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Al criarse bajo los cuidados de su abuela después de la muerte de sus padres yuki que había llevado una vida tranquila hasta ese momento nunca pensó que por culpa de una pequeña piedra de dudoso origen dada por su abuela terminaría corriendo por su vida de una criatura que no era humana ni por asomo.
"Deja de esconderte pequeña bestia y muestrate. Siéntete honrada de convertirte en mi cena." Con una voz escalofriante y áspera, un ser de apariencia humanoide pero características de insecto se movió sigilosamente por el bosque.
Yuki con la piedra en la boca se encogió en una esquina de una pequeña madriguera abandonada que había encontrado, temblando sin parar extremadamente asustado.
Hizo todo lo posible para ocultar su rastro, incluso haciendo su respiración y pulso más tenues para evitar ser notado, pero nada escapa del agudo olfato de un demonio, menos uno acostumbrado al rastreo.
En cuestión de segundos un rostro aterrador se asomo por la entrada de la madriguera con una siniestra sonrisa.
"Te he encontrado..."
Todo el pelaje de Yuki se erizo en segundos, presa del pánico trago por accidente la piedra que había estado sosteniendo en su boca, no pudo preocuparse por haber tragado algo que no debería cuando sus ojos se quedaron fijos en la mano que se acercaba a el.
Fue como ver su vida pasar frente a sus ojos.
Pero en ese preciso instante, todo a su alrededor cambio, ya no se encontraba en aquella madriguera, incluso la forma que había adoptado su cuerpo había desaparecido volviendo a tener el cuerpo de un humano.
Yuki estaba tan pálido como un papel, mirando el techo de la sala de luto confundido, que antes de encontrarse en esa situación de vida o muerte, había estado limpiando.
"¿...Fue una pesadilla?" Con apenas un hilo de voz se incorporó del piso de madera que soltó un crujido por su movimiento.
Yuki peino su cabello hacia atrás, mirando en todas las direcciones asegurándose de que de verdad estaba en casa y que no volvería a esa oscura madriguera, acechado por aquel monstruo.
Cuando estuvo 100% seguro, soltó un gran suspiro de alivio permitiéndose relajarse, está vez examinando su cuerpo, al ver sus manos blancas, pareció confundido.
"¿y las almohadillas de gato que tenía antes?¿El pelaje blanco y sedoso?¿Sus garras?"
Todo volvió a la normalidad....
Eso pensaba hasta que noto la ausencia de la cuenca púrpura que había estado sosteniendo en su "boca" todo el tiempo, pero que en algún momento desapareció, Yuki entró en pánico.
"¿Desapareció?¡¿Dónde?!"
Un objeto tan peligroso no podia simplemente caer por ahí, Yuki se incorporó apresuradamente pero no contó con perder la fuerza en las piernas, sin poder mantener el equilibrio y con un terrible dolor de cabeza volvió a caer al piso en un ruido sordo.
"¡Arg-!"
La cabeza le punzaba horrible, como si algo le taladrara el cráneo.
Sin entender la razón detrás de aquel dolor de cabeza tan repentino, Yuki sostuvo su cabeza con dolor, con los ojos llenándose de lágrimas.
Golpes en la puerta sonaron.
Yuki trago saliva, abriendo los ojos a duras penas, hizo un puchero cuando aquel punzante dolor desapareció tan repentinamente como apareció, dejándole un gran peso de cansancio mental y físico sobre el.
Cerró los ojos sin molestarse en levantarse a abrir la puerta a quien fuera que estuviera tocando de forma cada vez más insistente al no obtener una respuesta.
No cualquiera puede entrar en su propiedad, los pocos que pueden son personas confiables, como omega era muy cauteloso y no confiaba fácilmente en los demás, seguía las enseñanzas de su abuela.
Cuando la mente de Yuki se nublaba en medio de la somnolencia, escuchó un estruendo, y unos pasos apresurados que se dirigían a la sala de luto donde estaba.
La puerta fue deslizada con búsquedad y una mujer mayor con el cabello canoso entró con una expresión preocupada, seguida de dos hombres altos y corpulentos.
Al ver a Yuki tirado en el piso con los ojos cerrados la mujer estalló en lágrimas.
"¡Yuki!¡La tía ya está aquí!¡Despierta!" Arrodillandose para sostenerlo con cuidado y acostarlo en su regazo la mujer se limpio las lágrimas. "Despierta..."
"Madre, que tal si lo llevamos al hospital?" Uno de los hombres, con un poco más de musculatura que el otro hablo con tono preocupado.
El otro lo apoyó: "Madre, yuki-chan no se ve bien, míralo, está pálido. Llevemoslo al hospital."
La mujer estaba por decir que aceptaba, cuando sintió un tirón en su ropa, al bajar la mirada, yuki algo demacrado abrió los ojos mirandola.
"Tía, estoy bien... No hay necesidad de ir al hospital." Dijo Yuki con tan sólo un hilo de voz, muy renuente a pisar un hospital.
La mujer no estaba muy segura e insistió: "Yuki, no seas terco, estás en mal estado. Vamos, la tía cuidara de ti y te hara compañía en el hospital, es mejor ir."
"Escucha a madre Yuki, como omega eres más vulnerable, la muerte de la abuela fue un golpe muy duro, en especial para ti, no intentes hacerte el fuerte." Consiente de las intenciones de Yuki de volver a negarse, el hombre más corpulento lo miro con seriedad.
Yuki fruncio los labios, pero no daría el brazo a torcer, no quería volver a pisar un hospital, sólo de pensarlo se le revolvia el estómago, volver a estar en el mismo lugar donde sus personas más amadas se despidieron una después de otra de el, lo volvía aprensivo.
Pero si el era terco, sus parientes lo eran aún más, así que para evitar que se preocuparan, pensó agotado en otra alternativa.
"Llama a la Dr. Emma, ella puede revisarme." Dijo tratando de levantarse pero por alguna razón estaba tan débil que no podia, y sólo podía seguir acostado en el regazo de su tía.
"Yuki..."
"Tía... por favor." Pidió Yuki a su tía, mirandola con ojos suplicantes, sin poder negarse a eso, la mujer asintió con un suspiro.
"Entendido." Mirando a sus dos hijos les dio un instrucción silenciosa que obedecieron, saliendo de la sala uno tras el otro. "Ven Yuki, la tía te ayudará a llegar a tu habitación."
"Hmmm." Yuki se dejó apoyar por su tía, caminando con casi todo su peso sobre su tía, quien ni parpadeo, caminando lentamente para que Yuki no cayera.
Yuki agradeció desde el fondo de su corazón a su tía, y agradeció aún más que no preguntará nada respecto a que hacia en la sala de luto, ni a por que estaba en ese estado.
Aunque Yuki se preguntaba eso mismo, sin poder dar respuesta a lo que había experimentado.
Pero estaba seguro de algo, fue real, completamente real.
Nunca podría equivocarse con algo así.








