Historia para no aburrirse

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Summary

No hay personajes que se crucen ni líneas temporales que se entrelacen… solo relatos sueltos, cada uno con su propio monstruo. En “Historias para no aburrirse”, Cherry explora lo más oscuro del alma humana con cuentos independientes cargados de sangre, secretos y silencios que gritan. Cada historia es una puerta a un miedo distinto. ¿Te atreves a abrirlas todas?

Genre
Horror/Lgbtq
Author
Julieta
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1- Sabor Humano


19 de enero, 1920


Todo comenzó un día tranquilo en una tienda de hamburguesas. El restaurante estaba lleno, como siempre. El dueño del lugar vendía las mejores hamburguesas, según los habitantes del pueblo de Bióloxi, ubicado en Misisipi.


Eran tan buenas que la gente se preguntaba de qué parte de la vaca provenía esa deliciosa carne. Pero lo que nadie sabía era lo horrible que hacía el chef para conseguir carne de la mejor calidad. Cuando alguien le preguntaba cuál era su secreto, él simplemente respondía que la carne era transportada desde Japón.


Sin embargo, al llegar la noche, el dulce cocinero —después de cerrar su tienda— se iba a un bar a tomar un trago. Era tan guapo que las mujeres lo rodeaban cada noche.


Y como era de esperarse, siempre se llevaba a una mujer a su casa.

La cosa es que, cuando llevaba a una mujer diferente, nunca la volvían a ver.


Cuando alguien intentaba contactarse con él por teléfono, el chef se inventaba alguna historia o excusa para evadir el asunto. Decía cosas como que la chica había tenido que regresar a su casa porque algún hijo o familiar había sufrido un accidente.


Pero esto no era algo casual.

Cuando llegaba a casa con alguna mujer, él la drogaba. Y luego, con una calma casi inhumana, le golpeaba el cráneo con un martillo hasta dejarla muerta sobre el suelo.


Después, la arrastraba hasta su cocina, donde sacaba un cuchillo de carnicero y comenzaba a cortar pedazos de su carne.

Siempre empezaba por la cabeza y terminaba en los pies.


Una vez tenía todos los pedazos, los colocaba en tarros llenos de vinagre. Luego los sacaba y condimentaba cuidadosamente los cortes, preparándolos para el día siguiente.


Los huesos…

A veces los usaba para hacer caldo.

Y otras veces simplemente los colgaba en su habitación de “trofeos”.

Ya tenía 19 esqueletos antes de sumar este nuevo.


¿Había una razón para todo esto?

Él mismo se lo preguntaba.

¿Por qué algo tan horrible le traía tanta satisfacción?


¿Tendría que ver con su pasado…?

Pero… ¿cuál era su pasado, exactamente?


Su mente no le dejaba recordar cosas dolorosas.

Sin embargo, se esforzó.

Sus pensamientos retrocedieron hasta el año 1890, el mismo año en que llegó a este mundo.


Sus padres nunca lo aprobaron.

Simplemente… no lo querían en su casa.


Su padre siempre llegaba borracho y golpeaba a su madre.

La dejaba en el piso, sangrando…

Y así, ese niño se acostumbró a ver todos los días el cuerpo de su querida madre tirado en el suelo.


Los años pasaron, pero las cosas no mejoraban.


Una semana antes de su cumpleaños número 18, vivió un día que parecía “normal”, hasta que oyó un ruido extraño proveniente de la cocina.

Allí estaba su madre…

Muerta.


Se había cortado las muñecas.


Al principio no supo qué sentir: ¿lástima? ¿odio?

Ese joven pensaba que su madre había sido un ser débil, casi miserable.


De pronto, alguien golpeó la puerta con fuerza.

Era su padre.


Al ver a su esposa muerta en el suelo y a su hijo junto al cuerpo, no preguntó nada.

Solo fue al refrigerador, sacó dos cervezas, y le dio una a su hijo.

Con una sonrisa torcida en el rostro le dijo:


—Por fin se murió el estorbo de tu madre.


Él no respondió.


Pasaron los días. El padre se iba a trabajar como si nada, y el hijo se quedaba solo en casa.

Poco a poco, la comida se iba acabando…


Pero lo peor era que el cuerpo de su madre seguía ahí, pudriéndose en el piso de la cocina.


Un día, mientras el hijo cocinaba algo con lo poco que quedaba, su padre entró a la casa con otra mujer.


Lo normal sería reaccionar al ver un cadáver tirado en el suelo, pero a este chico ya no le importaba.

Sabía que si la mujer se daba cuenta… la única opción sería matarla.

Sin embargo, ambas personas estaban borrachas, así que no se preocupó demasiado.


Esa noche, el padre y la mujer se quedaron dormidos en el sofá.

La primera en despertar fue ella. Tenía sed.


(Las luces de la cocina estaban apagadas).


La mujer sintió un olor horrible, difícil de describir… como carne podrida.

El asco fue tan intenso que se tiró al suelo, buscando aire más fresco.

Pero oh, gran error: al hacerlo, el olor se volvió aún más fuerte.


Indignada y confundida, comenzó a buscar de dónde venía ese hedor.

Tocando a tientas en la oscuridad, pasó sus manos por el suelo.


Entonces… sintió algo.


Algo que solo podía describirse como… un pie humano.


Al darse cuenta de lo que había tocado, se puso de pie sobresaltada, decidida a encontrar exactamente de dónde venía ese olor tan espantoso…