Capítulo 1
ADVERTENCIA CONTENIDO SENSIBLE
SE RECOMIENDA DISCRECIÓN.
NESSA ORTIZ WAGNER
El salón estaba repleto. Los invitados se paseaban de aquí para allá. Había tanta falsedad y arrogancia en el aire, que simplemente quería ir a casa y descansar al fin. Pero aún no era el momento.
Bebí un sorbo de mi copa de vino blanco, y luego encendí la pantalla de mi móvil. Tenían un par de notificaciones, entre los cuales destacaban dos mensajes.
"¿Creíste que podrías huir?"
"No importa cuanto quieras hacerlo. Siempre te encontraremos".
Contuve el aire, y me convencí de mantener la calma. Pasee mi vista a mi alrededor, buscando encontrar a alguna persona sospechosa, o algo que fuese indicativo de que, verdaderamente, ellos estaban aquí.
Piensa.
Le di otro trago a mi vino, en un intento vago por actuar normal, y luego observé hacia arriba, donde mi mayor temor se hizo realidad.
Carajo.
Ellos estaban serios, apoyados sobre la barandilla de concreto antiguo y costoso. Sus ojos me veían como si fuese su maldita presa, y sus cuerpos tensos y rectos eran una clara advertencia, ellos estaban listos para despedazar mi cuerpo con sus filosos colmillos.
Bestias.
Dejé mi copa de lado, y me dispuse a ir a la salida. Tendría tiempo de explicar a mis jefes mi falta de profesionalismo al dejar mi trabajo a medio hacer. Pero eso me importaba poco, mi vida corría peligro.
Cogí mi bolsa en recepción, junto a mi abrigo, y salí disparada al estacionamiento, mientras caminaba a paso rápido intentaba recordar dónde había estacionado mi coche. Odiaba admitirlo, pero mi memoria era nula cuando de encontrar mi coche se trataba.
—¿Otra vez?—Esa voz me hizo girar para verlo de pie a una distancia no muy segura.
—¿Quieres huir?—Su hermano se rió entre dientes.
—No es momento...—Susurré casi sin aliento.
—¿No?
—Podemos hablarlo....—Quise ser objetiva, pero sus risas roncas y cargadas de molestia, me dejaron en claro que no era una opción.
—No hay nada que hablar.—Di un paso atrás cuando el mayor se acercó a mi.—¿Qué esperas?
—¿Qué?—Balbuceé bajito.
—Corre, Nessa.
Corre
Corre
Corre
Corre
Corre
Corre
Di un paso atrás, antes de obedecer y comenzar a correr lejos sintiendo la adrenalina recorrer mis venas de una forma descomunal.
El seguro.
Mi cerebro intentaba buscar una salida. Y lo agradecía ampliamente.
Tomé la llave de mi coche, y le di al seguro para poder oír el sonido de su cierre centralizado, y así, encontrarlo de una vez.
A unos cuantos coches vi unos faros pestañear, y supe que lo había encontrado.
Justo a tiempo.
Entré en el vehículo, y le di al botón de encendido rápidamente, quise avanzar, pero de pronto vi como los seis cuerpos que venían detrás de mi, se posaron frente al vehículo impidiendo mi huida.
Acelera.
Vi la duda en sus ojos, e incluso había sarcasmo, como si ellos tuviesen la certeza de que yo no sería capaz de pasarlos por encima. Pero si que me había subestimado.
Le di a reversa y salí del parking haciendo rechinar las llantas de mi coche.
—¡Nessa!—oí a lo lejos el grito ronco de uno de ellos, y los observé por el espejo retrovisor. Mierda, si antes querían acabar conmigo, ahora también quieren torturarme lenta y progresivamente.
Mi atención se dirigió al camino oscuro y desolado. Mal día para asistir a un evento de Élite en medio de la nada, en un edificio lujoso que estaba rodeado de bosque y soledad. El lugar perfecto para llevar a cabo un crimen.
—Advertencia. Nivel de carga bajo.—La voz del asistente me hizo mirar el tablero de inmediato. Tenía menos del 5%. No llegaría muy lejos.
—¡Carajo!—Golpeé el volante irritada. Quería llorar. El pánico me consumía poco a poco, y lo único que podía pensar era en cómo se reirían de mi, mientras me torturaban a su gusto.
—Advertencia. Nivel de batería bajo. El sistema se apagará en dos minutos...
—¡No, no, no!—Mis ojos se llenaron de lágrimas, y solo pude observar el camino desolado.
Los árboles se cerraban a mis costados, y la niebla causaba estragos en mi visibilidad hacia objetos lejanos.
Detuve el coche a un lado del camino y apague los faros evitando ser detectada. Mis ojos pararon en el bosque, y luego en el espejo retrovisor, a lo lejos se veía un reflejo de lo que deduje era una luz, no tenía que ser muy inteligente para saber que eran ellos.
No puedo quedarme aquí.
Bajé del coche dejando que la fría brisa se colora en mis huesos. Estábamos en pleno invierno, y mi atuendo no era precisamente el adecuado para estar en medio de la nada, a las 11:15 p.m. por ello me coloqué mi abrigo, y también llevé mi bolsa.
La idea era simple, dejar cosas botadas por el camino simulando un rastro falso que oculte el real. Con suerte los perdería de vista y quizás encontraría una cabaña escondida donde pasar la noche hasta que pueda comunicarme con alguien.
Corrí al lado contrario de mi coche, adentrandome en el bosque oscuro y misterioso, mis tacones se hundieron en la tierra húmeda, y no pude evitar sostenerme de los árboles a mi alrededor.
En pocos minutos llegué a un claro, y arroje mi bolsa allí, para luego corre en dirección contraria.
Mis piernas dolían, y mi pecho ardía, pero no había tiempo para detenerme a descansar.
—¡¿De verdad crees que puedes huir?!—La voz de uno de ellos se oyó entre los árboles, causando que mi corazón de un vuelco.
—¡Que tan tonta debes ser para entrar al bosque, sabiendo que los lobos están sueltos!—Trague pesado y giré sobre mi eje buscando de dónde venían esas voces, pero no lograba verles.
—¡Corre, Nessa. Porque si te encontramos, no pararemos hasta que llores!—Cubrí mi boca, evitando que un sollozo se escape de ella.
Me quite mi abrigo y luego comencé a correr nuevamente, convenciendo a mi cerebro de que estaban lejos, y que no podrían atraparme. Aunque en el fondo sabía que eso era falso. Ellos estaban ahí, esperando a que me deje estar entre las sombras, para al fin tenerme a su merced.
—¡Nessa!—Su grito ronco me hizo chillar asustada.—¡¿De verdad quieres ir dejando tu ropa por aquí?!
—¡Muero por encontrar tus bragas, ¿Serán de hilo o de encaje?!—Las lágrimas bajan por mis mejillas, como una cascada, una tras otra.
—¡Pudranse!—Grité sin pensar, y cubrí mi boca, acababa de darles mi localización de forma no intencional.
Di un paso atrás, y quise correr otra vez, pero mi pie se enredó en un arbusto, y caí al lodo manchando mi torso y cabello en el proceso.
—¿Necesitas ayuda, muñequita?—Me arrastré lejos de su silueta, y quise levantarme, pero él fue rápido al coger mi tobillo, y arrastrarme hacia él.—¡La tengo!—Avisó hacia sus cómplices.
—¡Déjame!—Grité entre lágrimas sintiendo el miedo e impotencia en mi pecho.
—Un trato es un trato...—Me coge del cabello y hace que me arrodille sobre el lodo.—Tu debías correr, y si podías huir, serías libre, pero aquí estas...—Su aliento humedece mis labios.—Te hemos cazado, ahora, eres nuestra...
Las siluetas se fueron multiplicando, hasta que vi a los seis de pie frente a mi, no podía detallarlos, pero sabía que estaban allí, pues su respiraciones eran un sonido alarmante, como el rugido de un león mientras va por su presa.
—¿Lista para tu castigo?—Negué repetidas veces, pero ninguno hizo caso a mi negativa.
—Nos divertiremos mucho...—Oí el sonido de sus braguetas descender, y lo próximo que sentí fue la cabeza de sus pollas en mi rostro.—Chupa...
—¡No quiero!—fui tomada del cuello, provocando que tosa ante la forma brusca de apretar mi traquea.—¡No. No. No!—Chille cuando amarraron mis muñecas a mi espalda, con un trozo de cuerda que quemaba mi piel por la presión y el roce.
—Chupa.—La voz ronca, del hombre que aún sostenía mi cuello, con poca amabilidad, me dio una orden clara, a la vez que me acercaba hacia la verga que estaba delante de mi.—Abre...—Negué, y él llevó sus dedos a mi nariz y la cubrió sin remordimiento alguno.
—Ahg..—Mi boca soltó un jadeo que se ahogó en la polla que invadió mi boca sin piedad alguna. Me removí y quise gritar, pero era en vano. Estaba totalmente sometida por ellos.
—Eso es...—El agarre en mi cuello se deshizo al igual que los dedos que cubrían mi nariz. Dándome el tiempo adecuado para poder respirar.
Mis lagrimas seguían cayendo, y uno de ellos tenía el descaro de pasar su polla por mis mejillas, untando su hombría en mi dolor y resentimiento.
—No sabes lo mucho que me prende oírte sollozar..—Una nueva voz, se oyó a mi espalda, antes de rasgar mi vestido y dejar mis tetas al aire libre.—Amo ver como te resistes..—Sus dedos fueron a mis pezones erectos y se apretaron en ellos, causando que yo suelte un gemido alto.
—Eso es...—El que profanaba mi boca se apartó para luego escupir mi rostro y reírse ronco.—Lo haces de maravilla...
—¡Púdrete!—Solloce rabiosa.
—¿Qué?—una mano ajena a la escena, tomó mi rostro, e hizo que vea hacia arriba.—¿Qué has dicho, muñeca?—Apreté los dientes y contuve mis ganas de gritarle barbaridades. Después de todo no serviría de nada.—Abre...—Llevó su polla a mi boca, y yo obedecí en un intento astuto por evitar más daño a mi cuerpo.
—Mira cómo disfruta...—Sus risas me hacían sentir aún más estúpida. Pues tenían razón, esta maldita escena de libreto perverso, hacía que mis bragas se mojen en sobre manera, y sabía que eso estaba mal, muy mal.
—Ahg, ahg, ahg.—Mi boca soltaba quejido tras quejido mientras las embestidas del hombre ante mi, se volvían más constantes.
Mi vestido fue levantado hasta dar paso a una mano, que se dirigió a mi entrepierna. Oí el crujido de mi ropa interior siendo estirada sin consideración, mi coño quedó expuesto, y dos dedos fríos masajearon mi centro causando que yo cierre los ojos.
Oh mierda.
—Mientras más te niegas. Más placentero es...—El hombre que me sujetaba aflojó su agarre para dar paso a otro de sus hermanos.
—¡Déjenme!—Solloce aterrada.—¡Por favor, no diré nada, fingiré que nada pasó!
—¿Fingirás?—Sus risas me hicieron sentir aún más avergonzada.
Al menos la oscuridad esconde mis malditas expresiones cargadas de deseo y excitación
—Mojada y lista para nosotros...—Dijo el muy maldito que jugaba con mi clitoris.—Lloras y súplicas, pero tu cuerpo te traiciona, muñequita...
—Apuesto a que podrá con más de dos...—Esas palabras me hicieron contener la respiración.
—Será mejor llevarla a la cabaña...
—¡No, por favor!—Fui tomada en brazos, y luego uno de ellos colocó una amordazada en mi boca que me impidió hablar, pero aún así, gritaba y gemía por ayuda.
Tal vez alguien pueda oírme y salvarme de los brazos del cazador.
—¡Nessa, te hemos mostrado lo que pasa cuando desobedeces...!—Una nalgada en mi culo me hizo chillar adolorida.—Cállate, o no te gustará lo que te haremos...
Mis ojos se llenaron de lágrimas tibias, y poco a poco dejé de luchar, después de todo era en vano. Nadie me rescataria de ellos.
Llegamos al camino otra vez y el hombre que me cargaba me dejó en el suelo, y desató mis manos y luego tomó mi rostro con poca amabilidad.
—El viaje es de treinta minutos, no hagas que me arrepienta de liberarte..—Mis manos fueron a mi mordaza para dejar mi boca libre al fin.
—¡Púdrete, pelearé a cada segundo!—La sonrisa del hombre causó que mi piel se erice, y luego sentí como me cogian desde atrás y me hacían entrar en el asiento trasero de uno de los coches aparcados detrás del mío.—¡Suéltame, por favor!—El muy maldito me ahorcó con sus manos, y con la ayuda de su otro hermano abrieron mis piernas.
—Tu te lo buscaste...—Cerraron las puertas. Y supe que la torturan recién empezaba.—Hueles delicioso...—El hombre entre mis piernas olfateo mi piel.—Muero por probarte...—Movió mis bragas dejando mi coño a su vista, y le dio un lengüetazo que me hizo contener la respiración.
—Quieta...—El que me sujeta desde atrás, aprieta mi cuello.—No me hagas lastimarte...
—¡Malditos hijos de...!—Su gran mano cubrió mi boca y nariz, provocando que yo me mueva de lado a lado como gusano, en busca de oxígeno.
—No dejes que se corra...—Gruñó hacia su cómplice, que usaba dos de sus dedos para penetrarme una y otra vez, a lavez que su lengua me hacía ver estrella.
Mi visión se nubló, y mi agarre en sus manos decayó, fue entonces cuando quitó su mano de mi rostro dejando que el oxígeno entre en mis pulmones de una buena vez.
Tomé bocanadas grandes, dispuesta a contenerme, pero mi pulso seguía por las nubes, pues estaba a punto de tener un orgasmo.
—¿Te gusta?—Consultó el que estaba detrás de mi, mientras apretaba mis tetas.—¿Quieres más?—Se ríe ronco, cuando mis piernas se abren en busca de más, pero su hermano deja de tocarme y solo me observa con una sonrisa amplia.
—¿Qué sucede, muñeca?—Acarició mis piernas con sus tibias manos.
—¿Quieres algo?—Se burló de mi, apretando mis pezones con sus dedos.
—¡Duele!—Chillé sintiéndome avergonzada y humillada.
Doy asco.
—Me alegra, disfrutamos mucho de tu dolor...—dio un jalón de mis pezones, sin un mínimo de compasión, causado qué suelte un gemido alto.
—Eso es...llora...—Soltó mis pezones al fin, y apretó mis pechos con firmeza.
—¡Duele, por favor....!—Grité cuando los dientes del que estaba entre mis piernas, se clavaron en mis muslos de una forma brutal.
—Grita...suplica...ruega...—La voz ronca del conductor me hizo sollozar aterrada.—Nos pone aún más duros...
—¡Por favor...!—Solloce sin medirme, el miedo me hacia actuar por impulso.
—¿Que quieres? ¿Quieres que te follemos entre todos? —Sentí nuevamente sus dedos en mi clitoris y me removí inquieta.
—¡Quédate quieta!—Gritó ronco, el que aún me sujetaba desde atrás.
—¡No, no, no!—cubrieron mi boca otra vez, y repitieron lo mismo que al inicio. Una, y otra vez, hasta que sentí que caería en inconsciencia en cualquier momento.
Mis piernas temblaban, y mi pecho ardía por falta de oxígeno. Las lágrimas mojaban mi cabello, y se filtraban por el, hasta caer en el cuerpo musculoso y grande, debajo de mi.
—¡Ya no más, piedad, por favor, lo suplico!—Chillé cuando mi orgasmo fue arrebatado por decima vez consecutiva.
—¿Lo súplicas?—Se río ronco el que estaba entre mis piernas.
Asentí en respuesta, sin dejar de sollozar.
—Dilo.—Gruño quien me sujetaba desde atrás.—Audible y claro...
—Lo suplico...—Mis labios temblaron, y un sollozo escapó de ellos al sentirme tan estúpidamente sumisa.
El hombre que estaba ante mi, sonrió de lado, y luego miró a sus cómplices.
—Mm esta bien, después de todo falta muy poco para llegar...
—Pero...—Contuve el aire.—No podemos consentirte, huiste, y nos insultaste, tienes que ser castigada por eso...—Negué rápidamente, aún sabiendo que no funcionó las veces anteriores, y esta vez tampoco lo haría.
—¡No!
—¡Quieta!
Sentí un liquido frío en mi ano, y supe que estaba perdida.
—¡No, no...eso no!—Grité mientras intentaba liberarme.
—¡Volveré a atarte si sigues así!—abrió mis piernas con ayuda de su cómplice, y llevó el vibrador a mi entrada anal, lo introdujo robándome un gemido de dolor y luego me dio una nalgada que me hizo apretar los dientes.—Eso es...—No conforme con eso, también dejó otro aparato en mi canal vaginal, igual de frío y grande que el que estaba en mi culo.
Me sentía muy llena, pero mi instinto decía que pronto me llevarían al límite.
Esto recién empieza.
Mis piernas se cerraron, e intenté quejarme, pero la vibración en mis puntos débiles me hizo gemir, y cerrar los ojos. Odiaba la traición de mi cuerpo, pues en este momento me vendía al enemigo sin dignidad alguna.
Los treinta minutos se hicieron nada con sus torturas deliciosamente perversas, no podía ordenar mis palabras, y aunque se sentía jodidamente bien, yo seguía intentando liberarme, pero era en vano, nada podría salvarme.
El coche se detuvo, al igual que los juguetes en mi cuerpo, y puede respirar al fin.
Fui cargada como un costal de papas, y cuando quise observar mi alrededor, noté que estábamos en una cabaña, en medio del bosque.
Nadie podría oír mis gritos...








