Prologo
Nunca imaginó que el amor pudiera oler a desinfectante y sonar a monitores cardíacos. Pero ahí estaba ella, con la bata blanca aún arrugada por las guardias infinitas, y los ojos más vivos que nunca al cruzarse con los de él.
Él ocupaba una de tantas camas del tercer piso. No decía mucho, pero observaba todo. Y cuando la vio entrar por primera vez, con ese andar torpe de quien aún se está acostumbrando a caminar entre la vida y la muerte, supo que algo iba a cambiar.
Ella era residente de primer año. Él, simplemente un paciente. Ninguno buscaba enamorarse en medio del caos del hospital, entre diagnósticos, alarmas y madrugadas sin descanso. Pero a veces, el destino se disfraza de rutina, y el amor aparece en los lugares más improbables.
Este no es un cuento de hadas. Es una historia de café frío, conversaciones robadas en pasillos vacíos, y corazones que aprenden a latir al mismo ritmo, incluso cuando nadie esperaba que lo hicieran.
Así comenzó todo.