Demonios, angeles y el zorro

Summary

mmm no se supongo que tipica historia de naruto en DXD

Status
Ongoing
Chapters
38
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

capitulo 1

La aldea de Konoha ardía bajo la furia del Kyubi, el Zorro de las Nueve Colas, cuyas garras rasgaban el aire y sus cola azotaba el suelo con tal violencia que parecía que la tierra misma iba a desmoronarse. Las estructuras se desplomaban y los habitantes huían, pero la esperanza residía en un único lugar: la barrera de sellado.

Kushina Uzumaki, con su cabello rojo brillando como el fuego en medio del caos, estaba de pie frente al monstruo, su cuerpo vibrando con el poder delKyubi, encadenado y contenido por el sacrificio de su propia vida. Junto a ella, Minato Namikaze, el Cuarto Hokage, observaba con determinación mientras sus sellos brillaban con fuerza.

Minato, tenemos que sellarlo ahora — dijo Kushina, su voz firme pero temblorosa por el agotamiento, mientras mantenía la mirada fija en el demonio desatado.

Minato asintió, su rostro imperturbable, pero sus ojos reflejaban la gravedad de la situación. El sacrificio era inevitable.

Pero antes de que pudieran completar el ritual, una voz profunda y aterradora resonó en el aire, haciendo eco en todo el campo de batalla:

— Este será el fin,Minato Namikaze. ¡El fin de Konoha y del último de los Hokages!

La voz venía de un hombre enmascarado, su figura oscura destacando entre la niebla y la destrucción. Obito Uchiha. La mención del nombre de Minato hizo que la tensión en el aire aumentara. El Cuarto Hokage apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando de repente, unaexplosión de humoapareció entre él y la figura enmascarada.

Unhombre altocon una melena blanca se materializó de entre la niebla.Jiraiya, el legendario Sannin, había llegado a la escena justo a tiempo.

— ¡oye tu! — gritó Jiraiya, con una feroz mirada de determinación. — No permitiré que destruyas la aldea.

Obito, al ver a uno de los legendarios sannin, se tensó. No esperaba queJiraiyaestuviera aquí. Aun así, la mirada de Jiraiya no era una de confusión, sino de pura ferocidad. A pesar del caos, él no dudó ni un segundo en abalanzarse sobre Obito, con la intención de enfrentarlo directamente.

Sin embargo, la batalla no era sencilla. Obito, por su parte, aunque estaba bajo la máscara de la confusión, era peligroso, sobre todo cuando activaba suKamui, el poder del espacio-tiempo. El Sharingan en su ojo comenzó a girar lentamente.

— No tienes ni idea de lo que estás haciendo, Jiraiya — dijo Obito, su tono oscuro. — ¡Este es el fin de todo!

Jiraiyasaltó hacia él con rapidez, pero Obito reaccionó rápidamente, activando elKamuisin pensarlo demasiado. La brecha dimensional se abrió violentamente entre ambos, distorsionando el aire a su alrededor. El poder del Kamui, descontrolado por la ansiedad y el miedo de Obito, no solo afectó a los dos contendientes, sino que causó undestello cegador.

Ladistorsión dimensionalcomenzó a expandirse rápidamente, tragándose aMinato,Kushina,Jiraiyay albebé Narutoque descansaba en los brazos de su madre. El suelo tembló como si el propio espacio fuera a romperse, y en el instante en que la explosión de luz se desató, todo desapareció.

Minutos después, unsilencio profundoreinaba sobre unbosque desconocido.Las hojas caían lentamente al sueloy el aire fresco parecía calmar el eco de la batalla que acababa de ocurrir. En medio de la oscuridad de este nuevo mundo, undestello de luzbrilló y, al disiparse,Minato,Kushina,Jiraiyay el pequeñoNarutose materializaron de repente, cayendo uno a uno al suelo.

— ¿Dónde... estamos...? — murmuróMinato, mirando a su alrededor mientras se levantaba con dificultades. Su rostro estaba cubierto de sudor, y su voz parecía llena de confusión.

Kushinano respondió. Su mirada estaba fija en el vacío del entorno, su respiración entrecortada mientras aún luchaba por mantener el control delKyubi.

Jiraiyase levantó, tambaleante, y miró a su alrededor con desconfianza.Este lugarno se sentía...normal. No había nada familiar. No había aldeanos, ni estructuras, ni signos de vida humana. Solo un bosque denso y silencioso.

— Esto no es Konoha... — dijo Jiraiya, observando el horizonte. La sensación de desorientación era palpable. —Obito, ese maldito, nos ha transportado a otro lugar... ¿pero qué es este lugar?

Unrugido profundoresonó en el aire, y fue entonces cuando todos ellos sintieron la presencia delKyubi, que estaba lejos de ser contenido. Elpoder zorrohizo que el ambiente a su alrededor se llenara de unaenergía caótica.

— ¡No puede ser! — exclamóJiraiya, mirando con alarma cómo la energía delKyubicomenzaba a liberarse poco a poco de los sellos.

Naruto, en los brazos de su madre, comenzó a llorar con fuerza, como si el poder del Kyubi lo llamara.Kushinaapretó su hijo contra su pecho, pero su conexión con el demonio era tan fuerte que sentía su poder escapando de su control.

De repente, elKyubien el interior deNarutoreaccionó. Lapresencia del zorroresonó en toda la dimensión, enviando ondas de poder que hicieron que el suelo temblara.

Jiraiya miró hacia el horizonte, sabiendo que algo mucho peor estaba por suceder.

El Kyubi, el Zorro de las Nueve Colas, liberado del sharingan de Obito había intentado mantener, emitió unrugido ensordecedorque reverberó en el aire. Su mirada fija estaba clavada enKushinayMinato. La furia del monstruo era palpable, un odio acumulado por generaciones, por el dolor de haber sido sellado repetidamente y por la constante opresión a su voluntad.

El aura asesinaque emanaba del Kyubi era tan densa que parecía envolver todo a su alrededor en una niebla de desesperación y miedo. Lasgarras del zorrobrillaban con una amenaza mortal, y su cuerpo, colosal y lleno de poder, brillaba con un resplandor rojo tan intenso como el fuego.

Minato, consciente de la amenaza, observó aKushina. Los dos se miraron en silencio, sin necesidad de palabras.Kushinacomprendió lo que Minato iba a hacer, aunque su corazón se llenaba de un miedo indescriptible. No podían dejar que el Kyubi causara más destrucción, pero el precio de sellarlo en su hijo era inhumano.

No puedes sellar a ese monstruo en Naruto, Minato. Es apenas un bebé... — dijoKushina, con la voz quebrada por el llanto. Sus ojos, llenos de dolor, miraban al pequeño Naruto en sus brazos.

Minato, con el rostro lleno de gravedad, bajó la mirada, buscando la fuerza para tomar la decisión correcta. En su corazón, un dolor profundo lo atravesaba, pero su deber como Hokage, como protector de la aldea y su familia, no le permitía dudas.

Es nuestro deber como ninjas. Si no lo hacemos, este demonio seguirá suelto y destruirá todo a su paso,Kushina... — sus palabras fueron firmes, pero la tristeza era inconfundible en su voz. Sabía que esta decisión sellaría el destino de su hijo, pero no había otro camino.

Kushina, en su desesperación, solo pudollorar en silencio, sintiendo el peso de la responsabilidad aplastándola. Aunque no podía negar que el Kyubi debía ser sellado,el dolor de saber que lo harían a su hijoera insoportable. A regañadientes,aceptóla difícil realidad.

Minato, con una determinación renovada, miró al Kyubi, sabiendo que el tiempo se agotaba. La única forma de contener al monstruo era sellarlo dentro de su hijo, pero sabía que el proceso sería extremadamente costoso. No solo su vida, sino también la deKushina.

Con ungrito de esfuerzo, Minato comenzó ainvocar el Shiki Fūjin, elsello de la parca, el último recurso para sellar un poder tan vasto como el del Kyubi. Los símbolosritualesbrillaron en el aire, y elchakra de Minatocomenzó a canalizarse a través de su cuerpo, invocando la entidad que sellaría al demonio:La Muerte.

El Kyubi, sintiendo el poder del sello en acción, reaccionó con furia.Garras como espadascortaron el aire, y el monstruo rugió con furia, luchando contra el destino que le esperaba. El zorro comprendió lo que estaba ocurriendo.

¡No!— gruñó el Kyubi en su mente.¡Ese maldito me volverá a sellar!

Con unaexplosión de furia,el Kyubialzó una de susgarras gigantesy se lanzó haciaNaruto, con la intención deacabar con él antes de ser sellado. Sus ojos brillaban con un odio profundo, y su garra afilada se dirigió directamente hacia el pequeño bebé, que lloraba desconsolado en los brazos de su madre.

Sin embargo, en un acto instintivo,KushinayMinatose interpusieron entre el Kyubi y su hijo, con sus propios cuerpos defendiendo la vida deNarutoa toda costa.

¡NO!— gritóKushina, con todas sus fuerzas, mientras intentaba contener el poder del Kyubi, pero la garra del demonio era demasiado para ella. Sin embargo,Minato, con su agilidad, desvió la garra a tiempo, arriesgando su propia vida.

¡Ahora, Minato!— gritóKushina, su rostro marcado por las lágrimas.

Con el sacrificio de ambos padres, elShiki Fūjincomenzó a sellar al Kyubi enNaruto. Laluz intensadel sello envolvió a la familia mientras el poder del zorro era absorbido lentamente. En ese instante, elKyubilanzó un último grito de desesperación y furia, mientras sentía su cuerpo ser dividido y su poder restringido, reduciéndose a la pequeña figura del bebé.

Elsello se completócon un destello cegador, y el Kyubi fue finalmenteatrapado en el interior del bebé, su furia transformada en un poder latente, una bomba de tiempo que solo podría desatarse en momentos de extrema necesidad.

En ese último momento,MinatoyKushinacayeron de rodillas, exhaustos por el sacrificio que acababan de realizar. Los dos miraron aNaruto, su hijo, con una mezcla de dolor, esperanza y amor.

Jiraiya, quien había estado observando en silencio, se acercó rápidamente a ellos, notando laherida fatalen Minato. El Hokage ya no podía sostenerse.

Por favor, cuida de Naruto, Jiraiya— susurróMinato, con dificultad, mientras miraba a su maestro con una expresión de dolor, pero también de confianza. —Él... es el futuro... de Konoha...

Minato miró aJiraiyacon un brillo en sus ojos, sabiendo que su maestro sería quien tomara la responsabilidad de su hijo. No quería dejar a Naruto en el mundo de la oscuridad, pero confiaba en que Jiraiya sería elguíaque necesitaba.

Kushina, con una sonrisa débil, también dirigió su mirada haciaJiraiya. El amor y la preocupación por su hijo se reflejaban en sus ojos.

Cuídalo... como si fuera tuyo...— susurró, antes de que su vida se desvaneciera lentamente.

— y, con esas última palabras, sus cuerpo se desplomaron al suelo sin vida.

En las profundidades del Infierno, en el majestuoso castillo Gremory, Sirzechs Lucifer, el actual Rey Demonio, estaba sentado en su trono. Aunque el ambiente parecía tranquilo, un aire de tensión lo envolvía. Apenas momentos antes, un poder colosal había surgido y desaparecido, sacudiendo las bases del mundo demoníaco.

Sirzechs apretó los brazos de su trono mientras sus ojos brillaban con un rojo intenso.“Ese poder... no puede ser ignorado”, pensó. Era un poder como ningún otro, comparable —o incluso superior— al de los dragones legendarios.

Grayfia Lucifuge, su esposa y mano derecha, se acercó, rompiendo el silencio. —Mi señor, toda la dimensión lo sintió. El aura de esa criatura... era salvaje, caótica.

—Era un ser de pura destrucción —contestó Sirzechs, sin apartar la vista del vacío frente a él—. Lo más preocupante es que desapareció tan rápido como llegó.

Grayfia asintió con preocupación. —Ese tipo de poder podría trastornar el equilibrio entre las facciones. ¿Deberíamos movilizarnos?

Antes de que Sirzechs pudiera responder, un portal mágico se abrió en medio de la sala. Ajuka Beelzebub, otro de los Reyes Demonio, apareció con expresión grave.

—Sirzechs, tenemos un informe preliminar. El poder provenía de un ser conocido como Kyubi no Yoko, una criatura de otra dimensión —anunció Ajuka, su voz cargada de seriedad—. Parece que este Kyubi fue transportado junto con algunos humanos, pero su manifestación en nuestra dimensión fue breve.

Sirzechs frunció el ceño. —¿Humanos? ¿Quiénes son?

—dos de ellos ya han muerto —respondió Ajuka—. Los otros parecen ser un hombre y un bebé, pero no hay mucha más información por ahora. Lo que es claro es que el Kyubi fue sellado en ese bebé mediante un ritual que incluso debilitó a la criatura.

Grayfia tomó un respiro profundo. —Si ese poder permanece en el niño, tarde o temprano, las otras facciones también lo descubrirán.

Sirzechs asintió lentamente. —Es cuestión de tiempo. Los Ángeles y los Ángeles Caídos ya deben estar investigando. No podemos permitir que este niño caiga en sus manos.

En el cielo dorado del Paraíso, Michael, el líder de los Ángeles, observaba el horizonte desde su trono. La explosión de poder que había sentido lo había dejado en alerta máxima.

—Este poder no es divino, pero tampoco parece demoníaco —dijo Michael, el líder de los Ángeles, con voz serena pero firme—. Es algo completamente distinto. Si no actuamos, podría convertirse en una amenaza para el equilibrio.

En otro lugar, en un oscuro santuario, los Ángeles Caídos también se preparaban. Azazel, el líder de su facción, estudiaba un mapa con marcas que indicaban las fluctuaciones de poder.

—Esto va a ser interesante —murmuró Azazel con una sonrisa intrigada—. Un nuevo jugador ha entrado en el tablero, y quiero conocerlo antes que los demás.

El viento soplaba con fuerza en el claro del bosque, llevando consigo el suave sonido de las hojas. Jiraiya, de pie junto a dos tumbas recién cavadas, observaba las lápidas improvisadas que había erigido con piedras. En ellas, grabó con kunais los nombres deKushina UzumakiyMinato Namikaze. Las llamas de las velas que había encendido parpadeaban con cada ráfaga.

—Lo hicieron bien, chicos —murmuró Jiraiya, con voz ronca y una tristeza contenida—. Minato, Kushina... les prometo que cuidaré de Naruto. No dejaré que este mundo lo destruya.

El llanto suave de un bebé rompió el silencio. Jiraiya se inclinó y tomó al pequeño Naruto en brazos, acunándolo con cuidado. Sus ojos, normalmente pícaros y despreocupados, ahora estaban llenos de una determinación férrea.

—Vamos, pequeño. No podemos quedarnos aquí por mucho tiempo —dijo en voz baja mientras ajustaba la manta alrededor del niño.

Justo cuando se giraba para adentrarse más en el bosque, sintió múltiples presencias acercándose. Jiraiya frunció el ceño, sus sentidos afilados como un filo de espada. De las sombras emergieron tres figuras, cada una portando un aura distinta.

Un hombre de cabello negro y ojos rojos, con un aura oscura y opresiva, fue el primero en hablar. —Eres fuerte para un humano. Reconozco el poder de un veterano. SoyZevran, enviado de los Demonios.

A su lado, una mujer de cabellos dorados y alas blancas, resplandeciente como el sol, avanzó con cautela. —SoySelene, representante de los Ángeles. No venimos con intenciones hostiles.

El tercero, un hombre de cabello plateado con alas negras y ojos astutos, sonrió con arrogancia. —Kael, de los Ángeles Caídos. Parece que todos compartimos el mismo interés en ese niño.

Jiraiya, con el ceño fruncido, mantuvo la calma. Sujetó a Naruto con un brazo mientras su otra mano se desplazaba lentamente hacia su cinturón de herramientas ninja.

—Ahórrense sus discursos —dijo con voz firme, mirando a cada uno de ellos—. Sé exactamente lo que quieren. Pero escúchenme bien:ninguno de ustedes tendrá a Naruto.

Los tres emisarios intercambiaron miradas, sorprendidos por la audacia del hombre frente a ellos. Zevran fue el primero en responder, su tono cauteloso. —No entiendes la importancia de lo que llevas en brazos. Ese niño... contiene un poder que puede cambiar el equilibrio de este mundo.

—Precisamente por eso no confío en ninguno de ustedes —replicó Jiraiya, con una sonrisa sarcástica—. No soy un ingenuo. Conozco a los de su clase: promesas vacías, manipulación y control. Lo he visto demasiadas veces en mi propio mundo.

Kael, el Ángel Caído, dio un paso adelante, pero Jiraiya alzó la mano, deteniéndolo. —No des un paso más, Kael. No estoy de humor para juegos.

—¿Y qué harás, viejo? —respondió Kael con desdén—. ¿Crees que puedes enfrentarte a los tres?

Jiraiya simplemente sonrió. —Quizás no pueda derrotarlos, pero les aseguro que no será fácil. —Se llevó la mano al suelo, formando rápidamente un sello—. Ustedes subestiman a un ninja.

En un parpadeo, una nube de humo cubrió el área. Cuando se disipó, Jiraiya y Naruto habían desaparecido, dejando a los tres emisarios confundidos.

—Tsk, maldito humano —murmuró Zevran, ajustándose la capa. —Esto no ha terminado. Informaré a Sirzechs.

Selene suspiró, su mirada preocupada. —Si lo que dice es cierto, ese niño podría ser la clave para mantener o destruir el equilibrio. No podemos ignorarlo.

Kael sonrió de manera oscura. —Esto acaba de ponerse interesante. Que comience la caza.

En un rincón del bosque, lejos de la confrontación, Jiraiya reapareció en silencio, aún con Naruto en brazos. Miró al bebé, que había dejado de llorar, como si confiara plenamente en su protector.

—No te preocupes, Naruto —murmuró Jiraiya con suavidad—. Sobreviviremos. Por tu bien y el de tus padres, no dejaré que nadie te use.


El sol de la mañana iluminaba la pequeña habitación donde Naruto, un joven rubio con energía desbordante, se encontraba preparando sus cosas. Las paredes estaban decoradas con carteles de paisajes y algunos mapas, un testimonio de la vida nómada que había llevado junto a Jiraiya. Sin embargo, algo en su entorno parecía más estable ahora, aunque la impaciencia brillaba en sus ojos.

—¡Maldita sea! —exclamó mientras cerraba su mochila con fuerza—. Ya va más de un mes y Ero-sennin ni aparece. —Frunció el ceño, cruzando los brazos con frustración.

Caminó hacia la ventana, observando el tranquilo vecindario que rodeaba su nuevo hogar temporal. Los sonidos de los pájaros y el suave murmullo del viento contrastaban con su inquietud. Apretó los puños, sintiendo una mezcla de enojo y preocupación.

—Ese viejo... siempre aparece cuando le da la gana. —Suspiró, intentando calmarse. Miró hacia el cielo, recordando las palabras de Jiraiya:“Tenemos que movernos, Naruto. No podemos quedarnos en un lugar por mucho tiempo.”

Sin embargo, en esta ocasión, algo era diferente. —Cinco meses... —murmuró, rascándose la cabeza—. Es raro. Nunca hemos permanecido tanto tiempo en un solo lugar. ¿Qué está tramando ese pervertido ahora?

Naruto negó con la cabeza, sacudiendo esos pensamientos. —¡Bah! No importa. Hoy es mi primer día en la Academia Kouh, y no voy a dejar que algo me distraiga.

Con una sonrisa renovada, se dirigió hacia el espejo, revisando su apariencia. Se ajustó la corbata del uniforme con una mueca. —¿Por qué los uniformes siempre son tan incómodos? ¡No es mi estilo! —Se quejó, intentando aflojar el nudo, aunque sin éxito.

Mientras se preparaba para salir, su mente vagaba hacia las enseñanzas de Jiraiya. —“Sé observador, Naruto. En este mundo, cualquiera puede ser un enemigo o un aliado. No confíes en nadie fácilmente.” —Repitió en voz baja, adoptando una expresión seria por un momento.

Luego, sacudió la cabeza, recuperando su habitual energía. —¡Tch! No puedo empezar el día con esas tonterías. ¡Es hora de conquistar Kouh! —dijo con entusiasmo, levantando un puño al aire.

Antes de salir, tomó un pequeño pergamino de su mesa de noche, un recuerdo de sus entrenamientos con Jiraiya. Lo guardó cuidadosamente en su mochila, sintiendo que era su amuleto de buena suerte.

—¡Allá voy! —gritó antes de salir de la habitación con un entusiasmo renovado, listo para enfrentar lo que sea que la academia Kouh tuviera reservado para él.


Naruto corría a toda velocidad por las calles de la tranquila ciudad de Kouh. Su energía desbordante llamaba la atención de los transeúntes, pero él apenas notaba sus miradas curiosas. Una sonrisa amplia se dibujaba en su rostro, disfrutando del viento que despeinaba su cabello rubio. Sin embargo, mientras sus pies lo llevaban hacia su destino, su mente viajaba al pasado.

Recordaba los días de su entrenamiento con Jiraiya cuando tenía apenas 12 años. En aquel entonces, el peliblanco había sido implacable, llevándolo al límite de sus capacidades físicas y mentales.Cada día era un infierno. Naruto, entonces un niño terco y confiado, se había quejado constantemente, pero Jiraiya nunca se apiadó de él.

—“¡Vamos, Naruto! El enemigo no te dará tregua, ¡así que no esperes que yo lo haga!” —la voz de Jiraiya resonaba en su mente.

Naruto apretó los puños mientras corría, recordando cómo a menudo terminaba exhausto, cubierto de polvo y con moretones, solo para levantarse y seguir adelante. En aquel entonces, no entendía por qué Jiraiya era tan duro. Creía que el entrenamiento era excesivo, una crueldad innecesaria.

Pero ahora todo tenía sentido.

Las primeras veces que había enfrentado demonios por su cuenta, creyó que eran meras alucinaciones o parte de alguna técnica de genjutsu. Después de todo, ¿quién iba a creer que criaturas de las historias de terror realmente existían? Sin embargo, esas dudas desaparecieron rápidamente cuando se encontró cara a cara con seres de pesadillas:demonios con ojos rojos y alas como sombras;ángeles caídos con lanzas de luz; ydemonios que exudaban un aura de muerte.

—“Ese viejo tenía razón todo el tiempo...” —murmuró entre dientes mientras seguía corriendo.

Recordó cómo, al principio, Jiraiya siempre intervenía. Con su imponente figura y su poder abrumador, el Sannin era un muro que Naruto creía inquebrantable. Pero había momentos en los que Jiraiya no estaba cerca. En esos instantes, Naruto aprendió por las malas lo que significaba luchar por sobrevivir.

“No te quedes en un lugar por mucho tiempo,”Jiraiya siempre le decía.“En este mundo, si te detectan, estás muerto.”

Cada enfrentamiento reforzó esa lección. La persecución de los ángeles, ángeles caídos y demonios era constante. Naruto aprendió a leer el ambiente, a detectar cuando algo no estaba bien, y a reaccionar antes de que un enemigo siquiera hiciera su movimiento.

—“Esos bastardos...” —Naruto apretó los dientes, recordando el primer enfrentamiento en el que casi pierde la vida. Un demonio había logrado acorralarlo, y si no hubiera sido por su entrenamiento y la intervención de Jiraiya en el último segundo, no estaría corriendo hoy por las calles de Kouh.

Sin embargo, en lugar de sentirse oprimido por esos recuerdos, una chispa de determinación brilló en sus ojos.Cada batalla lo había hecho más fuerte, más rápido y más listo.Había dejado de ser el niño ingenuo que creía que podía gritar su camino hacia la victoria. Ahora era un joven que sabía cuándo atacar, cuándo retroceder y, lo más importante, cuándo callar y observar.

De repente, se detuvo en seco en una esquina. Miró a su alrededor, como si buscara algo en el aire. Por un momento, su expresión se volvió seria, analizando cada detalle a su alrededor.

—Todo tranquilo... por ahora. —Relajó los hombros y retomó su carrera, aunque con una sonrisa más contenida.

Mientras continuaba su camino hacia la Academia Kouh, una certeza lo acompañaba:este nuevo lugar no sería diferente a los anteriores.Aunque ahora parecía un entorno pacífico, Naruto sabía que la calma siempre era el preludio de la tormenta. Y cuando llegara el momento, estaría listo.

Naruto caminó con calma hacia la puerta principal de la Academia Kouh. Su mirada fría y calculadora recorrió brevemente los alrededores. Era un nuevo día, pero la rutina seguía siendo la misma. Ajustándose la capucha de su chaqueta naranja y negra, se aseguró de mantener un perfil bajo. Había aprendido a no llamar la atención innecesariamente; ya tenía suficientes problemas lidiando con demonios, ángeles y caídos que intentaban constantemente manipularlo, reclutarlo o, peor aún, capturarlo.

“Solo otro día más”, pensó mientras pasaba desapercibido entre los estudiantes que iban y venían. Nadie parecía notarlo, y eso era justo lo que quería.

Entró al edificio y caminó por los pasillos hasta su salón, ignorando las miradas curiosas que algunos estudiantes lanzaban a su ropa poco convencional. Tomó asiento en el rincón más alejado de la clase, junto a una ventana. Siempre elegía ese lugar: desde ahí podía observar el exterior y mantener vigilada la entrada. Ser cauteloso era algo que venía en su naturaleza después de todo lo que había pasado.

El murmullo en el salón aumentó cuando una figura entró. Una joven alta, con cabello negro recogido en una cola alta atada con una cinta naranja, caminó con una gracia natural hacia el centro del aula. Llevaba el uniforme escolar impecablemente, pero algo en su porte y en su mirada la distinguía de los demás.

Akeno Himejima.

Naruto desvió brevemente su mirada hacia ella, notando cómo su presencia atraía la atención de todos en el aula. Incluso los chicos más desinteresados parecían incapaces de apartar los ojos de ella. Sin embargo, cuando sus ojos violáceos se cruzaron con los de Naruto, algo en su expresión cambió.

Ella sonrió, suave pero intrigada, y caminó hacia él.

Naruto, al darse cuenta de su intención, regresó la mirada al exterior, ignorándola por completo.

—Hola —dijo Akeno, su voz melodiosa cortando el aire.

Naruto no respondió, manteniendo los ojos fijos en el paisaje fuera de la ventana. Había perfeccionado el arte de ignorar a los demás, especialmente a aquellos que mostraban un interés repentino en él. Era demasiado bueno para ser cierto. Siempre lo era.

Akeno ladeó la cabeza ligeramente, sin perder su sonrisa.

—Eres nuevo aquí, ¿cierto? —preguntó con un tono amigable, aunque había una chispa de curiosidad detrás de sus palabras.

El silencio de Naruto fue su única respuesta. No tenía tiempo ni ganas de interactuar con nadie. Había aprendido por experiencia que la mayoría solo quería algo de él, ya fuera su fuerza, su conocimiento o el poder del Kyūbi sellado en su interior.

Akeno no pareció inmutarse por la frialdad de Naruto. En cambio, se sentó en el pupitre vacío frente a él, cruzando las piernas con elegancia y apoyando la barbilla en la palma de su mano.

—¿Siempre eres tan callado o es solo conmigo? —bromeó, buscando provocarlo.

Naruto suspiró, cerrando los ojos brevemente antes de responder con voz baja y firme:

—No estoy interesado.

Eso parecía tomarla por sorpresa, pero Akeno no perdió su compostura.

—¿Interesado en qué? Ni siquiera he dicho nada aún —respondió, sus ojos brillando con diversión.

Naruto giró la cabeza lentamente hacia ella, sus ojos azules encontrándose con los de Akeno.

—En lo que sea que estés planeando. No importa.

El ambiente en el aula se tensó ligeramente, pero Akeno simplemente rió suavemente, cubriendo su boca con una mano.

—Eres interesante, Naruto Uzumaki.

El chico frunció el ceño al escuchar su nombre, pero antes de que pudiera decir algo, el maestro entró al salón, interrumpiendo cualquier conversación. Akeno volvió a su lugar, aunque no sin antes lanzar una última mirada a Naruto, como si hubiera encontrado un nuevo rompecabezas que quería resolver.

Naruto suspiró nuevamente, girando su mirada de vuelta hacia la ventana. Un pensamiento cruzó su mente:Esto no me gusta nada.

Naruto apenas podía concentrarse en clase. Akeno Himejima no era solo una chica ordinaria; lo había intuido desde el momento en que sus ojos se encontraron. La forma en que lo miraba, como si supiera algo que él desconocía, lo mantenía en alerta. “¿Demonio? ¿Ángel? ¿Ángel caído?” Las preguntas revoloteaban en su mente mientras el profesor explicaba algo que él apenas escuchaba.

Finalmente, la campana sonó, señalando el fin de la clase. Naruto se levantó rápidamente, pero mantuvo su mirada fija en Akeno mientras el resto de los estudiantes salían del salón. Cuando ella se dispuso a seguirlos, él actuó.

—Tú, ven conmigo —dijo Naruto en un tono bajo pero firme, señalando con la cabeza hacia una esquina más apartada del aula.

Akeno, con una expresión que mezclaba curiosidad y diversión, lo siguió sin protestar. Cuando llegaron al lugar indicado, Naruto la acorraló contra la pared, colocando un brazo firme a su lado para bloquear cualquier posible escape. La cercanía entre ambos hizo que el ambiente se volviera palpable.

Akeno levantó una ceja, divertida, y una sonrisa juguetona apareció en su rostro. —Vaya, qué iniciativa, Uzumaki-kun. ¿Siempre eres tan directo con las chicas?

Naruto se sonrojó levemente al darse cuenta de lo comprometedor que podía parecer su gesto, pero no retrocedió. Su mirada permaneció fija en ella, seria y evaluadora.

—No estoy para juegos. ¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó, su voz dura y sin titubeos.

Akeno inclinó la cabeza, dejando escapar una risita suave. —Jejeje... ¿Por qué tan desconfiado? Es fácil. Escuché que habría un estudiante nuevo en mi clase, así que le pregunté al profesor tu nombre. Simple, ¿no?

Naruto frunció el ceño. Había algo en la forma en que lo decía que no cuadraba, pero no podía demostrarlo. Dio un paso atrás, sintiéndose incómodo por la situación.

—Tsk... —chasqueó la lengua, girándose para alejarse sin decir nada más.

Akeno, todavía con su sonrisa burlona, lo observó mientras se iba. —Qué interesante eres, Naruto Uzumaki —murmuró para sí misma, llevándose un dedo a los labios como si reflexionara.

Lo que Naruto no sabía era que Akeno mentía. No necesitaba preguntar su nombre al profesor. Desde el momento en que él había entrado en la academia, todos los demonios en Kouh habían sentido su presencia, una energía única y llamativa. Naruto Uzumaki no era un desconocido en el mundo sobrenatural, y su llegada había llamado la atención de muchos.

“Qué chico tan fascinante”, pensó Akeno, sintiendo que esto sería el inicio de algo mucho más interesante.

fin del capitulo.