Entre lazos y destinos

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Summary

Sipnosis VALTHERIS Y VELKAN LLEVAN SIGLOS ODIÁNDOSE. PERO EL VERDADERO PELIGRO NO NACIÓ EN LA GUERRA. NACIÓ EN UNA MIRADA. Zarek, el príncipe de Velkan, no quiere saber nada del reino enemigo. Orgulloso, sarcástico y con una daga siempre lista, se ve obligado a cruzar las fronteras para cumplir con un acuerdo diplomático que desprecia. Lo último que espera encontrar es a Lilith, la enigmática heredera de Valtheris, cuya magia descontrolada es tan peligrosa como su carácter. Obligados a convivir bajo el mismo techo, Zarek y Lilith están destinados a detestarse. Y lo hacen. Al menos al principio. Pero entre amenazas veladas, tensiones que se palpan en el aire, y miradas que duran un poco más de lo permitido, el odio empieza a tambalearse. Mientras la paz pende de un hilo, los secretos familiares, la presión de sus coronas y un romance prohibido amenazan con desatar una tormenta más poderosa que cualquier guerra. ¿Qué pasa cuando lo que más odias... se convierte en lo único que deseas?

Genre
Fantasy/Romance
Author
Mar
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

El ambiente olía a sangre y cenizas.


Todo a mi alrededor estaba destruido, todo el reino ardía en llamas y la gente moría a causa de los humanos. Los humanos. Esa especie tan parecida a nosotros y, aun así, tan llena de odio.


Corrí entre los escombros, esquivando cuerpos y llamas, con el corazón golpeando mi pecho como si quisiera salirse. Los gritos de dolor y el choque del acero contra el acero retumbaban en mis oídos. No sabía dónde estaba la gente, no sabía quién seguía con vida.


—¡Mamá! —grité con la garganta rasgada.


Mis padres me habían dejado sola, para que no pasase nada.


Sola.

Con miedo.

Con preocupación.


Tenía miedo de que mis padres muriesen, estaba sola y no sabía utilizar mis poderes, estaba preocupada por como quedaría el reino después de esto.


El miedo era un nudo en mi estómago, una sombra en mi espalda. Si ellos no volvían, si caían en la batalla… ¿qué sería de mí? No sabía usar mis poderes, no sabía cómo luchar, no sabía si este reino seguiría en pie cuando todo terminara.


Tropecé con una madera y caí haciéndome una herida en la pierna, pero no podía parar, no ahora. Me obligué a levantarme, a seguir corriendo aunque cada paso fuera como atravesar un campo de espinas.


El aire estaba cargado de ceniza y muerte. Los edificios que antes habían sido mi hogar se desmoronaban en la distancia. Un estruendo sacudió el suelo, seguido de un rugido de dolor que no supe reconocer.


El enemigo nos estaba aniquilando.


Mis ojos recorrieron el desastre con desesperación, buscando un rostro familiar, una señal de que no estaba completamente sola. Pero lo único que vi fueron sombras moviéndose entre el humo, espadas tintineando bajo la luz del fuego, y cuerpos inertes sobre la tierra ennegrecida.


Seguí avanzando, con las piernas temblorosas y la sangre resbalando por mi piel. No podía rendirme.


No podía perderlos.


Mis pies se hundieron en el lodo ensangrentado mientras me abría paso entre los escombros. El rugido de la guerra lo envolvía todo: el crujir de la madera al derrumbarse, el silbido de las flechas cortando el aire, los gritos de agonía de quienes no tuvieron la oportunidad de huir.


Mi respiración era un jadeo entrecortado cuando llegué a la plaza principal, o lo que quedaba de ella. Las estatuas de los antiguos reyes estaban hechas pedazos, el suelo cubierto de grietas y cuerpos inmóviles. No quise fijarme en sus rostros. No quise pensar en la posibilidad de encontrar entre ellos a alguien que conociera.


—¡Mamá! ¡Papá! —volví a gritar, sintiendo cómo la desesperación me quemaba la garganta.


Nada.


Solo el rugir del fuego devorando lo que antes había sido nuestro hogar.


Segui corriendo hacia los antiguos jardines del palacio, cuando una cabellera rojiza a mí izquierda me distrajo.


Mi corazón dio un vuelco. Mis pasos vacilaron antes de lanzarme en esa dirección, con el miedo oprimiéndome el pecho.


La silueta yacía entre los restos de lo que alguna vez fueron rosales en flor. La cabellera roja estaba revuelta y manchada de ceniza, extendiéndose sobre el suelo como un charco de sangre.


—No… no… —murmuré, sintiendo las piernas volverse de plomo.


Me dejé caer de rodillas a su lado, con las manos temblorosas. Mi madre no se movía. Su pecho no subía ni bajaba, su piel estaba fría al tacto.


—Mamá… —La llamé en un susurro, esperando, rogando que abriera los ojos.


Pero no lo hizo.


El rugido de la guerra pareció desvanecerse en mis oídos. Todo lo que quedaba era un vacío abismal tragándome desde dentro.


—Por favor… —Hundí el rostro en su hombro, apretando los dientes con fuerza para contener el sollozo que amenazaba con romperme en pedazos—. No me dejes...


El viento sopló con fuerza, avivando las llamas a nuestro alrededor. Y fue entonces cuando lo escuché.


Unos pasos acercándose.


Mis manos se cerraron en puños sobre la tela ensangrentada del vestido de mi madre. Mi cuerpo temblaba, no solo por el frío, sino por el miedo que se apoderaba de cada rincón de mi ser.


Los pasos eran firmes, seguros, y cada vez estaban más cerca.


No podía quedarme ahí. No podía dejar que me encontraran.


Me obligué a levantar la mirada. La sombra de un hombre se dibujó entre el fuego y la destrucción. Era alto, con una armadura oscura y una espada ensangrentada en la mano.


Retrocedí, mi respiración entrecortada.


—Vaya, vaya… —Su voz era profunda, casi divertida—. No esperaba encontrar a la pequeña princesa aquí.


Mi pecho subía y bajaba con rapidez. Mi mente gritaba que corriera, pero mis piernas estaban clavadas al suelo.


El hombre inclinó la cabeza, observándome con ojos fríos.


—¿Sabes? Podríamos acabar con esto ahora mismo.


La hoja de su espada reflejó el resplandor del fuego cuando la levantó.


Y entonces, algo dentro de mí se rompió.


No sé si fue el miedo, la desesperación o la ira. Pero, de pronto, el aire a mi alrededor cambió. El suelo bajo mis pies tembló. Un calor abrasador recorrió mis venas.


Y lo siguiente que supe… fue que la tierra explotó a mi alrededor.