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“Con los Sentimientos en la Mano"
Me enamoré de alguien que parecía de todos,
el centro de miradas, el suspiro de muchas,
y entre ese mar de nombres y voces,
yo solo era una más… o eso pensaba.
Pero había algo que me hacía distinta:
yo compartía clases, minutos, miradas al azar,
lo observaba no como un sueño inalcanzable,
sino como un reflejo que me hacía pensar.
Nos parecíamos más de lo que él sabría,
reíamos igual, con silencios parecidos,
pero mis palabras siempre fueron ausentes,
como un eco que nunca fue oído.
No hablábamos. Solo lo miraba,
desde un rincón tibio, lleno de suposiciones.
Y él… él alejaba a todas las chicas,
como si su mundo no tuviera invitaciones.
Así se fue ese año, sin más que un suspiro.
Pero la vida a veces tiene giros suaves,
y al volver a compartir los días,
algo, al fin, cambió entre las naves.
Una amiga mía se acercó primero,
él la dejó entrar, y se volvieron cercanos.
Y gracias a ella, yo también me acerqué,
como una sombra tímida siguiendo sus pasos.
Él sabía mi nombre, reía con mis bromas,
y por primera vez, fui parte de algo real.
Era un grupo, una rutina compartida,
una historia que parecía empezar.
Pero yo ya me había convencido de olvidarlo,
de enterrar lo que una vez me dolió.
Hasta que un día, en un trabajo cualquiera,
todo lo callado en mí despertó.
Él hizo una travesura, una tontería divertida,
y luego me miró… y me sonrió.
No fue cualquier sonrisa, no fue normal,
fue algo que su alma dejó escapar sin control.
Fue tan sincera, tan suya, tan nueva,
que mi corazón se quebró sin aviso.
Todo lo que creí dormido volvió a latir,
como si nunca hubiese perdido el juicio.
Pero ya era tarde, tan tarde como siempre,
porque su atención no era para mí.
Él estaba encantado por mi amiga,
y a ella le permitía lo que a nadie permitía decir.
Ella era bonita, libre, un suspiro de cielo,
y él preguntaba por su tipo ideal.
Y yo, con mi sonrisa a medias y el pecho lleno,
me convertí en espectadora de ese final.
Me quedé con los sentimientos en la mano,
como flores marchitas que nadie pidió.
Mientras ella, sin saberlo, tenía su alma,
y yo el recuerdo de una sonrisa que solo a mí me dio.