PROLOGO
—Mi pequeña niña...
Susurraba aquella mujer de ojos color miel, cabello castaño y piel morena, mientras acunaba entre sus brazos a la bebé como si fuera el último tesoro sobre la tierra. Su voz era como el roce del viento en primavera: suave, tibia, un eco de tiempos mejores que ya no volverían.
El amor que la envolvía era inconfundible. Para ella, esa niña no era solo una hija. Era su alma, su refugio, su última razón para seguir respirando en un mundo que se había vuelto cenizas. Y sin dudarlo, hubiera dado la suya por protegerla.
Comenzó a tararear una vieja melodía, una canción que había pasado de boca en boca entre las mujeres de su linaje, cuando aún vivían libres y la magia danzaba en sus manos. Pero ya nada quedaba de eso. La magia se había silenciado, enterrada bajo miedo y sangre, en un intento desesperado por sobrevivir.
Recordó la traición. Aquellos a quienes juraron lealtad, y que a cambio les devolvieron la muerte. Hombres, mujeres, niños... todos cayeron. La masacre aún ardía en su memoria, un peso frío que jamás abandonaría.
Por destino —o tal vez por burla de los dioses— un humano la encontró agonizando junto a un arroyo. La llevó a su hogar, curó sus heridas y, con el tiempo, de ese amor improbable nació su hija.
El recuerdo el golpe sin aviso.
Acarició la mejilla de su hija.
—Menos mal, mi pequeña... que eres solo humana —susurró, y su voz se quebró al decirlo.
Lo repitió con una sonrisa rota, como si intentara convencerse.
A ti no podrás hacerte daño.
A ti te dejarán vivir.
_____________________________________________
¿Listos para descubrirlo? Dale a 💖 y comenta qué crees que pasará.