te toco donde nadie más puede.

Optimus dudó un segundo, pero finalmente tomó la copa y bebió un largo sorbo, intentando calmar el calor que sentía en sus circuitos. El energon rosa era deliciosamente dulce y dejaba un hormigueo agradable en su sistema. Megatron lo observaba con una sonrisa satisfecha, disfrutando cada reacción.

Todos los presentes seguían trabajando sin descanso. Decepticons y drones colocaban guirnaldas luminosas en las columnas dañadas, extendían alfombras negras y plateadas sobre el suelo agrietado, y terminaban de armar el gran arco floral en el centro de la sala del Consejo. El aire olía a flores frescas de Tyger Pax y a energon recién pulido.

Megatron, sin embargo, parecía más interesado en molestar a Optimus que en supervisar los detalles. Caminaba a su alrededor con una sonrisa arrogante, observándolo desde todos los ángulos. Cada vez que Optimus intentaba apartarse, Megatron se colocaba frente a él, invadiendo su espacio personal.

—Mi corazoncito azul… —ronroneó, inclinando la cabeza con coquetería—. No sabes lo bien que te ves rodeado de flores. Pareces un regalo envuelto solo para mí.

Le lanzó un beso al aire con descaro, seguido de otro y otro más, exagerando el gesto con una mano en el pecho. Algunos Decepticons cercanos disimularon sonrisas, pero nadie se atrevió a reír abiertamente.

Optimus sintió cómo sus placas faciales se calentaban, un intenso brillo rojo tiñendo su rostro. No era vergüenza. Era pura furia contenida. Sus ópticos brillaban con rabia mientras apretaba los puños a los costados.

Megatron soltó una risa baja y satisfecha al notar el sonrojo.

—Oh, ese color te queda delicioso. ¿Te molesta que te mime en público, mi amor? —Se acercó más, casi pegando sus cuerpos, y le lanzó otro beso exagerado, esta vez acompañado de un guiño—. Ven aquí, dame uno tú también. No seas tímido.

Optimus dio un paso atrás, respirando con fuerza, el rostro cada vez más encendido por la ira.

—Estás disfrutando esto —gruñó entre dientes, con la voz temblando de rabia contenida.

—Muchísimo —admitió Megatron sin una pizca de arrepentimiento, lanzándole un último beso antes de girarse para dar una orden a los drones que colocaban las últimas flores—. Sigan trabajando. Quiero que todo esté perfecto para cuando mi consorte y yo nos unamos frente a Cybertron.

Optimus se quedó quieto entre las flores y las columnas rotas, hirviendo por dentro mientras Megatron continuaba coqueteando abiertamente, completamente ajeno —o más bien indiferente— a la furia que provocaba en él.

Megatron levantó la mirada cuando varios vehículos Autobot entraron en la zona del Consejo de Iacon, escoltados por Decepticons armados. Bumblebee, Hound, Drift y Crosshairs descendieron con expresiones tensas y llenas de furia contenida. Sus armas permanecían visibles, aunque no las alzaron.

El señor de la guerra sonrió con arrogancia al verlos, sin soltar la cintura de Optimus.

—Llegan justo a tiempo —dijo con voz potente y satisfecha—. Preparad a Optimus para la boda. Quiero que luzca impecable. Limpiad su armadura, colocadle las flores y la capa ceremonial. Es mi consorte ahora, y debe representar la unión de ambos bandos.

Bumblebee emitió un furioso pitido electrónico, sus ópticos brillando con rabia. Hound apretó los puños con tanta fuerza que el metal crujió, mientras Drift mantenía una mano cerca de su espada, conteniendo el impulso de atacar.

—¿Estás bromeando? —gruñó Crosshairs, dando un paso adelante—. ¿Quieres que nosotros preparemos a Optimus para esta… farsa?

Megatron levantó una ceja, claramente divertido por su enojo.

—Exacto. Sois sus soldados. Sus amigos. ¿Quién mejor para asegurarse de que esté perfecto en el día más importante de Cybertron? —Apretó ligeramente la cintura de Optimus contra su cuerpo—. Además, sé que preferís hacerlo vosotros a que mis Decepticons lo toquen más de lo necesario.

Optimus permanecía rígido, mirando a sus compañeros con una mezcla de vergüenza y resignación. No dijo nada. Sabía que cualquier protesta solo empeoraría la situación.

Bumblebee se acercó a Optimus con pasos rápidos y emitió un pitido bajo, casi suplicante. Hound colocó una mano pesada sobre el hombro de su líder, claramente furioso pero sin opciones.

—Esto es una humillación —murmuró Drift entre dientes.

Megatron soltó una risa grave y señaló el área preparada para el arreglo.

—Tenéis una hora. Hacedlo bien. Si Optimus no luce radiante en el altar, alguien pagará las consecuencias. Ahora moved vuestros chasis. Mi consorte merece lo mejor.

Los Autobots, hirviendo de rabia pero sin alternativa, rodearon a Optimus y comenzaron a prepararlo bajo la atenta y satisfecha mirada de Megatron.

Los Autobots trabajaban en silencio alrededor de Optimus, puliendo su armadura con movimientos precisos pero cargados de tensión. Bumblebee ajustaba con cuidado las flores de Tyger Pax en los bordes de sus hombros, mientras Drift colocaba la capa ceremonial negra y plateada.

Optimus miró a sus compañeros con expresión grave y habló en voz baja, casi resignada.

—¿Dónde están los demás? ¿Por qué no han venido?

Hound suspiró pesadamente mientras repasaba una placa en el pecho de Optimus con un paño energizado. Su voz sonó ronca y llena de frustración.

—Ratchet no vino. Dijo que si veía a Megatron aunque fuera de lejos, le rompería la cara sin pensarlo dos veces. No confía en sí mismo para contenerse. —Hizo una pausa y apretó la mandíbula—. Los demás tampoco. Ironhide, Sideswipe, Sunstreaker… todos están furiosos. No quieren ser parte de esta humillación. Dijeron que preferían quedarse en la base antes que ver cómo te entregas a ese maldito tirano.

Crosshairs soltó un bufido mientras ajustaba la capa.

—Están rabiosos, Optimus. Algunos incluso hablaron de venir a rescatarte por la fuerza, pero sabían que eso solo empeoraría las cosas para todos. Cybertron ya está demasiado débil.

Bumblebee emitió un pitido bajo y triste, rozando suavemente el brazo de Optimus en un gesto de apoyo. Sus ópticos mostraban claramente la impotencia que sentía.

Optimus bajó la mirada, procesando sus palabras. El peso en su spark se hizo aún más pesado. Saber que sus amigos más cercanos hervían de rabia y tristeza por él solo aumentaba su propia opresión. Se quedó en silencio mientras los Autobots continuaban preparándolo, el ambiente cargado de furia contenida y resignación.

Megatron, desde una distancia prudente, observaba la escena con una sonrisa satisfecha, disfrutando del evidente malestar de los Autobots.

En la enorme sala principal de la Nemesis, el banquete de bodas estaba en pleno apogeo. Luces brillantes colgaban del techo, mesas largas rebosaban de energon de diferentes calidades, cristales luminosos y platillos elaborados. La música electrónica resonaba con fuerza mientras Decepticons reían, bebían y celebraban ruidosamente la unión. Algunos alzaban sus copas y vitoreaban el nombre de Megatron, otros lanzaban miradas curiosas hacia la mesa principal.

En el centro de la sala, sobre una plataforma elevada y más lujosa, se encontraba la mesa de los recién casados. Megatron estaba sentado en una gran silla que parecía casi un trono, con Optimus a su derecha. La mesa estaba cubierta con un mantel negro y plateado, adornada con las mejores flores de Tyger Pax y copas de energon premium. Megatron tenía una mano apoyada posesivamente sobre el muslo de Optimus debajo de la mesa, acariciándolo lentamente con el pulgar mientras bebía de su copa con la otra mano.

—Come, mi corazoncito —murmuró Megatron acercándole un trozo de cristal energizado a los labios—. Necesitas fuerzas para lo que viene después.

Optimus apenas probaba bocado. Se sentía expuesto, observado por todos. Cada risa, cada brindis, le recordaba que esto ya era real.

En una mesa apartada en una esquina más oscura de la sala, los cuatro Autobots permanecían sentados en completo silencio. Bumblebee, Hound, Drift y Crosshairs ocupaban una mesa pequeña, lejos del bullicio principal. Ninguno hablaba mucho. Hound tenía los brazos cruzados sobre el pecho, mirando con odio apenas disimulado hacia la mesa principal. Crosshairs jugaba distraídamente con uno de sus cuchillos, girándolo entre los dedos. Drift mantenía los ojos cerrados, intentando meditar, pero su postura rígida delataba su furia. Bumblebee, por su parte, solo miraba a Optimus con preocupación, emitiendo pitidos bajos y tristes de vez en cuando.

—Esto es una maldita broma —gruñó Hound finalmente, sin apartar la vista de Megatron—. Verlo tocar a Optimus como si fuera de su propiedad… me dan ganas de dispararle.

—Todos sentimos lo mismo —respondió Crosshairs con voz baja y tensa—. Pero si hacemos algo ahora, solo conseguiremos que maten a Optimus o que la guerra vuelva a estallar peor que antes.

Drift abrió los ópticos lentamente.

—Optimus se sacrificó por Cybertron… otra vez. Lo mínimo que podemos hacer es estar aquí, aunque nos queme por dentro.

Bumblebee emitió un largo pitido lastimero, sus manos apretadas sobre la mesa. Ninguno de los cuatro tocaba realmente la comida que tenían delante. Se sentían completamente fuera de lugar entre tanto Decepticon celebrando, como prisioneros en una fiesta ajena.

Mientras tanto, en la mesa principal, Megatron se inclinó hacia Optimus y le besó el lateral del casco con descaro, susurrándole al audio-receptor:

—Míralos… tan enfadados en su rincón. Y tú aquí, a mi lado, luciendo tan hermoso con mi anillo de unión en tu placa. —Le apretó suavemente el muslo—. Esta noche, cuando estemos solos, voy a recordarte una y otra vez a quién perteneces ahora, mi consorte.

Optimus cerró los ópticos un momento, respirando con dificultad. A su alrededor, las risas y la música seguían, pero para él todo sonaba distante. El banquete continuaba, y con él, la pesada realidad de su nueva vida.

Megatron mantenía a Optimus firmemente sujeto contra su costado durante toda la celebración. Cada vez que el Prime intentaba levantarse o alejarse un poco, la mano grande del tirano se cerraba con más fuerza alrededor de su cintura, impidiéndole escapar. Optimus ya quería irse de allí, alejarse de las risas, las miradas y el constante roce posesivo, pero Megatron no lo soltaba ni un segundo.

—Quédate quieto, mi corazoncito —le susurró al oído con voz ronca, acariciando su costado—. La fiesta aún no termina.

Las horas pasaron entre brindis, música y comentarios burlones de los Decepticons. Optimus apenas hablaba, con el cuerpo tenso y los ópticos bajos. Megatron, en cambio, disfrutaba cada minuto, alimentándolo de vez en cuando y besando su cuello o su casco sin importarle quién mirara.

Cuando la fiesta finalmente comenzó a decaer y las luces bajaron de intensidad, Megatron se puso de pie, arrastrando a Optimus con él. Hizo un gesto con la mano y varios Decepticons armados se acercaron a la mesa de la esquina.

—Es hora de que nuestros invitados se retiren —ordenó con tono frío—. Acompañadlos fuera de la Nemesis. Con cortesía… por ahora.

Los cuatro Autobots se levantaron con evidente rabia. Hound lanzó una última mirada asesina hacia Megatron, Crosshairs escupió al suelo antes de ser empujado, Drift caminó en silencio con los puños apretados y Bumblebee emitió un pitido lleno de frustración mientras miraba por última vez a Optimus. Los Decepticons los escoltaron firmemente fuera de la sala sin permitirles acercarse al altar principal.

Optimus dio un paso adelante, pero Megatron lo retuvo con fuerza, pegándolo contra su pecho.

—Ellos ya se van. Tú te quedas conmigo.

Una vez que los Autobots fueron sacados de la nave, las puertas se cerraron con un fuerte sonido metálico. Megatron sonrió satisfecho y dio la orden:

—Despegue inmediato. Rumbo a Kaon.

La Nemesis vibró cuando sus motores se encendieron. Lentamente, la enorme nave se elevó sobre las ruinas de Iacon y comenzó su viaje hacia la ciudad Decepticon. Las luces de la sala principal se apagaron casi por completo, dejando solo un brillo tenue.

Megatron giró a Optimus entre sus brazos hasta tenerlo frente a frente. Una de sus manos subió hasta sujetar su barbilla, obligándolo a mirarlo.

—Ya estamos solos, mi consorte. La fiesta terminó… pero nuestra noche recién comienza.

La Nemesis surcaba el cielo oscuro rumbo a Kaon, llevando consigo al nuevo matrimonio y el peso de una unión que Optimus ya sentía como una cadena alrededor de su spark.

Megatron guio a Optimus por los pasillos iluminados de la Nemesis con una mano firme en su espalda baja. La nave vibraba suavemente mientras se dirigía a Kaon. Al llegar a sus aposentos privados, las puertas se abrieron con un siseo y revelaron una habitación lujosamente decorada para la ocasión.

Las paredes habían sido cubiertas con paneles negros y plateados. Guirnaldas de flores de Tyger Pax colgaban del techo, emitiendo un suave brillo azul y púrpura. En el centro había una gran plataforma de carga ampliada, cubierta con mantos suaves y cojines energéticos. Copas de energon y bandejas con cristales dulces descansaban sobre una mesa baja. El ambiente era íntimo, cargado de un aroma floral y el leve zumbido de las luces tenues.

Optimus se detuvo en la entrada, sintiendo cómo su spark se aceleraba por la ansiedad. Sabía lo que se esperaba de una noche de bodas. Su cuerpo se tensó por completo cuando Megatron cerró las puertas detrás de ellos y lo abrazó por detrás, rodeándole la cintura con ambos brazos.

—No… —susurró Optimus con voz tensa, apartando ligeramente el rostro—. No quiero esto. No aquí. No ahora.

Megatron se quedó quieto un momento, respirando contra su cuello. Luego, en lugar de presionarlo, soltó una risa baja y ronca. Giró a Optimus entre sus brazos para mirarlo directamente a los ópticos.

—Tranquilo, mi corazoncito. No voy a obligarte esta noche —murmuró, pasando un dedo por la placa de su mejilla—. Aunque me muera de ganas de tenerte, quiero que nuestra primera vez sea en los aposentos de la fortaleza en Kaon. Allí las cortinas son más gruesas… todo se vuelve mucho más oscuro, más íntimo. Nadie nos interrumpirá. Podré tomarte con calma, sin prisas.

Optimus casi se desploma del alivio. Un peso enorme se levantó de sus hombros y sus circuitos dejaron de vibrar con tanta fuerza. Sus ópticos se suavizaron visiblemente y soltó un largo suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

Megatron lo notó y sonrió con arrogancia, pero sin crueldad esta vez. Lo acercó más y besó lentamente su frente, luego el borde de su casco.

—Aunque eso no significa que no pueda besarte un poco… —susurró antes de capturar sus labios en un beso profundo, posesivo pero controlado. Sus manos recorrieron la espalda de Optimus con lentitud, sintiendo el calor de su armadura, pero sin intentar ir más lejos.

Cuando se separó, Megatron lo miró con ojos brillantes.

—Descansa esta noche, mi consorte. Disfruta de la calma. Porque cuando lleguemos a Kaon y cierre esas cortinas… no pienso dejarte dormir hasta que estés temblando y gimiendo mi nombre.

Optimus no respondió, pero el alivio seguía recorriendo su sistema. Por esta noche, al menos, estaba a salvo. Megatron lo guio hasta la gran plataforma y se acostó a su lado, atrayéndolo contra su pecho con un brazo firme, sin soltarlo ni un segundo mientras la Nemesis continuaba su viaje hacia Kaon.

Megatron se acomodó mejor en la gran plataforma, apoyando la espalda contra el respaldo acolchado mientras mantenía a Optimus firmemente pegado a su costado. La habitación seguía envuelta en esa luz tenue y cálida, con las flores de Tyger Pax brillando suavemente sobre sus cabezas. Con la mano libre, Megatron alcanzó una de las bandejas que habían dejado sobre la mesa baja y tomó un puñado de golosinas energéticas: pequeños cristales dulces cubiertos de polvo luminoso, algunos con centro líquido y otros con sabor intenso a minerales raros de Kaon.

—Prueba estas —murmuró con voz ronca y sugerente, acercando uno de los cristales a los labios de Optimus—. Son dulces, suaves… perfectas para relajarte después de un día tan largo.

Optimus miró la golosina con desconfianza, pero el hambre y el cansancio acumulado en sus circuitos lo traicionaron. Abrió la boca a regañadientes y dejó que Megatron colocara el cristal sobre su lengua. El sabor explotó inmediatamente: dulce, con un toque ácido y un leve cosquilleo energético que recorrió su sistema.

Megatron sonrió satisfecho al verlo aceptar y le ofreció otra, esta vez rozando deliberadamente sus dedos contra los labios del Prime.

—Así me gusta… abre bien, mi corazoncito. Quiero alimentarte yo mismo.

Optimus frunció el ceño, claramente molesto por la situación, pero aceptó la segunda golosina con la misma reticencia. Mastico despacio, evitando mirar directamente a Megatron, quien parecía disfrutar enormemente cada gesto de obediencia forzada.

—Sabes que te ves adorable cuando pones esa cara —comentó Megatron con una risa baja, acercándole una tercera, esta vez más grande y burbujeante—. Como si quisieras matarme y al mismo tiempo no pudieras resistirte al sabor. Come más. Mañana vas a necesitar energía.

Optimus aceptó la tercera y la cuarta golosina a regañadientes, cada vez con más lentitud, como si cada bocado fuera una pequeña derrota. El dulce calor de las golosinas se extendía por su chasis, relajando ligeramente sus tensiones, aunque su orgullo seguía ardiendo. Megatron no dejaba de observarlo, pasando de vez en cuando los dedos por su brazo o por el borde de su casco, mientras seguía alimentándolo con paciencia posesiva.

—Buen chico… —susurró Megatron cuando Optimus aceptó una más sin protestar tanto—. Poco a poco te acostumbrarás a que yo cuide de ti, mi consorte.

Optimus no respondió, solo desvió la mirada hacia un lado mientras masticaba la siguiente golosina, sintiendo el peso del brazo de Megatron alrededor de su cintura y la certeza de que, por esta noche, no tenía más opción que aceptar lo que le ofrecía.

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