Antes
«ONLY YOU», y ese era el eslogan que leí en aquél cartel. A primera vista me confundió: retrataba al maldito de Jacob apuntando con un dedo y con una expresión de póker absoluto… ¿Acaso no era una referencia al Tío Sam, quien hacía lo mismo y pedía a cualquier hombre que entrara al ejército para la guerra de aquella época? No tengo tanto tiempo para recordar algo de la historia de este país, pues, muy pocas veces le presté atención.
Aunque, algo que sé sobre guerra… es la guerra que yo mismo empecé. Nunca antes se me ocurrió tomar un arma y disparar a cualquier que moviera su cabeza. Había un objetivo que cumplir. Había un propósito para ejecutar muertes por mí mismo. La sensación vibrante de las armas blancas al disparar y las balas rompiendo la barrera del sonido era algo novedoso para mí.
Pero no era mi talento. No era mi afición tener sed de sangre. No soy fuerte, aunque por años desde que empecé siendo adulto me vi afectado por tantos ejercicios físicos que conseguí una complexión que cualquier otra persona envidiaría por ello. Bueno, no tanto.
La seguridad es esencial en el ser humano. Me avoqué a ello porque no tenía otra cosa que hacer en esta vida y me vi influenciado por las políticas de los Estados Unidos. Empero, más aún, fui influenciado por el entorno donde yo vivía. Después de todo, venía la violencia. La violencia estaba empaquetada en la guerra, en las acciones que cometía el ser humano: como robar, usurpar, violar y asesinar.
Montana era un estado nuevo para mí. Me contaron todo tipo de cosas. Cómo diría vulgarmente mi padre, eran “chismes”. Pero chismes fuertes. Todos estuvieron convulsionados por las noticias porque en aquél estado lo lideraba una secta religiosa.
«¿Secta religiosa? ¿En pleno siglo XXI?» esas fueron mis preguntas antes de caer en su trampa. Sí, muy boludo de mi parte. Yo sabía que las sectas eran parte de una idea antigua, originalmente de la edad media. Hasta Adolf Hitler tenía una antes de que quedase obsoleta por completo.
Y cuando la idea de la resistencia entró por mi cabeza, al final terminé creyendo que todo esto era un juego. Era fantasía pura, salida de una novela de Orwell o de Huxley, incluso de alguna entrega de la saga eterna de cuentos sci-fi de Asimov. Lo vivía como un personaje de ellos liderando una revolución, con la diferencia de que esto era la vida real.
La mirada perturbada de Joseph Seed me dio una idea sobre ello, cuando tomé de sus manos y lo esposé, presionado por las órdenes del sheriff y del marshal. La secta religiosa no era una broma. Las iglesias del estado fueron tomadas y decoradas por chucherías que los identificaba: las Puertas del Edén. Esa referencia bíblica me la sabía.
El término de resistencia surgió solo para contraatacar al movimiento enfermizo que tenía el autodenominado Padre sobre todo el estado. Era urgente. Toda la labor recaía en mí después de enterarme que todos mis compañeros fueron llevados por la secta y no tuve otra opción que volverme en un aventurero–héroe de todo el pueblo.
Hasta que…