The Ghost:afterlive

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Summary

Fantasmas, demonios, angeles, héroes villanos… mi historia no tiene nada de eso… habla de humanos… solo de humanos

Genre
Action
Author
Mariojesus
Status
Complete
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

La noche era fría, muy fría. La gente caminaba tranquila por las calles de la hermosa ciudad de Londres, sin preocupaciones, sin nada que pudiera alarmarlos. Esa era la parte bonita de la vida. Mientras tanto, en los barrios más humildes, aquellos llenos de corrupción, muerte y malicia, nadie podía andar tranquilo por las calles. Aquellos que se aventuraban por esos oscuros caminos solo podían esperar la muerte a manos de otros.

Así fue la historia de este pequeño niño. Él había nacido en Escocia, más concretamente en la Isla de Skye, una pequeña isla que, por las difíciles condiciones de vida, obligó a su familia a mudarse a Inglaterra, primero a Cardiff y luego a Liverpool. Aquel niño tuvo que presenciar muchas cosas a lo largo de su vida. Primero, el divorcio de sus padres, por razones que él, incluso de adulto, desconoció. Muchas veces tuvo que soportar que su madre, con la promesa de encontrar una vida mejor, se viera obligada a prostituirse en Londres para conseguir algo de comer. Bullying, maltratos... eran demasiadas cosas para que un simple chico de doce años pudiera afrontar.

Era 2014 cuando el pequeño Ewan volvía a casa después de la escuela. Pero al intentar atravesar la puerta, se encontró con algo inesperado: su casa estaba en completo silencio, a oscuras y con un fétido olor a muerto. Ese olor le helaba la sangre.

—Mamá… —llamó el pequeño, sin obtener respuesta.

—Mamá, por favor, deja de jugar… me asustas. —Investigó por la casa, pero no vio a nadie. —¿Estás aquí? —El chico miró hacia un lugar al que no podía entrar, la habitación de trabajo de su madre. Al acercarse a la perilla de la puerta, su corazón se hizo más y más pesado.

Cuando finalmente la perilla giró y Ewan pudo entrar, rápidamente se arrepintió. Vio manchas de sangre por toda la habitación, pero no encontró a quien buscaba. El miedo tomó más fuerza en su corazón, hasta que decidió revisar en su armario, donde encontró lo peor.

—Mamá… —la voz suave de Ewan resonó al ver a su madre muerta, con un corte horizontal en el cuello.

—¡¡¡¡MAMÁ!!!!! —El joven la tomó entre sus brazos mientras lloraba con fuerza, implorando a Dios que no se llevara a su mamá. —¿POR QUÉ A ELLA Y NO A MÍ? ¡LÉVAME A MÍ! DIOS, ¿POR QUÉ ABANDONAS A UN SIMPLE NIÑO? ¿POR QUÉ HACERLO SUFRIR?

El niño gritó al cielo, implorando que Dios le diera respuestas. Con cada grito que daba, sentía como una especie de calor se apoderaba de su corazón, dificultándole la respiración, como si se estuviera incendiando. Su ojo derecho comenzó a iluminarse, y al final, no soportó más y se desmayó.

—Vaya día fue hoy, ¿no crees? —dijo una chica a su compañero, quien lucía un poco ojeroso y malhumorado.

—¿Pasa algo, Jhonatan —preguntó la oficial.

—Este día… me da la sensación de que será horrible —respondió el hombre.

—Bueno, iremos a ver la escena de un crimen: un niño que se desmayó con su madre muerta en sus brazos. ¿Eso no te parece ya bastante horrible?

—Sí, tienes razón —contestó el oficial, deteniéndose en seco mientras ambos salían del auto.

—¿Y bien, qué tenemos? —preguntó la chica al forense.

—Su nombre es Mónica Sterling… causa de muerte, herida cortopunzante en la tráquea… se ahogó con su propia sangre —respondió el forense, intentando levantarse y quitándose los guantes, mientras el detective masculino se acercaba más al cadáver.

—¿Qué intentas hacer, Chilwell? —su compañera mostraba interés.

—Esta mujer… mírala más de cerca. —Él levantó uno de sus mechones de pelo, mostrando una marca algo extraña: un pentagrama de seis puntas.

—¿Eso es? —preguntó ella, intrigada.

—Así es… la marca de Hell's. Ella debió ser una de sus prostitutas… o, en su defecto…

—Les debía dinero —la detective se llevó las manos a la barbilla—. Eso debe explicar todo, pero espera… ¿qué pasó con el niño? —preguntó a Lowill.

—El niño, Ewan, está actualmente despierto y los oficiales intentan consolarlo, pero este no quiere hablar… simplemente no habla —el forense señaló la ambulancia.

—Iré —la detective no pudo terminar de hablar.

—Iré yo… —respondió el hombre con seriedad, dirigiéndose a la ambulancia.

—¿Tú? No quiero ofenderte, Jonathan, pero... ¿tú? —dijo su compañera siguiéndolo.

—Mary… sé cómo tratarlo. —El detective metió las manos en los bolsillos y, al llegar a la ambulancia, se sentó al lado del niño—. Ey, campeón… me dijeron que no quieres hablar. ¿Puedes decirme por qué?

El niño ni siquiera miró. La compañera del detective observó un poco lejos, pensando que probablemente intentaría sacar la información a golpes, pero no. Este se mostró bastante paternal.

—¿Tienes contacto con tu papá o algún familiar? —el detective le ofreció una sonrisa.

El niño negó, cubriéndose con la manta.

—Ya veo… ¿quieres hablarme de tu mamá? —vio que el niño nuevamente negaba—. Entiendo… ¿qué te parece si tal vez solo nos quedamos en silencio? ¿O quieres que te invite una hamburguesa? —intentó girar suavemente el rostro del niño.

—¿Puedo pedir la más grande?—El niño intentaba no llorar.

—Todo lo que tú quieras… yo pago, pequeño…— El detective le dio otra sonrisa y un pequeño abrazo.

Saltando un poco en el tiempo, concretamente doce años más tarde, nos encontramos en medio de Londres. En uno de los múltiples edificios más oscuros de la ciudad se alzaba una sombra, una figura de no más de 1.80 de altura. Un acercamiento nos dio más visión sobre ella: su peinado era de libro, con uno de sus ojos cubierto por este. Usaba una máscara blanca, como la porcelana, pero la suciedad y las grietas del deterioro del plástico eran evidentes. Vestía una chaqueta negra con una bufanda blanca desgastada que hacía de capa, pantalones negros y unas Jordan de color blanco con rojo que completaban el traje.

—Pasó mucho tiempo desde que comenzaron a aparecer más personas como yo… Creo que papá podría matarme por hacer su trabajo, pero… ¿qué demonios?— El vigilante estaba de cuclillas en el borde de un edificio, observando el paisaje, hasta que empezó a ver una persecución de autos. Sabiendo que debía actuar, añadió: —Bien… creo que es hora… de que aparezcan los fantasmas…—

Sin pensarlo dos veces, el hombre se levantó y miró hacia abajo, para luego lanzarse boca abajo