Volkilan

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Summary

En una distopía se halla cierta isla aislada de todo el resto del mundo nombrada Volkilan. Los protagonistas, siendo un grupo de jóvenes adultos, intentarán encontrar la verdad y la razón de que su Isla no tenga contacto posible con el resto de continentes. Desafiando entidades, organizaciones, corrupción, pobreza y anomalías, en un mundo con tecnología moderna y prístina para la época, pasarán por las malas jugadas de la vida, de sus propias mentes, de sus experiencias para poder aprender sobre ellos mismos y de éste mundo. Volkilan es una constante búsqueda y dedicación a la verdad. Nota-1: Al final de cada capítulo se expondrá la fecha del último cambio, cual fue el mismo, y su relevancia.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo-I: Una entrada silenciosa

Capítulo-I: Una entrada pacífica


"Si la maldad solo existe por oposición a su contrario, ¿dónde está entonces la bondad en nuestra sociedad?"

—Vhilo Sofus V.


Expulsaba el aire mientras su corazón latía lentamente, en una eterna tranquilidad.

Él inhaló... con la concentración que nadie podría igualar...

Se halla sentado en su celda, tan blanca como la nieve. No había nada más que una cama plana en una de las esquinas, rodeada por paredes tan blancas como la luz, proveniente de los paneles en el techo, los cuales iluminaban su encierro.


Siempre estaba activa su consciencia, soportando la continua ira.

Pero no se rendiría ante la ira. Se concentraba únicamente en su actual forma de existencia: un ser sentado, humano, respirando...

A veces fantaseaba, vuelvía a sus memorias: a la delicia de la carne, al sentir las venas entre sus dientes, los cuellos de sus víctimas... exhaló mientras recordaba los momentos...

Eso quedó en la memoria, había pasado décadas desde la última vez que ha masticado...

Recordó las garras de ambos frente a suplicantes llorando. "Eso era excitante..." pensó, "eso es excitante."

En esos momentos sentía el placer genuino al inhalar, y sentir sus pulmones inflarse.


Pero no era malvado, hacía lo necesario, es su derecho volver, debía que volver a su hogar...

¿"a su hogar..."?, se interrogaba a sí mismo, desde hacía ya mucho tiempo, si era de verdad su mundo, pero "mundus tuus est" repetía esa criatura ante la duda, "mundus nōster est".

Aquel tormento de voz, esa calamidad consciente, ese ser que nunca lo dejaría en paz.

Exhaló... con la ira que le ha cultivado su victorioso enemigo, recordando el abandono, la debilidad, el encierro de décadas... pero volverán. Ambos juraron volver.


Esperaba un golpe de suerte en la celda donde se encontraba, una en vigilancia, dentro de un edificio de cinco pisos, custodiado por guardias con armas complejas y letales, en un pueblo olvidado de Volkilan, llamado Velkam. Qoor apenas si pudo encontrar en los registros que en éste pueblo había una prisión de experimentos. Extorsionaron e interrogaron a algunos miembros de otras instalaciones, como habitualmente hacían, y se mudaron de nuevo. Semanas de trabajo e investigación darán frutos esta misma noche.


Junto con el resto de su equipo, Qoor, como la mujer obsesiva que era, quiso ir de inmediato al pueblo. Betéz se encargó del transporte, Dikitos se encargó de que no sean rastreados. Imbetuo; sin embargo, no hizo nada, pues no había mucho que hacer para él.


Después de llegar y analizar el entorno, creyeron haber encontrado lo que buscaban: un edificio blanco, ventanas cerradas, guardias en la entrada.

Lo vigilaron a distancia, pero tienen que observarlo de cerca, no podían infiltrarse sin saber exactamente hacia dónde se dirigen.


Ya estaban todos en el Godel, un hogar donde se alquila para convivir con compañeros de vivienda.

Dikitos escribía en su teclado de cristal, plano y translúcido, que estaba fijado en la pared con un soporte férreo.

Miraba hacia una pantalla cristalina, donde visualizaba imágenes de dispositivos complejos con circuitos a la vista.


—Me estoy desesperando —Dijo seriamente—, este pueblucho no tiene ni siquiera chips de bajo valor. ¿Cuándo volverá Betéz?


—Betéz está... —Contestaba Qoor, una mujer rubia y desaliñada, sin dejar de escribir en una hoja, sobre su mesa metálica repleta de papeles— con... eh... ¿Qué dijiste de Betéz?


—Seguramente ya viene —aclaró Imbetuo, viendo un aparato plano y rectangular pegado en su muñeca.


—Seguro que el camino por aquí ya viene, Betéz, no te desesperances —Dijo Qoor distraída. Sus incoherencias fueron ignoradas cuando Tat-o interrumpió.


—He hervido y enfriado un cubo de hielo —Exclamó Tat-o con una voz artificial mientras se acercaba desde la cocina—, agua de calidad de dos punto cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero y casi cero centímetros cúbicos.


— ¡¿Agua?! —Qoor se exaltó, y, con emoción, gritó—. ¡Quiero!


—El agua de calidad no es gratis.


—¡Cubo deforme y asqueroso, dame agua!


—Soy sirviente, no esclavo.


El cubo metálico, con su brazo y sus tres dedos planos dirigió el vaso de agua hacia sus cámaras, sostenidos por tubos que se empaparon.

Una sacudida de mal estar provocó una leve convulsión por unos segundos.


—¿Es normal saborear colores? Mi sabor favorito es el transparente.


Qoor, de nuevo, entra en ira con el robot, cuyo torso era un simple cubo.


—¡Solo te pedí agua, pedazo de chatarra delirante! ¡Voy a meterte en el basurero! ¿No puedes siquiera hacer caso en lo más mínimo?


—Hey, hey —interrumpe Dikitos, dejando el teclado de lado—, no digas eso. Él es bueno...


Pero Qoor agarra una de sus hojas, la arruga y se lo tira con enojo a Tat-o.


—Dios me ha hecho inmune al origami. Mejor suplica piedad, de lo contrario mostraré piedad, Qoor.


Mientras Qoor y Tat-o tenían su tradicional charla educada, a las afueras del Godel un hombre de mediana edad caminaba por la acera. Las calles son muy anchas y de un material verídicamente duro, mucho más que el cemento. Sobre ella, algunos vehículos gigantes flotaban.


Betéz, de cuarenta años, se acercó hacia un fumador, el mismo sostenía en la boca un cilindro metálico. Con su cara vieja y descuidada empezó a hablar, moviendo su barba corta y canosa.


—¿5-7-8? —pregunta el anciano.


—80-75, ¿qué tienes para mí?


—Un motor completo para un Tapíd de la década pasada, y la reliquia que querías.


—¿La reliquia tiene fecha de fabricación?


—Por la composición, dedusco que fue fabricada en el siglo XXVIII. El motor tiene la fecha borrada.

Betéz silba impresionado.


—¡Qué reliquia!, me lo quedo.


—Eres un miembro valioso. ¿Cómo te llamas?


—Mi nombre es Betéz, mis amigos suelen llamarme "Be".


—Conozco un grupo que recrea carreras y hacen pistas con asfalto


—¡¿Con asfalto?! ¡Guau...!


Después de unos segundos, el anciano le dio un dispositivo con forma cónica y estructuras complejas, mientras continuaba hablando.


—Te daré la reliquia en el punto de encuentro original. Ya que este punto es por una emergencia, ¿no?


—Lo es, nuestro Tapíd se descompuso. En fin, gracias, hombre.


Betéz empiezó a regresar, miró hacia el cielo... pleno de polvo, como siempre.

Aves anchas, con alas grandes y negras vuelan, espectadoras, vigilando los territorios.


Con las alas abiertas hasta el anochecer, en la oscuridad regresaban al hogar de sus dueños, para ser reemplazadas por otras aves.


Y así, una vez reemplazadas, vigilaban en la noche. Mientras tanto, dentro del Godel, se encontraba Qoor explicando el plan con dos mapas que dibujó torpemente.


La mujer tenía el pelo rubio y desordenado, y ojeras notables. Su vestimenta era una cazadora negra, hecha de un material gomoso.


—Después de ir aquí, y de que consigan al prisionero, todos nos vamos.


—Entiendo —interrumpió Dikitos—, pero olvidaste explicar algo sobre las identificaciones... lo que planificamos.


—Claro, claro. Cuando lleguen les pedirán la identificación, y ustedes deberán darles el Von falso. Luego de ingresar, averiguarán quién es ese prisionero especial, lo interrogarán, lo dejarán, y escaparán de la prisión.


—Técnicamente es un laboratorio —interrumpió Imbetuo.


—Calla y sube al tapíd.


—¿Yo puedo viajar en el tapíd? —Interroga Tat-o.


—Ya es mucho que te permita hablar, viajar está de más.


—¿Y si viajo a pie...? —Dijo antes de mirar debajo de su torso las ruedas de oruga y corrige—, ¿a ruedas?


—¡No!


Betéz, Dikitos e Imbetuo se dirigieron al Tapíd, un vehiculo enorme en la calle. Su forma era similar a la de un escarabajo sin patas, en el extremo posterior posee unos motores similares a los de un avión, pero más pequeños.


Habían dos capas de cristal en la parte trasera del Tapíd, las cuales se abren desde el lado posterior divididas verticalmente.

Entraron Dikitos e Imbetuo en la parte trasera, donde había muchas sillas contra pared mirando hacia el centro. Ellos llevaban cascos integrales y poseían trajes de cuero humano, pintado de negro y con patrones azules.


Betéz subió en la parte delantera, una cápsula mucho más pequeña que el resto de la nave cuya capa de cristal se abrió hacia atrás.


Qoor se acerca hacia Betéz.


—¡Tengan cuidado!


Betéz asientió, y prendió la nave mientras cerraba la cápsula. Debajo del Tapíd había más motores pequeños que empezaron a rotar, generando ondas que elevaron el vehículo, seis motores se revelaron, y los tres motores traseros comenzaron a funcionar. Así se dirigian velozmente al edificio entre las casas, sin flotar demasiado.


—Tengo algo de miedo. —le dice Dikitos a Imbetuo.


—Intenta no pensar mucho en eso.


—Estamos a punto de ingresar, ¿en qué otra cosa podría pensar?


—Hey, te salió rima.


Ma máquina es silenciosa, viajan lentamente.

Después de unos minutos, lograron llegar hacia una de las tres instalaciones en el pueblo.

Betéz no bajaría la máquina directamente cerca de la instalación, eso sería peligroso, se detienen a varias calles de distancia.

El vehículo aterrizó lentamente, luego se abrieron las capas curvas y cristalinas de los pasajeros traseros, desde el lado posterior hacia el anterior.

Ambos bajaron.

Betéz bajó también, y se acercó a los hombres.


—Muy bien, ¿estamos listos?


—Nosotros sí, no sé si eso te incluye. —Respondió Imbetuo mientras se ponía el casco.


Dikitos, en silencio, se coloca el casco integral.


—Bueno, bueno, yo estoy listo para esperarlos, jeje. Hasta luego muchachos, me recuerdan a mi en mi juventud...


—Pero nos llevamos unos veinte años.


—A mi me lleva quince —aclaró Dikitos, quien ya preparado miraba a Imbetuo—. Vamos.


—Cierto, cierto. Adiós, Be.


—Adiós, chicos.


Empezaron a caminar en la fría noche, el cielo polvoriento no deja de acechar.

Se veían aves gigantes que merodeaban por los cielos, mientras en las casas hay silencio absoluto y en en los callejones se escuchan ruidos desagradables.

Un momento de paz los ilumina antes de que lleguen a su tenebroso destino, el cual ven incómodamente.


—Puf, ¡qué mal olor! —Exclama Imbetuo.


—La verdad, sí, me impresiona...


Dikitos se acercó hacia la puerta de las cercas que rodeaban el edificio, donde un centinela estaba parado.


—Identificación. —Habló el hombre, poseía un traje de cuero humano con patrones naranjas.


Dikitos, en total silencio, le entregó un dispositivo llamado "von", un cristal fino y rectangular en que se muestran imágenes.


—Pasen.—Dijo el centinela tras verificar el von.


Debido a los cascos, no era posible ver las expresiones de miedo que tenían al entrar al edificio.

Abrieron la puerta, y al dar el primer paso... un prisionero inhala... y exhala. Logra detectar aquellos pasos tan irregulares y únicos; no forman parte del personal. Espera un momento... huele su carne, no huelen como el resto. "Quī sunt?", se pregunta el prisionero. Se emociona, sus latidos empiezan a acelerarse, "exitus est", se dice. "¡Exitus est!", se repite. "¡¡Exitus meus est!!", grita en su mente.

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~22/05/25

~Versión: 2.2

~Modificaciones desde 2.1: he agregado un mapa torpe hecho por Qoor.

~Nota del autor: "He recreado toda la historia, así que ya nada es como en las versiones antiguas, esta es más tranquila y pretendo ser más paciente para introducir escenas de acción."