Chapter 1
cap 1
Narra Erick
—¿Padre, alguna novedad de Guadalupe o de las chicas desaparecidas?
—No, hijo. El detective privado aún no encuentra nada, pero me temo que cada vez son más las mujeres desaparecidas entre los dieciocho y treinta años en la Patagonia y, casualmente, todas son sobrenaturales.
—Hace un mes que mi hermana desapareció de la manada —golpeo la mesa con ambas manos. La impotencia me abruma—. ¿Vos creés que el clan de los vampiros tiene algo que ver?
—Todos los clanes hemos firmado el tratado de paz. Los vampiros tienen prohibido alimentarse de humanos o sobrenaturales desde hace ya varios años, desde que los ancianos se han infiltrado en los gobiernos de todos los países del mundo. Ahora les brindan sangre donada.
—Vos y yo sabemos perfectamente que los vampiros odian tomar esa sangre. Dicen que el sabor no es igual que cuando la beben directo de la presa fresca.
—Lo sé, pero no hay ningún indicio de que haya sido un vampiro, hijo.
—¿Y trata de mujeres? Sabemos que hay en toda Latinoamérica.
—Son mujeres sobrenaturales. La trata de mujeres la llevan a cabo los humanos. Cualquiera de ellas sobrepasa a un humano en fuerza. Se hubieran defendido y los hubieran matado.
Salgo del despacho de mi padre. Necesito tomar un poco de aire fresco. A pesar de que el verano ha comenzado, aquí en Ushuaia es frío, mucho menos que en invierno, por supuesto. Pero los días son muy largos en esta época, todo lo contrario al invierno, que son muy cortos.
Mi hermana salió un día de la manada Luna tras Andina, en el país vecino de Chile, y nunca más regresó. El alfa vecino dice que ella jamás llegó a sus tierras. La hemos buscado por cielo y tierra y no aparece ni viva ni muerta.
—Estoy muy triste, Erik —dice Ares, mi lobo.
—Lo sé. Yo también —suspiro.
—¿Por qué la Madre Luna nos ha castigado así? Tenemos treinta años y nuestra mate aún no aparece
—No lo sé. Tal vez debemos aceptar lo que nuestro padre dice, que ella ha partido de este mundo antes de conocernos y tal vez debemos aceptar unirnos a una loba viuda.
—¡Eso jamás!
Toma el control de mi cuerpo. Mi ropa se rompe en miles de pedazos y corre por el bosque verde y húmedo, aullando como un lobo feroz.
Mar del plata
—¡Micaela, hija! Te preparé un cubrecamas por si tenes frío en las noches.
—¡Mamá, estamos en verano!
—Lo sé, pero en las noches en el mar Atlántico refresca mucho.
—Mamá, me voy a mudar al centro de la ciudad, al departamento de papá. ¡Está a solo treinta minutos en auto!
—Lo sé. No sé cuándo creciste tanto —suspira.
—Mamá, tengo diecinueve años, jajajaja.
Vivo con mi mamá, Marta, y mi hermano Julio. Papá vive en la ciudad de Buenos Aires desde que se separó de mi madre y tiene un departamento frente al mar, en pleno centro, que solo usa cuando nos viene a ver. Conseguí trabajo a solo dos cuadras del departamento. Es por eso que mis padres han decidido que me quede allí.
Es que el trabajo es en una pizzería y, como es una ciudad turística, los lugares para comer cierran a las tres de la mañana. Sí, lo sé, los Argentinos comemos a todas horas del día.
La casa de mi madre está en la zona sur de la ciudad, a las afueras, un barrio poco habitado. Nuestros vecinos están a una cuadra y, si camino al mar, llego a una zona de barrancos vírgenes. De noche es muy desolador y debo bajar en el transporte público en la ruta (carretera), frente al mar.
Porque tenemos un solo auto y mamá es enfermera en el hospital regional. Tiene que manejar un buen tiempo para llegar a él. En cambio, mi hermano tiene una moto. Julio tiene treinta años y trabaja en un bar de músico. Toca varios instrumentos, es soltero y sigue viviendo con mamá.
¿Cuándo se irá de la casa? Dice que nunca se va a casar.
Dejo todo arreglado para irme a mi nueva casa, que es solo por la temporada de verano. Por ese tiempo firmé el contrato en el trabajo. En el invierno regreso a estudiar.
—Mamá, antes de irme voy a sacar a dar una vuelta a Sultán.
—¡Ok! Tené cuidado de que no se te escape en la ruta (carretera).
Salgo al patio y le coloco la correa a mi ovejero alemán. Amo los perros y a él lo adopté de un refugio. Aunque parezca tonta, irme me da pena por él. Espero que Julio lo pasee a diario.
Salimos del barrio y cruzo la carretera. Llego directo a mi lugar favorito en la ciudad: la barranca de los lobos. El lugar es mágico y tiene una vista magnífica. Se eleva a veinte metros sobre la playa y se extiende a lo largo de la costa, ofreciendo una impresionante vista del océano Atlántico.
Desde aquí veo las rocas sedimentarias que han sido erosionadas por el mar y el viento. Aún se ven las ruinas de la vieja escalera de piedra que cuelga en el aire, erosionada por el mar. Desde aquí, el cielo parece fundirse con el mar azul.
La típica vegetación de la zona le da un toque misterioso al lugar al que pocos se atreven a llegar hasta aquí. Sultán ladra y sé lo que quiere, así que lo libero de su correa y este corre por el verde.
Yo abro los brazos contemplando la inmensidad del océano y dejo que el viento golpee mi rostro, pues es una zona muy ventosa. Acá puedo sentir la magia de sentirme viva. Siempre amé esta hermosa vista. Tiene algo que me cautiva. Aquí me siento única.
Los ladridos de Sultán me sacan de mi ensoñación.
—¿Qué pasa, amigo? —camino a su lado.
Este ve abajo, hacia la playa, que es muy angosta y muy rocosa. Aquí está prohibido bañarse por la ferocidad del mar en esta zona. Me asomo y veo a alguien tirado en las rocas.
—¡Por Dios!
Yo y mi estupidez de no traer el teléfono. Le coloco la correa a Sultán y lo amarro en un árbol. Busco por dónde bajar, ya que la escalera está en ruinas y sería un suicidio bajar por allí.
Tomo unas viejas sogas que alguien colocó, supongo que pescadores de la zona, y comienzo a bajar veinte metros exactamente.
Salto y voy donde está la persona, pero al girarla me doy cuenta de que está muerta. Mi cuerpo se paraliza y un frío recorre mi espalda al darme cuenta de que tiene dos orificios en su cuello.
—¡Qué carajos! —digo, parándome rápidamente.
Miro para todos lados y lo único que me rodea es la inmensidad del mar. Miro para arriba y escucho cómo Sultán ladra como loco, como avisándome de algo.No puedo dejar de sentirme observada, así que corro por donde descendí y comienzo a subir.
Una vez arriba, voy por mi amigo y corro hasta casa, avisándole a mi madre lo sucedido. Esta llama a la policía.
—Al parecer era un indigente que dormía en las calles. El pobre hombre se ahogó y el mar lo sacó acá —dice el policía.
Mi madre asiente y no sé por qué, pero no creo ni una palabra de lo que dice.
Luego de darme un merecido baño, mi madre me lleva al departamento, el cual comienzo a ordenar. Mañana comienzo a trabajar y no tendré tiempo para esto.
Quiero dejarlo todo listo y, aunque solo es ordenar mi ropa y algunas cosas que traje, porque el departamento ya está amueblado, mientras ordeno todo, el recuerdo de ese pobre hombre llega a mi mente, erizándome la piel y, una vez más, no puedo evitar dejar de sentirme observada.
Es como si un fantasma estuviera acechándome.
Miro para todos lados y no veo nada. No sé por qué, pero no me puedo sacar de la cabeza la imagen de ese pobre hombre entre las rocas, sin vida.
—Debes dejar de ver tantas series de terror —me digo a mí misma.
Narra Julio
Llego a mi nuevo trabajo y preparo mis instrumentos. El dueño es italiano, un hombre muy extraño. Siempre viste de traje y un pañuelo en el cuello. Es muy elegante y educado, casi pareciera de otra época.
Es un bar de copas, o sea, trabajan chicas de la noche. Así le gusta llamarlas a Fabrizio. La verdad, yo no me meto en ese asunto. Toco lo que me piden, generalmente tango, porque el lugar está caracterizado en esa época. Recibo mi paga y me voy
Pero hace un mes ha llegado una chica nueva y ella tiene algo especial. Se hace llamar Ivonne, sí, como el tango...
Mi dulce Ivonne
Con su mirada tímida pero penetrante
Y su aroma tiene algo que no sé qué me hace. Siento que me embriaga de una forma, envolviéndome y llevándome a otro sitio.
Sé que ella es diferente de las demás y daría lo que fuera porque me correspondiera. No me importa que sea una mujer de la noche. Si estuviera entre mis manos, la tomaría y saldría con ella de aquí, llevándola lejos. Ella despierta en mí una incesante necesidad de protegerla.
Pero solo debo conformarme con observarla desde lejos, porque ellas son solo de los clientes que pagan una fortuna. A este lugar no viene cualquiera, solo hombres de mucho dinero y, para ser sincero, son muy extraños. Así que evito tener contacto con ellos.
No me gusta cómo me ven. Ven a todos con superioridad, como si ellos fueran inmortales e intocables por ser ricos.
Muevo mi cabeza, negando, y río por lo bajo.
—¿Qué es lo que te causa risa?
Levanto mi cabeza y mi cuerpo se tensa. Paso saliva y contesto
—¡Pensaba en algo tonto! —digo, embobado, mirándola directo a esos ojos de un azul tan extraño que parece mezclado con un gris metálico.
—¡Sí que sos raro, Julio! —sonríe.
Y, de pronto, se toma la cabeza con ambas manos y cierra sus ojos.
—¿Estás bien? —digo, sosteniéndola.
—¿Qué está pasando aquí? —dice madame Margot.
Ella es la que ordena a las chicas.
—¡Se siente mal!
Ivonne levanta la cabeza y abre los ojos, y es allí cuando veo que cambian a amarillos. Cierro mis ojos confundido y la madame la toma rápidamente de un brazo.
—Querida, creo que debés descansar esta noche —la lleva lejos, haciéndome seña de que me aleje y regrese a mi trabajo.
Creo que estoy enloqueciendo. Sí, debo estar bien piantao. Se me soltó un tornillo. No puede ser que los ojos de Ivonne cambien de color.
Debo dormir más. Mamá tiene razón. Y es que en noches de luna llena me desvelo observándola desde la ventana de mi habitación. Siento como un llamado, algo que se forma desde lo más profundo de mi pobre y abatido corazón.
Porque me lo han roto y jamás volveré a amar así.
Hola querida lectores espero les guste está historia , quiero decirles que estas ciudadades y lugares existen . La barranca de los lobos está en Mar del plata mi ciudad favorita en la vida la cual voy todos los veranos. Piantao es loco Julio es tanguero voy a dejar abajo el significado si dice algo en lunfardo








