El último deseo de la abuela Lila
Clara, una joven escritora con el corazón roto por una pérdida reciente, regresó al pueblo de su infancia después de años de ausencia. Su abuela, Lila, acababa de fallecer, dejándole una misteriosa carta y una llave oxidada.
"Querida Clara, si estás leyendo esto, es porque ha llegado el momento de que encuentres el Jardín de las Mariposas Azules. Allí, bajo el viejo roble, está la respuesta que siempre buscaste… y quizás, también la que no sabías que necesitabas."
Intrigada, Clara siguió las instrucciones de su abuela y se adentró en el bosque prohibido, donde los árboles susurraban secretos y el aire olía a tierra mojada y lavanda. Tras horas de caminata, encontró una puerta escondida entre la hiedra, cerrada con un candado antiguo. La llave encajó perfectamente.
Al abrirla, el jardín estalló en vida: flores de colores imposibles, fuentes de agua cristalina y, revoloteando entre ellas… las mariposas azules. Pero antes de que pudiera reaccionar, una voz la sobresaltó:
—Nadie ha abierto esa puerta en cincuenta años —dijo un hombre de cabello oscuro y ojos verdes como el musgo, apoyado contra el roble. Llevaba un diario en las manos y una cicatriz que le cruzaba la muñeca.
Clara retrocedió. —¿Quién eres tú?
—Daniel. Y este jardín… bueno, ya no es solo tuyo ni mío. Pertenece a quienes necesitan creer en algo.
Ella no lo sabía aún, pero Daniel guardaba su propio secreto: había estado entrando allí desde niño, buscando respuestas sobre su padre desaparecido. Y ahora, el destino (o las mariposas) los había unido por una razón.








