Único capítulo : La estación de tren
Sasuke Uchiha nunca imaginó que algo tan simple como tomar un tren podría volverse una experiencia cargada de significados inesperados. La ciudad era un mar de luces y sonidos, un lugar completamente distinto de las montañas y bosques donde creció, y el tren subterráneo, con su ritmo constante y su murmullo metálico, le parecía un extraño gigante de acero que devoraba personas y las escupía en diferentes destinos.
Aquella mañana, con su mochila cargada y el ceño fruncido de alguien que detesta perderse en lo cotidiano, Sasuke entró en el andén número 3, con la idea fija de aprender rápido cómo moverse en esta nueva ciudad. Buscó con la mirada el vagón que le indicaron, el lugar donde debía esperar, y se apoyó contra la fría pared.
El tren llegó con un estruendo metálico y las puertas se abrieron con un siseo. Sasuke subió y se acomodó, su rostro inexpresivo tras los audífonos que había decidido llevar sin música, como una barrera silenciosa. Miró a su alrededor, los rostros de desconocidos reflejando cansancio o prisa, y justo cuando la puerta se cerraba, vio algo que detuvo su mirada.
Una cabellera rosa.
Era imposible ignorarla, como un destello fuera de lugar en un paisaje de colores neutros. El pelo le llegaba más allá de los hombros, cayendo en ondas suaves que le daban un aire delicado y a la vez determinado. La joven estaba sentada, un libro abierto en sus manos pequeñas, absorta en las letras que devoraba.
Sasuke se sorprendió de sí mismo. No era el tipo de persona que se fijaba en extraños, y mucho menos en detalles tan delicados, pero allí estaba, hipnotizado por el contraste entre aquella cabellera rosa y el gris monótono del tren.
Durante tres estaciones, permaneció ahí, casi sin parpadear, observándola en silencio, intentando entender qué era lo que le atraía tanto. No conocía su nombre, ni sabía nada de ella, y aun así sintió un extraño tirón en el pecho.
¿Era eso lo que llamaban curiosidad? ¿O era algo más?
Cuando ella cerró el libro y alzó la vista para mirar por la ventana, Sasuke sintió que el tiempo se detenía un instante. No la miró directamente, no quiso parecer invasivo, pero sus ojos se encontraron por un breve momento. Ella sonrió, un gesto tímido y breve, y entonces Sasuke apartó la mirada, confundido por una sensación que no sabía nombrar.
Al día siguiente, Sasuke volvió al mismo andén a la misma hora. Quiso convencerse de que era mera casualidad, pero cuando volvió a ver la cabellera rosa, sonrió ligeramente. Ella estaba en el mismo vagón, leyendo otro libro, con una expresión serena que parecía ignorar el bullicio del tren.
Sasuke decidió que seguiría viniendo. No sabía bien por qué, pero esa simple rutina le daba un propósito. Esperar para verla era un ancla en medio de su nuevo mundo confuso.
Los días pasaron, y el tren se convirtió en algo más que un medio de transporte. Era un lugar donde podía encontrarse con ella sin hablar, sin explicaciones, y aun así sentirse conectado. A veces, notaba que ella también lo miraba, y entonces apartaba la vista rápidamente, como si temiera ser descubierta.
Poco a poco, empezó a memorizar detalles: cómo arrugaba el ceño cuando no entendía una palabra, cómo sonreía con delicadeza cuando leía algo divertido, y cómo su cabello rosado brillaba tenuemente con la luz artificial del vagón.
Sasuke nunca le habló, pero en su interior crecían preguntas. ¿Quién era? ¿A dónde iba? ¿Qué historia escondía esa cabellera rosa que parecía tan fuera de lugar?
A pesar de su naturaleza reservada, comenzó a sentir algo que no podía evitar: una conexión silenciosa y profunda que desafiaba su acostumbrada distancia emocional.
Pero un lunes, cuando Sasuke llegó al andén, ella no estaba.
El vagón parecía menos brillante, y el libro que tanto amaba en sus manos parecía haberse evaporado del aire. Él esperó en silencio, con el corazón apretado, durante todo el recorrido. Luego volvió a intentarlo al día siguiente. Y al siguiente.
La ausencia de la cabellera rosa le dolió más de lo que esperaba. ¿Había estado imaginando todo? ¿Era solo un espejismo en la rutina acelerada de la ciudad?
Sasuke se preguntó si debía seguir viniendo o dejarlo ir. Pero incluso en su mente, donde intentaba racionalizar todo, había un hueco que solo se llenaba con la esperanza de verla otra vez.
Cada mañana, se repetía la misma rutina: madrugar, ir al andén 3, esperar el tren de las 7:32, con la esperanza secreta de que ella aparecería.
La gente a su alrededor se volvió borrosa y sin importancia. Solo importaba ese asiento vacío que alguna vez ocupó la joven de cabellera rosa.
Entonces, una mañana, cuando Sasuke casi había decidido rendirse, ocurrió lo imposible.
Al llegar al andén, la vio de nuevo.
Allí estaba, de pie, con el mismo suéter rojo oscuro que recordaba, el cabello suelto y brillando bajo las luces del túnel. Tenía el mismo libro entre las manos, y sus ojos, por primera vez en días, buscaron los de él con una mezcla de sorpresa y alegría.
Sasuke sintió que todo su cuerpo se tensaba. Su respiración se aceleró. En ese momento, el ruido del tren pareció desvanecerse, y solo existían ellos dos.
Cuando el tren llegó, ella subió y se sentó justo frente a él. Esta vez, sus miradas no se apartaron.
-Hola -dijo ella con voz suave, un poco nerviosa.
-Hola -respondió él, con un nudo en la garganta que no sabía cómo aflojar.
Era Sakura, la joven de cabellera rosa.
-Me tomé unos días libres -explicó-. No quería desaparecer sin decir nada, pero necesitaba un respiro.
Sasuke asintió. No sabía qué decir, así que simplemente se quedó mirándola, como si sus ojos pudieran hablar por él.
Ella sonrió, y esa sonrisa iluminó algo dentro de él que llevaba tiempo dormido.
-Me alegra verte de nuevo -murmuró.
Y por primera vez, Sasuke supo que, en un mundo tan vasto y acelerado, ella era su ancla, su esperanza y su razón para seguir viajando en ese tren cada mañana.
Desde ese día, el tren dejó de ser un lugar solitario para Sasuke.
Cada mañana, con la cabellera rosa a su lado, el mundo parecía menos frío y más lleno de posibilidades.
El destino los había encontrado en un andén cualquiera, y Sasuke sabía que no dejaría que esa conexión se perdiera jamás.
---








