Las almas que no arden.

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Summary

Ariadna es la llama que ha aprendido a no quemar. Elías es el viento que no sabe quedarse quieto. Juntos crean una combustión lenta, íntima, inevitable. Ninguno salva al otro en el sentido tradicional: él le recuerda cómo sentir, y ella le muestra que no todo lo perdido necesita ser encontrado para tener valor.

Genre
Fantasy
Author
Vamp_
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Epilogo

Dicen que el mar olvida los nombres de los que se ahogan en él.

La ciudad no tenía nombre. No lo necesitaba. Era un refugio para quienes ya no querían sentir, para los que buscaban la eternidad no como premio, sino como anestesia. Allí, el tiempo no avanzaba. El sol nacía con la misma luz cada día, las olas golpeaban la costa con la misma cadencia, y los relojes —cuando aún se usaban— simplemente marcaban un presente sin fin.

Ariadna había dejado de preguntarse cuánto tiempo llevaba allí. Como todos, había llegado en un momento de ruptura. No se recordaba a sí misma huyendo; solo el instante posterior: el aire salado, la piel intacta, el corazón tranquilo como una superficie de agua estancada.

Pero algo, dentro de ella, resistía.

Lo notaba en los pequeños gestos. En cómo aún se detenía a oler las hojas de los libros antes de restaurarlos. En cómo, a veces, su mano temblaba al tocar una portada manchada por la historia. Era como si, en algún rincón olvidado de su alma, una llama pequeña —tan débil que no iluminaba nada— se negara a apagarse del todo.

Esa llama se convirtió en incendio el día que Elías llegó por mar, medio ahogado, con los ojos llenos de tiempo y palabras que pesaban como piedras. Un hombre que aún podía morir. Un hombre que, al mirarla, no la vio como una sombra de sí misma, sino como alguien que aún podía volver.

Ariadna no sabía amar. No en el sentido común de la palabra. Pero en ese instante, supo —como se saben los sueños al despertar— que su vida congelada acababa de romperse.

Y que ya no había marcha atrás.

Porque cuando el amor llega a una ciudad que no siente, lo que arde no son los cuerpos, sino las almas que creían estar a salvo.