EQUIVOCADOS| Tom Riddle

Summary

La rivalidad de los Slytherin y Gryffindor ha esta estado por siglos, pero la de Sara Estefson y Tom Riddle, es mas que eso. El pasado es el que los condena a estar juntos, aunque no quieran. Parece que no solo el los quiere juntos, en el castillo de Hogwarts se respira mas que hechizos y ''tareas''. Algo asecha donde nadie lo ve, aunque este enfrente de ellos. Pero... ¿Sera que el ''bien'' puede salvar al ''mal''? ¿O los dos se destruiran?

Status
Ongoing
Chapters
29
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
16+

PELEA

—Maldito seas Tom Riddle —grito, con un enojo tan grande, que si llego a tocarlo, lo mataría. 

—Ohh…Pequeña sangre sucia que lastima me das —Se acerca lentamente a mí, burlándose.

—Te lo advierto idiota. Da un paso más y te golpeare. —Lo amenazo, levantando mis puños.Se me olvidó que tenía una varita pero la verdad el daño se lo quería hacer con mis manos.

—Hazlo. Patética mujer —Una sonrisa burlesca se forma en su rostro.

El calor se empezaba a sentir en mi rostro por el enojo, asco, que me provoca. Con la ira rezagada que le tengo, caminó hacia él con pasos firmes.Y en unos segundos mi puño toca su rostro.

—Te lo dije Riddle.

Sus ojos irradian odio hacia mi y me da su primer golpe.

—¡Te asesinaré!.

Me lanzo sobre él para tirarlo al suelo de la biblioteca de Hogwarts. Sus golpes pegan fuertes en mi rostro, pero se que los mios mas. Pronto se forma una grulla de chicos gritando y murmurando. Unos pasos abren camino entre la multitud.

—¡DETÉNGANSE! —grita la profesora McGonagall.

Seguíamos peleando como muggles, ante el grito de la profesora me pongo de pie. Intento arreglar mi cabello porque el bastardo me lo desordenó todo.

—¡Profesora, él comenzó!. Estaba tranquila leyendo y se empezó a reír como loco.

—’’Sara la mentirosa,deberían llamarla’’. Me reía de mis chistes mentales. ¿Acaso eso es un delito?.

—¡Ay por Merlin!. ’’Si eso era “. Usted lo conoce profesora, siempre se burla de mí. ¡Y me harto!

—Los dos son iguales. Se molestan y se odian entre sí —exclama—. Su comportamiento es absolutamente inadecuado. Donde el profesor Dumbledore. ¡Ahora!.

Si que está muy molesta, tanto que sus lentes se empañan y nos amenaza con su varita.

Caminamos hacia la oficina del profesor, sin mirarnos. Los que sí los miran son los estudiantes. Es común que Riddle sea reprendido así, ¿Pero yo?. Nunca he estado en esta situación.

—¡Buenos días señor Riddle! —saluda el director Dumbledore—. Es algo nuevo tenerla por aquí, señorita Sara.

Su asombro es notable… y extraño.

—No es de mi agrado darle esta sorpresa Señor —La vergüenza me consume.

—No se preocupe siempre hay una primera vez —comenta, en su forma filosófica de hablar—. Aunque… deben ya de saber que sus actos no quedarán impunes.

—Sí señor —respondemos al unísono.

—Tengo claro que son buenos alumnos e inteligentes, pero esto rebasó los limites. —Entrelaza sus manos sobre la mesa sin apartar la mirada—. Porque les tengo compasión no les daré un gran castigo. Sara, empezará con usted.

—Está bien —contesto—. «Los nervios se apoderaron de mi cuerpo cuando él se para de su silla para dictar mi sentencia»

—Sara Estefson, debido a su falta de serenidad y conducta inadecuada, pierde cincuenta puntos —Mis ojos casi se salen al escucharlo—. Aparte, no asistirá a los juegos de Quidditch de este sábado.

—¡¿Qué?!. ¡No por favor señor!, no puedo hacerle perder esos puntos a mi casa, —grito, y brinco al pararme—, ¡y menos faltar al partido!.

—¡Cálmese!. Así aprenderá a controlar sus impulsos. Le estoy dando un tiempo libre, para que razone sobre esto.

Le suplico con mis ojos húmedos, tenemos ese contacto visual incómodo, pero lo rompe al ver a Riddle. ¡Se reía de mí!

—¡Observelo Señor! ¡Se burla en mi cara!. ¡Siempre hace eso!

—¿Le parece graciosa esta situación, Riddle? —interviene.

—No,para nada señor —responde, entre risas—. Es que es glorioso ver a la ‘’aplicada sara’’ en esta situación.

—¡Cierra tu sucia boca gusano infeliz! —exclamo, haciendo lo posible por no abalanzarme a él.

—¡Callense los dos!. —El director grita, y me quedo asombrada por su reacción.

—Riddle, cincuenta puntos menos… y por esa risita, le hará todas las tareas a la señorita, durante una semana.

¡No, no, no, no! —cruzo mis manos de un lado a otro—. No es necesario, suficiente con los castigos. ¡Se lo suplico señor, no me obligue a convivir con él!.

No me hinco porque todavía tengo dignidad.

—El sentimiento es mutuo, Señor. —dice Riddle.

—He sido muy comprensivo con ustedes jóvenes, pero esto no está en discusión —decreto, sin dejar esperanzas.

Agarro mi enojo y vergüenza, salgo de la habitación dirigiéndome a buscar a mis amigos. «¿Cómo lo soportaré durante una semana?». Detrás de mí, escuché una voz chillona, que interrumpe mi pensamiento.

—¡Ni pienses que te haré tus tareas! —suelta, Riddle.

—’’Ay,por favor’’ ¿Pensabas que te las daría?

—Eres tan inutil, que sí, lo considere. Es mejor que no te toque ningún cuaderno… .

—!¡No soy una inutil y menos estupida!. Todo lo que tus manos tocan lo arruinan, ¿cierto?.

—¡Cierra tu sucia boca!.

—No pelearé más con un gusano,como tú —digo, dando la vuelta—. Adiós Riddle.

Mi cabello por poco le golpea su rostro, al verlo pasar, se enfurece y grita «Piérdete sangre sucia». Odia que lo ignoraran. Aunque mis manos son suaves, al tocar mis golpes, suelto un quejido, uno tras otro, seguro que en todos los pasillos se escuchan. El poco hombre me dejó moretones en el ojo izquierdo, y me rompió el labio. Mis quejas son interrumpidas por tres voces. Magníficas voces angelicales.

—!Sara,Sara,Sara¡ —corren hacia mi.

—¡Harry,Hermione,Ron! —me abalanzo a ellos.

—!Por Merlin Sara¡, te masacro —Ron solo tardó un segundo en reírse.

—¿De que te ríes? —reclama Harry.

¡Si,es cierto,lo siento! —intenta recomponerse de nuevo—. Pero es imposible no notarlo.

Un silencio incómodo se hace presente, Ron aguanta la risa, parece que explotara, así que mejor lo haré yo. Sus expresiones cambian y me acompañan en este sentimineto.

—Eres ordinaria —bromea Hermione, palmeando mi hombro—. Te meterás en muchos problemas.

—¡Si Sara! —reprocha Harry—. Por una vez en tu vida escuchanos.

—’’Está bien papá y mamá’’ —contesto, bufando hacia ellos—. Es que si hubieran visto como lo dejé. ¡Ja!, Se me quitaron todas las ganas de golpearlo.

—Ya lo sabemos, más bien toda la escuela lo sabe —cuenta Harry, empezando a caminar.

—No me importa. Quiero que vean el tipo de demonio que es. —Es verdad, que si me da vergüenza que todo el mundo se entere—. Intentaré no volver a hacerlo, no quiero meterlos en problemas.

—Despreocupate Sara, estaremos bien —dice Hermione, sentí su cálido brazo al entrelazarse con el mio—. Somos nosotros los que debíamos protegerte. Lo sentimos por no estar ahí.

—Ya no interesa —aclaro, cambiando de tema—. Por cierto ¿Dónde estaban?

—Pronto lo descubrirás ... . —confiesa Ron, lanzando un guiño con picardía.

—¡Uy pequeños traviesos!, espero que sea divertido.

—!Oh si linda¡, así será —Harry siempre era el cómplice de las locuras de Ron y esta vez no era la excepción.

—¿Y qué castigo te pusieron? —pregunta Hermione.

!Ay¡, ni me lo recuerdes —alego, rodeando los ojos—. Me bajaron cincuenta puntos. Lo siento por ello. También no podré ir sábado.

—!¡No, eso es injusto!. Me prometiste que asistirás —Harry agacha sus labios y su rostro—. ¡Es mi primer juego!.

—¡Lo siento mi Harry! —Alzo su rostro para que me mirara—. No te enojes conmigo. Perdoname. Prometo asistir al siguiente.

—¡Que sea verdad!. ¿No faltarás?. ¡Juramelo! —Pone esos ojos tiernos que me derriten.

¡Te lo juro! —No evite darle un abrazo.

—Te preocupas más por el partido. ¡Perdimos cincuenta puntos!. !Cincuenta!. —La queja de Hermione es normal, así es ella.

—Lo lamento amiga. —Trato de calmarla—. Haré lo posible para recuperarlos.

—Relajense chicos. Mejor vamos a caminar afuera. —Siempre Ron, disolviendo el mal humor.

***

Nos encontramos en el comedor, disfrutamos de la cena, la comida aquí es magnífica, ya pronto nos iremos a descansar. Otros gritos, que no eran angelicales, causan que mi tenedor se caiga.

—¡¿Quien lo hizo?! —grita, Tom Riddle —¿¡Dónde está Sara!?

«Aquel hombre elegante y prepotente se encamina hacia mí. ¿Ahora que hice?» —¿¡De qué hablas Riddle!?. No molestes, estamos comiendo. —Intento volver a la comida.

—¡No te hagas la tonta!. !¡Sabes a qué me refiero! —Mi plato rebota, por el impacto de sus manos en la mesa—. !Me destruiste la cama¡. ¡La rompiste!, ¿¡En qué pensabas!?.

—!¡Qué pasa aquí! —interviene el profesor Snape.

—!Esta chica esta demente¡. ¡No le bastó con golpearme, profesor!.

—!No sé de qué está hablando¡. ! ¡Él es el loco!. ¡Nunca iría a su habitación!

—Ella lo hizo yo la vi —dice, Draco señalando. ¿Por qué se mete?—. La vi en la habitación.

—¡Callate Draco!. Estuve con mis amigos toda la tarde. Ellos lo pueden confirmar. —Los miro para que me ayuden.

—¿Es verdad? —Les pregunta, Snape.

—Si. Así señor. Estuvimos afuera. —Aseguran con confianza.

—¿Lo ve señor?, él miente, como siempre.

—¿Acaso, les cree?. ¡Son sus amigos! ¡Mienten para encubrirla!.

–¡Mentiroso! —Las palmas de las manos, me arden al golpear la mesa, y me paro.

—¡Guarden silencio ahora mismo! —interrumpe, Snape—. Señorita Sara no hay nada que demuestre que usted no lo hizo. No podemos perder tiempo con esta situación. Debido a su pelea matutina usted debe arreglar este problema. Sino perderá otros cincuenta puntos.

—¡NO¡ —gritan, Harry, Hermione y Ron.

Todos en el comedor escuchan los gritos y observan mis ojos llorosos, de la impotencia que se acumula en mi, y de ver a mis amigos frustrados. Me resigne, y como si no fuera yo la que hablaría, conteste. —Lo solucionaré.

—Así debería ser —afirma el profesor Snape—. Acompañame. Iremos por repuestos de todo.

Con mi cabeza agachada, y muchas emociones encontradas, proseguí a seguir al profesor Snape. Definitivamente no era mi día.

—Llegamos Señorita. —señala la habitación—. ¡Sujeté!. —Extiendo mis manos para tomar las cosas—. Sabanas, cobijas y almohadas. A la habitación de Riddle, pronto la profesora McGonagall llegará a recogerla.

—Entiendo —asiento con la cabeza. —Con permiso, me retiro.

Camino por los pasillos para llegar a la habitaciones de los chicos de Slytherin, no niego que todo es agradable a la vista, un poco sobrio para mi gusto, pero , no son más bonitas que las de mi casa, Gryffindor. En mucho tiempo, ningún Gryffindor había entrado a la sala común de Slytherin. Paso por el dormitorio de las chicas, las cuales murmuran cosas como: ‘’¿Qué hace ella aquí?’’, ¿Acaso no es la que se peleó con Tom?,’’Pronto escucharemos gritos’’, irrespetuosas chicas, pero no las juzgo, todos saben esas cosas.

« ¡Es un desastre! Yo no hice esto, pero , hubiese sido divertido ver su cara» —¡Buenas noches! —saludo a los chicos, por la educación—. Entraré a arreglar la cama.

—¡¿Entonces si fuiste tú?! —exclama Theodore Nott, caminando hacia mi.

—¡No fui yo!. ¿!Acaso nadie lo entiende!? —Le reprocho con ira—. No estoy para tus cosas… Mejor hazte a un lado, debo colocar estas sábanas.

—¡Uy!. Niña delicada. —Levanta sus manos hacia atrás—. ‘’Te verás bien como mucama’’.

—¡Yo si tengo educación!. No como tu patan. —Tiro las cosas sobre la cama—. Deberían arreglar las suyas. «Parece que alguien se peleó entre ellas».

—¡Retírense todos!. ¡Ahora!. Déjenos solos —grita, Riddle.

Doy un pequeño salto ante su grito, uno como cuando no quiero hacer deporte. Esa horrible voz, a veces me causa escalofríos, y por eso, lo detesto más.