ME SABE A MUERTE TUS LABIOS

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Summary

Cuando el mal se aproxima no hay escapatoria, desde la llegada de Aden, Zayden se rodeó de la tragedia y el destino comenzó a doler, pero, ¿ Qué pasaría si te enamoras de la muerte?

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: “Sus ojos me huelen a cenizas”

Volumen 1: No sabía de ángeles hasta que lo conocí.

En aquel precioso lugar, lleno de fauna encantadora, a los pies del lago mas antiguo de la zona las manecillas del reloj hacen su trabajo mientras el viento baila con esa hoja seca que reposa sobre aquella caja de roble color caoba, tan perfecta y lisa como un piano cerrado que sin querer repicaba su última tecla. La multitud sollozaba, murmuraba cerca de mis oídos, mis ojos caídos, cansados, destruidos miraban aquel lirio blanco que sostenía entre mis manos marchitas, las aves silbaban, un silbido tan fuerte que se adentraba en mi cabeza y aceleraban mi corazón , solté el lirio, lo lancé y mi mano tocó mi pecho mientras mis labios secos se separaban y entre dientes dije—La muerte se ha enamorado de ti, te observé cerca de ella muchas veces y por una pequeña rendija vi como bailabas con ella en el borde del abismo, danzabas tan salvaje que de un abrir y cerrar de ojos tu alma se esfumó y tu cuerpo se rompió, espero que vueles alto y nunca más vuelvas a caer.


Sequé mis lágrimas una vez más y cuando estaba por marcharme vi a alguien entre las sombras, me estaba mirando fijamente, no pude sostener la mirada y agaché mi cabeza, pero las miradas pesan demasiado y sus ojos penetrantes aún más. Alzo mi cabeza lentamente, pero ya no estaba, la multitud de las personas bloqueaban mi vista y sin más se esfumó. La curiosidad podía más que yo y decidí acercarme al ataúd, lentamente asomé mi cabeza en el pequeño cristal, al mirar, mi semblante cambio radical, mi boca temblaba y nuevamente rompí en llantos


Tres semanas antes


El cielo quería caerse, romperse en mil pedazos, los truenos y relámpagos atemorizaban a los ciudadanos, saco las manos de mis bolsillos y pongo en el gorro de mi abrigo en la cabeza, siempre igual, mirando al suelo hasta llegar a casa, pero algo deslumbró mi mirada, una pequeña vidriera de tienda justo al frente de mí, me hipnotizó un suéter amarillo que había en su escaparate, esta temporada otoño-invierno era perfecta para darme un capricho. Mientras cruzaba la calle el semáforo parpadeaba en rojo, no venía ningún coche, eso me dio la seguridad para avanzar, pero de repente un enorme frenazo me sorprendió, un auto negro, frenó en seco antes de atropellarme—¡No ves que está en rojo—dijo el conductor furioso—


—Perdone, no...lo vi—dije con el corazón acelerado.


—Idiota—dijo el conductor mientras aceleraba por toda la carretera y se perdía de mi vista.


Después de un gran suspiro seguí caminando, me asomé unos segundos en el escaparate a mirar el suéter, una sonrisa a medias y una ligera emoción salió de mi antes de entrar en la tienda—tiene buen precio—dije mientras veía la etiqueta. Se reflejaba una persona por el cristal, estaba de tras mío en la misma acera de donde crucé, mirándome, giré mi cabeza rápidamente y no había nadie, tuve un ligero dejavú como si hubiese estado ahí antes. La campanilla de la puerta de la tienda al abrirse me hizo correr hacia ella y frenarla con mi pie antes de que la cerraran.


—Perdone, ¿Puedo pasar?—pregunté educadamente a la señora de la tienda.


—Lo siento joven, ya cerramos—dijo con ignorancia.


—¡Por favor!, solo quiero comprar una pieza, ¡Déjeme pasar!, no tomará más de cinco minutos—dije desesperado.


—¡Dios!, todo el día sin vender nada y cuándo estoy a punto de cerrar llega alguien, ¡Vale!, pase—dijo la señora.


Entré a la tienda, es un poco peculiar, un ambiente tenso y cargado, libros por doquier, esculturas extravagantes y algunas que otras antiguedades escalofriantes, caminaba paso a paso hacia el mostrador sentía como la madera vieja del suelo crujía bajo mis pies, la señora me observó y dijo.


—A ver, ¿Qué es lo que quieres?—dijo la señora con mucha soberbia.


—Mmm..ese suéter que está allá, el amarillo de 7.99$—dije señalando hacia el escaparate.


—¿Ese?, lo siento, no esta a la venta—dijo la vieja insoportable mientras contaba dinero de la caja—


—¿Cómo?, pero es que...


—Escucha joven, no está a la venta, solo es para adornar la tienda, para llamar clientela por su color, solo eso-Dijo la señora cabizbaja.


Después de que la señora observó mi insatisfacción por su respuesta dijo.


-No está a la venta pero...


Ese "pero" fue música para mis oídos, al parecer si iba a tener ese suéter.


—Pero ...tendrás que comprar una caja de la fortuna y te lo llevas—dijo mientras se bajaba los lentes.


—Vale, ¿Cuánto cuesta una caja?—pregunté desesperado.


—Son 17.99–dijo la muy....


—¿Qué?, pe..pero eso no cuesta dieciocho dólares señora—dije enojado.


—Lo tomas o lo dejas—dijo la zorra.


Saqué mi mano del bolsillo, puse unos billetes y unas monedas en el mostrador. Ella se acercó con él suéter, lo empacó y me lo dio en una bolsa junto con la caja de la fortuna.


—¡Aquí tiene su compra!—dijo.


—Gracias, es que me lo pondré pronto, el clima me lo exige y el color también—dije entusiasmado.


La señora me miró de arriba a bajo, intimidándome con su cara arrugada y jadeó— Si decides ponértelo... que sea porque ya no temes lo que puedas llevarte contigo—dijo la señora


No se qué quiso decir con lo anterior pero no le di mucha importancia


Tomé mi bolsa de compras y me marché. Cuando salí unas ligeras gotas comenzaron a caer en mi hombro, el aire se metía en mis ojos y vi a lo lejos una fuerte tempestad que se aproximaba, cuando volví a mirar ya no estaba, se había esfumado. Iba corriendo por toda la calle, no quería que me alcanzara la lluvia, doblé por el callejón, la casa me quedaba más cerca si tomaba ese atajo. El aguacero me perseguía, pero logré meterme a casa, miré por la ventana y estaba lloviendo muy fuerte, los truenos resonaban dejando un eco persistente—Gracias a Dios—dije mientras quitaba mis zapatos y me ponía cómodo para andar en casa, pongo el abrigo detrás de la puerta en una pequeña percha, mientras caminaba por los pasillos de casa veía los relámpagos desde aquella ventana, voy directo a mi habitación, pongo la compra encima de la cama y voy a la ducha, abro el grifo y meto mi mano para comprobar la temperatura del agua—¡Auchh, quema!—dije.


Quité lo que me quedaba de ropa y me metí bajo esa infinita cascada, ya estaba perfecta, el agua corría por mi cuerpo limpiando cada rincón de él, cada desastre, cada pena. Una mano lavaba mi cara y la otra apretaba con furia la esponja que recorría por mi pecho, tan pequeño para un corazón tan grande, bajaba la mano por mi abdomen restregándome delicadamente, quise bajar un poco más pero esta vez sin la esponja, solo con la palma de mi mano tocando con cada huella dactilar mi miembro flácido, me acerqué a la pared, la mano que lavaba mi cara se apoyó en ella y la otra...la otra seguía masajeando mi zona más bendita, más pura, más virgen, en mi mente, cosas imaginarias que creaba mi subconsciente, pensamientos que añoraba a diario,


alguien acercándose a mí, acercando su boca a mi cuello y oliéndolo suavemente—AhhhGEMÍ


Su mano gigante en mi cuello y unos ligeros besos en mi mejilla trazando un camino placentero hacia mi boca, ya mi miembro no estaba flácido, ahora pecaba con firmeza y descaro mientras mi mano lo frotaba con destreza, vuelvo a imaginar, a sentir su olor, tan poderoso y tan fornido—Mmmm—se me escapan las voces al sentirlo en mi mente. Mis piernas temblorosas y mi tronco erguido cerca de la pared, su respiración taladrando mi cabeza y el roce de su cuerpo casi desnudo con el mío fueron los causantes de fuertes espasmos y eyaculaciones continuas. Abro los ojos, recuesto mi espalda mientras el agua se llevaba mis ansiosos fluidos por el desagüe.


—¿Cuándo pasará?—dije entre suspiros y lamentos.


Mientras secaba mi piel siento un enorme estruendo proveniente de mi habitación, salgo de inmediato mojando todo el suelo y cuando llego no había nada, seguro los truenos de la tempestad causaron ese ruido, tomo la bolsa de la compra en mis manos y cuando estaba a punto de sacar las cosas—Boom—


Un enorme susto me hizo girar hacia la ventana y soltar al suelo la bolsa al ver a la paloma que había golpeado el cristal—¿Así que eras tú?—dije mientras me acercaba.


La calle que divisaba estaba desolada, todos dentro de sus casas, riendo, jugando, hablando con sus familias, los relámpagos resuenan en la mía y dejan ese eco profundo de soledad. Me arrodillo en el suelo y tomo la bolsa, saco el suéter y lo huelo, ese olor a nuevo, a tela fresca que desprende es fenomenal, abro un cajón de mi armario y antes de guardarlo veo unos sobres empolvados—¿Y esto?—dije mientras dejaba de lado el suéter y tomaba un sobre.


Paso mi mano para sacarle el polvo del sobre y con tinta roja y cursiva leí—Para mi querido hijo—


Los ojos se me aguaron y me senté en la cama para leerla, sí, es una carta de mi madre.


"Querido hijo, hoy es tu cumpleaños número veinticuatros, no podré estar ahí contigo pero quiero que sepas que te llevo siempre en mi mente, extraño que me escribas, ya olvidé tu caligrafía, tus líneas perfectas y tus reflexiones extraordinarias, pasaste de enviarme cientos de cartas a ninguna, tu padre dice que has crecido demasiado, no sabes cuanto deseo ir a verte, a contarte como me ha ido y escuchar alguna anécdota de tu vida, debes de tener alguna, eres joven, sé que me guardas cierto rencor por haberme ido de casa y dejarte con tu padre, pero necesitaba correr tras un sueño que aunque sea difícil alcanzarlo no me rendiré, algún día me entenderás, pronto estaremos juntos, te quiere con la vida, Mamá.


Seco mis lágrimas y la guardo sin más, queriendo ocultar el dolor, me pongo algo de ropa y no podía faltar el suéter, cuando me terminaba de vestir siento la puerta principal abrirse de un tirón, mi cara cambió de inmediato, reviré mis ojos y escuché—¡Zayden!


—¡Zayden!, ¡Necesito que baje!—dijo mi padre a gritos.


Bajo las escalera y voy hacia el jardín de la entrada—Dime papá—dije


—Necesito que me ayudes a bajar unas cosas de auto ahora, lo tengo en la carretera y ahí no puede estar estacionado—dijo mi padre apresurado.


Fuimos a la cajuela a cargar un montón de cajas pesadas—¿Qué traes aquí?—dije mientras la sostenía y cargaba con un enorme peso.


—Algunas herramientas del trabajo, hijo, ten cuidado con la última caja, tiene unas botellas de cristal, ten cuidado—dijo.


Cuando terminamos con las cajas pesadas faltaba la última, la más frágil, quité mi suéter, sentía un fuerte calor que hacía que mi piel sudara, se lo di a mi padre para que sostuviera, tomo la caja y cuando la tomé en mis brazos siento que se desfonda la caja por abajo y cae una botella al suelo—Mierda—dije mirando a mi padre con cara de culpa.


La botella cayó al suelo pero no se quebró, solamente rodó al medio de la calle—Vaya, que suerte tienes—dijo mi padre riendo.


Reí y él fue a recogerla, la sostuvo en sus manos y antes de caminar hacia mí sentí una sensación extraña, el aire cargado y una presencia familiar al otro lado de la calle, el aliento se me entrecortó al ver el auto que se dirigía hacia mi padre—¡Papá!—solté un enorme grito mientras veía como ese auto atropellaba a mi padre.


El tiempo se paralizó completamente, aquel auto nunca frenó, dejó a mi padre tirado en la carretera como si fuese una escoria, estaba agonizando del dolor, podía ver como combatía con su alma para que no se fuese de su cuerpo, no sabía que hacer, no había nadie en la calle, no tenía a quién pedirle ayuda.


Suelto la caja, rompiendo cada botella que traía dentro y corrí hacia dónde él para ayudarlo. Mientras gritaba y le preguntaba cómo estaba vi una sombra tras de mí, la piel se me escamó y volteé la cabeza, cuando mire lo vi, vi a un chico que se acercó a mi para socorrerme, tenía una mirada fría y unos ojos penetrantes, unos ojos que me huelen a cenizas...