Capítulo 1
El teléfono no paraba de sonar, el temblor de sus manos no cedía, su cuerpo sentía dolor, pero al mirarse al espejo no paraba de recriminar cada acto que había tenido antes de llegar a su hogar.
Con dificultad fue lentamente hacia su cama y vio el teléfono que estaba entre las sábanas. Katsuki volvió a llamar.
El nombre que menos quería ver en ese momento, pero sabía que si no tomaba la jodida llamada, lo tendría en su departamento cuando el chico de las explosiones terminara su turno.
Soltó un suspiro pesado, sacando todo el aire de sus pulmones para tomar el teléfono con valor en sus manos y deslizar el dedo por la pantalla para contestar.
—¡Kacchan! —trato de sonar animado para que no sospechara nada.
—Vamos, Izuku, debes de ser más convincente la próxima vez… —Un largo silencio se escuchaba en la llamada y después un suspiro que le heló la sangre al peliverde. ¿Por qué carajos te sobreesfuerzas? No es una broma, Deku, tu salud es primordial y verte en la pantalla del televisor no fue para nada gracioso.
—Kacchan, es mi trabajo… por el que luché durante años; si tu hermano estuviera aquí…
Las lágrimas por su rostro corrían; la desesperación de nuevo lo invadía.
—Abre la jodida puerta, Izuku. —Ya lo había llamado dos veces seguidas por su nombre; no era para nada normal y sobre todo tenía miedo de abrir la puerta de su hogar.
Colgó y se paró con bastante dificultad; Katsuki no era de esperar, ya había anunciado su llegada y ahora tecleaba los dígitos de su cerradura para entrar.
El rostro pálido del rubio fue lo último que vio Izuku antes de cerrar los ojos por un instante; el aroma del Enigma lo envolvió y solamente su respiración calmada hizo que se dejara de preocupar.
Llegó antes de que cayera al piso, antes de lastimarse. Lo cargó para recostarlo en la cama, vio las heridas nuevas en sus brazos, los golpes que tenía en su rostro, y el aroma del omega le preocupaba.
Fue por un pañuelo y fue al baño a humedecerlo, se lo puso en la frente del omega y tapó con las sábanas su cuerpo.
Cuando Izuku abrió los ojos, el delicioso aroma de Katsudon se metía por la puerta de su habitación; el sazón de la comida de Kacchan se colaba por su nariz.
Katsuki, a pesar de estar a una distancia considerable, pudo sentir como Izuku se despertó y trataría de caminar hacia donde él estaba.
Fue rápido y, antes de que pudiera poner los pies en el piso, lo tomó entre sus brazos y lo cargó.
—¡Kacchan! —dijo, avergonzado—, puedo ir al baño solo…
—Un poco de ayuda en estos momentos no te vendría mal. —Camino hacia el baño y lo bajo frente al lavamanos; miro al espejo encontrando un aspecto no tan feo como estaba cuando llegó. — Gracias por curar mis heridas.
Dijo apenas en un susurro; las manos de Katsuki pasaban lentamente por sus costados y tocaba apenas la pequeña pancita que sobresalía.
—Debo cuidar del omega de mi hermano; fue lo que le prometí antes de…
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Esas palabras sobraban, el terrible suceso que marcó a la familia Bakugou y a Izuku. La muerte de Gogo fue algo inesperado, ya que el día que el omega le anunciaría su embarazo fue cuando pasó la tragedia. Los villanos lo acorralaron entre algunos civiles.
Sus escapatorias se iban acabando, sus posibilidades de sobrevivir se reducían a cero, la última explosión que pudo generar antes de que su hermano llegara. El lugar retumbó y una gran bola de fuego apareció entre los edificios, acabando con todos ellos.
Katsuki llegó tarde, vio a su hermano gemelo como caía de una altura impresionante. Antes de que tocara el cemento, pudo detenerlo, pero su estado era crítico.
Sabía perfectamente que su Kosei de Gogo era más puro; sus explosiones eran más fuertes, sus aparatos para estabilizarlo eran precisos para que su cuerpo no se destruyera por dentro.
La nitroglicerina se extendía hasta su torrente sanguíneo y su poder podía matarlo; tarde o temprano pasaría si no se cuidaba.
—¿Qué hiciste, idiota, al quitarte las granadas? —La tos con sangre que expulsaba lo ponía bastante nervioso; con la mano que hizo la explosión estaba destrozada y eso significa una cosa.
Él se la quitó para dar ese golpe.
—Katsuki, escúchame bien, yo… —La sangre escurría por su boca. —Debes de cuidar de Izuku, de mi Izuku; alguien quiere hacerle daño, ellos me lo dijeron, traían unos papeles del hospital donde decían que está embarazado. Tú debes de hacerte cargo de mi familia, solo tú puedes hacerlo, tus feromonas lo estabilizarán y sé que siempre estuviste enamorado de él; lo veía todos los días en tu rostro cada que venía a casa.
—Gogo, no me hagas esto, te llevaré al hospital y estarás bien. —Su voz temblaba del miedo. Lo cargó para trasladarlo lo más rápido posible a un hospital para que pudieran ayudar a revertir el daño que se había hecho.
—¡Bakugou Katsuki! —gritó con todas sus fuerzas, sacando sangre y llenando el rostro de su hermano con ella. —Sabes bien que no tengo ningún arreglo; haz lo que te digo con un carajo, tú y solamente tú puedes hacerlo. Haz que me olvide, haz que se enamore de ti como si yo nunca hubiera existido. Perdón por robarte tu felicidad; hoy te la devuelvo. No debí de meterme entre ustedes y querer demostrar algo que ya sabía: tú eres mejor que yo. Cuida a mi omega… No, hermano, cuida a tu omega y a tu cachorro.
Sus últimas palabras antes de que sus ojos perdieran su brillo, una promesa que no aceptó en ese momento, pero cuando se enteró que era cierto lo que su hermano le había dicho.
Izuku estaba embarazado; un omega sin marca y cargando un cachorro era tan vulnerable. En cuanto sintió su aroma, no pudo decir que no; lo necesitaba y siempre estaría para él…
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—Ya sabes por qué estoy aquí, Izuku, así que deja de protestar. La próxima semana haré la mudanza para la nueva casa que compré para el nacimiento del cachorro, así que no quiero más quejas y harás lo que es mejor para tu salud.
Izuku sonrió. Sin Katsuki, esos últimos cuatro meses de gestación hubieran sido una tortura o simplemente hubiera perdido al bebé; también su confort, los abrazos cuando los necesitaba, la calidez de sus sentimientos para estar a su lado y darle las fuerzas necesarias.
—Voy a salir a preparar tu ropa y pondré los cubiertos para cenar cuando termines. Si necesitas algo, llámame; vendré en seguida.
—Kacchan, no necesito hablarte; tu nariz a cualquier cambio de mis feromonas las detectará y vendrás…
Fue todo lo que dijo y salió del baño dejando a Izuku para que se desvistiera. Tenía razón ese omega, ser un enigma traía ciertas cualidades; podía rastrear al omega en cualquier lugar que estuviera, algún cambio en sus feromonas las detectaba y sus sentidos se ponían alerta.
Su historia apenas comienza o ya había comenzado desde que eran muy pequeños…
Continuará