Sombras de Piedragris: Parte I

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Summary

Un grupo de adolescentes descubre que su pueblo oculta oscuros secretos. Todo se va poniendo peor poco a poco. Criaturas extrañas y verdades que... Jamás debieron salir a la luz

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1 - Desaparecido

El cielo de Piedragris amanecía con un gris pálido, como si las nubes supieran lo que estaba por venir.


En el aula 3B del Instituto San Benito, el timbre apenas había sonado cuando Valerie Henderson cruzó por primera vez la puerta del colegio. Su presencia llamó la atención de todos. De cabello oscuro, mirada firme y una postura demasiado segura para alguien nueva. El profesor la presentó sin mayor ceremonia, y Valerie caminó hacia el asiento vacío junto a Simon Collins quien le sonrió sin recibir respuesta.


Un par de bancas más atrás, Demian Hayes, Mateo Anderson y Alma Pierce la observaban con curiosidad. Noah Carter, sentado a su lado, murmuró:


—Otra cara nueva… últimamente hay demasiadas.


Leo Brown, siempre dispuesto a bromear, agregó:


—Ojalá esta no desaparezca como los otros.


En una pequeña casa del centro de Piedragris, Isabelle Carter terminaba de ajustarse la coleta frente al espejo mientras se colgaba el bolso. Estaba a punto de salir cuando tocaron la puerta. Al abrir, se encontró con Robert Carter, su padre, sonriendo con una bolsa de pan caliente.


—Pasaba por aquí —dijo él—. Y sé que siempre sales sin desayunar.


—Gracias… pero no tenías que venir hasta aquí. —Ella sonrió, cansada pero agradecida— Oye, ¿Oíste los rumores de que van a demoler el laboratorio?


Robert frunció el ceño.


—¿El laboratorio Santa Marta?


Isabelle asintió.


—Dicen que están limpiando todo para demolerlo… aunque a mí me suena raro.


—No, no lo sabía. Me alegra escucharlo —Robert le respondió un poco feliz. —Jamás me dió buena espina ese lugar.


Mientras tanto, en la biblioteca antigua del pueblo, Camila Thompson, Lucas Devis, Serena Witheley y Jim Robinson, se reunían como cada jueves, faltando a la escuela. Su club, al que ellos mismos llamaban Los Vigías del Silencio, el cuál se dedicaba a investigar rumores extraños en Piedragris. Esa mañana, debatían sobre la noticia del laboratorio.

—No estoy muy seguro si es cierto. —dijo Lucas, confundido.

—Lo peor de todo es que: jamás pudimos averigüar algo del laboratorio. —Serena le respondió decepcionada.

—Yo no creo que sea verdad. —expresó Camila, con mucha seguridad. —Ese lugar permanecerá allí mucho más años, además... ¿Alguno de ustedes vió algún trabajador cerca?.

—No. —sentenció Jim— Pero si es verdad: menos mal. Apuesto a que los desaparecimientos tienen algo que ver con ese lugar.

A la salida de la escuela, Mateo, Alma, Noah, Leo, Demian y Simon caminaban juntos.

—¿Alguien más ha notado que todos evitamos pasar cerca del hospital Santa Marta? —preguntó Alma.


—¿Y quién no lo haría? Da escalofríos —respondió Leo.


—Dicen que lo iban a demoler, pero… ahí sigue —añadió Noah.

—De igual manera, no entiendo que es lo importante. —dijo Mateo, confundido y cansado.

—Creo que se debe a que es la razón por las que las personas están desapareciendo —le respondió Demian.


—¡Por favor! Es solo un laboratorio, además, está abandonado. —Mateo, le devolvió la respuesta— No se de dónde sacaron eso, acaso ¿De los Vigías del Silencio? Ellos están locos.

Demian se despidió con una sonrisa y tomó una ruta distinta. Su casa no estaba lejos, pero ese día decidió tomar un atajo… uno que lo hizo cruzar frente al laboratorio abandonado.

El iba tranquilo, hasta que un ruido que provenía del laboratorio, le llamó la atención. Demian se acercó, apenas tocó la reja de barrotes y esta se abrió. El entró, confiado, pero asustado.

Adentro, los pasillos vacíos, luces rotas y marcas en las paredes que parecían hechas por uñas, lo asustaron aún más. Aún dudando, avanzó.


—¿Hola...? —murmuró, esperando obtener una respuesta.


Una silueta deformada cruzó el pasillo. Demian retrocedió, su respiración se aceleró. De pronto, la criatura apareció frente a él. No era humano. No del todo. Sus ojos brillaban en la oscuridad.


La criatura se acercó despacio, abrió su boca, dientes enormes emergieron de esta. Rugió, la cara de Demian estaba llena de baba, él estaba en shock, no podía moverse.

Desde la calle, todo parecía en calma. Piedragris seguía en silencio. Y entonces, un grito desgarrador rompió la tarde.