cap 1. 'colegio de guerra'
“𝘌𝘭𝘭𝘰𝘴 𝘵𝘦 𝘷𝘢𝘯 𝘢 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘦𝘯𝘢𝘯 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘴𝘦𝘳 𝘶𝘯 𝘢𝘳𝘮𝘢,𝘵𝘶́ 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘥𝘦𝘴 𝘴𝘪 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘳𝘭𝘰 𝘰 𝘯𝘰”
𝑪𝒂𝒓𝒕𝒂 𝒓𝒆𝒄𝒖𝒑𝒆𝒓𝒂𝒅𝒂 𝒅𝒆 𝑨𝒍𝒊𝒔𝒕𝒆𝒓 𝑹𝒊𝒐𝒓𝒔𝒐𝒏 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝑳𝒂𝒚𝒍𝒂 𝑹𝒊𝒐𝒓𝒔𝒐𝒏

No sabía nada de su hermano desde el año pasado, apenas habían pasado un par de vacaciones juntos cuando lo volvieron a solicitar en el estúpido colegio que ahora ella veía de forma sorprendente.
Tampoco era como que tuviera opción, claro estaba, los marcados como ellos ya no tenían opciones, destinados a vivir aquella aventura, para enviarlos a morir sin ser directamente de ese modo.
El agua poco a poco le empezaba a mojar la cara, claro, su hermano se había peleado de forma agresiva contra ella y esa había sido su conversación, tenía la ropa de cuero digna de un jinete, su pelo en dos trenzas finalizadas en una corona por encima, echo por Imogen al negarse cortarse el pelo, y las botas regaladas por Queen, que sabía que absolutamente todos allí la esperaban del otro lado, confiando en su capacidad para cruzar aquella maldita barra.
Se postra frente a su hermano, este nunca demostraba sentimientos frente a nadie y por nadie.
Pero ella lo conocía, veía el nervio en sus ojos y los puños blancos ante la tensión, solo quedaba rezar qué su nombre apareciera en la tablilla continua a aquel pedazo de piedra.
—¿Nombre? —la pregunta en sí era innecesaria, pero igual tenía que hacerla.
—Layla Riorson —contestó tan segura de sí, toda su vida se había dedicado a entrenar para sobrevivir para aquello, o al menos desde lo que pasó con su padre, después de su muerte, cuando ella apenas y tenía cinco años.
Su hermano anotó su nombre, ella apenas y lo notó, pero veía el leve temblor que tenía a medida que escribía letra por letra.
—A moverse —murmuró para darse ánimos, pasando finalmente por el costado de su hermano bajo la atenta mirada de Garrick, su primo la veía, dándole un leve asentimiento de cabeza en forma de ánimo.
—Tú puedes, Lay —apenas y se escuchó con el viento y el sonido de la tormenta, pero el susurro de la voz de su hermano le llegó a los odios lo suficientemente fuerte para saber que tenía que obligarse a buscar una forma de llegar al lado contrario del parapeto, tenía motivos para vivir, y ninguno para caer en manos de Malek.
No podía evitar pensar en el miedo que le proporcionaba aquel maldito lugar, pero había un detalle que ella no podía dejar de pasar por alto, era una Riorson, nada podía ser más fuerte que ella misma, y si lo era ella no podía demostrarlo, eso se lo había dejado claro la enseñanza con los otros niños, la que se encargó de dejarle su hermano mayor ante todo lo que cargaban en sus hombros, las vidas que había detrás.
Apenas quizá al metro, o metro y medio veía a una chica de puntas blanca enlazadas en una corona como la que Imogen le había hecho a ella, pero supo en momentos que su pelo era quizá el doble de largo que el rubio teñido de ella, detrás llegaba un chico que el pobre parecía temblar, ella se había ajustado su mochila lo más que podía a su propio cuerpo, y por lo tanto, apenas y sentía el desnivel, sus amigos se habían asegurado de que no llevara demás ni cosas inútiles que pesaran como para llevarla a un lado con Malek.
Su cuerpo entró en alerta en cuestión de momentos cuando sabía que algo iba a salir mal, el chico detrás de ella, que apenas y veía, pero no tardó en adivinar que había pasado, otro chico que venía detrás de él, un rubio, iba disparado y no había dudado en sujetarlo de la mochila obligándolo a caer. Lo había matado y el rubio psiquiátrico parecía disfrutarlo.
Apretó los labios, no era estúpida, sabía que era la siguiente.
—Agradezco tu oferta, pero hoy paso Malek —murmuró, era más ánimo personal, pero sabía que apenas pudiera, se la iba a cobrar con este idiota, odiaba sentirse amenazada y no poder cobrárselas, o en el momento o después.
A lo lejos veía el colegio, faltaba quizás dos metros, y medio puño solamente para que ese idiota le sujetara.
Hizo la mayor idiotez de su vida, con la piedra húmeda, una gran posibilidad de resbalarse y caerme, empezó a correr, maldiciendo al desconocido en voz alta, no había llegado oficialmente al piso, pero si estaba segura de que saltó sobre la peliblanca tirándola con ella, ambas tocaron el piso justo a tiempo, cuando el rubio sujetó su cabeza.
Por reflejo, golpeó su cara con un codazo y una daga terminó en su cuello ante el reflejo del contrario al agacharse.
—Muévete, por favor, muévete un poco más y dame una razón para arrancarte la cabeza —su voz sonaba como solía serlo frente al resto, fría, cortante, manteniendo mi imagen y voz amenazadoramente baja, aunque no mentía, ella si quería buscar una excusa para arrancarle la cabeza.
—Debes ser la chica Riorsion —apenas y lo sintió, pero por el tono le había dejado clara sus intenciones
—Y tú, uno del montón que se piensa puede pasarme por encima, demasiado egocéntrico para la situación en la que te encuentras —la peliblanca lo miraba atenta detrás de ella, podía ver muy claramente la mano en su daga, bueno ella ya había reaccionado, literalmente tenía la punta de su daga para dejarlo eunuco.
Sabía que Sgaeyl le iba a avisar de algún modo a su hermano que no había muerto, lo que le dejaba muy tranquila, su hermano podía volver a respirar.
Imgoen sobresalía con la bayoneta en su espalda.
—Uf chico, yo que tú la dejo en paz —se intentó disimular la sonrisa, colocando una mano en su boca, pero dejó a la vista la marca de rebelión, Layla sonrió, adoraba esa marca, aun sin tatuajes los dejaba ver rudos y por sobre todo, lo que todos ellos sabían lo que significaba realmente, una marca de libertad. — No sé si me apetecería ver a una Riorson enojada, menos ella —levantó una ceja, sí, sabía que era mucho más temperamental que su hermano, pero también era una buena arma en el momento de atacar y no tan predecible, pero poco a poco lograba mejorar ese temperamento.
— Tú decides chico, las dejas o las dejas, porque teóricamente ellas ya son cadetes y tú aún no — señaló lo claro, él tenía aún los dos pies encima del parapento, mientras que ella y la otra chica ya estaban en tierra firme.
Maldijo en voz baja.
— Me las van a pagar, Riorson, Sorrengail —Layla quedó congelada ante el apellido.
Negó con la cabeza, después organizaría sus ideas.
— Escuché peores, puedo vivir con eso —se burló, y le hizo un tajo en el cachete, dejando algo que posteriormente le iba a dejar cicatriz —Solo para que no me olvides, cariño
La chica peliblanca estaba tensa mirándola, Layla no podía mirarla, no quería verla, no tenía nada contra ella, pero tampoco era su persona más favorita en ese preciso momento, bueno al menos la Sorrengail le debía una por salvarle la vida, y por lo que pudo ver de reojo, la contraria lo sabía muy bien, le dejaba en claro que era hija de la general Sorrengail, aunque no tenía parecido alguno en el físico.
—Muévete —y su voz perdió ese toque de humor, quería arrancarle la cabeza, por un lado, por otro lado, Layla sabía que necesitaba averiguar el bando de esa chica antes de declararla cadáver. Golpeó levemente su hombro, el temblor en su cuerpo le dejó saber que o era por la adrenalina, o se había lastimado, pero necesitaba mantener una distancia con esa chica, aunque su instinto sabía que le iba a durar muy poco.
Y como era normal, le dejaron un hueco libre, nadie se acercó a ella a felicitarle ni juntarse, algo que estaba demasiado acostumbrada, así que se limitó a revisar su estado general, contar sus dagas, doce, aún seguían allí, y sacar un caramelo de chocolate, los cuales eran su adicción de algún modo, y se había dedicado a guardar en los bolsillos de mi ropa, a pesar del regaño de su hermano antes de verse por última vez.
Claramente, no pensaba en dejar sus queridísimos caramelos de chocolate, eran muy útiles para ignorar la soledad que tenía normalmente, incluso hasta los marcados, que eran en cierto modo sus amigos, mantenían su distancia de Layla, lo que no sabía si la convertía en un bicho más raro de lo normal o no, seguramente sí, pero prefería ignorarlo.
Se agachó cuando notó que alguien saltaba encima de ella, casi lista para la defensa, hasta que noté finalmente a uno de los chicos que solía estar conmigo y quizá el más cercano.
— Aric —ella sonrió, ese pelirrojo era la definición de mejor amigo que tenía, siempre con Xaden echándole el ojo, pero no era mucha molestia, por alguna razón, Layla era más cerrada y más agresiva que Xaden, eran hermanos, pero incluso la imagen falsa que mostraba el contrario era la imagen de Layla día a día con su personalidad real.
— Llegaste bien, Ly —ella asintió ante lo obvio, sonriendo a medias, posteriormente pasó a lanzarle un caramelo al contrario. —Y por supuesto tenían que venir contigo —carcajeó, él siempre sonreía, algo que lograba aliviar el ambiente.
—Tu hermana va a estar contenta cuando sepa que sobreviviste —Aric asintió, y por un segundo hizo una mueca —Espero verla el próximo año.
Layla golpeó con algo de fuerza el hombro del pelirrojo.
— Cierra la boca, vas a llegar y ella también —lo dijo más como una sentencia que como ánimo, después de todo ellos no tenían opción, o morían allí adentro, o se recibían como jinetes, era blanco o negro, la escala que tenían los demás chicos a su alrededor pudiendo elegir ser curanderos, escribas o infantes, no existía, no para personas como ellos que llevaban la marca como un montón de parias, después de todo, los habían mandado a morir. Y ella era la definición de revolución, adoraba ver el mundo arder siempre que fuera para proteger los suyos, lo tuvo claro desde los catorce, cuando decidió tomar el puesto de su hermano ante lo que tenían en el momento.
Por un segundo un sabor amargo le llegó a la boca, no creía que podía recordar eso, no quería hacerlo.
Negó con la cabeza para sí misma, necesitaba volver a la realidad, y su hermano ya le había dado una advertencia, allí adentro nadie la tenía fácil, ¿los marcados? La tenían lo más imposible que se les pudiera hacer.
Continuó mirando uno a uno mientras iban llegando del parapento, divisó a una morocha de piel canela, era linda, pero sobresalía las diferentes tipos de botas en sus pies, lo que llamaba la atención porque curiosamente Layla notó como un par de su pie cordinaba con el otro de la chica Sorrengail, levantó una ceja.
¿Le gustaba hacer tratos con Malek?
Podría decirse que sí, o eso parecía, notó como la mas chiquita entre las dos le murmuró algo, apareciendo otro chico rubio notado claramente molesto, se intentaron esconder lo que no era complicado de hacer porque la mayoría estaba celebrando de haber sobrevivido a la primera prueba, dentro de todo pasaba desapercibida para personas generales, pero no para Layla, ella no tenía nada que celebrar ni entretenerse, tenía planes que trazar, formas de sobrevivir y por sobre todo, demostrar que era capaz de sobrepasar sus límites.
Era una Riorson, ella no simplemente hacía las cosas pro hacerlas, su hermano dejó un legado muy fuerte a pesar de que los superiores lo tenían siempre en la línea floja por el hecho de ser un marcado, tenía que llegar mínimo a lo que había podido hacer su hermano, tenía que demostrar ser capaz.
Hizo una mueca, ni siquiera parecía que se tuviera que preocupar por la chica Sorrengail, quizás y el colegio haría lo suyo, con suerte no duraría mucho.
Sería divertirlo verla sobrevivir allí adentro, eso Layla lo tenía muy bien pensado. Adoraba los retos, adoraba ver el mundo arder, y si eso se lograba ella recibiendose como teniente en grado los jinetes, eso iba a hacer.
Suspiró, negando para sí misma, seguramente su hermano terminaría decidiendo que hacer con ella, lo que le solucionaba un problema y a la vez le evitaba empezar con rencores, pero a la vez notaba la mirada de los demás sobre ella, la marca de ella sobresalía por parte del cuello, era más pequeña que su hermano, por lo que no habia forma de tapar la misma con el cuello, alguna parte simpre terminaba sobresaliendo.
Se ajustó el correaje con las dagas, Imogen hizo una seña en su dirección, lo que ella lo tomo como que finalmente había terminado de todo, sabía que llegaba el famoso discurso de su hermano amenzando a medio mundo, ya ella se lo había advertido, si se lo convertía demasiado aburrido despúes le estaría recriminándoselo, por que en público su hermano era también su superior, y le gustase o no, tenía que respetarlo, lo que le parecía injusto porque aún sentía esa necesidad de hermana menor simplemente de molestarlo.
De todos modos, él y Bodhi eran su única familia, su mundo eran ellos dos, no había mas nadie, adoraba al resto de los marcados, o la mayoría al menos, pero no era cercana a ninguno en sí, cuando hablaba siempre procuraba marcar su distancia.
Aprestó atención cuando apareció su hermano, cruzando el parapento como si aquello fuese un juego de niños, lo que le causó otro suspiro, tenía demasiado trabajo por delante, y muy de vez en cuando lo consideraba una tarea imposible, quería cumplir
Agachó la cabeza ante ese pensamiento, recibió un leve golpe por parte de Aric, quien le señaló a su hermano, este le asintió en modo de felicitación, Bodhi se encontraba escondido detrás de él, dando un simple guiño de ojos en su respuesta, ambos la estaban felicitando.
Pero Layla sabía que no había nada que felicitar realmente, despúes de todo era literalmente vivir o morir, y la segunda no podía ser opción, al menos no para los marcados como ella.
—Deben sentirse orgullosos —la voz de Xaden retumbó por todo el lugar, no había duda, él había nacido para ser líder o se había convertido en uno tan bueno que le salía natural, los murmullo de felicidad empezaron a sentirse. —Orgullosos de poder ser quienes estén de este lado, de sobrevivir a la prueba —los victoreos se sentían más, Layla colocó los ojos en blanco, ambos compartían la misma necesidad, arruinar los buenos momentos, la mayoría de las veces por inercia, otras a propósito, como seguramente creía que lo iba a ser su hermano, claro, faltaba conocer los dragones en persona, y hasta donde le había advertido su hermano, solían morir un par más.
A ella no le preocupaba Sgaeyl era la dragona más descomunal que había visto en toda su vida, por lo que justamente no le asustaba verlos, también había visto lo de los demás, el de Bodhi, Imogen, Queen, y también quería tener esa posibilidad.
Ignorando la normal presentación para lograr asustar a los nuevos cadetes, miró el colegio de guerra Basgiath, era ahora oficialmente su nuevo hogar hasta los próximos tres años, hasta que logrará sobrevivir a todo lo que aquel lugar conllevaba.
—Trescientos uno lograron sobrevivir hoy...—la voz de su hermano se escuchó en un sumbido, era claro ejemplo de que era su hermano mayor y por lo tanto terminaba por ignorarlo la mayoría del tiempo. —Otros setenta y cinco no lo hicieron... —eso logró apagar poco a poco los festejos, Layla lo miro aburrido, no conocía a ninguno de allí, no tenía el porque sentir algún tipo de lastima o sentimiento parecido hacia cualquiera de los que Malek había decidido llevarse.
El comandante tomó la palabra, nuevamente Layla procedió a igornarlo, recibiendo un ceño fruncido de parte de su hermano, giró la cabeza cuando notó la vista de alguien encima de ella, no sabía como, pero se sentía levemente incómoda, odiaba la sensación de verse observada.
Al voltear le pareció ver a un rubio mirándola con atención, sí, lo ubicaba, como cada uno de los marcados, Liam la miraba con atención, no recordaba especialmente nada de él, pero sí de su hermana menor, con quien sí se llevaba bien.
Liam nunca estaba en la casa cuando veían a Solane, por más que fuesen criados juntos, el rubio vivía pegado a su hermano mayor.
Le sonrió levemente, ella asintió como una especie de saludo, despúes quizás y le preguntaría por la chica.
—Sí sobreviven a la Trilla serán jinetes, ahora comienza lo difícil...si yo me tengo que meter —volvió al centro de enfoque al oficial del colegio, quien los apuntaba a todos con un dedo —, bueno, no quieren que yo me tenga que meter —una sonrisa levemente de presión apareció en su rostro, era claro que era una amenaza indirecta, lo que a Layla le provocó casi levantar los hombros, era la que se podía tomar como la primera de muchas en dirección a ella, tal y como le había pasado a su hermano cuando le llegaron las cartas el segundo año, los intentos de asesinato que había tenido el contrario y las pesadillas de ella al saber esas cosas fueron su acompañante diario esperando a que finalmente ella pudiese presentarse, más allá de la orden del rey de Nevarre, por voluntad propia de Layla. — ¿El mejor consejo que les puedo dar? No se mueran —y se retiró como si nada.
Bajó de la tarima que habían armado donde se encontraban hablando todos los profesores, dejando a los que ya eran jinetes de tercer curso allí, uno de ellos su hermano, quién le tocaba retomar sus palabras, le hizo una seña a una chica y ella asintió, tomando la voz.
—Soy Nyra, la líder mayor del cuadrante, y jefa del ala uno, líderes de sección y pelotón, tomen sus lugares.
Poco a poco Layla notó como al menos unos cincuenta en total terminaron por moverse, armando finalmente una formación delante de quienes serían los líderes. Imogen, aún con la ballesta en el hombro, dio un paso al frente y comenzó a recitar los nombres que había anotado, los nombres de los sobrevivientes.
—Layla Riorson, segundo pelotón, sección llama, ala dos —asinitió cuando Imgoen la miró una vez antes de darle una leve sonrisa y finalmente continuar dando nómbres.
Su hermano la miró, ella levantó el dedo en aprobación, no creía morir allí, aunque todo eso recién comenzaba, y ya habían dicho su nombre millones de veces por lo que no tenía sentido esconderse de su hermano o su parentezco, sin contar que mas allá del apellido aún llevaba la marca de traidores en el brazo y que se le veía al cuello, con la camisa manga corta que había ajustado con un corset para evitar que el viento le llevase la tela al momento de cruzar el parapento, entonces, ella no era así, al menos no en público, pero adoraba molestar a su hermano mayor, este negó con la cabeza mientras se tocó la frente con la mano.
Bueno, era esperar que la tomaran como quisieran, pero estaba segura que muchos de allí no dudaban de lo que era capaz, con los puños, despúes de todo, aprendió defensa cuerpo a cuerpo entre Bodhi y Xaden, y ninguno de los dos nunca le permitió una abertura para que la tirasen, ellos se aseguraron de que no existiera hueco alguno en la pelea corporal.
Levantó la vista cuando notó que iba a la sección de un tipo rubio, que la veía no muy contento, claro estaba, Sorrengail estaba allí, al conjunto con un chico pelirrojo y muchas pecas que la miraba curioso, un tipo morocho, bastante lindo a consideración de Layla, que conversaba con el pelirrojo y no dejaba de sonreir, una chica morocha, las trenzas se le notaban el largo del pelo, tenía una pinta de típica matona, y un par de chicos más que Layla no llegó a ver porque fueron los últimos en mencionar, volviendo su vista a la tarima.
Xaden frunció el ceño, se dirigió hacia la líder del ala dos, que comenzaron una discusión bastante acalorada para luego ver a la chica gruñir en contra de lo que hubiesen estado hablando.
—Dain Aetos —Layla apretó la mandíbula, sí se acordaba del padre del chico, el apellido Aetos no era de los que ella pudiese olvidar, y Layla no podía creer que estaba en su pelotón, como su líder —, tú y tú pelotón cambiaran con el de Aura Beihaven —y miró a la chica nombrada, eso singificaba que el líder de ala de Layla era su propio hermano, esa chica era del ala cuatro, el ála de Xaden, lo que en cierto punto fue un alivio, no estaba para aguantar al hijo de papi.
Su hermano lo miró, por un segundo ella juró ver alivio, hasta que notó el gesto arrogante que le hizo a la pequeña Sorrengail, lo que hizo a la de mechas azules a suspirar y negar con la cabeza, eran ciertas formas de ser infantil de parte de su hermano.
—Ahora son cadetes —Xaden rompió el silencio luego de un asentimiento de Nyssa. —Su pelotón son las únicas personas que el Codex asegura no los matarán, siempre y cuando lleguen al final del día. Pero tengan en cuenta que si ellos no pueden acabar con su vida los demás sí, cubranse, cuídense y si quieren un dragón, gánenselo.
Que motivador, debería dar charlas más seguido
El pensamiento de Layla le llegó, lo que hizo rodar sus ojos.
El aire empezó a retumbar, los sentidos de ella se pusieron en alerta completamente, mirando a su alrededor, mientras que el cuerpo le advertía del peligro.
Se agachó por instinto y en segundos tenía a su hermano mirándola alerta, sabía que estaba preocupado, y con razón, si ella no los tuviese bien desarrollados a cada instinto el pedazo de piedra que voló por su cabeza le habría roto el craneo, los ojos de su hermano fueron de unn instante de pánico antes de volver a su semblante serio, normal.
Ella negó, tendría que tener una charla con él más tarde, sino la usarían a ella para romperle el cuello a él, despúes de todo, Xaden tenía una debilidad muy clara, y esa era Layla, esa niña era la luz de sus ojos y el motivo por el cual no se había cerrado por completo con nadie de ellos.
Y de todos modos, ella se negaba a ser medio para la muerte de él, no era juguete de nadie para que la usasen de ninguna forma.
Los gritos empezaron de forma gradual hasta volverse descomunales, pero nadie se movía, hasta que finalmente uno salió corriendo, y Layla identificando a Sgaeyl que la miró un segundo para luego girar su descomunal cabeza, lo incineró sin dudarlo.
Ella no estaba para elegir jinete, ella ya lo tenía, pero sí le gustaba imponer y marcar el lugar que le correspondía dentro de los dragones, quizás por eso se lograba llevar tan bien con Xaden suponía Layla, ambos eran igual de arrogantes cuando querían.
Layla tensó el cuerpo cuando uno de otro pasó por un lado de ella y finalmente la golpeó, tómandola desprevenida, tirándola al suelo, en automático rodó en el piso, justo a tiempo, el idiota se había escondido detrás de ella y otro dragón rojo cola de maza le escupió, en donde estaba ella anteriormente quedaban un poco de cenizas en su lugar, lo que había sido una persona segundos atrás.
Ella suspiró mientras se levantaba, esos idiotas imprudentes lograban dejarla de mal humor demasiado rápido, lo que era algo en contra era su temperamento, no era que fuera malo, pero tampoco era un tipo de temperamento donde ella no respondiera de forma sarcastica o con un toque de mal humor, o humor negro , iban a ser unos tres años muy largos si esos iban a ser sus compañeros.
Levantó la cabeza volviendo a ver los dragones, eran casi dos intentos de asesinato sin intención, se podría decir, pero al menos podría empezar a hacer la lista.
Aún así ella seguía pensando lo mismo, todos son hermosos, magestuosos y muy imponentes.
—¿Tan emocionada estás? —el chico castaño que sonreía le miró, guiñándole unojo.
—¿Tanto se nota? —contrataquó, tirando su pelo hacia atrás, evitando que le molestase los mehones suelos en la cara.
Él se rió y negó con la cabeza, para luego levantar los hombros.
—Conversar no es tu fuerte, ¿no, Riroson? —frunció el ceño ante su apellido.
—Escucha sonrisita, si tienes un problema conmigo dímelo —su sentido de autodefenderse apareció.
Él negó.
—Estamos en el mismo pelotón, azul —levantó una ceja del mismo modo que él lo había dicho ante el apoyo —, puede que alguien quiera arrancarte la cabeza por tu apellido y lo que representas, y a Xaden Riorson también, pero se puede vivir en armonía y paz si queremos sobrevivir, ¿no?
—Justo esas son mis caracterísitcas más débiles —la chica de mechas azules lo miró —, Layla Riorson —extendió la mano, no esperaba que el chico le correspondiera, aún sonriendo.
—Ridoc Gamlyn a tus servicios —ignorando todo el escándalo y la muerte de otro cadete sonrió. —, y a menos que me quieras arrancar la cabeza, tu nuevo autoproclamado mejor amigo.
Layla lo miró, el chico era curioso, pareció darle igual que ella era una marcada y para empeorar la situación una Riorson.
—Bien —la voz de su hermano volvió a resonar por todo el lugar, captando nuevamente la atención —¿Alguno más quiere cambiar de opinión? —el silencio reinó el lugar —, bien, la mitad de ustedes estarán muertos antes de mitad de año —sentenció la condena como un juez.
Querían asustarlos, y lo habían logrado, o con la mayoría, a Layla le picaba el cuerpo del sentimiento, un poco de miedo sí, pero le ganaba la emoción de ver la sonrisa de orugullo de su hermano al momento de sobrevivir la Trilla con un hermoso dragón.
El úncio que sabía leer su cara de poquer la mitad del tiempo era su hermano, y podía apostar se había dado cuenta levemente de sus emociones.
Bueno, había escuchado una vez, nacían para morir, pero ella era el tipo de chica que iba a morir peleando por la responsabilidad que cargában en los hombros, y antes de poder ayudar, necesitaba conseguir su vínculo.








