El ABC del amor

Summary

Luego de veinte años de matrimonio, Izuku se descubre delante de la puerta de su casa, viendo como la madre de sus hijos se va con maleta en mano.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

En una reunión de jóvenes probablemente la primera opción sea un bar, seguido de una sala de juegos, un cine, plaza o cualquier sitio de comida rápida. Para el mundo de los adultos es bastante diferente.

Si tienes al menos un hijo no puedes darte el lujo de gastar innecesariamente en un Mc Donalds, Burger King o Little Cesar, más cuando ese pequeño es demasiado menor con deseos de que su dieta se base en comida procesada si lleva una mala alimentación. Si sólo estás casado, habría que medir la vara de celos, pero de algo es muy seguro; a nadie le gustaría enterarse de que tu pareja sentimental estaba en un bar bebiendo hasta caerse de culo. Ya no están en la edad de irse de juerga, de jugar en las pequeñas estaciones de feria, incluso de asistir al cine porque siempre habrá alguien que no entienda la película del momento. Diferentes tiempos, mismos problemas.

Para personas como él, cuarentones, algo barrigudos por la dejadez y entradas que lentamente se hacen ver en el cabello, la mejor opción es rentar un lugar. No cualquiera, porque no están en posición de hacerlo. Casados, con hijos o no, lo mejor es ahorrar. Los jóvenes prefieren vivir el momento; los adultos prefieren tener un algo dónde caerse muertos.

Así que ahí está, un local de comida casera que ofrece descuentos los viernes por la tarde. Tampoco están en posición de estar bastante de noche. ¿Qué dirían las esposas, los maridos, los hijos rebeldes, las hijas consentidas y los bebés? Además, está el asunto de la inseguridad. Uno ya no está para esos trotes de salir corriendo cuando de pronto te cierran el camino mientras andas por la banqueta.

Tampoco es que sea tan malo el sitio; tiene servicio de wifi gratuito si deseas que te roben tus datos personales, porque ya ser víctima de algo se las ingenian esos patanes como sean. Bien dicen que si le das un libro a un hombre este se vuelve letrado, así que dale una computadora a un ladrón y acabas en la cárcel de Suecia con un jabón metido en el culo por lavado de dinero por una cuenta de criptomonedas que jamás empezaste.

Quizá divaga, ni siquiera sabe de criptomonedas, pero desde que su hija Rin dijo tener un bitcoin quiso informarse. Quiso, del verbo querer, de significado no entendió.

—Oye, Izuku —habla Tenya, uno de sus amigos en la UA con el que sigue teniendo contacto. Al menos lo ha sacado de sus pensamientos—. ¿Crees que lleguen todos?

—Ya sabes como es esto; cada año pasa algo, se suspende, pospone, adelanta..., di que se pagó entre todos para estar aqui —contesta entre risas, teniendo el borde del vaso de agua de limón con pepino sobre los labios—. Se supone que Momo debería de haber llegado... Es tu esposa después de todo.

—Decidí llegar antes y cerciorarme de que todo estuviera en orden, además ella tiene su propio auto, puede llegar sola.

—Es tu esposa, amigo, si sigues así probablemente te vuelvas el segundo divorcio. —Bebe del vaso.

El comentario no le agrada a Tenya, quien arruga el entrecejo y le da un pequeño golpe en el brazo—. Me lo dice quien llegó sin Ochako.

Qué juego tan sucio. Decide devolverle el golpe, aunque con el codo, en punta, haciendo que el gesto de desaprobación por parte de Tenya lo haga reír, algo que contagia al de lentes y acaba haciendo lo mismo.

—Tendré que cuidarme de ti para que no te cases con mi exesposa, claro, si es que Ochako y yo decidimos divorciarnos.

El comentario tan inoportuno de Izuku queda en el aire, tras escuchar que las puertas se abren para mostrar a los recién llegados.

Carajo, es la mujer de Tenya (y Shoto, ujum) junto a quien compartió cama hasta que decidió que ya no podía más.

Ochako es la clase de mujer que cualquier hombre desearía.

Hermosa, tetuda y caderuda, tiene un par de nalgas en las que podría dormir toda la vida, un rostro bendecido por labios carnosos a los que les ha dedicado besos apasionados y, sobre todo, tiene unas lindas manos con dedos cortos que le parecen de lo más adorables.

Es la mujer de sus sueños.

La mira caminar a la mesa continua, de acercarse a otro de sus excompañeras que beben mientras esperan algo de comer, dado que la cocinera del lugar llegó tarde y lleva bastante atrasada. No, más bien, retrasada.

Ni eso pueden hacer bien las pinches mujeres.

Ochako está sonriendo tanto como no lo había hecho desde semanas atrás, al menos no delante de él cuando aún dormían juntos.

Bebe un poco y cuando ella voltea, desvía la mirada a Tenya, quien conversa sobre quién sabe qué, dándose cuenta que todo ese tiempo nunca su comentario estuvo en el aire y que él estaba totalmente disociado, por no decir, pajareando.

Ah, esas palabras que dicen sus hijos definitivamente están apareciendo en su vocabulario. Al menos no usó léxico para referirse a ello.

—¿Qué opinas? —La pausa le indica que es su turno, aunque claro, la sonrisa de Tenya le dice que tuvo que prestar demasiada atención porque lo va a matar si no dice algo acorde a la conversación.

Intenta parecer no tan estúpido—. Creo que sí.

¿Sí a qué? Quién sabe, pero Tenya sigue sonriendo, así que debe de ser algo bueno, ¿no?

—Entonces... —Tenya arrastra su silla hacia atrás, levantando la mano a alguien, como si le indicara que se acercara. No, lo está haciendo, así que decide voltear a ver de quién se trata—. ¡Bakugo, por aquí!

Y ahí está.

Katsuki Bakugo... el único hombre que ha conseguido agitarle el corazón.

Bueno, fue de muy joven, tenían quince y ese beso no significó nada, simplemente eran las hormonas de la adolescencia y... y... ay, Dios, se está acercando, está haciendo la cara que más le atrajo en la adolescencia; alzar la ceja con mal humor.

Decide beber más cerveza, aunque no debería, eso de estar tomando le está haciendo mal, por culpa de la maldita bebida y de no haber follado con su mujer en tiempo definitivamente le está volteando los papeles, una muy mala jugada que puede desencadenar a malas decisiones, consecuencias que no desea pagar y... ay, madre de Dios, acaba de poner la mano en el borde del respaldo de su asiento. Ni siquiera lo mira, mas que nada porque no se puede, qué tetas.

—¿Tenías que gritar? —expresa con ese tono ronco que se ha añejado como el vino, madre de Dios, como dijera Kirishima en su época de estudiante...

—¡Katsuki, qué masculino eres!

Voltea, el pelirrojo, ya no pelirrojo porque más bien morocho, se acerca, agitando la mano en saludo con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Otra vez con eso?

—Hace tanto que no nos vemos, Katsuki. —Juega, alzando la mano haciendo que el rubio la tome, dando un estrechón que acaba con palmadas en la espalda—. Qué fornido, qué musculatura, pasa rutina.

—No has cambiado nada, pelo pincho. —Y le sacude el cabello, como en los viejos tiempos.

Ya lo recuerda.

—Tú tampoco, Katsuki —y detrás del rubio, sosteniendo su menuda cintura, está el exesposo de la actual esposa de su amigo Tenya, compartiendo miradas con el mencionado—. Es como si los años no pasaran en ti.

Sí, sí que recuerda aquel entonces.

—Ni en ti porque veo que sigues creyendo que somos el uno para el otro. —Retira sus manos, haciéndose a un lado mientras rueda los ojos—. Escuché que te casaste.

—Me puedo divorciar si me aceptas.

—Que no Todoroki, yo no soy gay.

Sí, bien que recuerda.

Toma algo de cerveza otra vez, aunque bien puede ser dicho como acabarse todo el contenido de un solo sorbo—. Qué bueno verte de nuevo, Bakugo —dice más despejado, tranquilo, sacando esos pensamientos intrusivos homosexuales que estaban bastante bien muertos antes de la llegada del rubio.

—Diría lo mismo —expresa mientras los observa con indiferencia—. Pero qué se le va a hacer, no molesten con sus homosexualidades, idiotas. —Bueno, eso último parece ir para Todoroki, quien aun si el rubio camina a una mesa libre, lo persigue junto a Kirishima.

Platicando, riendo, compartiendo lugar mientras están ajenos al resto, como siempre, como en aquellos días.

—¿Para eso lo llamé? —dice Tenya mientras se vuelve a sentar, pidiendo por detrás otra ronda de bebidas.

—¿De qué hablas?

—Hablo de Bakugo, menso ignorante.

Segaspatea(palabra que aprendió de sus hijas) y le mete otro golpecito. Ahora entiende la conversación anterior, bueno, mas o menos, porque eso siempre es así.

Levanta la mirada, sorprendiendo a Ochako quien estaba volteada a verlo, haciendo que esta se tense y le de la espalda bastante roja.

Ja, bueno, eso de la separación será bastante corto.

—¿Y como por qué estás haciendo esto?

Tenya suspira—. ¿No te quedó claro de lo que dije? —Ni prestaba atención, pero se limita a negar con la cabeza, a lo que el de lentes resopla—. Pues quiero que se arreglen, dijiste que sí, estabas de acuerdo.

—Sí, pero no ahora —responde de inmediato, siendo interrumpido por una mesera de buen culo que les deja las bebidas. Sí, bueno, por el mal rato se le quedó viendo a ese par de posaderas, igual Ochako está durmiendo en casa de sus padres quizá, si ella no quiere, bueno, es hombre y tiene necesidades.

—Yo te pregunté “¿Qué te parece si le hablo?” y como no respondías te repetí “¿Qué opinas?“, fue ahí donde dijiste que sí.

Ay, madre santa, se da tremendo golpe en la frente—. Sí pero no me refería ahora, ya, ahora.

—Oh.

—Sí, oh.

Y pica su maki sin querer con el palillo, arruinando más su juntada.