Bajo el Manto Real

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Summary

━─━──────── •◦இ•◦ ────────━─━ Velaris era un reino donde la luz del día pintaba ilusiones de perfección y la noche ocultaba verdades inconfesables. Dentro de sus murallas de plata, el Príncipe Lysander crecía bajo el peso de una corona destinada, un espiritu libre por asi decirlo, amante de muchas cosas y sobre todo de su "Halcón".Por otra parte, Sir Kael, era la encarnación de la disciplina, un caballero cuya vida estaba dedicada al servicio y al honor. Eran polos opuestos unidos por un destino inusual, pero también por una conexión que trascendía los límites de su posición y las normas de la sociedad. A escondidas, en los rincones más discretos del castillo o bajo el manto cómplice de la noche, se atrevían a forjar un vínculo inquebrantable, sabiendo que cada caricia, cada mirada furtiva, era un gran riesgo. ━─━──────── •◦இ•◦ ────────━─━

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

♛ Capitulo Uno ♛

El aire de la mañana en el patio de armas de Velaris era cortante y limpio, impregnado del olor a tierra húmeda y el tintineo constante del metal. Sir Kael, con su armadura de entrenamiento ajustada y el cabello oscuro recogido en una coleta, se movía entre los reclutas con la precisión de un halcón. Su voz, habitualmente contenida, resonaba ahora con autoridad mientras corregía posturas, demostraba estocadas y esquivaba golpes de espada con una facilidad asombrosa. Los jóvenes soldados, novatos en el arte de la guerra, sudaban y se esforzaban por imitar la gracia letal de su instructor. Kael era el ejemplo de la disciplina, cada músculo tenso, cada movimiento calculado. No había espacio para la distracción cuando se forjaban a los protectores del reino.

Mientras tanto, en los pasillos inmaculados del castillo, el Rey Lysander se deslizaba con una elegancia innata, aunque su mente estaba lejos de los tratados y las lecciones de etiqueta que solían ocupar sus mañanas. Un malestar sutil, un aguijón, lo había impulsado a abandonar sus aposentos. Había escuchado el resonar de las espadas desde su ventana, y la imagen de Kael instruyendo a los nuevos reclutas, especialmente a la joven y entusiasta recluta Elara, no le había sentado nada bien. Elara, con su cabello naranja trenzado y su entusiasmo contagioso, parecía demasiado absorta en las enseñanzas de Kael. Demasiado... cerca. Una punzada de algo parecido a los celos, una emoción que Lysander rara vez se permitía sentir, lo impulsó hacia el patio de armas.

Cuando Lysander apareció en el umbral del patio, la energía que irradiaba era inconfundible. Su túnica de seda azul cobalto ondeaba ligeramente con su paso, y sus ojos, del color de la amatista, buscaron inmediatamente a Kael entre el grupo de aprendices. La intensidad del entrenamiento no disminuyó al instante, pero un murmullo de respeto y curiosidad se extendió entre los reclutas. Kael, que estaba demostrando un desarme complejo a Elara, sintió la presencia de Lysander antes de verlo. Una tensión familiar, una mezcla de anticipación y cautela lo recorrió.

-Sir Kael,- la voz de Lysander era melódica, pero con un matiz que Kael conocía bien, -parece que tienes a tus nuevos reclutas trabajando duro.-

Kael se enderezó, su expresión impasible, aunque un ligero rubor coloreó las mejillas de Elara ante la aparición del rey. -Su Alteza. Es esencial que aprendan la base de la protección del reino.-

Lysander asintió, sus ojos fijos en Kael, ignorando deliberadamente a los demás. -Entiendo la importancia. Sin embargo, tengo un asunto urgente que requiere tu atención inmediata. Un asunto de... seguridad real, me temo.- Su mirada se deslizó brevemente hacia los reclutas, y luego volvió a posarse en Kael, con un destello en sus ojos que solo el caballero podía descifrar.

La urgencia en su tono era fabricada, "asunto de seguridad" una excusa transparente.Los reclutas intercambiaron miradas, visiblemente sorprendidos. Elara, sin embargo, parecía desilusionada. Kael notó la mirada del príncipe, la sutil pero innegable demanda en ella. Supo al instante que el "asunto urgente" era, de hecho, una estratagema para sacarlo del entrenamiento. Una sonrisa casi imperceptible tiró de las comisuras de sus labios. La posesividad de Lysander, aunque a veces inconveniente, era también un bálsamo para su corazón.

-Por supuesto, Su Alteza,- Kael respondió con su voz grave, asintiendo con una reverencia formal que ocultaba la comprensión entre ellos. Se volvió hacia los reclutas. -Soldados, continúen con los ejercicios de bloqueo que les he mostrado. Volveré en breve.-

Mientras Kael se quitaba los guanteletes y los dejaba sobre un banco, Lysander le hizo un gesto impaciente con la cabeza, ya alejándose del grupo. Kael lo siguió, sus pasos firmes y silenciosos, mientras los reclutas se esforzaban por ocultar su asombro ante la abrupta interrupción. El "asunto urgente" del príncipe era tan evidente como el sol de Velaris. Una vez fuera del patio, Lysander redujo su paso, permitiendo que Kael se le uniera.

-¿Seguridad real, Su Alteza?- Kael preguntó en voz baja, una pizca de diversión en su tono. -Me atrevería a decir que el reino está a salvo por el momento.-

Lysander detuvo su andar, girándose para enfrentar a Kael con una sonrisa astuta. -Nunca se es demasiado precavido, Sir Kael. Además,- añadió, su voz bajando a un susurro juguetón mientras extendía una mano para tocar el brazo blindado de Kael, -necesito tu... consejo personal sobre un asunto que me preocupa mucho.- El roce de sus dedos, aunque breve y aparentemente casual, fue una chispa que encendió el aire entre ellos.

Kael captó el mensaje, la verdad oculta tras las palabras. La preocupación de Lysander era menos sobre la seguridad del reino y más sobre la presencia de otros cerca de él. Una leve sonrisa de Kael se formó, una que solo Lysander era digno de ver. -Entiendo, Su Alteza. Estoy a su entera disposición.-

Y así, el caballero y el príncipe desaparecieron por los pasillos, dejando atrás el sonido del entrenamiento y las miradas curiosas de los reclutas, encaminándose hacia los rincones ocultos del castillo donde su propia y secreta historia esperaba ser contada.