El baile del lobo

All Rights Reserved ©

Summary

Casandra es una bailarina exótica marcada por la soledad. Alexander, el líder indiscutible de su manada, es un Alfa respetado, pero el tiempo se agota: debe encontrar a su luna antes de que su lobo tome el control por completo. Si no es por amor, tendrá que casarse por conveniencia. En su despedida de soltero, conoce a Cass, la bailarina humana. Su lobo la reconoce como suya, pero hay un problema: cuando deja de bailar, desaparece el vínculo. Hija de un destino cruel, maldita por la luna y atrapada con un lobo al borde de la locura. Un secreto acecha en las sombras, susurrando su verdad, mientras un destino inevitable se cierne sobre ellos.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Capítulo 1: Casandra


Me desperté con un tremendo dolor de cabeza. Carajo, ¿qué hora es? Ya ni siquiera sé dónde dejé el maldito celular. Rebusqué en la cama y lo encontré. Carajo, otra vez son más de las siete y aún no estoy lista.


Salí de la cama, me tomé un par de medicamentos para el dolor de cabeza e hice mi rutina. Ya una vez "renovada", me quedé pensando quién iba a ser esta noche. ¿Amelia?, ¿Sofía? ¿Duquesa? ¿O solo Rubí? Creo que será Rubí esta noche. Me puse mi peluca de cabello rojo y salí de mi "apartamento"; si a eso se le puede llamar apartamento, una habitación en un barrio de bares y clubes nocturnos. Nadie aquí sabe mi nombre, ni yo misma lo recuerdo bien si no busco en mis certificados. Casandra es mi nombre y mi única atadura con un pasado del que no puedo vislumbrar más que abandono.


Fui abandonada cuando tenía tres meses en un orfanato. Un certificado de nacida viva, un collar con un lobo y una luna, y nada más, bueno y mi nombre. Me criaron unas monjas que estaban en los barrios bajos de la ciudad. Si bien no fueron malas, tampoco es que el dinero les permitiera darnos lujos. Cuando cumplí dieciocho, debía tomar decisiones, y bueno, sin dinero, sin familia, hice lo más fácil que tenía: conseguí un "trabajo". A muchos no les gusta que se baile por dinero, pero la paga es buena y me permite sobrevivir. Para mí, el baile es fácil y tenía formación por las academias locales, y bueno, así transcurrieron los últimos tres años de mi vida. A muchos no les gusta mi trabajo, ni yo misma lo tolero en ocasiones, pero creo que muy en el fondo me gusta la atención del agente, saber que no apartan sus ojos de mí, que por unos minutos soy lo que capta sus sentidos, soy importante, soy la luz de alguien, siento que existo.


Llegué al bar de esta noche, me puse una lencería negra y una bata. A mitad de mi preparación llegó Marco, mi mánager, un tipo razonable, fumador, director de cine frustrado y medio estafador. Él se queda con el 70% de mis ganancias y me consigue el show cada noche.


-Hola, Marco, ¿cómo estás?


-Bien, dulzura, mira lo que tenemos para Rubí -me tomó los bordes de mi peluca roja hasta la mejilla-. ¿Cuándo te lo cortaste? Y, por cierto, tienes show de agua esta noche, no me decepciones.


-No lo haré, sabes cómo son las cosas.


-Sales en cinco minutos.


Me miré en el espejo y aún pensaba en la resaca de anoche. Es difícil seguir el ritmo en un bar, ya sabes haces que beban, y que compren la botella más cara, así te pagan más, logras comisiones y, bueno, te diviertes. Es gracioso cómo un hombre suelta su dinero solo cuando sacudes tus glándulas mamarias muy cerca de su cara o el trasero.


Subí al escenario, y en el momento en que la música me golpeó como una ola, mi nombre se desvaneció. Ya no era nadie, solo un recipiente vacío, listo para ser llenado por la música. Aquí arriba, me abandono por completo a su ritmo. Subí al escenario y a mi show, una copa con agua dentro. Me posicioné y las luces se oscurecieron y se pusieron rojas. El bar estaba en silencio. Despacio, puse mis manos en el borde y comencé a subir mi cuerpo para quedar apoyada en mis manos. Una canción estridente y sexy comenzó a sonar mientras hacía movimientos con mis piernas. Llegó a su clímax y entré en el agua, donde me sumergí rápido para salir y hacer movimientos con mis manos, y mi cuerpo, genero destellos con el agua. Es mi liberación, mi cuerpo se mueve al ritmo ondulante y decadente de la música, somos amantes a la luz reducida del bar, por estos minutos mi nombre no es Rubí, Amelia, o lo que sea, soy Casandra. Cuando acabó la canción, estaba mojada, agotada y solo podía escuchar vítores. Hoy, hoy sé que me podré ir a casa con más dinero.


Bajé del escenario y me recibió Marco con una toalla.


-Eres fantástica, Rubí, tanto que te conseguí un show muy especial. -Marco, sabes que no doy privados y menos bailo para una sola persona. -Lo sé, por eso acepté este, es una fiesta privada en "The Moon". -¿Cómo que "The Moon"? ese bar es exclusivo. -Lo sé, pero ya sabes, como director tengo contactos en esta ciudad, grabé una de tus sesiones y le gustaste al jefe del bar. Te esperan en dos noches, así que ten tu pago de hoy y cómprate algo bonito. Esta noche terminas temprano, además de que te luciste y estos tipos estaban babeando por ti y pagan lo que sea cada vez así sea más caro, así que toma tu parte de hoy.


Marco me entregó un fajo de dinero, eran unos ochocientos. ¿Pero cuánto gana este tipo? No sabía que ganaba tanto por solo unos minutos.


Me sequé y me ajusté la ropa para salir del bar. Hoy el trabajo fue ligero, pero bueno, no me voy a quejar. Salgo del bar y busqué un cigarrillo en mi bolso, es un bálsamo para la resaca. Hoy quería trabajar no quiero llegar a mi apartamento. Miro el cielo nocturno y avanzo en el frio de la noche, estaba entrando a mi conjunto cuando escuché una voz ronca:


-¿De nuevo fumando, Cass? ¿O debería decir Rubí, por tu pelo? -Sí, Joe, perdona, sé que no dejas fumar por aquí -lo apagué, lo tiré al suelo y lo pisé. Recogí la colilla ante la vista de ceño fruncido de Joe-. Estoy algo ansiosa y no sé por qué. -No sé qué pueda ser, pero te diría que te cuides y comas bien, te veo más delgada, ¿eh? Por cierto, saca un cupcake con una vela. ¡Feliz cumpleaños!


Sonreí, lo había olvidado, hoy es mi cumpleaños. -Gracias, Joe, eres fantástico y estoy bien solo es mucho trabajo últimamente Marco me programa 7 u 8 funciones por noche más las horas como compañía-le di un beso en su mejilla, logrando que este viejo adorable se sonrojara un poco. -Lo sé, Cass. Cuídate -él entró y volvió a su trastero, donde tenía su oficina como administrador del edificio.


Subí los escalones viejos y las paredes verdes descoloridas. No es bello, pero bueno, es lo mejor que puede hacer Joe con los que pagan en la administración. Llegué a mi hogar, me cambié de ropa y me puse solo pantalones cortos y una camiseta de una vieja banda. No aprecio mi cumpleaños, no es nada especial solo me recuerda que mi estrellato durara poco y no se cuánto mas pueda permanecer en este mundo. Puse la televisión, saqué una botella de vino y me comí el cupcake. ¡Feliz cumpleaños a mí, chica sin rostro!