El peso del silencio
Un día nublado.
Pequeñas gotas de lluvia rozaban mi rostro mientras caminaba por la orilla de la playa. Mis ojos se nublaban, mezclando lágrimas con el agua que caía del cielo. Por un instante, quise olvidarme de todo lo malo en mi vida.
Sentía el pecho oprimido, como si algo no me dejara respirar. Me detuve frente al mar, contemplando las olas que golpeaban suavemente la arena. Entonces, escuché una voz.
—Rowan... hijo mío, ven a mí... Mamá te necesita.
Era su voz. La voz de mi madre. Suave, cálida… tan familiar que dolía.
La escuchaba en medio del sonido del mar y de la lluvia que golpeaba mi rostro.
No entendía si era real o si mi mente me estaba jugando una broma cruel.
—Ven, mi amor… ya no tienes nada que temer.
Sus palabras me acariciaban como cuando me abrazaba de niño, cuando todo parecía estar bien.
Mis pies comenzaron a moverse por sí solos, dirigiéndose lentamente hacia el agua, como si algo invisible me arrastrara… como si ella realmente estuviera ahí, esperándome con los brazos abiertos.
Pero algo dentro de mí gritaba, dolía, ardía.
¿De verdad quiero dejarme llevar? ¿O solo quiero que todo este dolor termine?
Justo en ese momento...
(Suena el celular)
—¿Hola? —dije con voz apagada.
—¡Rowan! ¿Dónde mierda estás?! ¡Te dije que vinieras a trabajar! ¡No vas a ser un puto mantenido! ¡¡VEN PARA ACÁ AHORA MISMO!!
(Cuelga)
Me quedé en silencio.
—Tal vez es verdad lo que todos dicen... En este mundo ya no me queda nadie más que yo.
Mamá... aún te extraño.
¿Por qué tuviste que dejarme solo?
¿Por qué?
(Lentamente, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras observaba el cielo gris, preguntándose si alguna vez volvería a sentirse completo...)
—Ya llegué, papá... —dijo Rowan con la voz baja.
—¿¡Dónde carajos has estado, eh!? ¿¡Crees que yo voy a hacer todo por ti!? ¡Yo no soy tu niñera para estar detrás de ti siempre!
Mi padre, borracho, estaba sentado sobre unos sacos de cemento en plena construcción. En un movimiento torpe, lanzó una botella al suelo, que se rompió en mil pedazos, haciendo que me sobresaltara.
—¿¡Qué miras idiota!? ¡Lárgate a trabajar!
Rowan, con la cabeza agachada, caminó en silencio hacia el interior de la obra. Pero sus pensamientos no lo dejaban tranquilo. Seguían ahí.
Sus ganas de desaparecer… seguían ahí.
Subió hasta el cuarto piso para dejar unos materiales. El viento soplaba con fuerza. El filo del edificio lo llamaba. Se acercó lentamente al borde, mirando hacia abajo. Sus dedos temblaban.
—Tal vez si lo hago... dejaré de molestarlo. ¿No es así?
En su mente, las voces se volvían más intensas.
"Hazlo."
"Hazlo de una vez."
"Nadie te quiere."
Dio un paso más.
—Al menos así... se acabará el dolor...
Desde abajo, varios trabajadores comenzaron a gritar.
—¡Mira! ¡Se tiró!
—¡Llama a una ambulancia!
—¿Quién es ese chico...?
— ¡¡Dios santo pobre chico!!
Rowan ya no los escuchaba. Los pensamientos le habían ganado. No pudo contenerse. Cayó.
El sonido de la sirena se mezclaba con la lluvia mientras su cuerpo era llevado al hospital. La escena quedó grabada en los ojos de todos los presentes. Pero solo él sabía lo que sentía en realidad.
—¡Háganse a un lado, por favor!
—¡Den espacio! ¡Se está yendo!
—¡Doctor, poco a poco deja de respirar!
—¡Vamos, chico! Tú puedes salir de esta. ¡No te rindas! —dijo el doctor, mientras empujaban la camilla hacia el quirófano.
Rowan desapareció tras las puertas blancas. Los médicos no sabían si lograría sobrevivir.
Minutos después, su padre llegó tambaleándose al hospital, botella en mano, con olor fuerte a alcohol y los ojos rojos.
—¡Mi hijo está aquí! ¡Déjenme pasar!
Un guardia de seguridad se le acercó firmemente.
—Señor, no puede entrar en ese estado. Le pido que se retire y regrese cuando esté sobrio.
—¡A mí no me digas qué hacer! ¡Mi hijo está aquí y yo me quedo porque quiero verlo!
—Son las normas del hospital, señor. No me obligue a sacarlo por la fuerza.
—¡NO! ¡No me voy hasta saber de mi hijo, y punto!
En ese momento, el doctor salió del quirófano, con una expresión seria.
—¿Usted es el padre del joven Rowan?
—Sí... soy yo.
—Su hijo ya salió de cirugía fue un éxito solo tiene una pequeña fractura en el brazo, pero aun no despierta. Su estado es un poco delicado por el momento.
Hubo un segundo de silencio... pero no para reflexionar.
—¡Ese maldito idiota! ¡Más le vale que despierte, porque se las va a ver conmigo! ¡Desgraciado!
—¡Guardias, por favor! —ordenó el doctor— Sáquenlo inmediatamente. No está en condiciones de estar aquí.
Mientras lo alejaban, la puerta del cuarto se cerraba... y Rowan, estaba en un sueño muy profundo aislado del mundo.