Prólogo
¿Cómo llegamos a esto?
Se siente como si estuviera atrapado debajo de él, en sus brazos. Cuando me besa con dureza, no se detiene a ver si me ha hecho daño. Porque sólo ve su placer, y eso me gusta.
Me gusta no existir y dejarme hacer por él.
Porque ante él no tengo resistencia, sólo es mi cuerpo inerte. Y mi mente que es veneno.
Es adrenalina que no cesa, que quiere arder todo el tiempo.
Siento cómo sacude su cuerpo detrás mío y aprieto mi estómago para recibir todo de él porque deseo cada gota dentro de mí.
Apenas soy consciente de que sigo con las manos atadas hasta que me mueve para desatarme. Quedó libre y muevo las muñecas mientras respiro todavía con aire cansado. Todavía me encuentro aturdido, pero como siempre, él se recupera mucho antes que yo.
- ¿Te encuentras...
- Estoy bien-digo antes de apartar mis muñecas de su tacto.
Claro que note su ceja desencajada, qué rápido se suavizó al instante antes de ir al baño. Cuando se fue, me senté en la cama mientras me masajeaba las muñecas. Maldecí por no haberle dicho que no apretara tanto. Ahora tenía marcas rojizas que poco a poco se convertirían en rosadas.
Cuando estuve mejor y recuperé el aliento, miré hacia el baño; Él estaba frente al lavabo, viéndose al espejo. Por suerte, desde donde yo estaba sólo podía ver, pero él no a mí.
Y ahí lo contemplé cuanto pude, y deseé que este momento no se acabará tan pronto porque mirarlo era lo que más disfrutaba hacer en este mundo.