Ligera y Agridulce

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Summary

Sin lograr ninguna relación significativa en sus primeros años Hotaru se enfrenta al instituto con una inseguridad que intenta esconder evitando las interacciones que pudiesen resultar fallidas...

Genre
Drama
Author
Alice Woods
Status
Ongoing
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

Nada nuevo bajo el sol: Capítulo 1

Su imagen en el espejo del recibidor no le pareció del todo detestable, fue algo más allá de la simple apariencia lo que esa mañana comenzó a incomodarle.

El cielo estaba más azul de lo habitual, fue su primera impresión al salir de casa, soplaba una brisa que indicaba que el frío del invierno se iría pronto para dar paso a la primavera, una de sus estaciones favoritas, a pesar que como cada año Anne no tuviese tiempo para llevarla a ver el florecimiento de los cerezos.

Era una escuela bastante grande en comparación a sus otros institutos, un par de edificios para las clases, la biblioteca y el área de dormitorios donde se hospedaban los alumnos del internado, todas las áreas rodeadas de vegetación, tal vez otra de las razones por la cual la había elegido, en un lugar así no sería difícil encontrar donde refugiarse de las interacciones sociales innecesarias.

Desde su lugar en el salón observaba con cierta curiosidad como los primeros grupos y amistades comenzaban a forjarse. Era innegable la curiosidad que le había causado aquella presencia desde el primer día. Camina hasta su rincón del salón sin saludar a nadie hasta encontrarse con la chica de rostro pálido y melena oscura, su cabello castaño claro, casi rubio, se mecía al son de sus pasos, y su imagen abrumadoramente angelical de tan sólo verla le daba cierta emoción a su día. Aun así, se sabía socialmente inepta, evitando cualquier interacción a toda costa.

Con dos avisos por parte del profesor titular debería encontrar cuanto antes un club al cual integrarse o sería designada a uno de forma aleatoria. El afiche afuera de la sala de profesores enumeraba los clubes donde aún habían vacantes, entre ellos destacando los artísticos y deportivos.

Se había pasado la semana pensando en sus habilidades, y aunque nunca había intentado algún deporte tal vez aun estaba a tiempo de mejorar su penoso estado físico, y prefería asegurarse de que fuera un club sólo para chicas. Quiso pedir el formulario para natación cuando una chica de complexión atlética se le acercó llevándose consigo sus intenciones. Aunque había tenido algunas inquietudes respecto a su cuerpo no era su idea lucir como alguien fuerte.

Avanzó hacia el patio trasero cruzándose con los primeros alumnos, todos parecían bastante alegres y animados, hubiese deseado tener la misma energía. Desde pequeña, había sido tímida y un poco cobarde, situación que no estaba segura si ahora sería capaz de revertir. Con esfuerzo evitaba pensar en las efímeras y superficiales amistades que había hecho en secundaria, por lo que no tenía muchas personas con quien hablar ni sabía cómo hacerlo ahora que se encontraba rodeada de impredecibles desconocidos.

Terminando su casi inconsciente reflexión que, por lo demás no le agradaba, miró el reloj en su celular, siendo casi la hora de entrar a clases.

Caminó a paso lento ansiando la hora de salida, prepararía una deliciosa cena para cuando su madre estuviese de vuelta. Sonreía con cierta ilusión cuando su pie derecho se enganchó en una rama haciéndola caer de rodillas, por suerte no había nadie que pudiese notar su torpeza. Se limpió los restos de gravilla que se le habían quedado en las piernas observando sin mayor preocupación las gotas sangre en sus rodillas. Miró la rama maldiciéndola en silencio y al intentar cortarla un grupo de enredaderas se deslizaron dejando al descubierto una estrecha cerca de madera justo entre los ladrillos. Por segundos sintiéndose como la afortunada protagonista de un cuento infantil empujó la puerta, que sin cerradura, se abrió con un leve crujido.

Con el corazón acelerado y cerciorándose que no hubiese nadie entró cubriendo otra vez la puerta. El aroma húmedo inundó su nariz y con cuidado bajó los mohosos tres únicos escalones en semicírculo para quedarse parada observando el pequeño y frío verde paraíso.

Lo primero en llamar su atención fue un enorme árbol en medio del césped, hacia el lado derecho un pequeño farol de concreto. Las paredes de ladrillo que lo separaban del exterior estaban cubiertas con un poco de moho y rodeadas por enredaderas, incluso más frondosas que por el otro lado del muro, a nivel del suelo pequeños arbustos con flores de diferentes colores. El piso desprovisto de césped estaba cubierto de una gravilla fina formando un camino que se bifurcaba antes de llegar hasta el fondo. Las ramas más grandes se mecían con suavidad al paso del viento con esa exquisita sensación de calma.

Hipnotizada recordó que había sonado el timbre hace unos minutos. Corrió con todas sus energías hasta el edificio, y subió las escaleras hasta su salón. Por suerte era la clase de ciencias, sólo gracias a su particular interés y empatía por la materia el profesor le regaló una sutil sonrisa dejándola pasar, no obstante, se avergonzó al notar que algunos parecían comentar su torpeza. Antes de decidirse en caminar a su lugar otra presencia llegó a sus espaldas llevándose por suerte esa atención que tanto le incomodaba. Lo miró de reojos, era quien se sentaba en el puesto contiguo, llegaba tarde y se dormía casi todas las clases. Con esos antecedentes el profesor le prestó poca atención.

A pesar de lo predecible y aburridas que le eran la mayoría de sus clases en pocos días de visitar el solitario jardín acabó dándole un poco más de emoción a su autoproclamada insignificante existencia. Esperaba con cierta ansiedad el descanso y ya se había encargado de hacer una limpieza superficial, convenciéndose en que haría de ese su secreto lugar. Analizando el grosor de las ramas de maleza concluyó en que sería una buena idea conseguir unas tijeras de podar en esas tiendas de cien yenes.

Miraba desde su lugar el cielo a través de las cortinas escuchando como la mayoría de sus compañeras hacían planes para el fin de semana cuando entró la profesora de física y después de apenas saludar dio las instrucciones para un trabajo grupal, situación que abruptamente la devolvió al presente. Algo en su pecho se había remecido de forma desagradable al ver cómo sus compañeros comenzaban a reunirse.

Tras unos minutos se acercó a la profesora para pedirle trabajar por su cuenta, quien se quedó viéndola con una sonrisa incrédula, e indicó un par de chicas casi al final del salón. Las miró de reojos asintiendo a duras penas.

Avergonzada tomó su cuaderno de apuntes y se acercó con lentitud mientras a quien había identificado como la acompañante se quedó mirándola interrogante y murmuró con una voz mucho menos aguda de lo que esperaba.

- ¿Estás sola?...

Antes de poder responder la examinó con detención, su tez de un tono blanco casi perlado hacía un hermoso contraste con lo largo y oscuro de su cabello. Su mirada aguda casi le pareció intimidante.

- ...¿no tienes grupo?- insistió.

-…no- respondió en un ahogado susurro.

- puedes venir con nosotras – musitó su compañera con expresión amable.

Hotaru, vislumbrada por su largo y sedoso cabello claro, se sentó frente a ella con ese placer que le provocaba poder analizarla. Frente amplia adornada con un ligero flequillo, rostro pequeño y de facciones delicadas, ojos grandes color miel, que denotaban una amigable mirada. Era como ese tipo de mujeres europeas que sólo había visto en revistas.

- Soy Miu – su sonrisa hizo al fin pudiera bajar la guardia- ¿cómo te llamas?

- Hotaru ... – respondió en segundos, hubiese querido que su voz sonara tan suave como la de ella.

- ella es Yukari- agregó sin que su amiga levantara la mirada.

La profesora entregó un par de hojas para responder el trabajo, la chica de cabello negro dividió las tareas e intentaron trabajar en silencio. Miu fue la primera en terminar, ya que tenía los ejercicios más fáciles y desde ese momento no paró de hacer comentarios respecto a las nuevas tendencias de moda, aunque hubiese querido poner atención no pudo entender del todo, pero a su amiga parecía no molestarle.

- ¿Tienes lista tu parte?- se acercó a Hotaru, quien asintió avergonzada al sentir de ella un suave aroma floral.

En ese momento la profesora exclamó que sólo quedaban algunos minutos para el descanso, Hotaru, volviendo a la realidad, notó que aun les faltaba casi la mitad.

- Yukari es muy buena en esto, déjala que te ayude- esbozó otra agradable sonrisa.

- ... cl-claro - titubeó deseado también ahora tener una sonrisa así de bonita.

Sólo gracias a la impresionante habilidad de Yukari acabaron a tiempo. Y aunque quiso despedirse Miu indicó que podía quedarse con ellas.

La mayoría de sus compañeros comenzaban a salir, ella dudosa fue en busca de la bolsa donde llevaba su comida y Miu le hizo un espacio en su mesa. Ciertamente era su primera interacción real después de semanas evitando cualquier tipo de contacto.

La comida de Yukari consistía en un pan de melón mientras que la rubia bebía sopa de miso, ambas parecieron sorprenderse al ver su comida, aunque sólo se tratara de una base de arroz con carne y verduras encurtidas. Miu sonrió complacida cuando mencionó que había preparado todo ella sola.

Al preguntarles por sus actividades extracurriculares supo que ninguna asistía a algún club, ya que trabajan durante la tarde.

Tomó un sorbo de té, ahora con el pecho desbordando emoción, los músculos de su cara querían obligarle a sonreír, y suspiró por la nariz. Al parecer eran un par bastante interesante, en extremo diferentes, mucho más maduras que las chicas que había conocido en secundaria, y amables, aunque no hablaran con nadie más que entre ellas mismas.

Miu, como no lo había hecho en mucho rato, se había quedado en silencio y sonreía de vez en cuando con la mirada perdida.

- Deberías ser menos evidente- murmuró Yukari tomando un sorbo de jugo, como si estuviese fastidiada. A pesar de eso volvía a sonreír.

-... Se sienta cerca de ti- se dirigió a Hotaru, ignorándola. Yukari suspiró, viéndola de reojos- tal vez deberíamos hablarle…

Miró a las personas que quedaban en el salón y, ahora, un poco avergonzada, supo que se refería a quien se sentaba en su puesto contiguo.

- te refieres a…- quiso apuntar con el dedo, pero se lo impidió.

-…Yukari es incluso más antisocial de lo que ya parece... – musitó, la aludida sólo se limitó a mirarla con desagrado – y cree que yo debería hacer lo mismo, quién la entiende.

-...y luego no te quejes.

Seguía sin entender sus códigos. Volvió su atención al chico, tan silencioso que casi pasaba desapercibido para la mayoría.

- Apuesto que está aburrido de no tener amigos- sonrió Miu- Yukari...ve a pedirle que almuerce con nosotras...

- tú eres la que no ha dejado de hablar de él... - enfatizó en lo último.

-tal vez sea alguien interesante, las personas silenciosas siempre resultan serlo - volvió a mostrar su atractiva sonrisa, Hotaru sintió también deseos de sonreír.

Y por la forma en como actuaba Yukari, hubiese apostado a que ese chico no llamaba su atención.

- no hay nadie cerca... es una oportunidad- insistió- si no lo haces tendré que hacerlo yo.

- será mejor que no te involucres con nadie- murmuró fastidiada, volviendo la atención a lo que quedaba de su pan de melón.

Hotaru miraba la escena sin entender demasiado, todo daba cuenta que Yukari cuidaba mucho de su amiga.

-…qué opinas- suspiró ahora hacia ella.

Quiso asentir, después de todo ella no sabía que en realidad sus habilidades sociales con los hombres eran casi nulas, pero sólo bajó la mirada.

- veo que ambas son tímidas – suspiró por la nariz.

Hotaru apretó los labios, un poco avergonzada, ya la había descubierto.

- siempre tuve la idea de hacer nuevos amigos en preparatoria- pareció pensativa- eso dijeron en el discurso de inicio ¿lo recuerdan?

- qué tontería.

Por alguna razón, ahora hubiese querido ser de ayuda, era una oportunidad para demostrarse a sí misma que tal como decía Anne, su madre, que ya era tiempo de salir de su burbuja antisocial.

- desde el inicio de clases Yukari no me ha dejado hablar con ningún chico, me quiere sólo para ella- musitó en cierto tono irónico.

Viendo la escena y sin pensarlo demasiado se puso de pie, Miu sonrió de inmediato.

Intentando parecer segura, abrió su mochila viéndolo de reojos. No le había prestado mayor atención hasta ahora, y se sintió confundida al notar que sus facciones y su piel eran incluso más delicadas que las propias, algunos de sus cabellos, largos y de un profundo color negro, descansaban de manera despreocupada sobre su rostro. A pesar de no haber intentado disimular, al parecer, él si quiera notó su presencia. Pero dejó caer algunos lápices de su estuche, instante en que levantó la cabeza, se quitó uno de los audífonos, y al ver la escena un tanto interrogante, se inclinó para recogerlos. Hotaru se avergonzó al sentir sobre ella una mirada incrédula, y aunque quiso recoger el resto él ya los tenía en sus manos.

-...Lo siento – suspiró torpemente deseado que dijera algo, pero sus labios, casi rosados, no se movieron...

- ¿Estás bien?- se acercó Miu ahora llevándose la atención de ambos.

Caminaron de vuelta en silencio. Hotaru sintiéndose un poco tonta, aunque Miu parecía en extremo complacida.

- Eso fue…a propósito ¿cierto?- murmuró Yukari. Miu asintió con la cabeza.

“Al menos ahora sabe que existes”…fue lo último que dijo Yukari hacia su amiga antes que esa tarde Hotaru volviera a su lugar.

La última clase fue de artes, si bien era de sus favoritas, no pudo poner demasiada atención a las instrucciones. Se había obligado a actuar así solo para agradar a alguien, era algo que iba completamente contra sus principios, pero ahora, al pensar en Miu, le resultó placentero sólo la idea de poder hablarle.

A la hora de salida se despidió de ellas con una sonrisa y antes de que el chico de cabello oscuro se pusiera de pie escapó del salón.

Era temprano y podría visitar el jardín, pero una llamada de atención de su profesor jefe le recordó que ya no tenía tiempo para inscribirse en algún club.

El panel informativo ahora indicaba que las opciones se habían reducido y ya no podría meditar si quiera los puntos a favor o en contra.

Caminó rápido hacia la zona de deportes, los alumnos ya se habían reunido con sus diferentes grupos. Había chicas que jugaban béisbol, tenis, futbol, un poco más allá se encontraban sus contrapartes masculinas, se alivió de ver que al menos estaban divididos.

Los senderos de esas áreas estaban rodeados de jardines y árboles, al menos estar en un lugar tan tranquilo como ese le ayudaba a disminuir su ansiedad. Sentarse en el pasto hubiese sido ideal para descansar, pero un grupo de chicas con vestimenta deportiva, pasó cerca de ella hablando de forma muy animada. Las siguió por curiosidad queriendo preguntar por alguna posibilidad de unirse a un club, pero de camino supo que sólo se dirigían animar a un par de chicos que se batían a duelo en las canchas de tenis.

-¡Vamos Aki!- gritó una de ellas, para ser seguida por algunas de sus compañeras

Un rubio de aspecto amable sonrió antes de hacer su siguiente saque.

La habilidad de ambos, ya que ninguno de los dos dejaba pasar alguna pelota, fue tan impresionante que de manera casi involuntaria deseo quedarse viéndolos.

Luego llegaron otras alumnas con carteles en los que estaban escritos sus nombres. Gritaban y reían, al parecer compitiendo por quien les hacía más cumplidos. Le fue inevitable sentirse un poco avergonzada.

- La secundaria de la que se graduó ganó el torneo del año pasado, dicen que es un genio.

Sus admiradoras hablaban emocionadas sobre el rubio a quien ahora Hotaru había identificado con apariencia de príncipe de manga.

Su adversario era un animado pelirrojo de cabellos alborotados y ojos gatunos que corría alegre de un lado otro, a pesar que casi todos los halagos fueran para el rubio parecía no importarle y disfrutaba el juego de igual forma.

-¡Aki!- exclamó el sonriente pelirrojo- el primer juego es tuyo, pero no te confíes, sólo estaba calentando- agregó respondiendo una pelota inalcanzable con un salto. Sus compañeras volvieron a chillar al unísono.

-Él también es bueno, pertenecía a la misma secundaria que nuestro Akito.

El partido duró más de lo que hubiese imaginado, y a medida que el sol bajaba las fanáticas se fueron retirando, Hotaru miró a su alrededor, ya casi no había nadie.

-¡Te lo dije!- enfatizó el pelirrojo - cinco juegos iguales- hizo una señal con sus dedos índice y medio, guiñándole un ojo.

Era divertido y enérgico, jamás había visto a un hombre actuar de esa forma.

-lo siento, pero ya es tarde- suspiró el tal Akito- ¿podemos continuar otro día?

-pero...

-un empate está bien por ahora- murmuró sonriente.

-¡Vamos! no querrás decepcionar a tu admiradora- rio con cierto aire de malicia.

Por primera vez ambos dirigieron su atención hacia Hotaru, quien de inmediato intentó alejarse.

- no pasa nada…

- N-no...se preocupen- titubeó avergonzada.

-más bien creo que es admiradora tuya.

-¿eso es cierto?- se acercó por entre la reja siendo varios centímetros más alta que su metro sesenta, sus ojos ahora le parecieron abrumadoramente expresivos- ¿también tengo una fan?

Negó con la cabeza, ruborizada, sin poder articular palabra. Su amigo rió, ahora saliendo de la cancha.

-gracias por quedarte hasta el final- musitó Akito alejándose- nos vemos.

-¿eh? ¡¡No, espera!!- corrió tras él, para suerte de Hotaru, quien parpadeó un par de veces y suspiró, debía ir a casa, ya eran demasiadas personas para un solo día.