Prólogo
El animal se posó en la ventana, mirándome con ese ojo que no tenía tuerto... aún.
—La has traído aquí.
Habló el cuervo, no contesté.
—Aún está viva —continuó el cuervo, sin dejar el tono neutral.
—Una belleza como ella no merece la muerte, merece... adoración —respondí al fin, con la amenaza velada en cada letra.
El cuervo ladeó la cabeza.
—Una viva no debe estar aquí —no había insistencia en las palabras del cuervo, realmente no le importaba, solo le gustaba molestarme.
—¿Acaso quieres que te arranque el otro ojo, Dash? No necesito que un pájaro me diga qué hacer —di un paso hacia él.
La luna, detrás de su figura animal, reflejaba en el suelo la sombra de un hombre sentado en la ventana.
En un salto, Dash empieza a volar, dejando caer unas pocas plumas negras.
—Se adora más a los muertos, Cassian —fue lo último que dijo el pájaro, volando lejos.
—Desgraciado.