Capítulo 1- El comienzo
Me llamo Kim-My fu y actualmente estudio en el instituto "Coronado Vigael".
Tengo 19 años y estoy en segundo año.
Entré hace aproximadamente dos años.
Todo estaba tranquilo hasta que nos asignaron habitaciones compartidas.
No me molestó, pero... cuando me asignaron la habitación, me dijeron que estaría con Jake Evans, de Villagen's.
No me lo tomé en serio hasta que supe quién era.
Entre a la habitación numero 122 B al entrar vi a Evans sentado en su recamara mirando su celular con un auricular.
Su cabello era castaño oscuro con destellos negros, sus ojos eran como si estuviese mirando miel, su piel era de un tono era oscuro pero a la vez claro.
cerre la puerta tras de mi y me acerque a mi recamara,acomodando mis cosas en un closet cercano.
note como Evans no se percato de mi presencia o eso crei.
No escuché sus pasos ni ningún otro ruido hasta que sentí unas manos posarse en mi cintura desde atrás, eso me hizo estremecer ligeramente, me giré para mirar a Evans que estaba frente a mí, nuestra distancia era corta, podía sentir su aliento contra mi cuello, su mirada era penetrante y dominante, lo miré desde abajo ya que era realmente más alto que yo.
-¿Puedes soltarme ya?
Hablé mirándolo con un poco de irritación creciente.
-¿Por qué debería? Eres tan pequeño en mis brazos. Te ves vulnerable.
Habló con una voz baja y ronca, una sonrisa pícara se formó en sus labios mientras me miraba desde arriba, claramente estaba disfrutando burlándose de mí.
Debí saber que a partir de ese momento mi vida cambiaría por completo.
Evans se acercó, apretándome la cintura con fuerza, pero sin hacerme daño, me acercó a él, presionando mi cuerpo contra el suyo.
Me atrapó contra la pared más cercana.
Se inclinó, su rostro peligrosamente cerca del mío.
Sentía su cálido aliento en mi rostro.
Intenté apartarlo, pero fracasé estrepitosamente, ya que era más grande y pesado que yo.
-Mira cómo intentas apartarme, eres tan pequeño comparado conmigo.
Habló con un tono juguetón y sarcástico
—Eres realmente irritante. —Respondí, mi paciencia se agotaba poco a poco.
Sentí que se acercaba aún más, hasta el punto de que sus labios rozaron los míos.
Abrí los ojos de par en par, sorprendido.
No me lo esperaba.
Mis mejillas se tiñeron de un rojo carmesí.
¿Quién lo hubiera dicho?
Mi primer día de colegio y ya querían besarme.
Eso era extraño, ¿verdad?
Bueno, esto es sólo el comienzo de todo.
Cuando sentí sus labios rozando los míos sentí algo extraño...
Una sensación familiar desde que llegué su rostro me parecía familiar pero no quise darle mucha importancia hasta ahora.
Evans estaba distraído burlándose de mí, lo que me dio tiempo de apartarlo antes de que pasara algo más.
Simplemente se rió entre dientes, claramente disfrutando de lo que pasaba.
-Deja de reírte, idiota, esto no tiene nada de gracia, ¿sabes?
Dije con un tono muy irritado, pasándome una mano por el pelo, algo frustrado.
-Tranquilo, solo bromeaba
respondió Evans con una risa disimulada.
Por desgracia para mí, empezó la primera clase, pero no fue eso.
Todos estaban en mi contra, ¿qué estaba pasando?
Evans estaba en la misma maldita clase.
Esto fue una pesadilla para mí, y para colmo, el muy idiota se sentó a mi lado..
¿En qué estás pensando, pequeño?
—Hablo en voz baja y seria—.
Nada que te interese
—respondí—.
Cállate un rato, ¿vale?
Así pasó un maldito mes con Evans hasta que sucedió algo realmente extraño...
Estaba en el pasillo hablando con alguien que conocí hace unos días.
Charlábamos y reíamos hasta que llegó Evans.
No lo vi porque estaba detrás de mí.
No oí pasos ni miradas hasta que me dijo que tenía que irse.
Pero lo raro es que el chico lo dijo asustado.
Me di la vuelta y, por desgracia, choqué con Evans, que estaba detrás de mí.
Antes de que pudiera caer al suelo, Evans me agarró de la cintura.
Me quedé allí unos segundos, asimilando la situación.
"¿Estás bien?" —Me dijo Evans con voz seria y un ligero dejo de preocupación.
-Huh... sí... supongo que sí...
Respondí.
Aún tenía dudas sobre cómo era Evans.
Siempre que hablaba con un chico o una chica, estaba detrás de mí, escuchándolos o simplemente ahuyentándolos.
Su mirada, diferente a la de costumbre, era de irritación y... ¿celos?





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