PLATA POR ORO

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Summary

Hanna y Helena se conocieron en el primer día de kinder. Tenían cinco años, mochilas del mismo color y los mismos collares con corazones que regalaban en la feria del barrio. Desde entonces, se prometieron que serían mejores amigas para siempre. Cada recreo, cada dibujo, cada pelea con otras niñas del curso era una batalla que enfrentaban juntas. Pasaron los años y la promesa seguía intacta. En la secundaria, sus gustos empezaron a diferenciarse. Hanna amaba el drama, las películas románticas, el maquillaje y los chicos populares. Helena, por su parte, prefería las novelas de suspenso, la ropa cómoda y los libros. Pero aún así, su amistad se mantenía. Tenían un código propio de miradas, palabras inventadas y bromas internas. Fue en segundo de secundaria que todo cambió. Hanna le confesó a Helena que le gustaba un chico: Daniel. Alto, con sonrisa encantadora, capitán del equipo de fútbol escolar. Pero también... cruel con quienes no eran como él. Y eso incluía a Helena.

Genre
Drama
Author
miahhcbooks
Status
Complete
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
16+

Plata por Oro

PLATA POR ORO

Hanna y Helena se conocieron en el primer día de kinder. Tenían cinco años, mochilas del mismo color y los mismos collares con corazones que regalaban en la feria del barrio. Desde entonces, se prometieron que serían mejores amigas para siempre. Cada recreo, cada dibujo, cada pelea con otras niñas del curso era una batalla que enfrentaban juntas.

Pasaron los años y la promesa seguía intacta. En la secundaria, sus gustos empezaron a diferenciarse. Hanna amaba el drama, las películas románticas, el maquillaje y los chicos populares. Helena, por su parte, prefería las novelas de suspenso, la ropa cómoda y los libros. Pero aún así, su amistad se mantenía. Tenían un código propio de miradas, palabras inventadas y bromas internas.

Fue en segundo de secundaria que todo cambió. Hanna le confesó a Helena que le gustaba un chico: Daniel. Alto, con sonrisa encantadora, capitán del equipo de fútbol escolar. Pero también... cruel con quienes no eran como él. Y eso incluía a Helena.

Daniel solía burlarse de Helena por su ropa, su forma de hablar, por estar siempre en la biblioteca. Y aunque Hanna le pedía que se detuviera, Daniel se reía y le decía que solo era “una broma”. Helena, acostumbrada a ignorarlo, simplemente evitaba a Daniel.

Un día, justo antes de un examen importante, Hanna se enfermó y faltó un mes entero a clases. Fue entonces cuando Daniel, desesperado, se acercó a Helena.

—Oye... tú tienes buenos apuntes, ¿no? —le dijo sin mirarla directamente.

Helena lo miró con recelo. No respondía.

—Solo por esta vez —agregó él—. No se lo digas a nadie, ¿sí?

Contra todo pronóstico, Helena accedió. Le entregó sus apuntes y se alejó. No esperaba agradecimientos. Pero sí esperaba, al menos, algo de respeto. No lo obtuvo ese día. Lo obtuvo semanas después, cuando Daniel se sentó a su lado en clase sin burlarse. Cuando la defendió de un chiste cruel. Cuando comenzó a mirarla como si realmente la viera.

Poco a poco, empezaron a hablar más. A reírse. A compartir música. A quedarse después de clase. Hasta que un día, sin que nadie lo esperara, se besaron detrás del laboratorio de química.

Cuando Hanna volvió, Helena intentó actuar como si nada hubiera cambiado. Pero Hanna lo notó de inmediato.

—¿Desde cuándo hablas con Daniel? —preguntó una tarde, al verlos juntos en la salida.

Helena tragó saliva.

—Desde hace unas semanas. Empezamos a llevarnos bien...

—Sabes que me gusta desde hace años, ¿verdad?

—Lo sé. Pero no fue planeado. Solo... pasó.

Hanna no dijo nada más. Solo la miró con un dolor que se clavó más profundo que cualquier insulto. Desde ese momento, dejaron de hablarse.

Helena intentó explicarle dos veces. Le escribió cartas. Le esperó en su casa. Pero Hanna no cedió.

Y fue entonces cuando Helena empezó a alejarse de Daniel. Ya no le contestaba los mensajes. Ya no iba a las prácticas para verlo. Algo dentro de ella se rompía al saber que su felicidad causó dolor.

Un mes después, se encontró con Hanna en la biblioteca. Y allí, como si el universo le diera una última oportunidad, lo intentó una vez más.

—Si te hace falta escucharme decirlo: lo lamento. No debí hacerlo así.

Hanna, fría, le respondió:

—¿Quieres mi perdón? Entonces termina con Daniel.

Helena bajó la mirada. Respiró hondo.

—No debí cambiar plata por oro —dijo con la voz rota.

Y se marchó. Dejando atrás una amistad, un amor y una parte de sí misma.

El lunes siguiente, Helena llegó a clases con el estómago revuelto. Las miradas que solían pasar de largo ahora se detenían un segundo más sobre ella. Sabía lo que estaba pasando. Hanna, con su aura de reina escolar, no había tenido que decir una palabra directa. Bastó su silencio, su desprecio y sus nuevas amigas para que todos comprendieran que Helena era ahora “la traidora”.

Daniel intentó acercarse varias veces. Pero Helena ya no lo miraba como antes. Había en ella una mezcla de culpa, dolor y una punzada de rencor hacia sí misma. Sentía que había elegido mal, que había traicionado algo puro por algo que no sabía si era real.

Una tarde, Helena fue al baño en el receso y encontró un mensaje escrito en la puerta de uno de los cubículos: “La que cambia amistad por amor no merece ninguna de las dos.”

No firmaba nadie, pero no hacía falta. El estilo, el trazo, el vocabulario... todo apuntaba a las nuevas amigas de Hanna.

Esa noche, Helena lloró en su cuarto sin hacer ruido. Su madre pensaba que todo iba bien, que tenía buenas notas, que era la hija ejemplar. Pero por dentro, se sentía vacía. Y por primera vez, deseó no haber conocido a Daniel.

Daniel no entendía qué pasaba. Había pasado de hablar con Helena todos los días a recibir solo respuestas secas o, peor, el silencio. Un viernes, después de clase, la alcanzó en la salida del colegio.

—¿Me vas a decir qué hice? —le preguntó.

Helena se detuvo. Quería gritarle que todo era culpa suya, pero no lo era. Él no la obligó a sentir. Ni a elegir.

—No hiciste nada. Solo que... esto ya no puede seguir.

—¿Estás rompiendo conmigo? ¿Así nomás?

—Sí. Así nomás.

Daniel dio un paso atrás. Parecía confundido, herido incluso. Pero no dijo más. Solo asintió y se fue.

Helena lo vio alejarse. Sintió que cada paso que él daba era una parte de ella que se iba con él.

Al día siguiente, no fue a clase.

Helena se encontró con Hanna en la tienda de libros. Ambas se detuvieron al verse. No había nadie más. Era el momento.

—Hanna —dijo Helena, casi susurrando.

—¿Vienes a pedirme perdón otra vez?

—Ya lo hice. Dos veces. Solo quería decirte que terminé con Daniel.

Hanna no mostró sorpresa. Ni alegría. Solo cruzó los brazos.

—¿Y ahora qué esperas? ¿Que volvamos a ser amigas como si nada hubiera pasado?

—No. Solo quería que lo supieras. Fue real. Pero tú lo eras antes. Y eso pesa más.

Hanna la observó unos segundos. Luego dio media vuelta y se fue.

Helena se quedó sola. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que algo se acomodaba dentro de ella.

El lunes, un nuevo rumor se esparció por la escuela. Decían que Helena le había rogado a Daniel que la aceptara de vuelta. Que le mandó flores. Que se arrodilló en la cancha. Nada de eso era cierto, pero no importaba. En esa escuela, la verdad valía menos que el espectáculo.

Helena caminaba por los pasillos con la cabeza en alto, fingiendo que no escuchaba las risas, las frases susurradas, los murmullos. Pero por dentro, cada palabra le arañaba el alma.

Daniel intentó aclararlo, pero su voz ya no importaba. Lo que dolía no era el rumor. Era el eco de la decepción.

Una nueva alumna llegó esa semana. Se llamaba Vera. Pelo corto, actitud firme y mirada curiosa. Se sentó junto a Helena en historia y le ofreció una sonrisa sin juicios.

—¿Tú eres la chica de la historia del ex y la mejor amiga? —le preguntó, sin rodeos.

—Sí.

—Genial. Entonces sabrás lo que es sobrevivir a un incendio.

Helena rió. Por primera vez en semanas, rió de verdad.

Y supo que algo estaba por cambiar.

Y con esa esperanza, cerró los ojos, lista para enfrentar lo que viniera.