El Destructor del Tiempo

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Summary

Maximiliano R. Mars es un joven, cuya edad no se menciona, que tiene un problema bastante serio con cualquier figura de autoridad. En un arranque de celos se revela contra su tutora y, robando su máquina del tiempo portátil, se adentra en los misterios de los viajes en el tiempo con un solo objetivo: demostrarles que no deben meterse con él. Durante sus viajes irá sembrando la discordia por doquier y paradojas de las cuales no lleva cuenta, pero no todo va a ir según sus planes pues hay personas que intentarán detenerlo mientras que otros lo querrán de su lado para sembrar el caos y la destrucción a su conveniencia. Aprenderá por las malas que no se juega con el tiempo, se enterará de cosas de más que desearía olvidar para siempre, y su vida correrá peligro vez tras vez no solo para él puesto que todo lo que haga tendrá una consecuencia en el futuro.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Cuando Conocí a Mozart

Alrededor del año 1778


La primera vez que caí en el hecho de que estaba en un año que se suponía no debía estar por motivos de que no me siento cómodo sin las cosas que solía tener en mí presente.

Tal vez esté diciendo las cosas de forma incorrecta en este momento pero te ruego tenerme paciencia, el viaje me ha dejado algo atontado.

No tenía muy clara mí visión de lo que quería hacer en ese momento, así que me tomé el tiempo de pasear por el lugar.

Siempre me ha gustado la música clásica, mamá solía escucharla con la esperanza de tener un hijo prodigio o algo así, pero no sé por qué le salió mal la jugada.

Me distraigo con las cosas más simples, eso es un hecho. No estoy muy seguro de las cosas de mí pasado, mí tutora no me ha querido contar nada acerca de eso, sólo dice que mí padre murió cuando nací y que mí madre era una gran persona que daría lo que fuera por cuidar de sus allegados.


"... Jugar con el tiempo solo puede traer más desgracias. Nadie sabe cuál puede ser el alcance de nuestros intentos por eludir nuestro destino."


No estoy muy seguro del idioma que usan las personas de la calle, pero al parecer no me miran con buena cara, ¿será por la ropa que estoy usando? No lo creo, estoy vestido como ellos. Tampoco es que haya salido de la nada, ellos aparecen más ocupados en lo que están haciendo que en mí.

En mí opinión personal, las calles apestaban un poco, creí que al ser el pasado el ambiente estaría menos contaminado, es todo lo contrario.

En cierto momento me crucé con un sujeto que se hacía llamar Salieri, pero al parecer mí cara delataba que no le entendía nada de lo que estaba diciendo, por lo que comenzó a tantear distintas cosas en varios idiomas hasta que dió masomenos en el blanco, dijo algo en un inglés básico-antiguo.


—De todas formas

—cuestionó—

, ¿qué hace un joven como usted por aquí?


Calculé que masomenos me doblaba la edad en ese momento pero a él no parecía importarle ese hecho, se veía más interesado en tratarme como a un adulto joven que cómo a un niño, lo cual me hizo sentir extrañamente entendido en aquel momento.


—Bueno yo... Sólo estoy de visita

—le respondí con cierta duda.


Él se quedó observándome unos momentos tratando de averiguar a qué me refería exactamente porque, claro, los dialectos no son los mismos cuando hay más de tres siglos de diferencia.


—Oh, sí, puedo notar que no eres de aquí, ¿qué fue lo que te llamó la atención de este lugar?


Muchas de las cosas que decía no podía encontrar una equivalencia que pudiera entender, las traducciones literales que hacía para mí mismo no servían de mucho (odio el inglés, siempre lo odié; algo bastante contradictorio) por lo que Salieri llegó a la conclusión de que tal vez yo era un iletrado sin remedio.


—Bueno, la música de aquí es muy interesante.

—Oh, veo que puedes ser alguien de cultura, ¿te deleita la música del piano?

—Sí, así es. Escuché que hay un pianista bastante talentoso llamado Mozart-

—Mozart, ¿a eso llamas talento?

—exclamó con voz alta a fin de interrumpir lo que iba a decir—

, él no sabe lo que es música de verdad.

—¿Por qué lo odias?

—Solía ser mí amigo hasta que esparció el rumor de que le copiaba las canciones.

—Interesante... Cuéntame más, por favor.

—Desearía poder hacerlo pero va a caer la lluvia. Además, ya me has amargado el día lo suficiente.


Eso fue extraño. Los libros de historia que me había mostrado mí tutora decían en sus páginas que Mozart y Salieri eran enemigos desde hacía mucho, no mencionaban nada de que fueran amigos en algún momento.

Lo que había dicho Salieri sobre su opinión de Mozart me había puesto a pensar, ¿por qué una persona hablaría mal de un amigo? Tal vez era tiempo de buscarle cierta justicia al pobre hombre.

Al caminar me topé con el lugar en el que Mozart solía tocar para la gente. A pesar de la lluvia que se avecinaba, las personas estaban reunidas escuchando al compositor tocar algunas de sus obras. Era un gran talento, un niño prodigio solían llamarlo a pesar de que en mí tiempo cualquier chico que se lo propusiera podría tocar mejor que él.

Estaba tan distraído escribiendo en una hoja con mí lápiz que no me di cuenta de que todos ya se habían ido excepto él. Se acercó a mí y parecía haberse alegrado de verme escribir una partitura.


—Oh, ¿otro compositor es lo que veo?


Tardé un rato en adivinar lo que decía, él se dió cuenta de mí dificultad y reformuló varias veces la misma pregunta de distintas formas hasta que se aseguró de que le entendiese.


—Eh... Sí

—dije titubeando—

, algo así .

—¿Por qué no vienes conmigo? Estoy seguro de que no tardará en llover pronto. Además podríamos tener una conversación de músico a músico, no conozco a muchas personas como tú que tengan el mismo entusiasmo que yo; excepto a ese chico Murphy.

—¿Murphy?

—Phineas Murphy, no sé si lo conoces, también es un joven prodigio.

—No, no he escuchado de él antes.

—Bueno, no es importante... Ven, se hace tarde.


Era un buen tipo, me atendió bien; más bien su servidumbre, pero era un mero elemento de mí plan maestro. Debo pedir disculpas, ¿o tal vez no? Realmente no lo lamento tanto por él, ha difamado a Salieri y es hora de que pague por eso.

Por eso es que, cuando vi a Salieri de nuevo, le entregué sin más una de las que sería en el futuro una de las composiciones famosas de la música clásica:

"Rondo Alla Turca"

más conocida como

"La Marcha Turca"

.

Le entregué a Salieri la partitura que debía tocar con su piano en el momento que su popularidad estuviera cayendo.


—¿A qué te refieres con que mí popularidad va a caer?

—dijo Salieri.

—Tú hazme caso

-le contesté.

—De acuerdo... Confiaré en ti porque fuiste un buen amigo, Mars.

—Max, sólo dime Max, amigo mío.


Sabía que eso iba a cambiar en algo la línea del tiempo principal, pero no me importaba cuánto.

Luego de este suceso me dirigí a un lugar apartado tratando de averiguar cómo funcionaba el reloj.