Visiones de un amor maldito.

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Summary

Esta es una historia pasión, destino y sacrificio, donde Athara y un misterioso hombre se ven afectados en un ciclo de vidas pasadas marcadas por la muerte debido a una maldición. A lo largo de sueños se revela un amor prohibido gracias a una tragedia ancestral que los une mas allá de la muerte. Una historia llena de amor ardiente, sacrificio y una tragedia inevitable que dejará una marca profunda en sus corazones.

Genre
Mystery
Author
Arely
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Pesadillas

ELLA:

Despierto de golpe con el sudor corriendo por mi frente y la respiración agitada. El sueño había sido tan real que la sensación de miedo y deseo aún se aferraba a mí. Necesitaba recordar. Esta vez no podía dejar que se desvaneciera como siempre.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de aferrarme a las imágenes antes de que se esfumaran. Era otra época. Llevaba un vestido enorme, como el de una princesa, de un tejido tan fino que parecía flotar con cada movimiento. Pero estaba demasiado ajustado; apenas podía respirar. Mi cabello era tres veces más largo de lo normal, una cascada de hebras oscuras que me rozaban la piel desnuda de los hombros. Todo era extraño.Me encontraba en un jardín, donde el aroma a rosas y tierra húmeda impregnaba el aire. Frente a mí, él corría hacia un laberinto. La misma figura masculina de todos mis sueños. Alto, musculoso. Su presencia irradiaba una urgencia que me impulsaba a seguirlo. No conocía su rostro, pero sí la intensidad de su mirada, aunque nunca la hubiera visto. Sabía que sentía lo mismo que yo, porque en cada sueño, su única preocupación era protegerme. Corrí tras él, mis pasos ahogados por el crujido de la hierba húmeda bajo mis pies descalzos. Estaba a punto de alcanzarlo cuando, de pronto, una sombra surgió de la nada y se abalanzó sobre él. Vi un destello plateado abalanzándose sobre el y el filo de una espada se hundió en su brazo.

Un grito se atoró en mi garganta. La desesperación me empujó a lanzarme contra la silueta que lo había lastimado, pero cuando pasé a su lado, una mano fría y firme atrapó la mía.El contacto me estremeció. Su tacto no era rudo ni agresivo, sino suave, como una caricia que contenía un deseo peligroso. El calor de su piel contrastaba con la frialdad de la noche, y un escalofrío me recorrió la espalda. Mi respiración se volvió errática, mi pulso se desbocó. No me atreví a voltear.

—Bésame antes de que esto se acabe —susurró con voz ronca, casi una súplica.Me jaló suavemente, guiándome hacia él y mi pecho se apretó con una mezcla de miedo y anhelo.

—Ven, por favor —insistió—. Te lo suplico.

Estaba a punto de girarme, de rendirme a esa voz que me envolvía como un hechizo, cuando el filo de la espada volvió a destellar en la oscuridad. La silueta del atacante corría directo hacia nosotros.Él reaccionó antes que yo. Me empujó con fuerza, haciéndome caer de frente al suelo. Un jadeo escapó de mis labios cuando la hierba húmeda amortiguó mi caída. Gire justo a tiempo para verlo de pie, ahí estaba con la espada atravesándole el pecho solamente logre ver su cuerpo aun no lograba ver su rostro. La sangre oscura se derramó como una sombra líquida sobre su ropa. Sus manos temblorosas intentaron sostenerse de algo.

Y entonces, desperté.

Todo era realmente tan confuso ¿quien era el? ¿porque conocía mi nombre? pero lo mas importante era ¿porque me hacia sentir así?

EL:

Me despierto de un salto, con el pecho ardiendo de dolor. Jadeo, llevándome una mano al corazón, pero no hay herida... solo un vacío insoportable.

Algo me falta. Algo que me ha sido arrancado.

Y entonces, recuerdo.Estoy en un jardín inmenso, la brisa nocturna me envuelve con su fría caricia. Llevo un traje elegante que no reconozco, pero no me importa. Frente a mí se encuentra un laberinto de arbustos, imponente y oscuro. A mi izquierda, ella. Su vestido rojo brilla bajo la luna, como si estuviera tejido con sangre y fuego. Su cabello cae en suaves ondas y, aunque no puedo ver su rostro, sé que es la mujer más hermosa que existe. Lo sé con una certeza que me quema.Pero no puedo acercarme.

No otra vez.

Me giro y avanzo hacia el laberinto. La humedad del césped se filtra a través de mis zapatos. El aire se siente pesado, como si la misma noche advirtiera que algo está a punto de suceder.Entonces, un destello plateado cruza la oscuridad y algo afilado rasga mi brazo. Apenas tengo tiempo de reaccionar cuando un movimiento rojo se desliza frente a mí.

Es ella. No lo pienso. La atrapo por el brazo. Dios... el sentimiento que genero el toque de su piel. Un escalofrío me recorre entero, un deseo primitivo y desesperado se aferra a mis entrañas. Quiero caer de rodillas ante ella. Quiero rendirme. Quiero que sepa que soy suyo para lo que ella desee.

Pero lo único que logro decir es:

—Bésame-No es una orden. Ni siquiera una petición. Es una súplica.


—Ven, por favor —insisto, con la voz rota—. Te lo suplico.


Ella se acerca. Pero logro observar que el destello regresa. No pienso. Actúo.

La empujo lejos de mí. Oigo su jadeo cuando cae al suelo. Me duele haberla lastimado, pero más me dolería si le ocurriera algo peor.


El siguiente segundo es fuego y hierro.Algo se clava en mi pecho. El dolor es insoportable. La espada arde dentro de mí como si estuviera hecha de brasas. Trato de sostenerme de algo, pero el mundo se tambalea y se desmorona a mi alrededor.


Y entonces despierte, pensé pase lo que pase te encontrare así tenga que buscarte por años.