CapΓtulo I
En alguna parte del mundo habΓa un bosque denso, los rumores sobre aquel bosque dicen que si te adentras a este mismo te perderΓ‘s y nunca encontrarΓ‘s la salida a causa de la neblina que cubre el bosque entero, pero otros dicen que si has sido una buena persona unos seres pequeΓ±os con apariencia de mariposa te guiarΓ‘ hacia la salida, nadie ha logrado ver a dichos seres mΓ‘gicos, o ver mΓ‘s haya de aquel bosque, no hasta que un dΓa que un pequeΓ±o grupo de hombres montando caballos vistiendo una armadura que a la vista de otras personas se ve pesada, aquel grupo en busca del poder absoluto sobre todos los lugares quiso adueΓ±arse de aquel bosque, todos esos rumores le parecΓan mΓ‘s que patraΓ±as, con espada en mano el primero de todos a quien llamaban: lΓder, alzΓ³ su espada en alto, dando aviso a que avanzarian.
Dada aquella seΓ±al todos avanzaron sin ver atrΓ‘s, en dicho bosque lo que resonaba era los galopes de aquellos caballos y los gritos de los hombres, el lΓder quien no tardΓ³ en avanzar e ir al frente y guiar a sus hombres, sin embargo aquel hombre no sabΓa que por culpa de su avaricia y egoΓsmo habΓa cometido el peor error de su vida.
Tiempo despuΓ©s aquellos rumores se desvanecieron como un susurro en el silencio...
En alguna parte del mundo habΓa un bosque denso cubierto de neblina, los rumores sobre aquel bosque dicen que si te adentras al bosque no saldrΓ‘s vivo, pues cientos de hombres en armadura montando un caballo blandian una espada muy filosa, aquellos hombres que por nombre tienen: caballeros, no permitΓan la entrada a nadie que no perteneciera aquel bosque, pues en los adentros de aquel bosque espeso habΓa un reino llamado Nefaria, gobernado por un rey egocΓ©ntrico.
Cuando descubrΓo aquel bosque lo tomo de su propiedad, llevo a su pueblo hacia aquel bosque y los hizo trabajar dΓa y noche sin descanso para poder construir su reino, reino el cual nombro Nefaria, siendo el primer Rey de aquel reino decretΓ³ que nadie que no fuera de su pueblo entrarΓa al reino, y nadie de su pueblo saldrΓan de su reino.
Y asΓ fue con el paso de los aΓ±os, nadie se acerca aquel bosque para entrar o para salir, puesto que el mismo bosque es la divisiΓ³n del Reino Nefaria y el exterior.
El Rey satisfecho con aquello fue envejeciendo con el pasar de los aΓ±os, un miedo lo invadiΓ³ pues el morirΓa sin tener un sucesor al trono, y necesita alguien digno de aquel tΓtulo y que fuese de su sangre, fue entonces que le dijo a sus sirvientes:
βNecesito un sucesor al trono inmediatamente, asΓ que trΓ‘iganme a una doncella joven, la mΓ‘s pura y bella de mi reino, pues ella tendrΓ‘ el privilegio de llevar mi semilla y concebir a mi progenitor
Y fue asΓ como los sirvientes del Rey acataron la orden y trajeron a las 7 doncellas mΓ‘s hermosas y puras del Reino, pues una de ellas serΓa la que darΓa a luz a su progenitor y el siguiente sucesor al trono.
Pasado los 9 meses la mujer que fue escogida por el Rey estaba a punto de dar a luz. Gritos de dolor se escuchaban en una habitaciΓ³n del castillo a puertas cerradas, el Rey quien se encontraba afuera de la habitaciΓ³n caminando de un lado a otro con cierta preocupaciΓ³n pues nunca estuvo en una situaciΓ³n asΓ antes, preocupado por aquella doncella ya que en el tiempo que estuvieron juntos se habrΓa enamorado perdidamente de la mujer.
Dentro de la habitaciΓ³n se encontraban dos sirvientas quienes eran encargadas de ayudar en aquel parto. Fue entonces que aquellos gritos de dolor de parte de la doncella cesaron, el Rey quedΓ³ inmΓ³vil al no oΓrla mΓ‘s pero el lloriqueo de un bebΓ© fue el que dio paso en aquel silencio, las puertas de aquella habitaciΓ³n se abrieron y una de las sirvientas cargaba en brazos a esa diminutiva persona.
βMuchas felicidades mi Rey, es un barΓ³n que desborda de muy buena salud.
El rey se acercΓ³ para ver aquel ser, algo en su corazΓ³n se moviΓ³ nunca en su vida habΓa visto a alguien tan dΓ©bil y frΓ‘gil al mismo tiempo, tomo la pequeΓ±a mano del bebΓ© con su dedo y un apretΓ³n sin tanta fuerza en su dedo fue recibido. La mirada del Rey paso del bebΓ© a su mujer quien se encontraba reposando en aquella cama, se acercΓ³ a ella y se sentΓ³ a su lado mientras tomaba su mano, la mujer al ver a su amado sonriΓ³ de manera dΓ©bil, la sirvienta quΓ© tenΓa aquel bebΓ© lo limpio y vistiΓ³ antes de entregarselo a la mujer del Rey.
Unas cuantas lΓ‘grimas salieron de la doncella, no podΓa creer que una cosa tan hermosa haya salido de su ser.
βSe parece mucho a ti...
Fue lo que dijo aquella voz dΓ©bil mientras sonreΓa y veΓa al bebΓ© en sus brazos, el Rey sonriΓ³ tiernamente y acariciΓ³ la mejilla de su mujer.
βEsa belleza tan ΓΊnica la a heredado de ti mi querida Reina, porque ante mis ojos serΓ‘s el ΓΊnico ser mΓ‘s hermoso de todo el reino y el mundo entero que pueda tener.
El tiempo paso nuevamente, esta vez un niΓ±o de tan solo 4 aΓ±os jugaba tranquilamemte con un pequeΓ±o caballo de madera, levantΓ³ su mirada vio corriendo a varias personas a una habitaciΓ³n en especifico.
Aquel niΓ±o curioso se levantΓ³ de su lugar y camino hacia la misma direcciΓ³n de esas personas, fue entonces que vio que era la habitaciΓ³n de su madre, vio a su padre afuera de la habitaciΓ³n caminando de un lado a otro con intranquilidad. Aquella curiosidad e inocencia hizo que se acerca a su padre, este sin darse cuenta de aquella pequeΓ±a presencia sintiΓ³ un tirΓ³n en su manto real, y bajo su mirada encontrΓ‘ndose con aquel niΓ±o, pero pronto lo ignoro en cuanto vio que alguien saliΓ³ de la habitaciΓ³n de su amada.
El Rey quien esperaba una respuesta departe de la sirvienta se acercΓ³ a ella, y esta misma con una mirada baja en respeto, negΓ³ con su cabeza. El Rey se tenso al ver aquello, giro su mirada hacia la cama de la habitaciΓ³n en esa misma cama ya hacia su amada sin vida.
Sin pensarlo dos veces se acercΓ³ a ella y la tomo entre sus brazos, negandose a perderla para siempre, lΓ‘grimas desbordaron de sus ojos y abrazo a su amada con fuerza no querΓa soltarla, no estaba preparado para esa situaciΓ³n.
Mientras tanto un pequeΓ±o que estaba escondido detrΓ‘s de la puerta, mirΓ³ aquella escena; su padre abrazando a su madre, vio la mano de su madre caer a los costados de su padre sin fuerza alguna, aquella mano tan cΓ‘lida que caracterizaba a su madre, el pequeΓ±o entrΓ³ a la habitaciΓ³n y se acercΓ³ a la cama para tomar la mano de su madre, pero aquella mano que era tan cΓ‘lida se volviΓ³ tan helada como la nieve.
βΒΏMamΓ‘ tienes frΓo?...
Dijo esa diminutiva voz, el Rey aterrorizado giro su cabeza asΓa el pequeΓ±o, no querΓa que el viera tal escena
βLlΓ©vense lo de aquΓ
Dio ordenes el Rey a sus sirvientes, el niΓ±o se asustΓ³ al oΓr aquella voz tan fuerte de su padre, y los sirvientes tomaron al niΓ±o en brazos para llevΓ‘rselo de la habitaciΓ³n, el niΓ±o empezΓ³ a llorar el no querΓa irse de ahΓ, querΓa estar con su madre.
βΒ‘No no, mamΓ‘, no me quiero ir, mamΓ‘ diles que me bajen! Β‘MamΓ‘!
El niΓ±o suplicaba con lΓ‘grimas en sus ojos que lo bajasen pero no fue escuchado, y fue llevado a su habitaciΓ³n.
Los aΓ±os pasaron, aquel niΓ±o creciΓ³ convirtiΓ©ndose en un hombre y el PrΓncipe del Reino Nefaria, su padre el Rey quien ya hacia en una cama con su salud demasiado dΓ©bil mando a llamar a su progenitor.
Le dio ordenes muy especΓficas.
βEncuentra a una mujer y conviertela en tu esposa, pues pronto mi vida se apagarΓ‘ y como mi sucesor al trono, pronto se te entregarΓ‘ mi reinado, mi legado al trono debe seguir asΓ que ten a tu progenitor varΓ³n y conviertelo en tu sucesor al trono, para entregΓ‘rselo cuando envejescas.
El prΓncipe con una expresiΓ³n neutral colocΓ³ su mano derecha sobre su corazΓ³n y se inclinΓ³ ante su padre, jurando hacer aquello que su padre le ha dicho.
Tras la muerte de su padre el ahora antiguo Rey de Nefaria, el PrΓncipe fue nombrado el nuevo Rey de Nefaria, mandΓ³ a buscar a la doncella mΓ‘s pura y bella de su Reino para hacerla su esposa y que esta misma le de a su progenitor. Sin muchas expectativas sobre la vida al convertirse en Rey, no le importo la mujer que fuera su futura esposa, pues el ya no conocΓa lo que era el amor, ya que la persona que mΓ‘s amaba en la vida la habΓa perdido ya hace muchos aΓ±os atrΓ‘s.
Y fue asΓ como cada Rey siguiΓ³ con aquel legado dada por el primer Rey de Nefaria, cada progenitor varΓ³n se le fue entregado el trono buscaban a su esposa y que esta misma diese a luz a su prΓ³ximo sucesor al trono.
Es una lΓ‘stima que ninguno de ellos pudo ser feliz...








