Zona de riesgo

All Rights Reserved ©

Summary

Dayra Monteiro, una expiloto de élite retirada en medio del escándalo, regresa al mundo de las carreras sin previo aviso. Su presencia remueve viejas rivalidades, secretos enterrados y pasiones peligrosas. En un ambiente donde la velocidad lo es todo, Dayra no solo vuelve para competir... vuelve para demostrar que nunca debieron dejarla ir. En su regreso a la Élite, se encuentra con su gran y primer amor, en ese momento todos los secretos de su retirada, empiezan a salir a la luz...

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Dicen que hay lugares a los que uno no debería acercarse.

Personas que es mejor no tocar.

Secretos que deben mantenerse enterrados.

Yo los ignoré todos.

Desde que tengo memoria, he sido atraída por el riesgo como una polilla a la llama.

No me interesa la seguridad ni la comodidad.

Me interesa lo que late con fuerza, lo que arde, lo que puede destruirme.

Y esta noche, todo ardía.

El humo danzaba entre las luces estroboscópicas, mezclándose con el zumbido lejano de las sirenas y el crepitar del fuego que consumía el auto enemigo.

Mi Dodge Challenger negro esperaba frente a mí, cubierto de ceniza y salpicado por la sangre de una noche que no tendría redención.

Extendí la mano para abrir la puerta cuando escuché la voz.

—¿No te cansas de perderlo todo?

Me detuve solo un segundo.

Lo suficiente para darle la espalda sin girarme, sin miedo.

—No puedes perder lo que ya no te importa —dije.

Encendí un cigarro con el calor que aún respiraban las ruinas.

Lo llevé a mis labios con un pulso firme, mientras el humo de lo que había dejado atrás se mezclaba con el de mi aliento.

Luces parpadeaban en la distancia, entre sombras, escombros y metal fundido.

La noche olía a gasolina, miedo… y victoria.

Volví a sostener el manillar, pero no subí de inmediato.

Me quedé ahí, de pie, mirando el fuego delante de mí.

No por nostalgia.

Sino por puro placer.

—Siempre fuiste mejor quemando que construyendo —escupió su voz detrás de mí, tan rota como el resto de la noche.

Solté una carcajada suave, sin alegría.

Dejé caer el cigarro y lo aplasté con la bota, con una calma que gritaba más que cualquier furia.

—Y tú siempre fuiste bueno quedándote entre las cenizas —murmuré sin girarme—. A mí me gusta verlas arder.

Subí al Dodge Challenger y cerré de un portazo.

El motor rugió como una bestia herida cuando puse primera.

El pavimento aún humeaba.

Igual que yo.

Ese era mi mundo.

La línea fina entre el peligro y el placer.

La zona de riesgo.

Y ya no sabía cómo salir de ella.