Capítulo 1 12/04/19

-Eres la hija del Chino Valdés y como su hija, estás destinada a ello te guste o no.
Aquellas palabras se quedaron grabadas en mi mente, cuando a los dieciocho años me lo habían dicho tras morir mi papá. Cinco años después, y las seguía escuchando cada noche en mis sueños. Una y otra vez, se repetían en mi mente y me volvía a despertar con esa sensación de vacío que solía siempre acompañar a aquellos sueños.
Día tras día, la misma rutina. El mismo sentimiento de volver a vivir para ver la luz del sol entrar en mi habitación una vez más y no en un lugar extraño. Yo no había elegido aquella vida, pero era la que se me había dado y con la que me debía de conformar. “El Chino se merecía un legado” “Tú eres su legado” “Haz que se sienta orgulloso” Todo el mundo me lo decía, incluso mamá me lo había llegado a decir alguna que otra vez.
Supongo que todo el mundo esperaba que siguiera su legado.
Todo el mundo, excepto yo.
Una noche más, y sin poder dormir, me levanto en la cama y me quedo mirando el horizonte que se extiende por el ventanal de mi habitación. Los primeros rallos del sol empiezan a asomarse por el horizonte y cuando miro el reloj, maldigo.
De nuevo, no había habido el sueño. Esta vez, no por las palabras de Domingo, si no por la muerte de ayer. Aun recordaba sus ojos sobre mí, rogando porque lo dejara marchar; pero me habían pagado un cuarto de millón por deshacerme de él, así que, apretando el gatillo, veía su vida irse delante de mí. Había matado ya, pero nunca me iba a acostumbrar a la sensación que le seguía. Esa sensación de vacío, de horror; pero, sobre todo, de ver cómo le quitaba un padre a alguien. Un marido, alguien.
Suspiro.
Un rápido baño y bajo a desayunar. Hay de todo en la nevera, pero nada se me apetece. La sensación de vacío sigue en mí. Así que, me dirijo hacia el mueble bar. “Bebe, te sentirás mejor” me habían dicho millones de veces, pero ni siquiera el alcohol, me podría ayudar con la manera en la que me sentía a veces.
Así que, sin comer ni beber, no podía; tomo el auto y me marcho hacia la ciudad.
Ningún rumbo en mente, solo necesitaba sentirme rodeada de seres humanos.
Sin embargo, no es que haya mucha gente a esa hora, solo los típicos que van a estudiar, a trabajar, poco más. Incluso en la plaza central, solo veo a pequeños grupos pasar de un lado a otro.
Supongo que la ciudad estaba igual que yo.
Sin embargo, hay algo que sí me llama de repente la atención aquella mañana.
Ambos venimos cruzando. Es un chico y su novia, al parecer. Los dos vienen peleando acaloradamente, cargados con cosas de colegio. Universidad a lo mucho.
El chico le recrimina algo a la chica. Es alto, más bien feíto y tiene pinta de esos típicos niños ricos de papá que se creen que pueden conseguir de todo con el dinero de papá y que lo puede controlar gracias a ello.
La chica es diferente. Se ve más desprotegida. Viene llorando o, al menos, emocionada por el rojo de sus ojos y la tristeza en sus labios. Ella es bellísima. Ojos claros, cuerpo más bien de modelo y, por alguna razón, me resultaba familiar cuanto más tiempo la miraba. La única pega, es que no sabía por qué me resultaba tan familiar.
Los dos caminan hacia mí mientras yo lo hago opuesto a ellos y no es hasta que apenas estoy a unos metros que consigo escuchar algo.
-Vamos, Vals- le dice el chico- Que te estoy hablando.