ᰔᩚ ᜊ 𝗤𝘂𝗲𝗿𝗶𝗱𝗼 𝗺𝘂́𝘀𝗶𝗰𝗼 ᜊ .ᐟ .ᐟ

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Summary

Venus pensaba que lo más difícil de cambiar de instituto sería encajar, no sobrevivir. Entre amistades envenenadas, secretos que sangran y emociones que duelen más que los golpes, su mundo empieza a romperse. Pero cuando el dolor es compartido y las máscaras caen, lo que parece el final puede ser solo el inicio de una verdad que nadie quiere enfrentar. Amor, traición y heridas abiertas se cruzan en los pasillos de un lugar que nunca fue seguro.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. Primer paso.

Odio la vida. Bueno, tanto como odiar no, ¿o si? No lo sé. Bastante sufro ya hablando en público como en ir a un instituto nuevo rodeada de simios y barbies que me harán la vida imposible, ¿que como lo se? Porque se me da bien mirar a la gente y la gente refleja lo que es.


Realmente me alegro de haberme ido del instituto, pero ¿sola? Voy a morirme. Hoy es el primer día y espero no cagarla hablando de más y de menos.


Me levanté a las 7 de la mañana y preparé mis cosas, aunque solo fueran unos bolígrafos y una libreta para apuntar cada cosa y las cosas que quieren los profesores. Desayuné y esperé a mi hermana como siempre.


—¡Date prisa Scarlett!—Dijo mi madre.—Llegareís tarde, ya verás.


—Siempre la última.—Suspiré.


—¡No metáis prisa, ya voy!—dijo mi hermana.


—¡Venga!—Dije impaciente.


—No metas prisa a tu hermana, Venus.—Dijo mi madre algo seria.


Me callé y rodee los ojos. Al poco tiempo ya estaba lista y nos fuimos cada una al instituto. Al entrar al aula, me quedé con varias miradas y ropa.


La mayoría eran simios y varias barbies, pero tampoco parecían tan malas a simple vista, solo algunas. Los chicos, solamente se salvaban tres, o dos, porque los otros o eran simios o medio simios. Uno no era de España, los otros dos sí, al menos no parecían malos.


Después de copiar las cosas que tenia que copiar, fui al patio y me senté en un banco, sola. Se me acerco alguien y me sorprendí.


—¿Estás sola?—Me preguntó.


—Si.—Dije, guardando el móvil.


—Vente conmigo, anda.—Sonrió.


—Esta bien.—Dije y fui con ella a un aula.


Nos pasamos todo el patio hablando. Su nombre; Thais. Es una pasada de persona, me encanta.


Enseguida se lo conté a mi madre y me felicitó, no soy buena comunicándome, y mucho menos con estas cosas.


Poco a poco, me fui metiendo en el grupo de amigos de Thais, y estaba realmente bien, demasiado bien.


Todo iba hacia arriba mediante iban pasando los meses, hasta que me hablé con Kath. Bajita, pelo corto y teñido, recuerdo que el primer día iba con falda, la única que iba así. (Habían pasado ya como un mes o dos, al menos sabía de mi existencia)


—¡Venus!—Dijo Kath y me sonrió, extrañamente.


—Dime Kath, ¿que pasa?—Dije.


—Oye, ¿podríamos sentarnos juntas o hacer que te pongan más cerca? Me da pena que estés sola y al lado de los simios.—Me explicó Kath.


Supongo que le daba pena, aunque tampoco sé si eso era bueno o malo.


—Tal vez podamos intentar cambiar los sitios y distribución de la clase.—Dije.


—Si porfavor, Clodette, Elizabeth y yo te queremos cerca para hablar de chismes.—Dijo Kath, solamente asentí.


Así que chismes, ¿mmm? Hablamos en tutoría sobre el cambio de sitios, y extrañamente funcionó, por lo menos algo sale bien. Me sentó junto con Kath y Luan, pero Luan nunca estaba en el sitio. Menudo delegado de pacotilla.

Hacía varios días que me estaban molestando, y Christopher siempre me acompañaba a las clases, o a veces cuando no iba con Yago.


—¿Estás bien?—Preguntó Christopher sacándome de mis pensamientos.


—Si, solo son cosas.—Dije.


—¿Ya te han molestado otra vez?


—Si, pero no importa, ya pararán.


—Bueno, si tú lo dices, aunque sería mejor cortarlo de raíz.


Después de eso, fuimos a clase. Me quedé pensando en sus palabras, nunca había dado el primer paso para defenderme, le dieron una patada en mi mochila mientras yo subía las escaleras y me hice daño yo misma clavándome las uñas a las manos, asustando a un amigo mío. Era injusto. Quiero dar el primer paso.


Cuando estábamos en tutoría de nuevo, hicimos un pequeño círculo y estuvimos hablando del comportamiento.


—Es obvio que nos portamos mejor que nadie.—Dijo Julieth, maldigo el momento en el que entró en el instituto.


—¿Tú crees eso Julieth?—Dijo la tutora.


—Claro que si, somos angelitos.—Dijo Yasmín y al rededor varias risas de los simios.


—Se os da genial las mentiras, chicos.—Dije, harta de todo.


—¿Que dices ahora?—Protesto Diego.— Deja de quejarte anda.


—No se queja, es la verdad.—Dijo Christopher.


—¿Y esto que es? ¿Ya estamos con las tonterías de Venus?—Se burló Alexander.


—Controlate, no son tonterías.—Saltó la tutora.


—¿Como que no? ¡Que se duche y se cierre la boca entonces!—Bramó Alexander.


Oír eso fue el colmo, recordé todo lo que no quería recordar y me levanté de la silla y fui al pasillo cerrando la puerta para que diera el aire.


Después de voces gritando, oi como se abrió la puerta.


—¿Venus?


Al levantar la cabeza, vi a Christopher, me limpie las lágrimas y carraspee un poco.


—¿Quieres pañuelos? Tengo.—Dijo y me dio un paquete de pañuelos.


—Gracias...—Susurre y cogí el paquete de pañuelos para sonarme.


—Lo que hiciste estuvo bien, si no quieres hablar ahora lo puedo entender, ya diste un gran paso de a quedarte callada y a decir lo que es Venus, estoy orgulloso.—Sonrió Chris y se sentó a mi lado.


—¿No te van a reñir?


—No, ya le avisé a la tutora, no te preocupes por mí, preocúpate por ti.