Único
Felix solía rehuir las festividades del aquelarre, no por un rechazo consciente a su linaje mágico, sino por una aversión a la exposición pública y al peso de las tradiciones que, de alguna manera, lo hacían sentirse ajeno e inadecuado, su lado humano siempre estaba en su conciencia aunque no lo quisiera. Sin embargo, aquella noche no pudo evitar sucumbir cuando Hyunjin, un alfa mago avanzado de presencia magnética cuya reputación lo precedía entre los omegas de la academia, le pidió que asistiera, este pelinegro cazador se sintió atraído por Felix desde que entró a la academia y supo de su curiosa persona, brujo, omega y mitad mortal.
—Es solo un ritual, gatito. No tienes que preocuparte por nada. Ya me he asegurado de que todo esté dispuesto para que estés cómodo. —le susurró con una sonrisa enigmática, cargada de un matiz indescifrable.
Lo que Hyunjin omitió mencionar fue que las Lupercales no era un simple ritual más dentro de la tradición del aquelarre. Se trataba de una celebración impregnada de magia arcaica, un evento donde las almas convergían y los destinos se entrelazaban bajo la influencia de la luna roja. La festividad rendía tributo a la fertilidad de la tierra y aseguraba la continuidad de linajes fuertes y prósperos, era la noche más fértil para todos los omegas en el aquelarre. Pero, sobre todo, era una noche en la que los vínculos entre alfas y omegas se cimentaban de formas insospechadas, marcando el inicio de conexiones trascendentales.
Felix no se sentía preparado para asistir un ritual de esa magnitud, su tía mayor insistió en que lo ayudaría a adentrarse al ambiente del aquelarre y Hyunjin detrás de él lo mantenía alerta, le despertó una chispa de curiosidad que lo hizo reflexionar profundamente sobre sus deseos e ideales dando como resultado una valentía que lo llevó a aceptar participar en la festividad.
Caída la noche, Felix se preparó con esmero. Vestido con la lencería negra proporcionada a todos los omegas participantes, dejó caer una capa de un rojo profundo, como la sangre. Su maquillaje, aplicado con precisión, resaltaba la delicadeza de sus facciones, mientras que su cabello rubio, cuidadosamente peinado, aportaba un aura etérea a su imagen, casi como algo que no debian siquiera pensar, un ser contrario a todo lo que el aquelarre significaba, un ángel. Se contempló en el espejo, percibiendo la ligera vibración de sus manos, un reflejo de las emociones que lo embargaban: expectación, nerviosismo y una sutil inquietud, era la sensación de que algo cambiaría para siempre. Hyunjin siempre había ejercido sobre él un efecto perturbador, y la perspectiva de compartir las Lupercales con él despertaba en Felix una serie de sentimientos que apenas comenzaba a comprender.
Al llegar al centro del claro, la atmósfera vibraba con una energía casi tangible. La brisa nocturna parecía portadora de antiguos secretos, y el fuego ceremonial proyectaba sombras danzantes que se alzaban hacia el cielo estrellado. Felix recorrió el lugar con la mirada, sintiéndose diminuto ante la magnificencia del escenario. Cada par de ojos posado en él evocaba emociones dispares: admiración, deseo, e incluso celos ocultos.
—Relájate gatito —murmuró Hyunjin al rozar su brazo con un contacto apenas perceptible —. Estoy aquí contigo.
Esa simple declaración tuvo el efecto de anclarlo en el presente. La calidez que emanaba de Hyunjin traspasaba la tela de su capa, sirviendo como un recordatorio de que no estaba solo.
El sorteo de parejas era la parte que más inquietaba a Felix, la incertidumbre de pasar la noche con un alfa desconocido le estaba matando por dentro, su necesidad de seguridad estaba en la superficie de su ser, esperaba muy dentro de él mismo que el mago que había influido en su decisión de estar ahí pudiera ser quien lo sostuviera y lo guiara en este mundo oscuro y nuevo. A medida que la música ritual comenzaba a envolver el espacio, los omegas danzaban en torno a los alfas, trazando círculos como planetas alrededor de sus estrellas. Cuando la música cesó, Felix quedó frente a Hyunjin, sintiendo la certeza de lo inevitable. Sin embargo, un empujón inesperado lo desplazó, ubicando a otro omega sobre el regazo del alfa que debía ser su compañero. Su pulso se aceleró, pero no lo derrotó, un segundo giro en busca de un compañero esta noche lo llevó de nuevo a Hyunjin, quien le dedicó una sonrisa de triunfo antes de estrecharlo contra sí.
—Tuviste suerte —susurró Felix, acomodándose sobre sus piernas.
—No exactamente —Hyunjin acercó sus labios a su oído —. Le pagué a ese alfa para que usara un encantamiento y adoptara mi apariencia, sabiendo que tal omega haría cualquier cosa por compartir esta noche conmigo.
Felix sintió un alivio insospechado, sonriendo y sintiendo como la calma inundaba su cuerpo y mente, sintiéndose completamente seguro en el regazo de el alto.
Entregadas las canastas a cada pareja con los elementos necesarios para el ritual empezaron su camino hacia su claro asignado.
—¿No es el destino curioso? —bromeó Hyunjin mientras ambos se adentraban en la espesura del bosque, con una antorcha iluminando su camino.
—¿Destino? —Felix enarcó una ceja —. Esto se siente más como una trampa meticulosamente diseñada.
Hyunjin soltó una risa baja, sin molestarse en desmentirlo.
El bosque se tornó un santuario de penumbras y misterio al llegar al claro que les fue asignado. Los árboles, altos y robustos, delineaban un círculo perfecto, como si la propia naturaleza estuviera otorgándoles su bendición. Hyunjin extendió una manta junto al fuego ritual, pero Felix aún percibía una sensación de inquietud, como si la noche misma albergara expectativas sobre ellos.
A la distancia, el eco de risas y susurros sugería que el ritual avanzaba en distintos puntos del bosque. La tensión en el aire era inconfundible.
—¿Y ahora qué? —preguntó Felix, abrazándose las rodillas.
—Ahora permitimos que la magia actúe. —Hyunjin se acomodó a su lado con la misma seguridad de siempre y le tendió una flor blanca, el símbolo de la unión en las Lupercales. Su torso desnudo quedó a la vista, y Felix no pudo evitar apartar la mirada al notar el calor que ascendía a sus mejillas.
—¿Y qué pasa si no creo en esto? —murmuró, sosteniendo la flor como si se tratara de un objeto extraño.
—No importa si crees o no gatito —respondió Hyunjin en voz baja, acercándose a él —. La magia ya nos eligió.
Felix no encontró palabras para replicar. Los ojos de Hyunjin ardían con una intensidad casi hipnótica, y en ese instante, todo lo demás dejó de existir. Sus dedos se entrelazaron lentamente, y Felix sintió su corazón latir con una fuerza inusitada. Sobre ellos, la luna roja brillaba imponente, como si aprobara su unión. La noche apenas comenzaba, y la Luperca aún guardaba sus propios designios.
La noche avanzó, y la luna roja alcanzó su punto más alto. Felix sentía una extraña calidez en su pecho, una conexión que nunca antes había experimentado. Hyunjin lo miraba como si él fuera el centro del universo, y esa mirada lo hacía sentir más vulnerable de lo que quería admitir.
—Hyunjin, esto es... demasiado —susurró, apartando la mirada.
—¿Demasiado? —Hyunjin tomó su mano, entrelazando sus dedos —. Felix, he querido estar contigo desde que te conocí. Esta noche es solo una excusa para decirte lo que siento.
Felix levantó la vista, sorprendido.
—¿Decirme qué?
Hyunjin no respondió con palabras. En su lugar, se inclinó y lo besó. Fue un beso lento, lleno de emociones reprimidas, y Felix no pudo evitar corresponder. Sus labios se movían en perfecta sincronía, y el mundo pareció detenerse a su alrededor.
La magia en el aire parecía intensificarse. Una ráfaga de viento apagó el fuego momentáneamente, y la luna roja brilló más fuerte, bañándolos en su luz. Hyunjin se separó ligeramente, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de deseo y ternura.
—Confía en mí, gatito. Esta noche es nuestra.
Felix asintió, incapaz de resistirse.
El sonido de las hojas crujiendo bajo sus cuerpos se mezclaba con los latidos acelerados de sus corazones. Felix sintió que su respiración se volvía errática, atrapado entre la sensación de la piel tibia de Hyunjin contra la suya y la energía embriagadora de la Luperca.
—Nunca había sentido esto antes... —murmuró Felix, con su voz temblando con cada latido de su corazón.
Hyunjin acarició su mejilla con el dorso de la mano, sus dedos recorriendo con suavidad la línea de su mandíbula hasta detenerse en su cuello.
—Porque esto es real —susurró —. No es solo la magia, gatito. Eres tú. Siempre has sido tú.
Felix sintió una punzada de emoción en su pecho. El deseo latente entre ellos se transformó en algo más profundo, más poderoso. Su instinto omega despertó, respondiendo a la presencia dominante de Hyunjin, pero esta vez sin miedo, sin confusión, solo con la certeza de que él era el único que podría tocarlo de esa manera.
El alfa lo atrajo hacia sí, envolviéndolo en sus brazos con una devoción que lo dejó sin aliento. Los labios de Hyunjin descendieron hasta su cuello, dejando pequeños besos antes de hundirse en la delicada piel, provocándole un estremecimiento. Felix se aferró a sus hombros, sintiendo cómo su cuerpo se entregaba por completo.
Soltó un jadeo cuando Hyunjin dió un suave mordida a su glándula de olor, enredó sus brazos en el cuello de Hyunjin e hizo que saliera de ahí para seguir besándose.
—Estás precioso por cierto, me encanta como te ves en este momento, gatito. —le dijo Hyunjin cuando se separaron un momento para tomar aire.
—Y a mi también me encanta lo que veo. —respondió Felix con sus respiraciones entremezcladas.
—Tienes un cuerpo hermoso, eres un sueño. —le dijo tomándolo de las caderas, recorriendo sus manos por el torso de Felix apretando su estrecha cintura y quitando su bralette de encaje negro, siguio su recorrido subiendo hasta llegar a su pecho y acariciar los pezones que pedian atención sin dejar de besarse.
Hyunjin empezó a recostar al omega y se colocó encima de este, desabrochó la capa roja y se separó para mirar el desastre de labios hinchados y brillantes por la saliva, mejillas pecosas sonrosadas y cabello desordenado, esta imagen despertó aún más su ya duro miembro por lo que bajó su pantalón quedando solo en boxer y dando a notar su gran erección.
Felix se sorprendió por lo poco que podía ver y se relamió los labios, con sus ojos brillando de deseo miró a Hyunjin que sin necesidad de palabras bajo sus bragas quedando completamente desnudo y al mando del alfa, que, de igual manera, solo con la mirada pidió ser desprendido de su última prenda liberando el grande y grueso pene que el mago tenía.
Ambos desnudos volvieron a besarse, Hyunjin empezó a notar el dulzón olor del omega, estaba escurriendo cantidades de lubricante por lo que el alfa no tardo en bajar al dulce y rosado agujero de Felix y dar una lamida que lo hizo estremecerse, esto no era suficiente para el mago por lo que empezó a meter su lengua saboreando el dulce manjar que el menor botaba, Hyunjin nunca había probado algo más delicioso.
—Mi amor eres delicioso, podría estar aquí por siempre —dijo Hyunjin separándose de la entrada del omega y volviendo a probar a Felix que estaba retorciendose.
—Por favor entra~ —pedía el omega empujando sus caderas, su agujero estaba listo para la intromisión, el alfa lo había llevado al límite.
Hyunjin fascinado por lo que provocó en el rubio sacó su cabeza de su nuevo lugar favorito, tomó su miembro y lo alineó con la entrada del omega, introdujo la punta y poco a poco el restante, se detuvo y permitió que Felix se acostumbrara a su gran tamaño, cuando el brujo empezó a moverse fue la señal para que el alfa saliera y empujara de nuevo dentro del menor, comenzando así un vaivén lento y constante, sabía que esta era la primera vez de Felix, él era la persona que ahora poseía la virtud del brujo.
—Más-s —Felix a pesar de ver estrellas, no se sentía completamente lleno, su instinto omega pidiendo a gritos que el alfa subiera de nivel, por lo que Hyunjin no tardó en empezar a ser rudo, dió una estocada fuerte y rápida, dejando de lado el ritmo lento que había tomando, el vaivén volviéndose rudo y veloz causando que el rubio subiera al cielo y bajara al infierno en un segundo, Hyunjin continuó con ese ritmo.
Salió un momento de Felix y tomó sus tobillos colocándolos sobre sus hombros provocando que su miembro se introdujera en lo más profundo del menor manteniendo el ritmo que a ambos los estaba volviendo locos, miró la obra de arte que estaba recostada, los ojos cerrados pero con sus mejillas cubiertas de lágrimas por el placer que provocaba, los labios abiertos escuchándolo gritar y pedir por más, sus caderas blancas siendo sostenidas por sus grandes manos y en su vientre el bulto que marcaba la profundidad de sus estocadas, quedó enamorado, deseando encontrarse para siempre entre las piernas del omega, sus ojos oscuros ardieron con deseo cuando sintió como su virilidad tocó la próstata del rubio —Ahí~ —gritó por la cantidad de placer que estaba recibiendo, nunca había experimentado algo así, se encontraba sumergido en un mar de sensaciones que anhelaba seguir repitiendo tanto como sea posible.
—Este es mi nuevo lugar favorito, tú debajo mío, entre tus piernas siendo llenado con mi pene —dijo Hyunjin y siguió embistiendo, ese omega iba a estar siempre con él, era suyo, la luna se lo puso enfrente para poseerlo de la manera más grotesca posible en la intimidad y para que lo tratara como un dios en su día a día, venerandolo incluso por encima de lo que sus creencias como parte del aquelarre dictaban, Felix solo pudo sonreír ante esas palabras sabiendo que no había vuelta atrás, había caído completamente por ese mago casanova, perdió más que su virginidad esa noche.
El omega lo detuvo y pidió que se recostara, Felix bajo sus piernas de los anchos hombros del mayor y sin romper su unión se acomodaron, vió a su mayor rival, un ángel, cuando Felix comenzó a saltar sobre su pene, empalandose a sí mismo con la misma fuerza que el mago lo hacía, gritando y gimiendo descontroladamente, perdiendo la cabeza y sosteniéndose del marcado abdomen de Hyunjin, alfa y omega sabían que no llegarían al cielo, su vida se dedicaba servir al ser oscuro que reina en el infierno por lo que podían desatar sus más profundos deseos sin temor a algún castigo.
Felix continúo con sus saltos hasta que se vino sobre ambos abdómenes, se recostó sobre el torso de Hyunjin, besándolo y siendo correspondido inmediatamente sin dejar de ser penetrado y sobreestimulado, haciendo que se corra nuevamente y el alfa dentro de él, su primera vez fue un sueño, se sentía pleno, sabía que nunca nadie podría hacerlo sentir como el pelinegro lo hace, logró mover todo su mundo en una noche.
Cerró fuertemente los ojos en el momento en el que el nudo empezó a hincharse, Hyunjin gimió en su liberación abrazando dulcemente a Felix, mientras él seguía en su pecho escuchando su acelerado corazón, sus fuertes respiraciones y sintiendo como los chorros de esperma lo llenaban, a esencia del alfa se asentaba en su interior, como si la luna misma hubiera bendecido su unión con la promesa de un nuevo comienzo.
El fuego que los rodeaba pareció resplandecer con más intensidad, y el bosque entero pareció contener la respiración. Aquella noche no era solo un rito ancestral, sino la consagración de algo mucho más grande: el inicio de una unión que ni siquiera el destino podría quebrar.
La conexión entre ellos fue más profunda de lo que Felix imaginó. Mientras la noche avanzaba, sentía la energía de Hyunjin envolviéndolo en un manto cálido y protector, aún después de varias rondas sexo, esa sensación persistía, como si sus almas estuvieran entrelazadas de una manera que trascendía lo físico. No sabía si era la magia de la Luperca o algo más, pero cada mirada, cada roce, cada susurro, cada embestida, cada beso entre ellos parecía fortalecer un vínculo irrompible.
El bosque susurraba a su alrededor, como si la naturaleza misma celebrara su unión. Las brasas del fuego chisporroteaban en armonía con sus respiraciones y cuerpos entrelazados, y la luna roja brillaba con intensidad, como si los estuviera bendiciendo con su luz etérea. Hyunjin, aún con su energía vibrante, acarició la mejilla pecosa de Felix con ternura infinita antes de depositar un beso en su frente.
Cuando finalmente descansaron bajo la manta compartida, Felix sintió un calor extraño en su abdomen. Se llevó una mano al vientre de manera instintiva, sintiendo una calidez inusual que lo dejó pensativo. Su cuerpo parecía reaccionar de una manera desconocida, pero en su agotamiento decidió ignorarlo, creyendo que solo era una consecuencia del desgaste de la noche.
Hyunjin, notando su expresión, lo atrajo más cerca, rodeándolo con sus brazos fuertes y envolviéndolo en su calor. Su respiración era tranquila, acompañada con la de Felix, como si sus corazones latieran en sincronía perfecta..
—Eres todo lo que quiero, gatito. No necesito nada más. —murmuró Hyunjin con un tono tan sincero que hizo que el pecho del brujo se apretara con emoción.
Felix cerró los ojos, dejando que la tranquilidad lo arrullara. La última imagen que tuvo antes de sucumbir al sueño fue la del resplandor rojizo de la luna, como si les prometiera que su historia apenas comenzaba.
A la mañana siguiente, cuando la luna roja había desaparecido y el bosque estaba envuelto en la suave luz del amanecer, Felix despertó sintiendo algo diferente. Había una calidez inexplicable en su interior, como si algo nuevo hubiera nacido dentro de él, no era solo el hecho de que Hyunjin había tomado todo lo que podía entregar.
El alfa todavía dormía a su lado, con una expresión pacífica. Felix lo observó por un momento antes de colocar su mano nuevamente sobre su vientre. Una chispa de magia recorrió su cuerpo, confirmando lo que su instinto ya sabía.
—Esto... no puede ser posible —susurró para sí mismo, su corazón latiendo con fuerza.
Hyunjin se movió, despertando lentamente. Cuando sus ojos se encontraron, Felix sintió que el mundo volvía a alinearse.
—¿Estás bien? —preguntó Hyunjin, con voz ronca.
Felix abrió la boca para responder, pero no pudo. En cambio, tomó la mano de Hyunjin y la colocó sobre su vientre, esperando que entendiera.
Los ojos de Hyunjin se abrieron con sorpresa, pero luego se suavizaron con una mezcla de asombro e infinita alegría. Su mano acarició suavemente la piel de Felix, como si quisiera sentir la vida que comenzaba en su interior.
—Felix...
Felix asintió lentamente, una lágrima rodando por su mejilla.
—Creo que sí.
Hyunjin lo abrazó con fuerza, sus labios rozando la frente de Felix, dejando un beso lleno de ternura. Su aliento cálido se mezcló con el amanecer, creando un ambiente de ensueño.
—Esto es... increíble. Es como si la luna supiera que estábamos destinados.
Felix no sabía qué les deparaba el futuro, pero en ese momento, bajo el cielo que aún guardaba los vestigios de la magia de la Luperca, supo que estaba exactamente donde debía estar: en los brazos de Hyunjin, su alfa destinado, con un nuevo comienzo creciendo dentro de él. Se acurrucó contra el pecho de su alfa, sintiendo su corazón latir fuerte y seguro. Hyunjin besó su cabello y dejó escapar una suave risa, llena de emoción y amor.
Felix cerró los ojos, dejando que las lágrimas de felicidad fluyeran libremente. El viento acarició sus cuerpos entrelazados, llevándose consigo susurros de promesas y sueños compartidos. Porque esa noche, bajo la luna roja, sus almas se habían unido para siempre.