Tras tus Pasos

—El próximo lunes tengo que viajar a Copenhague, —dijo Harry, mientras revolvía su cappuccino.
—¿Otro viaje? —Preguntó Louis, su novio desde hace seis meses, tomando el primer sorbo de su té.
—¿Por qué dices “otro viaje"? Sabes que mi trabajo es así, siempre lo ha sido. Necesitamos supervisar que las nuevas oficinas estén listas para empezar a funcionar. Tenemos proyectos muy importantes en esa ciudad.
—Lo sé, pero no me gusta. No pensé que las cosas iban a ser así...
—No sé por qué te quejas, te juro que no lo entiendo. Es como cualquier trabajo, solo que de vez en cuando debo viajar fuera del país.
—Pero no podemos estar juntos todo lo que me gustaría, ¿eso sí lo entiendes?
—Louis, llevamos seis meses juntos, y desde que empezamos pasamos juntos todos nuestros tiempos libres, no sé qué más quieres.
—Quiero que siempre estés cuando te necesito.
—¿Te das cuenta de lo posesivo y tóxico que suenas?
—No es así, solo digo la verdad.
—¿Eso quiere decir, qué? ¿Que cada vez que viaje tendremos esta conversación?
—¿No es obvio? Nunca me acostumbraré a que no estés conmigo...
Harry suspiró y lo miró fijamente, molesto. —Pues entonces, vas a tener que hacerte a la idea bastante rápido. Esto se acaba aquí, no voy a seguir en esta relación donde no entiendes mi trabajo. Sabes lo que me ha costado tener mi puesto, han sido años de esfuerzo, de dejar mil cosas de lado. Pensé que eras distinto.
—¿De verdad estás terminando esto por algo así? —Cuestionó Louis, dolido. —Si es lo que quieres, pues terminamos y ya.
Harry le dio una última mirada a Louis, y se levantó, dejando en la mesa un billete, y también, su café ya frío. Se fue, mientras Louis ahogaba un grito de frustración y maldecía por dentro. Sentado en la cafetería que habían hecho su favorita, comenzó a recordar.
Se habían conocido hace unos diez meses, en una heladería. A los dos le gustaba mucho el helado, a Harry de chocolate y a Louis de menta. Se miraron por primera vez mientras esperaban su turno, y después de eso, Louis se quedó afuera del lugar hasta que Harry salió y conversaron unos minutos. Se dieron sus números y después se juntaron en un bar a tomar algo. Un mes tuvieron esa rutina de verse los sábados en el mismo bar. La última vez terminaron la noche en el departamento de Louis, y esa primera vez fue tan especial, que la repitieron por dos semanas, todos los días. Hasta que Harry tuvo que viajar a Paris, en esa ocasión, por una semana.
En ese momento comenzó el malestar de Louis. Era un hombre posesivo, al que le gustaba tener el control de todo. Trabajaba de contador para varias empresas, y aun así su tiempo libre era bastante. Sabía que era bueno en lo que hacía, y eso mismo lo volvía un poco soberbio. No entendía realmente el trabajo de Harry, que era en una empresa multinacional que tenía que ver con proyectos de inversión, compra y venta de empresas y activos, y que obligaba a Harry a viajar de vez en cuando a revisar y supervisar cada oficina que tenían dentro de Europa, y que en ese momento alcanzaba las diez sucursales. Harry era economista, y había llegado a esa empresa haciendo su práctica. Se quedó trabajando después de demostrar su compromiso con la empresa, y lentamente lo habían ido ascendiendo y Harry estaba muy satisfecho con su trabajo, le encantaba, y viajar era un plus agregado. Nunca pudo hacerlo antes, y ahora ya conocía varias de las principales ciudades de Europa.
Y Louis, a pesar de saber cómo eran las rutinas de Harry, decidió intentarlo, porque había caído rápidamente por él. Aún no estaba enamorado, se decía, pero sí lo quería mucho. Le gustaba que Harry era muy divertido, dulce, tierno, y sobre todo, con un carácter fuerte, muy decidido y con las cosas muy claras. Lo sorprendió cuando a los tres meses de ser exclusivos, le había pedido ser novios, porque le confesó que se había enamorado y Louis pensó que no había nada mejor en la vida. Y se equivocó. El ser novios, el pasar más tiempo juntos, el conocerse más en profundidad solo fue agregar sonrisas a su día a día. Mientras Harry estaba en Londres, era todo felicidad. Pero cuando salía de viaje, Louis no podía dejar de imaginar que era engañado, olvidado o algo más. Su cabeza daba mil vueltas por minuto, su tiempo libre lo dividía entre fantasear y enviarle mensajes a su novio, que, contrario a lo que podía pensarse, entendía ese lado posesivo de Louis, y para ayudarlo a calmar su ansiedad le contestaba siempre lo más rápido posible, lo llamaba en sus ratos libres aunque fuera para dejarle un beso. Siempre había un regalo a la vuelta, una salida a comer, una noche más apasionada de lo normal.
Pero no fue suficiente.
Para Louis no fue suficiente y para Harry fue demasiado.
Louis terminó su té, despacio, mientras Harry ya había tomado un taxi para ir a trabajar y dedicarse a preparar su viaje. Apenas llegó al edificio, caminó hacia su oficina y se sentó frente a su computador. Pero no pudo trabajar, la imagen de Louis frente a él no salía de su cabeza. Sí, se había enamorado rápido, y estaba feliz y bien con eso, porque su relación era más de lo que siempre esperó. Pensaba que Louis tenía, quizás, alguna especie de trauma y por eso se comportaba tan dependiente y posesivo, y por eso intentó ser un apoyo y no un problema, pero en todo el tiempo que se conocieron, no encontró un real motivo. La relación de Louis con sus padres era sana, sus parejas anteriores no lo engañaron, entonces ya no sabía qué pensar.
Más de alguna vez le sugirió a Louis ver algún tipo de terapia, pero solo encontró absoluta y total negativa y realmente no quiso insistir, porque hacerlo era una discusión segura.
Pero Harry estaba triste, mucho. Apenas había visto a Louis y ya lo extrañaba. Extrañaba sus labios, la fuerza de sus abrazos, la firmeza en sus manos cuando caminaban, lo gracioso que era al contarle sobre su día y los problemas en el trabajo. Amaba cómo era tan seguro en algunas cosas, incluso sus celos le parecían tiernos, pero si tenía que elegir entre su trabajo y el amor de Louis, no podía elegir sus sentimientos amorosos. No después de tanto esforzarse por avanzar, no después de tantas horas de trabajo. Y dolía mucho.
Fue peor, cuando llegó la hora de salida, y no estaba Louis esperándolo para secuestrarlo y llevarlo a su departamento y desnudarlo en medio de conversaciones divertidas y luego hacerle el amor intensamente. Sintió frío, a pesar de que era una tarde cálida, pero no tenía quién lo abrigara.
Se fue a su departamento caminando, aunque le significara una hora y media. No tenía nada que llegar a hacer de todas maneras, y quizás así sería más fácil dormir.
Y Louis había dudado. Es más, había ido a buscar a Harry a la salida de su trabajo, como siempre hace seis meses, pero no se atrevió a mostrarse. Se quedó escondido detrás de unas columnas anchas y largas que estaban frente a las oficinas, por lo que no fue visto. Siguió el rastro de Harry, y sabía que estaba sufriendo tanto como él.
La diferencia entre los dos, es que Louis era mucho más radical. No rogaría volver, al contrario. Buscaría olvidar en otros brazos, y eso lo decidió en ese mismo momento.
Se fue a su departamento, y se duchó. Se cambió de ropa y a eso de las nueve de la noche, fue a un bar cualquiera que encontró en su camino. Rápidamente conoció a alguien, y después de un par de tragos, se fueron al departamento del chico a pasar la noche.
Al día siguiente Louis fue a trabajar sin problemas, sintiéndose el peor gusano del mundo. A eso del medio día, recibió una llamada, de su mejor amigo, Zayn.
—¿Cómo estás? —Preguntó Louis. —¿Tienes tiempo de una cerveza en la noche?
—Para eso te llamaba, ¿a las ocho?
—Hecho, nos vemos amigo.
—¡Nos vemos!
La hora de la reunión llegó muy rápido, y eso le dio un poco de paz al corazón atribulado de Louis.
—Hermano... —saludó Zayn. —¿Por qué tienes esa cara?
—Ya sabes... Todo mal...
—¿Qué pasó? —Preguntó apurando la primera cerveza hasta la mitad, de un solo sorbo.
—Harry y yo terminamos...
—¿Qué? ¿Por qué?
—Porque no puedo entender su trabajo ni que tenga que viajar fuera de la ciudad tan seguido... Simplemente no pude acostumbrarme, me gana la posesividad... Si hubiera podido lo tendría amarrado a mi cama...
—¿De verdad? ¿Y por qué? Nunca te vi ser así de posesivo con tus otras parejas.
—Porque no eran Harry. Él es diferente en todo sentido, es perfecto para mí... Pero se aburrió de mis quejas.
—Pero supongo que vas a intentar cambiar para que puedan estar juntos, ¿o me equivoco?
—Te equivocas. Decidí que no me voy a quedar llorando por Harry aunque signifique casi morir de la pena... Anoche me fui a un bar y conocí a un chico, bastante más joven que yo... Pasamos la noche juntos.
—¿Es una broma?
—¿Por qué lo sería?
—¿Acabas de terminar una relación de meses, con alguien a quien amas, aunque nunca se lo dijiste, y simplemente te acuestas con otro y ya? ¿Eres tonto o qué?
—¿Y qué quieres? ¿Que llore? ¿Que deje de hacer mi vida?
—Que te des un tiempo para procesar las cosas, para saber qué quieres en tu vida... ¿Acaso te sentiste mejor metiéndote a la cama con otro?
—¿La verdad? Fue horrible... Pensé que iba a ser más fácil, cerrar los ojos y ya...
—Por supuesto que no... No tenía la forma del cuerpo de Harry, ni su olor, ni nada, eso era obvio...
—Nada... No pude terminar, me frustré... No lo sé...
—Eso te pasa por idiota. Dime una cosa, ¿qué pasa si te enteras que Harry hizo la misma pelotudez que tú?
Louis palideció de golpe. —Él no haría algo así.
—Ni siquiera eres capaz de imaginarlo, pero estaría en todo su derecho, ¿no crees? ¿Cómo piensas que se sentirá cuando lo sepa?
—Me va a odiar...
—Y tendría razón. En menos de 24 horas ya estabas en la cama con otro... Te juro que no entiendo cómo pudiste. Si amas a alguien no te vas con el primero que se te cruce.
—Deja de regañarme... Y mejor cuéntame de ti, ¿todo bien?
Zayn suspiró. —El trabajo bien, solo que ya sabes... Extraño tener un compañero.
—Es cosa de que vayas a un bar y conozcas a alguien y ya.
—Por supuesto que no, no quiero eso. Sueño con alguien a quien pueda mirar a los ojos bajo la luz del sol, ver sus sombras, conocerlo y enamorarme profundamente.
—Lo dices como si esas cosas pasaran.
—A ti te pasó.
—Cierto... Pero, es difícil que así sea. Si vas a un bar no es necesario que te acuestes con alguien, pueden quedar para tomar un café o algo así.
—Puede ser, pero no tengo ganas de salir de noche, solo... No lo sé.
—Vayamos juntos el viernes. Prometo portarme bien.
—Eso espero... ¿Te paso a buscar a las diez?
—Está bien. Ahora vámonos que mañana hay que madrugar.
Terminaron sus cervezas y luego cada uno se fue a su departamento.
Una vez en su cama, Louis pensaba en Harry y en cómo pudo pensar que cualquier chico iba a poder borrar la imagen perfecta de su ex novio. Y se aborreció por lo que había hecho. Intentando entenderse, se durmió.
Harry no estaba mejor. La tristeza se había adueñado de sus lindos ojos verdes y de sus pasos. Abrazado a su almohada repasaba cada momento de su vida desde que conoció a Louis, y aunque era una tortura no podía dejar de pensar en él, en que nunca le dijo un “te amo”. ¿Por qué? ¿Acaso Louis nunca se enamoró? ¿Por qué sus gestos y su cuerpo le gritaban que sí, que era mutuo? ¿Tan equivocado estaba?
Se durmió, aunque despertó varias veces durante la noche. Y cada vez sabía por qué. Le faltaba Louis a su lado, le faltaban sus brazos conteniéndolo, sus piernas aprisionándolo, su calor cobijándolo, su aliento en su cuello. Louis ya no estaba a su lado, y cómo le desgarraba el corazón.
Al día siguiente, a la hora de almuerzo, Harry fue a comer a un pequeño restaurant que estaba a una cuadra de su oficina. Se encontró sin querer con su mejor amigo, Liam.
—¿Me creerías si te dijera que iba a llamarte esta mañana? —aseguró Harry, abrazándolo.
—Te creo, me pasó lo mismo, —contestó sonriendo, Liam.
Se sentaron e hicieron su pedido.
—¿Alguna novedad? —Preguntó Harry, mordisqueando el trozo de pan que había en la bonita panera.
—Nada, ya sabes. Mi vida es solo trabajo, mejor cuéntame cómo vas con tu amado Louis.
—Terminamos...
—¿Qué?
—Él no terminó de entender mi trabajo, le molestaba que viajara, estaba siendo extremadamente posesivo y tóxico. No pude tolerarlo más...
—¿Y cómo te sientes?
—Fue ayer en la mañana, y siento que hubiera tenido una vida sin él, ha sido muy difícil... No sé si pueda soportarlo...
—¿A qué te refieres?
—Me ofrecieron una gerencia...
—¡Qué buena noticia!
—En Roma...
—¿Roma?
—Sí... Quizás es lo que necesito, irme de aquí e intentar empezar de nuevo en otro lugar.
—Es algo muy radical, tienes que pensarlo bien, —dijo Liam mientras comía una gran porción de pasta, terminándosela.
—Sí, no lo haría por un impulso, solo es una alternativa que apareció ahora, —respondió Harry moviendo su lasaña de un lado a otro.
—Apenas tocaste tu comida, ¿no tienes hambre?
—Vine por rutina, tengo el estómago apretado, ya sabes... La pena.
—Ay amigo, ojalá todo se solucione, y con eso me refiero a que puedas tomar una decisión que te calme ese dolor.
—Eso espero... Ya debo irme.
—¿Salgamos el viernes por una copa? Yo invito.
—Sí, paso por ti a las nueve y media. Nos vemos amigo.
Se despidieron con un sentido abrazo.
El resto de la semana pasó igual para Harry y para Louis, sin una motivación para levantarse ni para vivir, solo alimentándose de recuerdos y momentos que ya no volverán.
Y a pesar de eso, los días pasaron sin cesar, en una rápida sucesión que no calmaba el dolor, pero que al menos los llevaba a pasar un buen rato, cada uno con sus mejores amigos.
Harry y Liam se decidieron por el bar de la calle Downtown, aunque Harry no tenía muchas ganas de ir ahí, porque era el favorito de Louis, pero tenía que aceptar que tenía una gran variedad de tragos y era muy agradable. Se sentaron en la barra, y pidieron un whisky para cada uno.
—Tienes cara de preocupado, —le dijo Harry, mirándolo con cariño.
—Sí, la verdad es que estamos un poco atareados en la editorial, necesitamos encontrar con un urgencia un diseñador que maneje algunos programas avanzados, y ha sido muy difícil. Se nos ha demorado todo, ahora estamos apurados y estresados... No sé cómo vamos a solucionarlo.
—¿Pero por qué ha sido tan difícil? ¿Los diseñadores con los que trabajan no pueden hacerlo?
—Lo han intentado, pero se necesita alguien de verdad especializado en esos programas. Podemos pagar un buen sueldo, pero los pocos diseñadores que conocemos están demasiado ocupados.
—Lamento no poder ayudarte, aunque... Quizás sí, pero no estoy seguro. Creo que el mejor amigo de Louis es diseñador de esos que necesitas, pero no sé si maneja esos programas tan complejos. Si quieres podría preguntarle.
—¿No te molestaría hacerlo? Sé que puede ser difícil volver a hablar con él.
—Puedo hacerlo, extraño escucharlo aunque me duela. Voy a llamarlo de una vez.
—Gracias amigo, —dijo Liam, sonriendo.
Harry sacó su teléfono, y buscó el contacto de Louis. Marcó. Al primer tono, la voz de Louis.
—¿Harry? ¿Estás bien?
—Hola, sí... ¿Cómo estás? —Se atrevió a preguntar mientras intentaba que su voz sonara firme y segura.
—Estoy mal, ya sabes, te extraño... Y quisiera hablar contigo...
—Podemos vernos cuando vuelva, ya sabes que me voy el lunes... Pero te llamaba por otra cosa. ¿Tu mejor amigo es diseñador?
—Sí, lo es, ¿por qué?
—Liam necesita uno que maneje programas muy específicos y me acordé de tu amigo.
—No tendrías por qué acordarte de Zayn.
—Louis...
—Está bien, lo siento. Tendrías que decirme qué programas son para preguntarle.
—Te mando un texto.
—¿Dónde estás?
—En un bar.
—¿Solo?
—Louis...
—Contéstame.
—No, con Liam.
—Dile que te cuide y que te acompañe a tu departamento.
—¿Es en serio? Creo que ya no tienes derecho a pedirme algo así. Parece que olvidas que ya no estamos juntos.
—No me lo recuerdes... Como si pudiera olvidarlo...
—En fin, te mando el texto. Nos vemos Louis, que estés muy bien.
Harry no le dio tiempo de despedirse a Louis, porque sabía que podrían estar horas intentando cortar y en ese momento dolía demasiado y no podía jugar sin dañar su pisoteada emocionalidad.
—Dame los nombres de los programas, —pidió a Liam, anotando lo que le decía su amigo en el mensaje. Luego lo envió y se quedó esperando contestación.
Llegó después de cinco minutos.
—¿Y? Dime que son buenas noticias, —pidió Liam.
—A ver... Lo son. Zayn es diseñador y maneja todos esos programas que necesitas... ¿Y sabes qué es lo mejor? Está buscando trabajo.
—¿Es en serio? Necesito su teléfono para llamarlo ya mismo.
—Anota, es este, —contestó Harry, mostrándole la pantalla de su celular.
Liam anotó, y guardó el número. Después de eso, llamó, mientras Harry iba al baño.
Cuando Harry volvió, Liam estaba muy sonriente.
—Viene para acá, estaba muy entusiasmado... Tiene una voz preciosa, ¿lo conoces?
—Creo que lo vi un par de veces, y no lo recuerdo mucho. Sólo sé que tiene unos ojos hermosos.
—Dijo que en media hora estaba por acá, ojalá lleguemos a un acuerdo para que pueda empezar el lunes a primera hora.
—Esperemos que sí, ¡salud!
Chocaron sus vasos y los vaciaron de un solo trago. Pidieron una segunda ronda y Harry lo terminó de una vez.
—¡Hey! Más lento amigo.
—Hablar con Louis me alteró un poco...
—Lo sé... Bueno, si te emborrachas, yo te cuido.
—Eso me dijo Louis, que te pidiera que me cuidaras... —comentó Harry poniéndose triste, comenzando a llorar despacito.
—No, no, no, no... No llores, va a estar todo bien, en serio.
—Lo sé, fue solo un momento de debilidad, —contestó sonriendo con dificultad y secándose las lágrimas.
Liam solo pudo mirarlo con angustia. Podía sentir la tristeza de Harry y sabía que lo estaba pasando horriblemente mal.
—¿Quieres hablar de Louis? —Preguntó con cuidado, sabiendo que a veces era mejor aplastarse en la pena que evitar ciertos temas.
—Sí... Necesito que me escuches, necesito que entiendas por qué lo extraño tanto... Es que yo, lo amo, mucho, muchísimo... Lo amo, y éramos tan felices... Es lo más difícil de todo, haber sido tan felices y luego tirar todo por la borda.
—¿Qué es lo que más extrañas?
—Todo de él, sobre todo lo posesivo que puede ser...
—Pensé que era eso lo que más te molestaba.
—Lo es, y al mismo tiempo es lo que más amo. Nadie me hizo sentir así antes, y sé que puede no ser sano, pero Louis quería siempre saber todo de mí, y lo mejor de eso, es que él era igual de abierto conmigo. No solo exigía, también daba... Y pese a todo, siempre fue tan tierno... No sé cómo lo hacía para ser tan posesivo y dulce al mismo tiempo. Teníamos una relación perfecta.
—¿No crees que Louis, ahora que terminaron, intente cambiar?
—No... Es el hombre más terco de la tierra y nadie va a evitar que piense que tiene la razón...
—¿Has pensado cómo sería si lo ves con otra persona?
—Sería... decepcionante, por lo menos. Aunque quizás no, no lo sé. Nunca me dijo que me amaba, y eso puede significar muchas cosas... En todo caso, si así fuera, estaría en todo su derecho, nosotros ya no estamos juntos...
—No quiero ponerte nervioso, pero viene entrando Louis con... con...
—¿Con quién? No quiero girarme, dime con quién, me estás asustando.
—Con el chico más hermoso que han visto mis ojos...
—¿Vienen de la mano? No voy a soportar...
—No, vienen conversando, míralos, aún no nos han visto.
Harry se dio vuelta y apenas pudo notar al acompañante de Louis, Sus ojos y toda su energía estaban puestos en su ex novio.
—Es Zayn, —informó. —Cuando lo tengas más cerca vas a notar lo lindo de sus ojos.
—Me enamoré... —confesó Liam, sin dejar de mirar al objeto de sus deseos.
Pronto Louis vio a Harry, y su corazón palpitó con furia.
—Ven, Liam está al fondo de la barra... —comentó Louis a Zayn.
Caminaron hasta quedar al lado de los chicos.
—Mira Zayn, él es Liam y creo que te acuerdas de Harry... —Presentó Louis.
—Mucho gusto Liam, soy Zayn. Hola Harry, ¿cómo estás?
—El gusto es mío Zayn... —Respondió Liam, sin poder creer lo que veían sus ojos.
—Bueno, creo que lo mejor es que ustedes conversen tranquilos. —dijo Louis. —¿Quieres que nos sentemos? ¿Puedo invitarte una copa? —Preguntó mirando a Harry.
—Sí, gracias... Un coñac estaría bien.
Harry y Louis se sentaron cerca de la barra, viendo como Liam y Zayn conversaban como grandes amigos.
—¿Cómo estás? —Preguntó Louis, sentándose y dejando en la mesa los tragos.
—Ha sido difícil tenerte lejos, —admitió Harry.
—No me lo digas... Lo sé.
—¿Me extrañas?
—A cada segundo... Pero Harry, antes de seguir con cualquier conversación, yo tengo que contarte algo.
—¿Estuviste con alguien? ¿Es eso?
—Sí... ¿Cómo lo sabes?
—Solo adiviné... Pero no tienes que darme explicaciones, eres un hombre soltero...
—No lo soy, no mientras tenga todos estos sentimientos por ti, no mientras te siga sintiendo mío.
—Pero te acostaste con otro a pesar de eso, entonces no entiendo.
—Pensé que era más fácil olvidarte, y fui un tonto, porque dudo que alguna vez pueda hacerlo... Y lo que hice fue una idiotez, ahora lo entiendo... perdóname...
—No tengo que hacerlo...
—¿No te importa?
—Me quema el pecho escucharte hablar... Saber que estuviste con alguien más a tan poco tiempo de haber terminado lo nuestro es... desgarrador... Pero no tengo derecho a hacerte un escándalo o pedirte explicaciones.
Harry se bebió su coñac de una sola vez. Quería olvidarse de todo por un rato, incluso de Louis.
—No tomes tanto, ¿sí? Se nota que ya has bebido suficiente.
—Déjame, no es tu problema, —alegó Harry pidiendo otro coñac y bebiéndolo rápidamente.
A esa altura ya estaba ebrio.
Louis se sintió mal y culpable, no podía entender cómo dejó ir a Harry, su Harry con esos ojos tan hermosos, con esos labios jugosos, con toda la perfección de su ser. Lo ayudó a levantarse y lo abrazó, ayudándolo a caminar. Llegó a donde estaban Liam y Zayn muy animados.
—¿Qué le pasó a Harry? —Preguntó Liam, sobresaltado de ver a su amigo casi dormido.
—Tomó de más, ¿no te diste cuenta cuando estabas con él? —Cuestionó Louis. —Debías cuidarlo, no dejarlo beber así.
—Hey, no es culpa de Liam. Harry es un adulto Louis, no puedes cul...
—Lo hago, ¿y qué? —Interrumpió muy molesto, Louis. —Me lo llevo a mi departamento, yo sí lo voy a cuidar. Adiós.
Liam y Zayn los vieron salir, pese a todo, sonriendo.
—Esos dos no deberían estar separados, —dijo Zayn, terminando su segunda cerveza.
—Pienso lo mismo. Son una pareja tan bonita, aunque Louis a veces se pasa, —confirmó Liam.
—Absolutamente sí, es la gracia de Louis, ser excesivo casi todo el tiempo.
—¿Son amigos hace mucho?
—Varios años, quizás diez o por ahí.
—Es mucho tiempo. ¿Contigo también es posesivo?
—La verdad es que sí, pero yo me lo tomo con humor. De todas maneras no tengo muchos amigos, así es que siempre tengo tiempo para él.
—Tiene sentido entonces, que sea igual con Harry.
—Es lo mismo que yo pienso.
—Antes de seguir conversando, ¿vas a trabajar conmigo? —Preguntó Liam, intentando no coquetear.
—No hemos hablado de los puntos más importantes y no sé si sea el lugar adecuado para hacerlo.
—Tienes razón. ¿Te parece si te invito a almorzar mañana? —Preguntó Liam, feliz de ver de nuevo a Zayn. Estaba prendado de sus ojos.
—Acepto la invitación...
Se quedaron afinando los detalles del lugar y la hora donde se encontrarían, y luego se despidieron y cada uno se fue hacia su departamento.
A esa misma hora, Louis entraba al suyo, con Harry apenas caminando.
Louis lo acostó en su cama, le quitó las zapatillas y la chaqueta. Lo acomodó de lado y lo tapó bien.
Fue al baño y se cambió de ropa, lavó sus dientes y después pasó por la cocina por una botella de agua y luego buscó unos analgésicos. Dejó todo a mano y se acostó, no a dormir, no podía. Tener a Harry a su lado, sin poder acariciarlo, lo estaba matando. Lo miraba con todo su amor, apenas se atrevió a tocar su mano y fue suficiente para saber que no quería ni podía estar separado de su ex novio. Estaba completamente enamorado, y quizás era tiempo de cambiar, un poco, no mucho. Solo lo necesario para que su relación funcionara, él podía hacerlo. Pero es que Harry no ayudaba, era un hombre encantador, atraía miradas por donde fuera, tenía una luz y una energía maravillosas, y Louis tenía miedo y terror de no ser suficiente. Actuaba como si fuera muy seguro, pero en el fondo estaba aterrado. Nunca Harry podría saber cuánto lo amaba, ni cuánto pánico le provocaba estar separados.
Le ardía la piel de recordar que estuvo con alguien más, con alguien a quien, además, daño con su idiotez. ¿En qué estaba pensando?
Pero ahora, después que se había confesado con Harry, sabía que había una gran probabilidad de que todo se hubiera ido al carajo. No sabía cómo iba a reaccionar Harry al despertar y ser consciente de lo que había sucedido.
Suspiró cansado, tenía pavor a no saber qué pasaría. Necesitaba certezas, aunque Harry ya no quisiera volver, tenía que saberlo y tener que esperar toda una noche lo estaba desesperando. Intentó dormir, pero para hacerlo tuvo que acercarse mucho a Harry, quien, al parecer, lo pudo sentir, porque de inmediato buscó su pecho para apoyar su cabeza. En un acto reflejo Louis lo abrazó, como siempre que dormían juntos y así pudo cerrar los ojos más tranquilo y dejarse llevar.
Despertaron a eso de las nueve de la mañana. Harry con dolor de cabeza y algo mareado, Louis con el vacío de saber que Harry era su ex.
—¿Qué hago aquí? —Preguntó Harry, sentándose en la cama.
—Estabas muy tomado y te traje para cuidarte, —contestó Louis, entregándole las pastillas y el agua. —Pero no te preocupes, solo dormimos...
—Gracias... —dijo Harry, intentando recordar y bebiendo hasta la mitad de la botella. —Debería irme.
—Quédate un poco más, desayunemos... ¿Podemos hablar?
—¿De qué? ¿Del otro al que metiste a tu cama? —dijo colocándose las zapatillas y su chaqueta.
—No lo metí a mi cama, nunca lo hubiese traído aquí... Pero no tengo problema en hablar de eso, si es lo que quieres...
—¿Te gustó? ¿Por qué lo elegiste a él y no a otro?
—No me gustó. ¿Y por qué él? Fácil. Se parecía a ti, tenía el pelo parecido, usaba jeans ajustados, y se rio de mis malos chistes...
—¿Por qué no te gustó?
—Porque no eras tú... Me di cuenta demasiado tarde, no pude terminar y él se dio cuenta... Supongo que también me odió... Lo hice todo mal, lo sé. ¿Quieres café?
Harry dudó por unos segundos. —No, no quiero. Gracias por cuidarme, debo irme.
Y en ese mismo momento salió del departamento de Louis, dejándolo con la palabra en la boca y muy triste.
No volvieron a hablar en todo el fin de semana, y el día lunes, Harry viajó por tres días a Copenhague. Cuando volvió, se reunió con Liam para tomar un café, y el fin de semana fueron por una cerveza a un bar bastante alejado del centro, pero que tenía fama de vender los mejores cocteles de la ciudad y los amigos querían probar la variedad de Martini que ofrecían.
Llevaban varios tragos ya, cuando Harry divisó a Louis. Por un momento se alegró, hasta que lo vio muy coqueto con un chico bastante atractivo. Todo en su interior quemó como lava, y su autoestima desapareció por un par de segundos. Sin embargo, no iba a dejar que su ex novio lo volviera a engañar. Dejó a Liam solo, y caminó intentando no demostrar su mareo, hacia Louis.
Apenas los ojos y la mente de Louis hicieron la conexión de que estaba intentando seducir a un chico frente a Harry, se sintió morir. Otra vez lo estaba haciendo todo mal, y la cara de su ex novio no admitía excusas.
Louis de inmediato cambió su energía, descolocando al involucrado, y se acercó a Harry.
—No es lo que piensas, te lo juro...
—No es lo que pienso, es lo que veo y que está claro...
—¿Otra vez bebiste demasiado?
—No te importa...
—Harry...
—No es tu problema, quédate con tu amiguito, pero no quiero volver a saber nada más de ti.
Louis no hallaba donde meterse. Solo sabía que no podía dejar que Harry se fuera así.
—Te voy a llevar a tu departamento, —ofreció.
—No, me puedo ir solo.
—No me importa, y si no quieres, pues no me hables, pero yo te llevo. Vamos.
Louis tomó de la mano a Harry y lo sacó de ahí, mientras Liam no entendía nada.
—¿A dónde te lo llevas? —Le preguntó a Louis.
—¿Tú no aprendes? Otra vez tomó demasiado, lo voy a llevar a su departamento.
—No, yo lo llevo. Vino conmigo y conmigo se va.
—Por supuesto que no, no eres alguien confiable, permiso.
Y Louis salió. A medio camino decidió que lo mejor era llevar a Harry a su propio departamento, ahí tenía todo lo necesario para cuidarlo. Con algo de dificultad lo ayudó a caminar, porque Harry se estaba quedando dormido. Logró llegar a su cama, y desvestirlo lo que más pudo, para que estuviera cómodo. Repitió los mismo pasos de la vez anterior, y buscó agua y analgésicos. Luego se acostó y sin ningún temor abrazó a su ex novio y se durmió.
Harry despertó primero, no entendiendo dónde estaba, ni por qué estaba durmiendo con Louis en la misma cama.
Apenas se soltó de su agarre, Louis despertó también.
—Buenos días, —saludó.
—¿Buenos días? Explícame qué hago aquí, —exigió Harry, tomando el agua y las pastillas.
—¿no recuerdas? Ayer saliste con Liam, y otra vez tomaste demasiado. No te iba a dejar con él, no te cuida.
—No necesito que me cuiden.
—Tus actos demuestran lo contrario.
—¿Sabes qué? No voy a discutir contigo.
Harry se puso las zapatillas y se levantó de la cama. Tomó su chaqueta y caminó hacia la puerta.
Louis lo detuvo.
—Hablemos, ¿por favor?
—¿De qué?
—De lo que pasó anoche.
—¿Hay algo de lo que hablar? Yo creo que está todo muy claro.
—Sabes que no es así... Acéptame un café, un té, un jugo... Algo...
Harry lo miró enojado.
—Un café está bien.
Louis corrió a la cocina a poner el agua a calentar y a preparar dos tazas.
—¿Tienes hambre? Puedo preparar algo...
—No es necesario. Mejor dime qué tanto hay que aclarar.
—No sé si es muy tarde para decirte esto, —dijo Louis, entregándole una de las tazas a Harry, —pero si existe una pequeña opción de que volvamos, yo... puedo intentar cambiar...
—¿Volver? ¿Por qué querría volver? No creo en promesas, no después de tantas que no cumpliste.
—Lo sé, pero Harry, ¡entiéndeme! Solo contigo siento esto que me quema, que quiere tenerte siempre aquí...
—Otra vez hablas solo de ti, ¿y qué hay de mí? ¿Necesito yo eso de ti? No, no lo necesito y ya es muy tarde.
—¿Lo es? ¿Por qué?
—Me ofrecieron una gerencia en otra ciudad, y lo más probable es que acepte el puesto.
—No es cierto...
—Lo es. Verte me está haciendo mal, imaginar que después de esta conversación vas a ir a buscar a otro y te acostarás con él me mata.
—Pero no lo haré, te lo puedo jurar... Pero Harry, no puedes irte...
—¿Por qué no?
—Porque eso quiere decir que no tenemos ninguna posibilidad de volver... Necesito que me des una oportunidad para demostrarte que puedo cambiar.
Harry suspiró, dejando la taza en su platillo y mirando al horizonte. ¿Qué debía hacer?
—Voy a tomar la gerencia en Roma. Si quieres que lo intentemos, mantengamos una relación a distancia por unos meses.
—¿Qué?
—Eso. Las primeras semanas solo video llamadas, luego visitas y así hasta ver que puedes tolerarlo y que me demuestres que no vas a escapar.
—Pero Harry... ¿Me quieres matar? ¿Semanas sin poder tocarte?
—Lo dices como si para mí no fuera igual de difícil, pero en este momento de mi vida es lo único que te puedo ofrecer. Estás en todo tu derecho de rechazarlo; yo te amo, pero mi carrera es importante también y no debería tener que elegir...
Louis caminó unos pasos en círculo, luego se pasó las manos por la cara, después se rascó un brazo, y finalmente habló.
—¿Y qué va a pasar si logramos pasar por esos meses en una relación a larga distancia? ¿Vas a volver a Londres?
—Puede ser. No quiero decir mucho en este momento, pero las cosas no seguirían así mucho tiempo más, eso te lo puedo asegurar.
—Está bien, tengamos una relación a distancia. No voy a dejarte escapar, —dijo acercándose hasta apoderarse de las caderas de Harry con firmeza, con la seguridad de saberlo suyo.
—Tengo que irme... Necesito una ducha y ropa limpia, —explicó Harry, ligeramente nervioso al sentir una vez más la posesividad de Louis.
—Lo siento, pero no. Te he extrañado demasiado, y no voy a dejarte ni un solo segundo y voy a ser todo lo posesivo que quiera, ¿está bien?
—Sí... Pero no... Es decir, no Louis, no así. Me voy a ir, si quieres nos vemos más tarde.
—Pero Harry...
—Pero nada. Necesito mi espacio por unas horas, tengo mucho que pensar.
—¿Voy por ti a las seis? —Preguntó Louis, ya con timidez.
—Sí, es una buena idea. Nos vemos más tarde.
Harry salió sin un beso de despedida.
En la soledad de su departamento, reflexionó en todo lo que estaba sucediendo. Tomar la gerencia de una de las principales sucursales era mucha responsabilidad. Estaba más que preparado para hacerlo, pero no dejaba de ser un gran desafío. Cambiar Londres por Roma era algo que lo complicaba, lo alejaba no solo de Louis, también de Liam y de sus padres y aunque en avión la distancia era bastante corta, no podía andar viajando tan seguido porque era un gasto importante. ¿Volver a intentarlo con Louis? Un riesgo enorme, que estaba dispuesto a correr, pero que no dejaba de asustarle. No se dio cuenta de cómo pasó la hora, enredado en las sábanas de su cama, cuando sonó el timbre.
Se levantó a abrir, y ahí estaba su hermoso Louis.
—¿Listo?
—No, lo siento. Parece que me dormí, no me he bañado ni cambiado de ropa... —suspiró Harry.
—Entonces, vamos a ducharnos juntos en mi departamento. Tienes ropa limpia en mis cajones... aunque no la vas a necesitar, porque te prefiero desnudo y lo sabes...
Harry se sintió temblar, pero estaba feliz. Sabía que las cosas no debían pasar así, pero extrañaba demasiado a Louis, y se quiso dar una pequeña licencia antes de que las cosas comenzaran a cambiar.
Y ¿qué pasó? Supo, de verdad, lo que era ser el objeto del amor de Louis, que estaba a punto de respirar por él. No solo le hizo el amor en todas las posiciones existentes, también lo consintió a cada segundo y lo llenó de mimos y caricias. Fueron largas y más largas horas de amor en exceso, de no perderse nada del otro, de llenarse de la esencia de ellos como pareja.
El lunes a primera hora, Louis llevó a Harry hasta su trabajo.
—Gracias por este fin de semana...
—Gracias por darme otra oportunidad...
Se miraron, se sonrieron, y se dejaron un beso.
Durante esa semana no se vieron, porque Harry estaba muy ocupado y estresado con el tema de su posible traslado. El viernes se juntaron en el departamento de Harry.
—Te he extrañado mucho, —saludó Louis, abrazándolo.
—Yo más, —contestó Harry, besándolo. —¿Quieres tomar algo?
—¿Tienes cerveza?
—Sí, voy a buscarla...
—No, vamos a buscarla, —dijo riendo, mientras lo tomaba de la mano.
—Cuéntame de tu semana, —pidió Harry amorosamente, una vez que estaban sentados en el piso, sobre unos cojines.
—Lo de siempre. El señor Brown mezcló los papeles de los sueldos con los de las facturas de compra. Ingresó los datos al revés, y el problema me lo llevo yo y ahora tengo dos días para arreglarlo.
—¿Y por qué ingresa él los datos? ¿No es mejor que lo hagas tú?
—Sería lo ideal, pero él insiste en que lo hace bien y no hay cómo hacerle entender que está equivocado.
—¿Es mayor?
—Tiene quince bisnietos. Es un hombre tan dulce con su familia, pero en el trabajo es lo más mañoso que hay.
—Te entiendo, sé de clientes mañosos.
—¿Qué tal estos días?
—Mucho qué hacer. Está todo hecho un desorden porque me voy.
—¿Ya hay fecha? —Preguntó Louis, intentando no mostrar su pena.
—Sí. Este martes debo viajar a Barcelona por una semana, y después de eso en un mes debo instalarme en Roma.
Los dos guardaron silencio. Sabían que no querían separarse, y que mientras más tiempo estuvieran juntos, sería más difícil. Pasaron el fin de semana en la cama, siendo perezosos y cursis. De alguna manera querían llenar sus mentes y sus corazones del otro, para poder tener de dónde agarrarse cuando estuvieran separados.
El martes a primera hora, Louis acompañó a Harry en la preparación de su maleta y luego lo acompañó al aeropuerto para el viaje a Barcelona. Sería una semana separados, y Louis ya se estaba desesperando, ¿podría soportar una relación a distancia cuando llegara el momento?
—Cuídate, por favor, y no estés nervioso... —Se despidió Harry, sintiéndose triste de tener que viajar.
—Tú cuídate más... —contestó Louis. —Llámame apenas puedas para saber que llegaste bien, y no te olvides de desayunar. Acuérdate de mandarme el número de tu habitación y abrígate, que se espera un día frío en esa ciudad.
Harry rio moviendo la cabeza en negación. —Sí, no te preocupes... No olvidaré nada de eso, y tú no olvides que te amo...
Se besaron intensamente y luego se dieron un pequeño abrazo.
Louis se quedó mirando a Harry caminar, y su corazón latió más enamorado que nunca.
Se fue a trabajar, y a eso se dedicó el resto del día. Solo se interrumpía para hablar con su novio, o enviarle un texto. Le costó mucho controlarse, pero lo hizo. No se quejó, al contrario, se mostró genuinamente interesado en lo que estaba haciendo Harry. El resto de la semana fue un poco más fácil, porque ya conocía la rutina de llamadas y mensajes, y eso le daba tranquilidad a su alma inquieta.
El miércoles a mediodía, estaba Louis en el aeropuerto, con un bonito, redondo y esponjoso peluche de oveja, esperando a su novio. La estadía de Harry se había alargado unos días por diversos problemas, pero por fin podrían encontrarse. Lo distinguió a lo lejos, porque solo Harry tenía esa luz frente a sus ojos, ese magnetismo tan especial y llamativo.
Se dieron un abrazo apretado, mientras sonreían felices de volver a verse. Luego, un millón de besos, cortos y largos, intensos y tiernos, mientras estaban enredados en el cuerpo del otro.
—Te extrañé mucho, —saludó Harry, arreglando el pelo de Louis.
—Y yo más... Ojalá te guste, —dijo entregándole el peluche.
—No puede ser... ¡Me encanta!
—¿Tienes que ir a trabajar?
—Sí... Tengo que dar un reporte de mi viaje, pero el viernes tengo libre.
—Perfecto, porque voy a secuestrarte hasta el domingo.
—¿Fue muy difícil? —Preguntó Harry, mientras caminaban de la mano hacia el auto de Louis.
—El primer día lo fue, —contestó, encendiendo el auto y comenzando a manejar en dirección al trabajo de Harry. —Pero los otros días fueron un poco más fáciles, porque de alguna manera logramos una rutina, y me di cuenta de que eso me sirve para bajar la ansiedad.
—¿De verdad? Gracias por decírmelo, vamos a crear una nueva para estos meses, y sé que va a ser difícil, pero vamos a poder, estoy seguro...
—Lo sé, vamos a hacerlo...
El resto de la tarde, Louis trabajó el doble de rápido, para poder tener el día viernes libre y disfrutarlo con Harry. Era una ventaja de tener sus propios horarios.
A las seis de la tarde del jueves estaba ya esperándolo afuera del edificio donde estaban las oficinas de la empresa. Había pensado en comprar un ramo de flores, pero no había tenido tiempo. No se imaginó nunca, que el sorprendido sería él, al ver a Harry entregarle un bonito arreglo con rosas rojas.
—¿De verdad? ¿Para mí? —Preguntó, aún incrédulo.
—Para ti... ¿Te gustan?
—¡Son hermosas! Gracias... Nunca me habían regalado flores...
—Amo ser el primero entonces... ¿Vamos?
—Vamos.
—¿Tienes planes para nuestro fin de semana? —Dijo Harry abrochándose el cinturón de seguridad.
—Los tengo, pero no te diré de qué se tratan y de todas maneras son cosas muy sencillas.
—Todo es especial si estamos juntos.
Louis tuvo que detener el auto para besar a Harry y mirarlo con todo su amor. Harry le estaba demostrando de mil maneras posibles, que de verdad lo amaba.
Esa noche, al llegar al departamento de Louis, pidieron comida italiana para disfrutar en la cama, mientras veían una serie que eligieron al azar. El resto de la noche fue simplemente amarse y mimarse, recordarse cuánto disfrutaban de estar juntos.
El viernes temprano, Louis despertó a Harry con un desayuno liviano, apenas café y unas tostadas.
—Tenía antojos de comer huevos revueltos, quizás algo de tocino... ¿Quieres que vaya a comprar?
—No... Todo tiene un motivo. Desayunamos y vamos a preparar una mochila con algo de ropa y cosas importantes.
—¿Vamos a salir, entonces? ¿Tan temprano?
—Así es... Es una sorpresa.
—Me encanta...
—Terminamos aquí y nos vamos.
Arreglaron una mochila con ropa interior, y un pijama de cada uno. Sus identificaciones, celulares, cargadores y la cámara de fotos.
Louis manejó hacia la estación de trenes y estacionó.
—¿Listo?
—Listo, —contestó Harry, ansioso por saber a dónde irían.
Pronto supo que viajarían a Paris, y pensó que podía morir de tanto amor que sentía.
—¿A París? Es... maravilloso...
—Quería que fuera otra ciudad, porque ya la conoces, pero...
—No, es perfecto. Conocerla contigo es diferente, mucho más especial... Estoy feliz de recorrerla de tu mano...
Y Louis sonrió, mordiéndose el labio inferior.
Llegaron en un poco más de dos horas, y había un hermoso día, soleado y abierto.
—Ahora, —dijo Louis, —tienes que sacar de esta bolsa, nuestro primera parada.
—¿Cómo así? No entiendo.
—En esta bolsa hay 20 lugares a los que podemos ir. No alcanzaremos todos, pero para que sea lo más divertido posible, vas a ir sacando papelitos, ¿te gusta la idea?
—¡La amo! —exclamó, besándolo con todas sus ganas. —Pero... No trajimos ropa... ¿Qué vamos a hacer?
—Compramos acá lo necesario, no te preocupes...
Harry estaba que saltaba de felicidad, y se lo demostraba a cada paso a Louis, haciendo que su corazón estallara conmovido y profundamente dichoso.
—Entonces, —recordó Louis, deteniéndose. —Saca el primer papel.
—¡Sí! ¡Qué emoción! —dijo Harry aplaudiendo, y luego metiendo la mano en la bonita bolsa de satín rojo. —Ábrelo tú.
—Está bien... Dice... El puente nuevo de Paris.
—¡Sí! ¡Vamos!
Caminaron hacia el puente en medio de mimos.
—Dice aquí, —contó Louis, leyendo una inscripción a la entrada, —que es el puente de piedra más antiguo de Paris, que es patrimonio de la humanidad y que tiene 12 arcos...
—Gracias... Gracias por querer intentarlo...
—Te has vuelto en lo más importante de mi vida, y estoy empezando a entender muchas cosas... Me falta mucho aún, pero lo mínimo que mereces es que me esfuerce por hacerte feliz...
Caminaron de la mano, mirando todo, sin perderse detalle, empapándose de la atmósfera romántica en el aire.
Después de recorrerlo, hicieron una parada para almorzar. Louis se decidió por un steak frites, que era un filete a la sartén acompañado de papas fritas. Harry pidió una sopa de cebolla.
El resto de la tarde, pasearon por el corazón de Paris medieval, y visitaron la Catedral de Notre Dame, una de las más antiguas del mundo y la Santa Capilla, un templo gótico. Cada lugar lo disfrutaron por completo, con tranquilidad, sin perder detalle de las hermosas construcciones ni de toda la información que se les entregaba.
Antes de que oscureciera, alcanzaron a comprar un par de chaquetas para la noche. Hicieron una parada en una bonita cafetería, donde comieron croque monsieur, un sándwich caliente con jamón y queso gruyer y un toque de salsa bechamel. Harry también se antojó de éclairs, unos bollos alargados, rellenos de crema y bañados en chocolate.
—Dios, esto es realmente delicioso, —dijo Harry chupándose los dedos.
—Lo es, —confirmó Louis, limpiándose los labios con una servilleta. —Podría comer esto todos los días.
—También yo...
—¿Quieres seguir caminando? ¿O prefieres irnos al hotel?
—Me encantaría tomar una copa de vino o champagne... En nuestra habitación...
Las rodillas de Louis temblaron y una deliciosa electricidad bajo y subió por su espalda.
—Que así sea entonces... —susurró, desnudando a Harry con la mirada y haciéndolo sonrojar.
Louis había reservado en un piso quince, desde donde se veía una imagen hermosa de la ciudad y sus luces. Frente al gran ventanal, en un cómodo diván, se amaron por horas, después de vaciar una botella de champagne y una de vino, que bebieron directo del cuerpo del otro, armando un desastre que no les importó.
Despertaron con hambre y un ligero dolor de cabeza, que olvidaron bajo el agua caliente de la tina llena de espuma suave.
—No quisiera irme nunca de aquí... —dijo Harry, sentado sobre las piernas de Louis, una vez que estuvieron de vuelta en la cama, supuestamente para vestirse, pero habían decidido dedicarse unos minutos más para mimarse.
—Tampoco yo... Pero creo que lo disfrutamos más porque no podremos hacerlo siempre... —contestó Louis, ligeramente triste.
—¿Pasa algo?
—Pasa que no sé si pueda resistir estar sin ti.
—¿Prefieres que no estemos juntos? ¿No tener un compromiso? ¿Ser solteros y solo vernos para tener sexo? ¿Es eso? ¿Poder ser libre para meterte a la cama con cualquiera?
Harry se levantó de su lugar, sintiéndose herido, con su corazón acelerado.
Y Louis supo que había logrado que Harry se sintiera inseguro de su amor. ¿Y cómo no? Aún no le decía cuánto lo amaba, a pesar de todo lo que habían pasado juntos, y es que no se atrevía. Sentirlo era una cosa, pero decirlo lo volvía real, y tenía miedo de que esas palabras salieran de su boca y nunca volvieran a él, sería entregarse definitivamente, y no sabía si sería capaz de soportarlo. Harry lo abrumaba de una manera única, cada segundo a su lado era un golpe en su ser, estaba intoxicado de Harry y no podía pedir nada más a la vida. Era la mejor sensación del mundo, pero el miedo era más grande.
—Harry... ¿Dudas de mí?
—Intento no hacerlo, pero es difícil.
—Lo sé, y me disculpo por eso... No quiero meterme a la cama con nadie más que tú, eso te lo puedo asegurar... Solo quería compartir contigo el terror que me provoca estar lejos de ti. En ningún momento imaginé separarnos ni que tengamos una relación basada en el sexo.
—Lo siento... Lo siento, yo sobre reaccioné...
—No te disculpes, es mi culpa que te sientas así. Ven acá, —dijo acercándose hasta abrazar a Harry. —Vamos a estar bien, solo tenme paciencia, ¿por favor? No quiero perderte.
—No me perderás, no por algo así...
Sin embargo, el silencio que apareció después, les recordó que ya se habían separado por eso, por los miedos y las palabras no dichas.
—¿Seguimos con nuestro recorrido? —Preguntó Louis, mordiendo el cuello de Harry.
—Sí, sí, sí... —gimió en respuesta.
—¿Seguro?
—Sí... —contestó ahora, separándose. —Eres muy travieso, sabes lo que me gusta que me hagas eso...
Louis solo rio. Se vistieron y salieron, con la misma dinámica del día anterior, recorriendo a donde lo llevaran los papeles de la bolsa. Ese día sábado visitaron el Panteón de Paris, un hermoso monumento de arquitectura neoclásica; el Palacio de los Inválidos, donde están los restos de Napoleón; el cementerio Père Lachaise, el más grande de Paris y la Torre Montparnasse, un rascacielos que ofrecía una maravillosa vista de la ciudad. Al llegar la noche estaban agotados, llegaron solo a dormir.
El domingo fue diferente. Salieron a desayunar a un pequeño café, y luego solo caminaron sin rumbo. Se dieron licencia de ser solo un par de novios cuya única preocupación era besarse, tomarse de las manos y abrazarse, tomarse mil fotos y mirarse como tontos. Descubrir lugares escondidos, probar la comida deliciosa de la que nadie hablaba y comprar recuerdos y ropa. A eso de las cinco de la tarde, viajaron de regreso a Londres.
Las próximas tres semanas pasaron tranquilas. Los dos tenían mucho trabajo, pero se dedicaban el fin de semana por completo, a excepción de un par de veces en que se juntaron con Zayn y Liam, para tomar una copa el algún bar.
Estaban especialmente intensos, porque sabían y eran conscientes de que lo que se venía, podía ser muy difícil. Intentaban crear y guardar muchos recuerdos a los que aferrarse cuando hiciera falta. Sus camas y casi cualquier lugar de sus departamentos fueron testigos de su ansiedad por el otro, pero también caminaban de la mano por algún parque, iban al cine, a comer, a algún museo, a algún concierto, a la playa en un viaje express. Cada una de sus horas libres las pasaron juntos.
Y el día de que Harry se fuera, llegó.
—Mañana, —dijo Louis el domingo, una vez que ya estaba manejando de vuelta desde una salida a cenar, —tengo trabajo muy temprano, pero te voy a llevar al aeropuerto... No quería que fuera así, pero uno de mis clientes mezcló unos papeles y datos y ahora hay un gran problema con los impuestos y no puedo no atenderlo...
—Ohhh, entiendo. Está bien, no te preocupes.
Esa noche se acostaron a terminar de ver la serie que habían empezado, pero antes de diez minutos ya estaban besándose como dementes y desnudándose, para entregarse una vez más... O un par de veces más.
A primera hora estaba saliendo Louis a su trabajo, dejando a Harry durmiendo.
Se dedicó con toda su concentración a resolver el problema de su cliente, y lo logró después de dos horas de trabajo. Desde ahí salió camino al centro comercial. Compró un pijama nuevo, unas pantuflas, una bata. También otro peluche, ahora de gato, mucho más grande y esponjoso. Y el perfume de Harry, pero de ese compró dos, uno para cada uno y una pequeña maleta de mano para que Harry pudiera llevar todo cómodamente. Sabía que su novio no quería comprar nada en Londres porque no tenía claro si viviría en un departamento arrendado o en una habitación de hotel, por lo menos el primer mes.
A la hora de almuerzo, Louis recibió una llamada de Harry.
—Hola, ¿cómo estás? —Preguntó.
—Hola... Bien, solo muy cansado, ¿y tú? —Respondió Harry.
—Bien, ha sido una mañana agitada.
—¿Tienes tiempo para almorzar juntos?
—Sí, claro que sí. ¿Quieres salir o prefieres que lleve algo?
—¿Salgamos? Me siento un poco triste...
—¿A qué hora sale tu avión?
—A las nueve...
—Tenemos tiempo para pasar un lindo día...
—Lo sé, —suspiró. —¿Vienes por mí?
—Voy, en diez minutos estoy en tu departamento.
Louis colgó y se sintió mal. Haber tenido todos esos días tan maravillosos, hacía que la despedida se sintiera peor que una pesadilla.
Louis manejó recordando cada parada que hicieron en su viaje a Paris, y si bien su corazón se sentía lleno, sus manos empezaban a sentirse vacías. Pero estaba decidido a ser la calma en medio de la tormenta que era, en ese momento la cabeza de su amado Harry.
Tocó el timbre y esperó, pero no imaginaba ver tan mal a su novio.
Harry estaba hecho un mar de lágrimas, con sus ojos hinchados, aún en pijama.
—¿Qué pasa? —Preguntó apenas en un hilo de voz.
—No quiero irme... No quiero estar lejos de ti, no quiero... —sollozó con angustia.
—Lo sé... Ven, vamos al sofá. Déjame traer un vaso de agua.
Harry esperó a que Louis se sentara, para tomar posición sobre las rodillas de su novio, y lo abrazó, escondiendo su cabeza en el cuello de Louis, donde lloró por algunos minutos.
Una vez que se calmó, sonrió con pena. —Lo siento... No quería que me vieras así.
—Está bien, está muy bien que llores si lo sientes necesario... Pero todo va a estar bien, podemos hacerlo.
—Tengo rabia conmigo, porque no estaba en mis planes nada de lo que ha pasado últimamente entre nosotros...
—¿A qué te refieres?
—Ese día del bar, cuando te dije lo de mantener una relación a distancia, se supone que era para empezar a reconciliarnos, empezar de a poco a volver, y es todo lo contrario a lo que ha pasado. Ahora todo es más difícil...
—¿Te arrepientes? —Preguntó Louis, sin malestar.
—Por supuesto que no... No cambiaría nada, es solo que de la otra manera dolería menos.
—Creo que de ninguna manera dolería menos, ese es mi consuelo... No tenemos una bola mágica para saber nuestro futuro, pero sé que pase lo que pase después, lo habremos intentado todo para poder seguir juntos. Y sé que no es lo que quieres escuchar, pero es lo más sincero que puedo decir.
—Aún puedes arrepentirte...
—¿Estás loco? ¿Y perderme las llamadas, los textos, los viajes agotadores? No, no me voy.
Harry sonrió en medio de sus lágrimas. —Voy a ducharme para que salgamos... Quiero pasar el resto de la tarde en la cama, necesito muchos mimos, ¿puede ser?
—Es el mejor plan de la vida...
Después de un par de besos, Harry pudo escapar de las manos de Louis y arreglarse para ir a almorzar. Encontraron un bonito restaurant casero y comieron disfrutando todo a su alrededor. De vuelta Harry quiso caminar un poco de la mano con Louis, y dejarle besos en cada esquina.
Llegaron al departamento en medio de una atmósfera de nostalgia.
—¿Qué vas a hacer con este departamento? —Preguntó Louis.
—Tenía que devolverlo, pero no tuve tiempo. Ahora es un gran problema que no sé cómo resolver.
—¿Quieres que saque tus cosas?
—Pero no tengo dónde dejarlas.
—En mi departamento hay espacio. La renta incluía los muebles, ¿verdad?
—Sí, es una suerte que no sean míos.
—Entonces, mientras no estás, te voy a mudar conmigo, —dijo Louis coqueteando.
—¿Lo has pensado? ¿Vivir juntos más adelante?
—No... Nunca lo pensé.
—¿De verdad?
—En serio, y ¿sabes por qué? Porque desde que empezamos no nos separamos más. Vamos de mi departamento hacia acá y al revés, todos los días. Para mí solo falta hacerlo oficial.
Y Harry sonrió tan grande, que le dolía.
Después de eso, solo pasión en el sofá. Les gustaba ese lugar, su sofá que ya estaba habituado a sus visitas ardientes y tiernas. A las seis se fueron a bañar, y después Louis ayudó a Harry a terminar su maleta. Pasadas las siete ya iban camino al aeropuerto.
Cuando llegaron, Louis bajó la maleta de Harry y aprovechó de entregarle sus regalos.
—Te compré algunas cosas, —dijo intentando mostrarse feliz. —Aquí adentro hay un pijama, una bata, pantuflas, un perfume... Y este señor gato que quiere acompañarte.
Harry se puso a llorar, rompiendo el corazón de Louis.
—Gracias... Gracias por preocuparte...
—Tranquilo, tranquilo...
Louis lo abrazó y besó sus lágrimas.
—Vamos, no puedo perder el vuelo, me matarían, —dijo Harry, un poco mejor.
—Vamos, yo te llevo la maleta.
Caminaron a paso rápido hasta que ya tuvieron que separarse.
—Intenta estar tranquilo, cuídate mucho y llámame apenas puedas para saber que llegaste bien, ¿sí? —Pidió Louis acariciando las mejillas de Harry con cariño.
—Sí, y tú no te preocupes tanto... Te amo...
Se abrazaron y besaron por última vez.
Cerca de la medianoche Louis recibió la llamada de Harry, contándole que había sido un vuelo tranquilo y que ya iba camino al departamento que le habían asignado por mientras ejercía la gerencia en Roma.
Desde ahí en adelante, crearon una rutina de llamarse al levantarse, al almorzar y en la noche antes de dormir. Los mensajes aparecían varias veces al día.
Las primeras dos semanas pasaron rápidamente.
Harry se adaptó bien a su cargo y su grupo de trabajo era bastante bueno. Sin embargo, no era seguro que esa sucursal se mantuviera, ya que había un receso en la economía a nivel mundial, y mantener oficinas en las principales ciudades europeas se estaba volviendo demasiado costoso. Pese a todo, Harry y su equipo trabajaban como si no hubiera un mañana.
Louis había agregado un par de clientes más a su trabajo, por lo que pasaba de un lado hacia otro todos los días, desde temprano hasta tarde, sobre todo a mediados de mes, en que aparecían todos los temas de impuestos, o a fin de mes con el pago de sueldos y demás gastos típicos de las empresas. Esos dos fines de semana, vio a Zayn en el bar de siempre. Compartían un par de cervezas y luego Louis se iba a su departamento. Zayn se iba al de Liam, con quien tenían algo sin nombre, pero que les gustaba y acomodaba mucho en esos momentos de sus vidas.
La tercera semana fue más difícil para Louis, porque Harry estaba con muchas reuniones y no habían podido mantener la rutina de llamadas. No soportaba más, por lo que preparó su mochila y el viernes después de almuerzo se fue al aeropuerto y viajó a Roma. No tenía idea de dónde estaba la oficina de Harry ni su departamento, y Harry no le contestaba los mensajes. Se quedó en el aeropuerto a esperar una respuesta. Casi una hora estuvo dando vueltas, hasta que recibió una llamada de su novio.
—Perdón, perdón, perdón... Estoy que me vuelvo loco, no había podido contestar... ¿Está todo bien?
—Estás muy acelerado. Yo estoy bien, ¿pero tú?
—¿Te cuento más tarde? Quiero llegar a mi departamento y bañarme por tres horas.
—Creo que es una buena idea, pero... ¿me mandas tu dirección? Te puedo ayudar a enjabonarte...
—¿Dónde estás?
—En el aeropuerto...
—¿De Roma?
—Así es... No soporté tanto tiempo sin ti...
Louis solo pudo escuchar a Harry llorar. —Te he extrañado tanto, apúrate...
—Voy volando...
Harry le mandó un mensaje con la dirección y por mientras esperaba, se duchó. Estaba muriendo del estrés y cuando llegara Louis no tenía problema en meterse a la tina con él para mimarse. Sonreía sin motivo mientras se secaba y se colocaba su bata y sus pantuflas, y revisaba en su despensa si tenía un par de cervezas o alguna botella de vino, y sí. Siempre compraba algo pensando en el momento en que Louis apareciera y pudieran compartir.
Veinte minutos después Louis tocaba a la puerta.
—¡Harry! —saludó con un gran pato de peluche.
Harry no fue capaz de hablar, solo se lanzó a los brazos de su novio y lo apretó con ganas. Tímidas lágrimas se deslizaban por sus mejillas, pero no las detuvo.
—No sabes lo feliz que estoy de que estés aquí, —dijo por fin.
—Vamos a tener que poner un límite de tiempo sin vernos, ya me estaba muriendo... —contestó Louis. —Te ves cansado... ¿Quieres comer algo? ¿Qué hago para que te sientas mejor?
—Solo verte cambia todo... Y sí, tengo hambre, pero...
Louis lo supo, desató la bata de Harry, dejándolo desnudo. —Muéstrame tu habitación...
En medio de besos torpes y ansiosos llegaron a la cama de Harry, donde se demostraron todo lo que se necesitaban, todo lo que se extrañaban, todo lo vacío que estaban lejos del otro.
Una hora después estaban en la tina, ya más tranquilos, más cariñosos, dando y recibiendo mimos por montones. Una vez que salieron, y se pusieron sus pijamas, se sentaron en la cama a tomar una copa de vino y comer algunas variedades de pan y queso.
—Cuéntame por qué estás tan estresado, —pidió Louis, mordiendo un trozo de pan con queso burrata.
—Como sabes, hay una crisis económica que ha hecho casi insostenible mantener tantas oficinas fuera de Londres. Además de eso, las inversiones han bajado notoriamente, porque hay menos interesados en la venta de activos que también han subido su precio. Se está volviendo todo muy difícil, y ahora, antes de salir de la oficina, me llamó el presidente de la compañía, algo que es muy raro, y me citó a una reunión en Londres para el miércoles a primera hora.
—¿Y qué crees que te diga?
—Puede ser que me despidan. Si hay problemas con las sucursales, quizás esta de Roma ya no se necesita y mi puesto quedaría en el aire.
—Y si así fuera, ¿crees que te cueste encontrar otro trabajo?
—No lo sé, aunque espero que no. Tengo mucha experiencia y siempre he sido muy bien evaluado. De todas maneras si quedara sin trabajo podría mantenerme cómodamente unos tres o cuatro meses.
—¿Estarías viajando el martes en la noche?
—No, el martes en la tarde. Mi vuelo sale a las seis.
—Te voy a ir a buscar, entonces.
—Te pusiste serio...
—No es nada grave, solo que me quedé pensando en que sería injusto que te quedaras cesante.
—Pienso lo mismo, pero no depende de mí... ¿Y tú? ¿Por qué estás trabajando tanto?
—Para no extrañarte. Así se me pasan los días más rápido... —contestó besando los hombros de su novio.
—Me dijiste que viste a Zayn, ¿cómo le ha ido con Liam?
—¿Has hablado con Liam?
—Un par de veces, pero muy a la rápida. ¿Por qué? ¿Hay algo que yo no sepa?
—Liam y Zayn están juntos, no solo trabajando, también teniendo mucho sexo.
—¿De verdad? ¿Cómo sabes? —Preguntó Harry, divertido, terminando su copa de vino.
—Zayn me lo dijo. Le pregunté si eran novios, y me dijo que no, que se están conociendo, pero que han adelantado en la cama.
—Mientras estén felices, está perfecto. Son una pareja muy bonita, los dos son tan lindos.
Y la cara de Louis cambió.
—¿Te parece?
—Louis... ¿En serio? ¿Estás celoso?
—Lo estoy.
—Te amo.
—Eso es trampa.
—¿Resultó?
—Sí.
—Eso es lo importante... No tienes por qué ponerte celoso. Zayn y Liam son muy lindos, pero ni siquiera se acercan a ti, que eres el hombre más precioso que han visto mis ojos... Y eso te lo puedo jurar, —afirmó Harry, mordiendo el cuello de Louis.
—Mis celos siempre son más fuertes, y no lo entiendo. Nunca me has dado un motivo para desconfiar, lo siento mucho... mucho... mucho...
Con cada palabra, más besos aparecían en la piel de Harry, más cantidad, más intensos, más reales. Se amaron una vez más.
El fin de semana lo dedicaron a recorrer Roma. El sábado visitaron el coliseo, el foro romano y el monte Palatino. Después de almuerzo, recorrieron la Fontana di Trevi, una de las fuentes más grandes y hermosas del mundo, y el Panteón de Agripa, un antiguo templo romano, transformado en iglesia. Cuando llegó la noche, pasearon por el barrio de Trastévere, uno de los más encantadores y bohemios de la ciudad, donde comieron filetti di baccalà, un filete de bacalao rebozado y frito, y también unos clásicos ñoquis de sémola. Probaron el supplì, unas bolitas de arroz fritas y para terminar, gelato, típico helado italiano. Todo acompañado de vino y mucha conversación.
La mañana del domingo decidieron pasarla en la cama, desayunar tarde y luego buscar en algún barrio escondido dónde almorzar. Antes de que se dieran cuenta, Louis se estaba yendo al aeropuerto, con su corazón llenito de amor. Quedaron los dos mucho más felices y tranquilos, porque se verían en unos días, y eso era un aliciente maravilloso.
Louis llegó a su departamento y revisó su habitación. Sin preguntarle a Harry, había guardado las cosas que sacó del departamento de su novio, y les dio un lugar en su propio departamento. Ahora Harry tenía la mitad del clóset, y varios cajones. En el baño tenía capillo de dientes, su perfume, su máquina de afeitar y su shampoo.
Había sido un impulso posesivo, para que Harry no tuviera opción más que aceptar vivir con él, y ahora que se daba cuenta, se puso a reír. Ya tendría tiempo para explicarse.
El martes apareció veloz, y Louis agradecía que era una semana tranquila de trabajo, por lo que pudo desocuparse temprano y el miércoles tenía muy poco qué hacer. Manejó hasta el aeropuerto, y esperó a su novio, con una bonita rosa en la mano. Pronto lo vio aparecer, todo hermoso, con su peluche de gato entre sus brazos, haciendo muy feliz a Louis.
—¿Cómo estás? ¿Cómo estuvo el vuelo?
—Bien, muy rápido... ¿Cómo estás tú?
—Ahora mejor, feliz de tenerte aquí...
Se dieron un beso tierno. No querían hablar mucho, solo acurrucarse y volver a conectarse, a pesar de haberse visto hace un par de días.
—Tengo que confesarte algo, —dijo Louis, manejando ya.
—¿Qué pasó? —Preguntó Harry mientras ponía algo de música en la radio.
—Cuando saqué las cosas de tu departamento, las puse en el mío, como habíamos quedado.
—¿Y...?
—Y resulta que no sé qué me pasó, que ahora me di cuenta, que... yo... guardé todo como si viviéramos juntos. Tienes tus cajones, tu lado del clóset, tus cosas en mi baño... Nuestro baño... Y no quiero que pienses mal, y si no te gusta la idea, sacamos todo y lo llevamos a donde me digas...
Harry sonrió. —Como dijiste, vivir juntos es algo natural entre nosotros. Pasamos juntos todo nuestro tiempo libre, y creo que es una gran idea.
—¿De verdad? ¿No estás enojado?
—Claro que no... Me encanta.
—Ufff... Te juro que cuando me di cuenta me asusté mucho...
—Eres demasiado lindo y tierno como para enojarme por eso.
—Llegamos... ¿A mediodía tienes la reunión?
—Sí.
—¿Estás nervioso?
Estaban ya entrando al departamento.
—Un poco. No tiene sentido hacerlo, pasará lo que tenga que pasar, no depende de mí.
—Eso es cierto. ¿Quieres darte un baño? ¿Pido algo para cenar?
—Sí a todo, por favor, —respondió agotado.
—Anda entonces, y aprovechas de revisar todo, a ver si te gusta el orden.
—Está bien, dame un beso.
Se besaron con pereza, con una calma inusitada en ellos. Los dos sonrieron al terminar el beso.
Harry se duchó y revisó todo. Caminó hacia el living, donde encontró a Louis revisando algunos datos en su portátil.
—¿Todo bien? —Preguntó Harry, abrazándolo desde atrás.
—Sí... Solo lo de siempre, clientes que olvidaron alguna boleta, que ingresaron mal las facturas... Lo de siempre.
—¿Te gusta tu trabajo?
—Me encanta... Pero más me encantas tú, —dijo dándose la vuelta y quedando frente a Harry. —Me gustan los números, los cálculos, los trámites. Estaba pensando en volver a estudiar.
—¿De verdad? ¿Qué te gustaría?
—He pensado en una ingeniería o tal vez, en ser auditor.
—Me gusta mucho que quieras seguir perfeccionándote. Lo que sea que elijas tienes mi apoyo...
Se besaron una vez más, hasta que llegó la comida. Cenaron viendo la televisión, muy relajados.
—Me gustó mucho cómo quedaron mis cosas en tu departamento, —comentó Harry casi en un susurro, envuelto entre los brazos de Louis.
—Nuestro departamento...
Harry sonrió. —Tu departamento, yo no tengo uno.
—¿Quieres que compremos uno, juntos?
—¿De verdad lo harías? ¿No te asusta que volvamos a separarnos?
—No... Creo que he aprendido mucho este último tiempo. Mi ansiedad ha bajado, pude entender la importancia de tu trabajo para ti, también que debemos apoyarnos... Miedo es lo que menos tengo.
—Lo sé... Me has demostrado que has cambiado, y no sabes cuánto te lo agradezco... —murmuró cerrando los ojos.
Louis sonrió, y lo apretó más aún con sus brazos. Se durmieron.
Despertaron cerca de las ocho, y aprovecharon de desayunar juntos. Luego Louis se fue a trabajar, y Harry se quedó un poco más en la cama. A las diez y media se levantó, se dio una larga ducha, y luego se vistió con su traje color negro, el más formal que tenía. Salió con su maletín, y tomó un taxi. Llegó al edificio de la empresa, intentando parecer tranquilo, pero muriendo de nervios por dentro.
A la hora indicada fue llamado a la oficina del director, y hacia allá dirigió sus pasos.
En ese mismo momento, Louis pensaba en Harry, en que todo saliera bien, en que fueran buenas noticias. Daba igual si lo enviaban a Oslo o a Viena, ya estaba seguro de que podrían hacerlo funcionar, pero su novio merecía su trabajo.
Estaba preocupado, porque Harry había quedado de llamarlo apenas tuviera noticias, pero iban a ser las tres de la tarde, y no había recibido ni una llamada ni un texto. De todas maneras, y por si acaso, terminó con todos los pendientes de ese día y aprovechó de adelantar un poco.
Cerca de las cinco, por fin sonó su celular.
—Harry, me tenías preocupado... ¿Qué pasó?
—¿Podemos vernos? Creo que debemos hablar en persona...
Y Louis se sintió morir. Algo había pasado y al parecer, era grave.
—¿Quieres que vaya a buscarte? Ya terminé de trabajar.
—Sí, por favor.
—Voy saliendo...
—Ok, nos vemos...
Louis manejó angustiado. ¿Qué podía haber salido tan mal?
Harry estaba esperándolo en el estacionamiento, y Louis nunca lo vio tan hermoso. El traje negro resaltaba su cuerpo, y también sus preciosos ojos.
—¿Quieres hablar aquí? —Preguntó Louis, —¿O prefieres ir a otro lado?
—No lo sé... ¿Podemos ir a caminar?
—Claro, lo que quieras, ¿pero puedo besarte, por lo menos?
—Sí... Perdón por estar tan acelerado.
Louis se acercó y por fin pudo abrazar y besar a su novio.
—Voy a dejar el auto aquí, vamos...
De la mano caminaron hacia el parque que estaba a dos cuadras, y se sentaron en una de las bancas.
—Lo primero que quiero decirte, es que siento no haberte llamado antes, pero tuve mucho que hacer después de la reunión.
—No te preocupes por eso... Dime qué está mal.
—La sucursal de Roma va a cerrar en un mes.
—Ohhh, lo siento mucho... ¿Y qué vas a hacer?
—Me ofrecieron otra gerencia.
—¡Eso es genial! —exclamó Louis.
—En Nueva York...
—¿Nueva York?
—Sí... Y entiendo que sientas que es mucho... De verdad lo sé...
—Cambia algunas cosas. Quizás podríamos vernos una vez al mes solamente y hablar se complicaría en algunos momentos del día... Pero podemos hacerlo.
Harry lo miró completamente orgulloso.
—No la acepté.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Significa un cambio demasiado grande, y tú me has apoyado mucho. Si quieres estudiar, significa menos tiempo para los dos, y es momento de que yo te apoye a ti.
—Pero... No entiendo, ¿te quedaste sin trabajo? ¿Te despidieron? Estoy confundido...
Harry sonrió. —Sé que estoy enredándolo todo. El asunto es que les dije que no iba a aceptar la gerencia en Estados Unidos, y me dijeron que entonces, podía quedarme en Londres...
—¿Y...?
—Y me ofrecieron la gerencia principal...
—¿Qué? ¡No es verdad! Dime que lo aceptaste...
—¡Lo hice! Tendré que seguir viajando, pero menos seguido, y...
—¡Estoy tan orgulloso de ti, amor mío! ¡Te lo mereces!
—¿Me dijiste amor mío? —Preguntó Harry, palideciendo.
—Lo hice... Te amo Harry, ¡te amo!
Harry lo abrazó y escondió la cabeza en el cuello de Louis, mientras Louis acariciaba su espalda.
—No sabes lo feliz que soy, —susurró Harry.
—No sabes lo felices que podemos ser...
