El Heroe de Ashden

Summary

La ciudad de Ashden, frontera del Imperio, está al borde de la destrucción. Orcos salvajes y lobos gigantes emergen del oscuro Grimshade Forest para arrasar con todo a su paso. Cuando todo parece perdido, un héroe legendario aparece con su ejército: Darius Vael y la Guardia del Alba Dorado, trayendo la luz y la esperanza. Pero en las sombras, no todo es lo que parece… ¿Quién es realmente Darius? ¿Qué secretos oculta el resplandor de su espada Aurion? Sumérgete en esta épica historia de guerra, magia y oscuridad, donde la luz y la sombra se enfrentan en una lucha que determinará el destino de Ashden.

Genre
Fantasy
Author
Deenec
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1 - El Llamado de la Luz

Los muros ennegrecidos de la ciudad de Ashden, ciudad fronteriza del Imperio, temblaban bajo el asalto. Desde las entrañas del corrupto Grimshade Forest, hordas de orcos surgían como un mar de carne y furia. Bestias colosales, lobos gigantes domesticados por la tribu, embestían los portones de hierro con fuerza bruta. El hedor de sangre y humo se mezclaba con los gritos de muerte.

En lo alto de la muralla norte, el Capitán Aldric Frost —un veterano de rostro marcado y mirada sombría— luchaba por mantener el orden entre los suyos.

—¡Flechas! ¡Disparad sin tregua! ¡Que no trepen los muros! —bramó, mientras el retumbar de los tambores orcos anunciaba una nueva oleada.

Los soldados de Ashden caían uno a uno. En las calles tras los muros, madres lloraban, niños se escondían bajo cadáveres y los heridos gritaban sin ser atendidos. La ciudad estaba al borde del colapso.

Un joven soldado, ensangrentado y sin aliento, llegó corriendo:

—Capitán… no vendrán. La capital... ha cerrado las puertas. Ashden... está sola.

Por un instante, Aldric sintió que su corazón se congelaba. Entonces, un temblor recorrió el suelo. El aire pareció abrirse como si una fuerza celestial descendiera del cielo. Una explosión de luz dorada iluminó el campo de batalla, reduciendo a cenizas a una docena de orcos en un solo estallido sagrado.

—¿Qué fue eso…? —susurró uno de los magos del muro, atónito—. Eso… no es maná común.

Desde la línea del bosque emergieron caballeros con estandartes dorados, marchando entre la ceniza aún humeante. A la cabeza, montado en un corcel de armadura reluciente, venía Darius Vael, comandante de la temida Guardia del Alba Dorado.

A su lado cabalgaban sus más leales:

●Therion Rowen, mago sagrado, su túnica ondeando como llamas purificadoras.

●Lysandra Kaelwyn, tiradora de mirada de halcón, su arco resonando con energía.

●Brom Velgar, el coloso de piel endurecida por Esencia Sagrada, dispuesto a soportar lo que ningún humano podría.

Y tras ellos, un ejército de soldados bendecidos, sus armas marcadas por la luz del Imperio.

—¡Por Ashden! ¡Por el Imperio! —rugió Darius, alzando su espada: Aurion, una hoja de luz viva que cortaba incluso la voluntad de los enemigos.

La batalla cambió.

Therion alzó su báculo y entonó:

“Juicio Purificador”

Rayos dorados descendieron como lanzas de justicia, rompiendo la línea enemiga con violencia. Lysandra activó su técnica:

“Ojo de Crepúsculo”

Una flecha silbó y perforó el cráneo de un orco alfa. Brom cargó rugiendo:

“Coraza de Titanio”

“Embiste Centella”

Y su cuerpo, resplandeciente, aplastó a cuatro enemigos de un solo impacto.

Darius saltó de su montura y arremetió con Aurion. Cada tajo era una sentencia, cada movimiento un espectáculo de muerte. Los orcos no podían regenerarse bajo la influencia de su magia sagrada.

El Capitán Aldric, maravillado, gritó:

—¡Soldados! ¡Que la luz nos ampare! ¡Luchad junto a los héroes!

Y lucharon.

Cuando solo quedaban cinco orcos, el aire se volvió espeso. Una criatura descomunal emergió del bosque: Sangrek, un orco albino cubierto de runas, su cuerpo una montaña de músculo y odio.

—¡Yo soy Sangrek! ¡Aplastaré la falsa luz!

Darius lo enfrentó sin vacilar.

—Entonces enfrenta la verdadera.

El combate sacudió el campo. La lanza de Sangrek chocó contra Aurion una y otra vez. Darius sangraba, pero no retrocedía. Finalmente, alzó su espada con ambas manos:


Una onda dorada lo envolvió y, con un tajo, partió al líder orco en dos, quemando su cuerpo en luz sagrada.

Silencio.

Luego estallaron los vítores:


El pueblo de Ashden celebraba. Sus muros aún se mantenían en pie. El capitán Aldric cayó de rodillas.

—Nos ha salvado la Luz… Nos ha salvado un Héroe.

Pero, mientras las antorchas encendían la celebración, en lo más profundo de Grimshade Forest, entre raíces pútridas y sangre seca, unos ojos se abrían.

Y el verdadero fuego… apenas comenzaba a encenderse.