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Bækhyūn
—¿Ese es él? —Kyûngsōō pregunta mientras se acerca detrás de mí para mirar mejor.
Su largo cabello plata cae sobre un hombro mientras mira el reflejo del lago. Es como si nunca hubiera visto al hombre en cuestión.
Todo el mundo sabe quién es el Rey Chånyēøl.
Bueno, si eres de la realeza lo sabes.
Ahora, no hay nadie vivo de la realeza que no sepa quién es él, porque está decidido a tomar un esposo.
Un esposo de su elección, y yo he sido elegido.
Es el destino de alguien con mi linaje. No puedo elegir con quién puedo casarme, así que cuando a mi familia le presentaron el acuerdo, fue decidido a puertas cerradas, y los papeles fueron firmados.
Soy oficialmente el prometido del Rey, y eso es todo.
Miro a mi futuro marido, y es obvio que Chånyēøl es un líder nato. Irradia de él en ondas imponentes. Puedo incluso sentirlo a través del agua del lago.
Aunque no estoy seguro de sí debería estar sentado en un trono o dirigiendo un ejército de Dragones a la batalla. Por la mirada en su rostro, pensarías que es un guerrero.
Es puras líneas y ángulos feroces. El hombre mide más del metro noventa.
En su imagen incluso sobrepasa a algunos de su propia seguridad. Su cabello es oscuro como la noche y le llega a los hombros, pero no sirve para ocultar sus ojos, los cuales son iguales de negros. Tampoco es esbelto. Es robusto y ancho.
Y puedo ver porque el público lo ha apodado La Muerte.
Él irradia fuerza y poder, y mi mano está temblorosa mientras doy a la siguiente imagen.
—Kyûngsōō. No puedo casarme con él —imploró a mi hermano.
Ni siquiera sé por qué he sido elegido sobre él. Kyûngsōō es a quien los hombres acuden en manada. Su belleza inhumana ilumina la habitación. Yo no parezco de mi familia. De alguna forma terminé midiendo poco más del metro sesenta con cabello negro, ojos azules y la piel más pálida, caderas anchas y cintura delgada. Mi hermano, por otro lado, como el resto de mi familia, mide casi metro setenta, tiene largo cabello plateado, profundos ojos verdes y una piel que parece que el sol la besara todos los días. Cuando usa túnicas sus piernas resaltan, sus caderas afiladas son bellas y su cintura ancha es una "Delicia", según los hombres.
Destaco de una forma que no me gusta. He sentido que no pertenezco desde el nacimiento, pero Kyûngsōō nunca me haría sentir de esa forma.
Envuelve sus brazos alrededor de mí desde atrás, ambos todavía mirando la pantalla. —Lo intenté —dice, haciéndome jadear.
Me giro y lo miro. Kyûngsōō está temiendo casarse, probablemente porque mis padres han hablado de su matrimonio desde que pudo caminar. La peor parte es que él ni siquiera quiere casarse con alguien de la realeza.
De hecho, odia la idea. Si dependiera de él tendría una pequeña cabaña en una manada con veinte niños y un hombre lobo por marido.
Sí, un salvaje hombre lobo. Demasiadas novelas románticas y ahora Kyûngsōō está enamorado de los hombres lobo alfas.
—Sabía que no querrías esto. —Niega—. Lo siento, Baek.—
—No puedo creer que hicieras eso por mí.—
—Sabes que haría cualquier cosa por ti. Soy tu hermano mayor. Es mi trabajo. —Toma una hebra de mi cabello—. Estaba esperando que, si aceptaba casarse conmigo en cambio, podría traerte conmigo. Pero para ser honesto, no creo que se lo hayan preguntado. —Camina a mi cama y se deja caer—. Te quiere a ti.—
—Tal vez. Tal vez pueda pedir llevarte conmigo. —Ofrezco.
Si me caso con este hombre y tengo que irme de casa, no sería tan malo si tuviera a Kyûngsōō conmigo. Porque cuando hablo de mi hogar, no me refiero al que mis padres tienen para nosotros. Quiero decir que Kyûngsōō es mi casa. La idea de nosotros separados es algo que no quiero enfrentar.
—Sí, claro.—
Sabía que eso no sería posible antes que las palabras salieran de mi boca. Kyûngsōō es el tiquete dorado de mis padres. Tiene tantas ofertas de matrimonio que hemos perdido la cuenta. Pero mis padres las han rechazado. Nunca son lo suficientemente poderosos, nunca tienen el suficiente estatus o poder.
Kyûngsōō tiene ciento seis años y todavía no se ha casado. Eso no es normal. Yo apenas llegué a la edad del matrimonio. Pensé que tenía más tiempo e incluso pensé que nunca me lo pedirían. Había esperado simplemente ir donde Kyûngsōō fuera.
Pero para mi sorpresa, y la de mis padres, fui elegido.
Y por alguien con mucho poder y riquezas.
Vuelvo a mi lago, obligándome a mirar a mi futuro. No solo Chånyēøl es intimidante, se dice que gobierna con mano de hierro. Miro imágenes de él y no encuentro ni una donde esté sonriendo.
Su rostro siempre es serio y estoico, incluso de niño con su madre y su padre.
No sé cuánto tiempo miro las fotos cuando Kyûngsōō me interrumpe. —¿Quién es esa? —pregunta, y salto. Ni siquiera lo sentí acercarse detrás de mí.
—La princesa Yu Jimin —digo, mirando la imagen—. Parece que están en una cita en algún baile. Es bonita —murmuro, sintiendo una punzada de celos porque mi marido; futuro marido, corrijo; estaba con una mujer hace apenas un mes.
—Nah —dice mi hermano restándole importancia—. Quién sabe si de verdad es bonita una vez limpias toda esa mierda en su rostro.—
Me río. —¿Por qué no se casó con ella?.—
—Tal vez le quitó todo ese maquillaje y salió corriendo. Tal vez es molesta. Tal vez mastica con la boca abierta. Quién sabe.—
—Pero se va a casar conmigo sin conocerme. ¿Y si yo hago todas esas cosas? puedo hacer todas esas cosas. —Me giro en mi silla—. Llenar de maquillaje mi rostro, llenar mi boca de comida para que pueda ver cada pedazo. Y ambos sabemos que mi risa es lo peor. —
—Es bastante ruidosa —acepta Kyûngsōō, sonriendo.
No es que suene divertida, es solo ruidosa. Muy ruidosa. Tal vez un poco contagiosa, también, porque un par de veces he empezado a reírme, y luego Kyûngsōō y yo estábamos riéndonos por mi risa, y eso seguiría por minutos.
Vuelve locos a mis padres, lo cual es un bono añadido. Los ojos de Kyûngsōō brillan ante una idea. —Él va a venir a cenar.— Mis hombros caen. No sé por qué está emocionado por eso. —Tal vez puedas hacer el ridículo. ¡Hacerlo darse cuenta que no eres lo que él quiere! —Kyûngsōō salta, y puedo ver su plan ponerse en movimiento.