PRÓLOGO
Su cuerpo fue azotado en la pared de su propia residencia. Él estaba siendo atacado por algo o alguien. Aquello se montó en su regazo y lo empezó a golpear en la cara repetitivas veces, manchando las paredes blancas de la casa. Para luego tomarlo del t-sheir manchado de sangre que tenía y lanzarlo por las escaleras, el cuerpo cayó, el cual hizo contacto con varios escalones lo que provocó que al cuerpo del hombre se le produjeran más moretones. El agresor bajaba lentamente las escaleras, pasando sus dedos manchado de sangre por las paredes. Mientras que el cuerpo de aquel señor no aguantaba más, sus músculos no tenían la fuerza para hacer que sus piernas o cuerpo pudieran moverse. El aire estaba cargado con el olor metálico de la sangre, mientras el eco de los pasos retumbaba en las escaleras.
Él sentía que si el puño de aquella cosa, hacia contacto con su rostro una vez más no la contaría, la sangre escurría de su boca, nariz y varias heridas que tenía su cuerpo, el agresor que si acaso era considerado una persona lo volvía a golpear una o dos veces más, quedaría inconsciente.
Por la mente de la víctima en lo siguiente que pensó fue en su familia, lágrimas mescladas con aquel líquido rojo llamado “Sangre” brotaron de sus ojos, pero no de dolor si no que al saber que moriría y no vería a sus nietos crecer, ya no iba a poder estar con su familia nunca más.La lámpara parpadeaba, proyectando sombras irregulares que parecían moverse con vida propia. Las cortinas antes blancas ahora estaban teñidas de rojo, testigos silenciosos de la brutalidad.
—¿Es esta tu familia? — pregunto la persona con un cuadro que acababa de tomar de la pared, coloco el cuadro delante de su rostro, y el hombre lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos, lo que provocó que cayeran más lágrimas.
Retiro el cuadro y empezó a ver detenidamente cada detalle, con una gran sonrisa dibujo una equis sobre el cuadro en la cara del señor y dijo;
—Que linda familia— dijo con cinismo—. Aunque creo... que se vería mejor sin ti— dijo mientras acercaba su cara a la de la persona herida. saco la foto de la porta retrato y la tomo con el dedo pulgar e índice de cada mano, procediendo a romperla exactamente dónde estaba él.
“Hijo de perra” “desgraciado” pensaba el hombre. La impotencia cubría todo su cuerpo, y con la poca fuerza que le quedaba, escupió su cara. El agresor limpió su cara con su mano derecha la cual estaba cubierta de sangre, lo cual dejo una mancha en su cara, limpió su mano en sus jeans, luego sacó un encendedor tomó la parte de la foto del señor y le prendió fuego. Lo único que se veía en la cara del agresor era satisfacción, cinismo, todo menos síntomas de una persona estable mentalmente, y rasgos físicos que no eran humanos.
—No creas que soy una mala persona— musitó—. Hago esto porque tú y tu especie mataron a mi familia— su rostro cambió completamente, la sonrisa que estaba plasmada en su rostro había desaparecido, lágrimas también brotaron de sus ojos, pensaba que lo que hacía estaba bien, lo único que él buscaba era venganza—. Y no te preocupes... después de ti seguirá tu familia— la tristeza de su cara cambió a una completa seriedad de que aquello que estaba diciendo lo decía en serio. El hedor metálico de la sangre impregnaba el aire, mezclándose con el humo del retrato quemado.
Sin esperar mucho tiempo el fenómeno musitó unas palabras en otra lengua y rápidamente de lo que eran sus uñas emergieron garras ásperas y las introdujo en el pecho de aquel hombre. Lágrimas y sangre. Lágrimas y sangre. Cada gota era un grito ahogado. Sacando inmediatamente su corazón, la respiración del señor se detuvo en seco y lo último que se escuchó de él fue aquel grito ahogado, la sangre que salía de su boca venía desde lo más profundo de su garganta.
‘‘El aroma del café de cada mañana. La risa de sus nietos. Todo desaparece en un instante.’’
Sacó su corazón. El grito se ahogó. Silencio. El corazón que aún palpitaba sobre la mano de aquella cosa, y las lágrimas de eso, empezaron a recorrer sus mejillas, las cuales se arrugaron dejando a la vista sus dientes, esa sonrisa le daba vida a la frase de que sonrió de oreja a oreja. Miro su corazón con anhelación y lo mordió al instante...