Capítulo 1: Used To This
La sensación de saber que faltan apenas unos minutos para decir adiós a lo que puedo describir como la que ha sido mi cueva segura e iniciar rumbo a lo desconocido es algo realmente abrumador. Estoy aterrada, ¿para que negarlo?, pero sabía que este momento llegaría más pronto que tarde.
Llevo casi tres meses planificando una lista de todo lo que debo incluir principalmente en mis maletas y hasta ahora no me había percatado que he metido prácticamente todo.
La hostia. Esto no pinta nada bien.
Los dos armarios vacíos de mi cuarto nunca han estado tan agradecidos por no sufrir ni un segundo más la penitencia que hasta ahora llevaban. Una percha más y juro que alguno podría haberse partido por la mitad.
Esta habitación parece que está a punto de ser alquilada de lo desocupada que ha quedado sino fuera por los pósteres de Justin Bieber doblados en una de las mesillas de la esquina. Solo diré que mi obsesión con ese hombre fue muy seria hace unos años a niveles de tener las sábanas y almohadas con su cara imprenta. Lo peor es que realmente creía tener la oportunidad de que algún día iría a un concierto y se enamoraría de mí. Mis padres pensarían seguramente que estaba loca y vivía en una realidad paralela pero nunca me lo confesaron. A día de hoy que puedo decir que ya he pasado esa fase de fanatismo puro y duro les daría completamente la razón.
—Dios, esto va a estallar en cualquier momento.
Por tercera vez intento forzar la cremallera de la maleta que me falta por cerrar pero estoy segura que si aplico una mínima presión más saltará por los aires.
Decido darle una última oportunidad y me siento encima apoyando todo mi peso y rezando para que cierre y no tenga que sacar nada del interior y dejarlo en casa. He supervisado lo que he metido mil veces y aunque parezca difícil de creer todo lo que está dentro es necesario. No exagero. ¿Podría dejar atrás mi colección de jerséis imprescindibles para la entrada en otoño o cuándo de fuerte el frío?. NO. ¿Y mis botas favoritas que combinan con literalmente más de la mitad de mi armario?. Un rotundo NO. ¿Mis cuatro pares de vaqueros que a simple vista son idénticos y soy la única que sabe diferenciarlos? Definitivamente NO.
Pues eso. Imposible.
—Vamos, vamos —parece que el bulto baja y me da algo de tregua y noto cómo la cremallera cede un poco más — ¡Joder, lo conseguí! —grito segundos después dejándome caer exhausta sobre la maleta.
Media hora pasa hasta que termino de colocar todo en el maletero del coche y me siento en el lado del copiloto.
Suspiro intentando calmar los nervios que me han dejado sin dormir toda la noche imaginando este momento.
Al fin. Ha llegado el ansiado día.
No puedo contener la emoción que resuena en mi interior impaciente por abrir este nuevo capítulo en mi vida. Oculto una sonrisa tonta pensando en todo lo que está por venir. En estos momentos soy como una niña pequeña a la que van a llevar a Disneyland por sorpresa. Pero siendo sincera, ¿a quién quiero a engañar?, estaría contenta a rabiar ahora mismo si me llevaran también. No hay edad límite para ver a Mickey Mouse y nadie me bajará de ese barco. Nunca.
Aprecio el que ha sido mi hogar durante casi diecinueve años por el retrovisor, memorizando cada detalle y guardándolo en mi retina por última vez. La gran ciudad me espera y no regresaré hasta las vacaciones de navidad. Extrañaré a mi familia con toda mi alma y pasar las tardes por las calles del puerto con mis amigos, y sobretodo con Ellie. Volver a comer una pizza a la barbacoa no será lo mismo si no es con ella. La voy a echar mucho de menos.
— ¿Gracie, seguro que no te olvidas nada?, como me hagas dar la vuelta a mitad de camino te juro que...
— Todo controlado mamá, me has hecho comprobarlo más de diez veces.
Sophia Smith. Mi querida y estresante madre. Tenemos personalidades muy diferentes y eso nos hace chocar a menudo. No quiero que se me malinterprete, la adoro, pero mi madre puede ser un tanto insistente aveces y es un manojo de nervios que pocas personas saben llevar, sobretodo cuando pierde los estribos. Mi padre definitivamente es uno de ellos. Sabe controlar su temperamento y relajarla de inmediato. A día de hoy me sigo preguntando como lo hace. Para mí es jodidamente imposible. Sí es verdad que casi siempre que discuto con ella se trata de pequeñas rencillas que tardamos menos de un día en resolver pero se puede volver agotador.
En cuanto al tema de ser hija única, aunque algunos lo nieguen, tiene muchos contras y entre ellos está el ser constantemente supervisada por tus padres. Desearía haber tenido hermanos para no ser el centro de atención. Agradezco que con el paso de los años se haya disminuido ese control, aunque sea mínimamente. El hecho de tener unos padres tan protectores llega a alcanzar un nivel tan asfixiante que a veces me cuestiono si están menos preparados que yo para esta nueva etapa.
Mi primer año de universidad.
"Used to this" suena a través de la radio y no puedo estar más identificada con el título de la canción. Me acostumbrare a esto. Yo y todo mi entorno. Y viviré cada instante con ganas.
Estoy segura que no soy la única que se tendrá que despedir de su familia por un tiempo y dar comienzo a sus estudios lejos de casa.
Nuevos hábitos. Nuevas sensaciones. Nueva rutinas. Nuevos amigos.
Socializar no es mi fuerte pero ahora será inevitable. El pueblo tampoco es que tenga una gran población y los grupos de personas de mi edad se podían contar con las dos manos. En resumidas cuentas solamente tengo a Ellie y poco más que contar.
Soy consciente de que mis responsabilidades se multiplicarán por diez y tendré que gestionar mi tiempo para poder decir que sí a otros planes que no estén relacionados con mi carrera. Aunque eso sí, lo primero es lo primero. No puedo desviarme de mi objetivo principal y eso lo tengo grabado a fuego en mi cerebro. Y no es porque lleve pensándolo toda mi vida por decisión propia, sino porque mis padres se han encargado de recordármelo continuamente.
En parte lo entiendo, ¿a qué padres no les gustaría que su hijo se forme y logre cada una de sus metas?.
—¿Sabes que te vamos a extrañar, verdad? — pregunta mi madre mientras arranca el coche.
Ahí está. La conversación que quería evitar.
— Lo sé, yo también — digo con la voz entrecortada.
Por muchas ganas que tenga de vivir esto admito que las despedidas nunca me han gustado desde que tengo uso de razón. Seguramente, para la mayoría de personas tampoco es de su agrado despedirse de un ser querido. No olvido cuando con solo seis años mis padres me dejaron con mis tíos y se fueron un fin de semana a una boda de unos amigos del Buffet de papá. Me pasé el primer día entero llorando pensando que me habían abandonado. A pesar de que mi tía Stella me reiterara incontables veces que volverían y que me echaban de menos, me negaba a hablar con ellos cada vez que les pedían a mi tía que me pusiera al teléfono.
Recuerdo traumático desbloqueado. Lo sé, demasiado dramatismo para una niña de seis años.
Irme del pueblo después de crear toda mi vida en el pueblo no será nada fácil, pero tengo ganas de ver que me depararán estos próximos años. Conseguir finalmente lo que siempre he tenido en mente está cada vez más cerca de hacerse realidad.
Estoy impaciente, joder. Quiero estar ya allí.
— Ya verás que te convertirás en la mejor abogada cariño —expresa con una sonrisa enseñando todo los dientes.
Abogada. Esa palabra suena tan bien pero tan lejana. Sin embargo, esta cada vez más cerca. Desde pequeña siempre que llegaba de clases seguía a mi padre a su oficina, me sentaba en su famosa silla de cuero negra y pasaba viéndolo horas y horas trabajar, ayudando a miles de personas y luchando por la justicia. Pensar que podré ser como él algún día me enorgullece y me choca a partes iguales. ¿Estaré a la altura?
— Espero que papá esté orgulloso de mí —admito en voz baja encogiéndome en el asiento.
— Por supuesto que lo está Gracie, ¿no te ha llamado todavía? — aparta la mirada de la carretera unos segundos y me mira expectante por conocer mi respuesta.
— No, estará ocupado con sus reuniones —digo girando mi cara hacía la ventana y viendo cómo nos alejamos del pueblo.
— No te preocupes, seguro te llama después —dice quitándole importancia aparentando serenidad.
Decido no contestar. Sé que mi padre está ocupado la gran parte del día y apenas tiene tiempo para pasar tiempo en familia, pero soy su hija, su única hija. Apenas pudo despedirse bien esta mañana porque tenía un juicio a primera hora.
Como siempre ha sido desde que tengo memoria, en mi casa lo primero ha sido el trabajo. Es cierto que nunca ha faltado de nada en casa económicamente hablando y me atrevería a decir que vivimos cómodamente sin muchos lujos pero con lo necesario para llevar una buena vida.
A pesar de eso, la vida en familia es un tema completamente diferente. Mamá aparenta ser la familia perfecta frente a todos cuando realmente casi ni pasamos tiempo juntos. Sí, nos llevamos en general bien pero eso puede ser probablemente porque el tiempo en familia es inexistente. Otras familias a estas alturas estarían rotas por esta razón pero la nuestra se sostiene sorprendentemente bien. Juraría que la causa de todo esto es que, al menos yo y mi padre, no tenemos idealizado el concepto de familia y no pensamos como muchos que tiene que ser perfecta. Somos conscientes de que no lo somos ni de lejos, aunque mi madre intente cubrir varias cosas de cara al resto.
Transcurre un rato cuando mi madre vuelve a hablar:
— Bueno, ¿tienes ganas de ver la residencia? — pregunta tras el incómodo silencio, olvidando el tema anterior.
— Sí, espero congeniar con mi compañera de habitación. Me traumatizaría si veo que es una psicópata que quiere perseguirme para hacerme un piercing en la ceja —rio mientras miro, por séptima vez, entre los papeles de la universidad la habitación que se me ha asignado.
Habitación 39.Bloque A.
— Si tienes cualquier problema con ella, se lo diremos a la responsable del control de habitaciones de la residencia para que te cambien de habitación, no quiero que te sientas incómoda con gente que no...
— Mamá... —intento interrumpirla ya cansada pero ella continúa haciendo caso omiso.
Hemos hablado de esto mil veces y sigue sin dar su brazo a torcer.
— Gracie, influirá en tus notas..., compartir tu espacio privado con una chica que no le importa su carrera, que solo quiera fiestas y volverse rebelde con cualquiera que se le pase por...
— Basta mamá, era una broma simplemente — elevo la voz para que pare de hablar — Ya soy mayor, soy lo suficiente adulta para poder sobrellevar a alguien con la que no comparta el mismo estilo de vida. —respondo enfadada inclinándome hacía ella. —Soy capaz de salir y estudiar sin que una cosa altere a la otra. Sabré gestionarlo, siempre lo he hecho.
— Lo sé cariño, pero no quiero que te pase nada. Sé que no eres muy sociable. Solo tienes confianza total con Ellie. Separarse después de tantos años no tiene que ser fácil y me da miedo que las nuevas amistades que puedas hacer te desequilibren de conseguir tus objetivos. —expresa volviendo al tema de mi compañera de cuarto a la vez que baja la radio en la que se escucha el pronóstico del tiempo.
— Mamá, confía en mí, todo va a salir bien. Ni la hemos conocido y ya estamos prejuzgándola, por dios. Aunque esté a un par de kilómetros de casa no voy a dejar de ser yo—le digo tocando su mano sobre el volante para tranquilizarla.
— Lo sé mi pequeña, lo sé —dice con una sonrisa torcida a la vez que aprieta mi mano de vuelta.
Se rompe el momento con el sonido de mi teléfono. Lo cojo intentando no desorganizar los documentos y compruebo que Ellie me ha escrito.
Ellie: Graciiiii, ¿ya llegaste a la residencia?, ¿qué tal tu compi de cuarto?, ¿algún tío bueno?, Seguro que los hay, es la jodida universidad. CUENTAMELO TODO
Ellie: A mí me esperan tres horas en bus para llegar a Maine. Deséame suerte.
Ellie: Por cierto, ya te extraño :(
Sonrío leyendo sus mensajes. Ellie Thomas en estado puro. Mi madre dice que somos dos gotas de agua pero no puedo estar más en desacuerdo. Ella es tan extrovertida en comparación a mí. Ha sido mi mejor amiga desde los diez años y desde ahí nunca nos hemos separado. La solitaria Gracie encontró una verdadera compañía que la defendía del mal trato que recibía por el resto de compañeras durante el colegio. Sorprendentemente todo mejoró en el instituto. Siempre nos hemos apoyado, en lo bueno, en lo malo y en lo peor. La muerte de su madre por un accidente de tráfico hace siete años fue un duro golpe que, ella y su hermana Taylor, tuvieron que atravesar en plena infancia. Pero siempre mi familia y la suya han estado muy unidas ayudándonos mutuamente ante cualquier bache, sobretodo después de la pérdida de su madre. Ellie es como la hermana que nunca tuve. Me alegro que poco a poco haya vuelto a ser ella, aunque eso nunca se pueda olvidar.
Gracie: Estoy todavía a una hora. Se me está haciendo eterno y más con mi madre, ya sabesss.
Gracie: Avisa cuando llegues, te extraño más ; )))
Rápidamente me contesta:
Ellie: Ya me contarás como te va, suerte futura abogada.
Ellie: Recuerda, vive el ahora y aprovecha la uni para borrar de esa cabeza al mamón de Brandon de una vez.
No vale una mierda, lo sabes.
Te quiero mi iglú.
Una cosa que admiraba y odiaba de Ellie era lo directa que era. Está empeñada en que salga con algún chico de la universidad y pase oficialmente página. Nunca he tenido una relación seria y realmente no me he vuelto a interesar en nadie más después de Brandon como para formalizar algo. Brandon, el primo de Ellie que nos presentó hace dos veranos. Ese cabrón me dejó bien tocada. Conectamos desde que nos vimos por primera vez en la casa de Ellie por su cumpleaños y ese buen rollo al poco tiempo fue a más. Él fue mi primera vez en todo lo relacionado al tema sexual y pensé que iba a ser mi novio para toda la vida, que ilusa. Mi cabeza preadolescente no pensaba con claridad para intuir que me dejaría tirada y pasaría de mí después darme largas y solo prestarme atención cuando volvía al acabar las clases. Típico amor de verano, supongo.
Gracie: Ya lo he olvidado. No saquemos más el tema.
Por cierto, espero conocer a gente tan educada como tú.
Tq ; ).
Aunque al principio fue un shock y no había día que no llorara empapando mi almohada pensando en Brandon, logré olvidarme de él con el tiempo. Llegar a la conclusión con apenas dieciséis años de que esto no era el fin del mundo no fue tan fácil. Sin embargo, pude darme cuenta de que por ese tipo no valía la pena estar triste ni engañarme a mí misma pensando que algún día se arrepentiría de todo y volvería reclamando mi perdón.
Desde ese momento crecí personalmente y fui consciente de que no toleraría en el futuro conformarme simplemente con las palabras de nadie viendo que sus actos no se asemejan ni por asomo. Volver a confiar en alguien sé que será difícil. Tengo miedo de que me puedan volver a fallar. Pero tal y como me ha dicho mi abuela Gladys desde que soy enana, la esperanza es lo último que debe perderse.
Sacudo mi cabeza poniendo fin a mis recuerdos y decido dejar el móvil e intentar relajarme en lo que queda de trayecto. Tengo el presentimiento de que cuando pise la residencia todo va a cambiar.
La verdadera pregunta que me falta por responder es si ese presentimiento será bueno o malo.