Chapter 1
Jiang Cheng observa en silencio. Sus ojos, fijos y gélidos, se clavan en la figura de Jin Guanyao, quien se aferra con descaro al brazo de su novio, dedicándole una sonrisa melosa y ensayada que a Jiang Cheng le revuelve el estómago. La conversación en la mesa ha tomado un rumbo predecible y doloroso: rememoran cómo se conocieron, cómo en la universidad todos daban por hecho que terminarían juntos y cómo el mundo entero apostaba a que se casarían. El ambiente se vuelve denso. De pronto, Jiang Cheng siente el peso de las miradas ajenas sobre él, cargadas de una mezcla de lástima y morbo. Con los dedos rígidos, toma su copa y apura el vino de un solo trago. En ese instante, una fría certeza lo invade: ha sido suficiente.
Sabe que no tiene sentido reclamarle a XiChen. Está cansado de las mismas excusas de siempre, de escuchar que Jin Guanyao no conoce las normas de etiqueta, que es un malentendido o que lo hace sin ninguna mala intención. Para XiChen son solo anécdotas sin importancia; para Jiang Cheng, es un guion desgastado que se sabe de memoria. Su novio se niega rotundamente a poner un límite, y él ha llegado al punto de no retorno: está harto, exhausto de cargar con el papel del villano celoso e inseguro en su propia relación.
Se pone en pie con una rigidez militar. Tomando su saco del respaldo de la silla, abandona el restaurante sin mirar atrás. Fuera, el aire gélido de la noche impacta contra su rostro, ayudándole a despejar la bruma de su mente. Ama a Lan XiChen con una intensidad que a veces lo asusta, y comprende perfectamente que es esa naturaleza absurdamente amable y pacífica la que le impide ser duro con el Jin. Sin embargo, esa misma amabilidad es su condena; por eso la paz nunca dura más que un par de semanas o días, antes de que el Jin regrese a su espacio personal con comentarios pasivo-agresivos y situaciones calculadas para desestabilizarlo.
Enciende un cigarro. El humo amargo en su garganta logra mitigar la tormenta en su pecho. Apenas unos minutos después, la puerta del restaurante se abre y Lan XiChen emerge a la calle.
-A-Cheng -lo llama con una voz impregnada de angustia. Al acercarse, XiChen busca sus ojos, pero lo que encuentra no es la habitual furia volcánica del Jiang. Hay algo mucho peor: un cansancio absoluto, una rendición pacífica que le hiela la sangre al Lan-. Sabes que...
Jiang Cheng alza una mano, cortando el aire. Suelta una lenta bocanada de humo, interponiendo una barrera gris entre ambos.
-Si vas a excusarlo, no hables. Ya sé exactamente lo que vas a decir y no tengo las fuerzas ni el humor para escucharlo -sentencia con una voz extrañamente apagada. Se lleva el cigarro a los labios una vez más, dando dos caladas rápidas y profundas, antes de arrojar la colilla al pavimento y aplastarla con la punta del zapato, como si quisiera destruir el último rastro de su paciencia.
-A-Cheng, por favor...
-No voy a regresar ahí dentro. Me voy a casa -lo interrumpe de golpe, dando media vuelta. Cada músculo de su cuerpo está tenso; está haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantener su violento carácter bajo control y no estallar en pedazos en mitad de la vía pública.
La desesperación se apodera de Lan XiChen. Preso del pánico ante la idea de verlo marchar de esa manera, estira la mano y lo sujeta firmemente de la muñeca.
-Espera, no te vayas. No es lo que crees, te juro que él no lo hace con esa intención...
Esa frase es el detonante. El delicado hilo que sostenía el autocontrol de Jiang Cheng se rompe por completo. Lleno de rabia y frustración acumulada, tira de su brazo hacia atrás para soltarse con una fuerza violenta y desmedida.
¡ZAS!
El sonido seco del impacto resuena con una nitidez espantosa en la noche, seguido de inmediato por un silencio ensordecedor que parece congelar el tiempo. Ambos se quedan inmóviles, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa. A Lan XiChen le palpita la mejilla; un color carmín, brillante y alarmante, comienza a encenderse con rapidez sobre su piel pálida de jade.
Jiang Cheng baja la vista hacia su propia mano, horrorizado, y luego vuelve a mirar el rostro de XiChen. El impulso salvaje por liberarse del agarre se había desviado, convirtiendo el movimiento en un golpe involuntario pero certero. El orgullo del Jiang se desmorona en un segundo; sus ojos se inundan instantáneamente de lágrimas que se niega a derramar. En ese preciso instante, con el sabor amargo de la culpa en la boca, comprende que acaban de cruzar una línea sin retorno. Es el punto final.
Aunque la mejilla de Lan XiChen es la que ha recibido el impacto físico, es su alma la que se siente desgarrada en mil pedazos. Observa a Jiang Cheng, con el pecho agitado y los ojos fijos en la mano que lo hirió, incapaz de procesar que aquello esté ocurriendo de verdad. Entonces, con una voz que apenas reconoce como suya, el Jiang habla:
-Terminamos.
El pánico nubla el juicio de XiChen. Intenta dar un paso al frente, con los brazos abiertos, desesperado por sostenerlo, por abrazarlo y borrar las palabras que acaban de dictar su sentencia de muerte. Sin embargo, Jiang Cheng está temblando de forma descontrolada, visiblemente destrozado por lo que ha hecho. Al ver que el Lan intenta tocarlo, retrocede dos pasos torpes, esconde su mano temblorosa en el bolsillo de su saco y lo mira con puro pánico. XiChen se detiene en seco; comprende que el daño psicológico de ese accidente es infinitamente más profundo y doloroso que el moretón que pronto marcará su piel.
-Fue... fue un accidente -logra tartamudear XiChen, sintiendo que el mundo se desmorona bajo sus pies.
-No, XiChen. Esto es el fin de nuestra relación -responde Jiang Cheng, y una risa amarga y rota se le escapa del pecho-. En cuanto cruces esa puerta otra vez y tu adorado «A-Yao» -pronuncia el nombre haciendo unas marcadas comillas en el aire con los dedos- te vea la cara, me convertirá de inmediato en el monstruo que todos esperan que sea. Dirá que soy un salvaje, que soy violento, que soy agresivo... Y tú, XiChen, te quedarás callado. Igual que todas las malditas veces anteriores. ¡Estoy harto! ¡Harto de ser el villano de mi propia historia, de mendigar un mínimo de respeto que eres incapaz de darme! -grita finalmente. La voz se le quiebra por completo, la garganta le arde por el llanto contenido, pero mantiene la barbilla en alto.
-A-Cheng... -suplica el Lan, con el corazón en la mano.
-No te voy a obligar a escoger, XiChen, porque hace mucho tiempo que tu silencio me dio la respuesta. Esto se acabó -sentencia de forma definitiva.
Se da la vuelta y comienza a caminar, alejándose a paso rápido hasta perderse en la penumbra de la calle. Lan XiChen se queda clavado en el sitio; quiere correr tras él, quiere gritar su nombre, pero sus piernas no responden. La última imagen de Jiang Cheng, viéndose tan increíblemente frágil y devastado, se le queda grabada a fuego en la mente.
En ese momento, la puerta del restaurante vuelve a abrirse. El resto del grupo sale a la calle; Jin Guanyao los ha convencido a todos de salir bajo el pretexto de asegurarse de que la pareja se encontraba bien.
Al salir, se encuentran con la silueta del Primer Jade, inmóvil en la banqueta, con la mirada perdida en el punto exacto donde Jiang Cheng acaba de desaparecer. Un jadeo colectivo de indignación rompe el silencio de la noche.
Jin Guanyao se lleva las manos a la boca con un dramatismo ensayado, fingiendo una profunda consternación.
-A-Huan -lo llama, corriendo hacia él con el rostro pálido-. No puedo creerlo... ¿De verdad Wanyin se ha atrevido a ponerte una mano encima? -pregunta deliberadamente alto, asegurándose de que cada palabra llegue a oídos de los presentes.
Nie Mingjue aprieta los puños con tal fuerza que sus nudillos crujen, clavando la mirada en la mejilla inflamada y el labio sutilmente partido de su amigo. Lan Wangji, rompiendo su habitual distancia, se acerca con rapidez y toma el rostro de su hermano entre sus manos. Sus ojos claros examinan la marca con una mezcla de preocupación genuina y una furia sorda y contenida.
-Hermano -murmura Wangji, con la mandíbula tensa. Los demás invitados observan la escena, murmurando entre ellos con expresiones llenas de lástima y reproche.
-Era cuestión de tiempo -comenta alguien en el fondo del grupo, con tono desdeñoso-. Ese hombre siempre ha tenido un temperamento insoportable y violento.
-A mí nunca me pareció adecuado para el hermano Lan -secunda otra voz, alimentando el chisme.
-El hermano Lan es demasiado bueno. Debería estar con alguien de su altura, alguien dulce como A-Yao -añade una tercera persona.
Jin Guanyao baja la mirada, agitando las manos con timidez y murmurando palabras de supuesta modestia que, de forma calculada, solo logran que las críticas y los insultos hacia el ausente Jiang Cheng se multipliquen entre los presentes.
Por fin, las lágrimas contenidas de XiChen ceden, desbordándose de sus ojos y resbalando en silencio sobre la herida ardiente de su rostro.
-A-Huan, por favor, no llores por él -insiste Jin Guanyao, dando un paso más hacia su espacio personal-. Una persona que recurre a la agresión física no merece tus lágrimas. Es mejor haber terminado esto ahora; si ya llegó a los golpes, no quiero ni imaginar de qué más sería capaz en el futuro -añade, buscando el asentimiento del grupo, que asiente con gravedad.
Algo hace clic dentro de Lan XiChen. Un calor abrasador sustituye la tristeza en su pecho. Sus puños se cierran con tanta fuerza que las uñas se le clavan en las palmas.
-¡CÁLLATE! -ruge con una potencia que deja a todos completamente mudos y congelados por el impacto. Jamás habían escuchado al pacífico Lan XiChen levantar la voz de esa manera.
Las manos le tiemblan de pura rabia; se pasa los dedos con brusquedad por el cabello despeinado y mete la mano en el saco para sacar su celular, decidido a llamar a Jiang Cheng. Sin embargo, Lan Wangji se adelanta y, con un movimiento rápido, le arrebata el teléfono.
-Hermano, reacciona. No puedes humillarte regresando con alguien que te hace daño -le dice Wangji, con voz firme pero cargada de preocupación fraternal.
La mirada que el Lan mayor le dedica a su hermano menor es tan inusualmente gélida y cargada de hostilidad que resulta aterradora.
-Tú no tienes ningún derecho a involucrarte en mi vida, Wangji. Y mucho menos tienes la cara para venir a decirme qué es lo que debo hacer -gruñe XiChen, con una frialdad cortante.
Wangji retrocede dos pasos de golpe, asimilando el impacto del reproche. Baja la vista de inmediato, sintiéndose pequeño bajo esa mirada; sabe perfectamente que la mención alude a que su propia relación con Wei Ying estuvo lejos de comenzar en los mejores términos, y que él no es un ejemplo de perfección.
-A-Huan, por favor, hazle caso a Wangji -interviene Jin Guanyao, tratando de suavizar la tensión y recuperar el control de la situación-. Él solo se está preocupando por tu bienestar...
-¡He dicho que te calles! -le grita XiChen, girándose hacia él con una furia desatada que hace que Guanyao retroceda por instinto-. ¡Todo esto es tu maldita culpa! Si tan solo hubieras dejado de insistir, si hubieras respetado mis límites... ¡Te lo repetí un millón de veces, Guanyao: no me gustas, no te quiero, no siento absolutamente nada por ti! ¡Deja de inventar historias y mentiras de un pasado que jamás existió! Nunca tuvimos nada, nunca me has atraído. He intentado ser cortés, paciente y amable contigo únicamente por consideración a tu familia, ¡pero no voy a destruir mi vida y a perder a A-Cheng por culpa de tus malditos juegos! ¡Déjame en paz de una vez por todas, no quiero volver a ver tu cara en mi vida! -estalla, gritando con el alma rota, temblando con tanta violencia que parece a punto de colapsar.
Nie Mingjue, alarmado por el estado de alteración de su amigo, da un paso al frente e intenta colocar una mano sobre el hombro de XiChen para calmarlo.
-XiChen, cálmate, estás fuera de ti...
Sin embargo, el Lan le dirige una sola mirada cargada de una advertencia tan letal y destructiva que Mingjue se detiene en seco, guardando un tenso y respetuoso silencio.
~~°~~°~~°~~°~~
Wei Wuxian lleva años sin hablar con su hermano desde el incendio en la casa Jiang. De hecho, no ha hablado con ninguno de sus dos hermanos; la culpa y la vergüenza se lo impiden constantemente. Por eso mismo le sorprende y le preocupa la llamada que acaba de entrar en su teléfono: el nombre de «Cheng Cheng ♥️» ilumina la pantalla. Suena apenas dos veces y contesta de inmediato; sabe perfectamente que, si pierde esa llamada, Jiang Cheng no volverá a marcar nunca más.
La respiración al otro lado de la línea es errática, seguida de un sollozo ahogado.
-A-Xian... -llama la voz. A Wei Wuxian se le hiela la sangre; su hermano se escucha tan roto que lo asusta por completo.
-¿A-Cheng? ¿Ha pasado algo? ¿Estás bien? ¿Yanli está bien? -comienza a bombardearlo con preguntas.
Wei Wuxian se levanta de golpe de su escritorio. Sus compañeros de trabajo lo miran sorprendidos; su rostro se ha quedado completamente blanco y las manos le han empezado a temblar por el puro nerviosismo.
-¿Puedes recogerme? -pide Jiang Cheng con una voz tan débil, tan frágil, que a Wei Wuxian le resulta imposible negarse.
-¿Dónde estás? -pregunta preocupado, mientras toma sus cosas a toda prisa y agarra las llaves de su auto.
Jiang Cheng le dicta una dirección. Está a más de una hora de su ubicación actual, pero eso no importa en absoluto. Para que Jiang Cheng lo llamara a él, después de tanto tiempo, significaba que algo estaba mal, sumamente mal.
-¿A dónde vas? -pregunta uno de sus compañeros al verlo salir corriendo.
-Tengo una emergencia familiar -alcanza a decir antes de salir de ahí, dejando el trabajo botado.
Wei Wuxian no sabe cómo hizo para manejar a esa velocidad sin matarse en el camino, pero logró llegar en un tiempo récord a donde estaba su hermano. Jiang Cheng se encontraba sentado en una banca metálica, fuera de una tienda de conveniencia de veinticuatro horas. A su alrededor, en el suelo, había varias botellas de cerveza vacías.
-¿A-Cheng? -pregunta con cautela al acercarse.
El Jiang alza la cabeza. Su rostro se encuentra completamente hinchado por el llanto y sus facciones lucen descompuestas por las lágrimas. Al ver a su hermano en semejante estado, una furia ciega se enciende dentro de Wei Wuxian. ¿Quién había sido el idiota que se había atrevido a lastimar a su hermanito de esa manera?
Se arrodilla frente a él y lo abraza con fuerza porque Jiang Cheng se ve demasiado frágil, como si fuera a romperse en cualquier momento. Al sentir el contacto, Jiang Cheng rompe a llorar de nuevo, balbuceando palabras atropelladas que apenas se entienden.
-A-Xian... me convertí en ella -solloza con amargura, justo antes de que el cansancio y el alcohol lo hagan desmayarse en sus brazos.
Wei Wuxian carga a su hermano a pulso para llevarlo con cuidado hasta el asiento del auto. No tiene idea de qué fue lo que pasó, pero lo único que sabe con certeza es que su hermano está completamente destrozado.
~~°~~°~~°~~
Lan XiChen llega a su departamento con el corazón en la mano, latiendo a mil por hora. Espera encontrar a su amante, pero el lugar está completamente vacío; sin embargo, notar que las cosas de Jiang Cheng todavía están ahí lo tranquiliza de manera momentánea.
Se sienta en el sillón e intenta, sin éxito, marcar el número que se sabe de memoria. Nadie responde; sus llamadas ni siquiera entran. Avienta el teléfono sobre los cojines al darse cuenta con horror de que lo han bloqueado. Se lleva las manos a la cabeza, desesperado; tiene que hacer algo, lo que sea, para no perder a su A-Cheng de forma definitiva.
°°~~
Lan Zhan regresa a casa completamente abatido. No le gusta pelear con su hermano, si es que a eso se le puede llamar pelea. Abre la puerta esperando encontrar el cálido recibimiento de su Wei Ying.
Al entrar, mira a la persona que duerme acurrucada en su sillón y una mezcla de sorpresa y furia contenida se enciende en su pecho. En ese momento, Wei Wuxian sale de la cocina cargando una taza de té y algunas pastillas, las cuales deja con delicadeza en la mesita de noche.
Su habitual sonrisa no está por ningún lado; en su lugar, hay una profunda preocupación en su rostro.
-Oh, Lan Zhan... ¿Cómo te fue con tu hermano? -pregunta con un hilo de voz.
Lan Wangji se queda helado y no sabe qué responder. Desvía la mirada hacia el hombre que duerme en su sillón. Wei Wuxian suspira, acercándose al sillón para apartar con ternura los cabellos desordenados del rostro de Jiang Cheng antes de volver a hablar:
-Él es mi hermano menor -indica el Wei-. No sé qué fue lo que le pasó, pero está completamente destrozado -añade con la voz quebrada-. Se supone que tengo que protegerlo... ¿Cómo es posible que haya terminado así? -solloza.
Lan Wangji, al verlo sufrir de esa manera, acorta la distancia y lo abraza con fuerza, intentando transmitirle un consuelo que él mismo siente que empieza a perder.
⚠️⚠️
Se supone que iba hacer un capítulo único pero lo voy a dividir en dos, porque no se que final darle.
Así que pueden dejar sus sugerencias.








