Capítulo 1. Entre lo que era y lo que fingía.
De pequeña era inquieta. No mala. Solo curiosa, intensa, viva. Me encantaba correr, inventar juegos, hacer travesuras como cualquier niño… o quizás un poco más. Pero eso no era algo que todos vieran con ternura.
Mi primer día de clases fue en kínder, en la tarde. Había una maestra que me quería mucho —su nombre era kim—. Ella me cuidaba, me defendía, me sonreía como si yo sí mereciera existir tal como era. Pero no todos pensaban así.
Desde el principio, algunas niñas empezaron a mirarme con desdén. Tal vez porque yo hablaba mucho, tal vez porque yo brillaba, tal vez porque a la maestra le caía bien. Me jalaban las trenzas que mi mamá me hacía con tanto amor, me ataban el cabello, me hacían bromas crueles. Yo no entendía por qué. Solo sabía que dolía.
Un niño —uno que venía todas las tardes a buscarme y me decía que le gustaba— se molestó cuando le dije que no. Que yo no quería ser su novia, que no me interesaba. Y entonces, como si eso fuera un pecado, empezó a juntar a otros para burlarse de mí. Como si decir "no" a tiempo fuera motivo suficiente para merecer el desprecio.
Y luego llegó ella. Una nueva maestra. Una adulta. Una figura que debía protegerme. Pero no. Ella fue la que encendió el fuego. Se burlaba de mí. Se reía con ellos. Les enseñaba a los otros cómo hacerme sentir menos. Era como si mi existencia les estorbara.
Yo tenía solo cinco años.
Cinco.
Y todas las tardes, después de clases, llegaba a casa, y al llegar la noche caundo dormia me hacía pipí en la cama. El cuerpo me gritaba lo que no podía decir en voz alta. Que algo andaba mal. Que tenía miedo. Que estaba sola.
Y aunque solo era una niña, ya empezaba a aprender lo que era esconder el dolor, fingiendo que no dolía.
Aprendí a callar cuando me jalaban el cabello, a sonreír cuando la maestra me humillaba, a no llorar cuando llegaba a casa y sentía el nudo en la garganta.
Aprendí a sobrevivir en un mundo que ya me estaba enseñando a no ser yo.
Ese fue mi primer disfraz.
Y sin saberlo… fue también la primera grieta de muchas...