Prólogo – La Era del Silencio

Fragmento I
Manuscrito de Lugh
Cuando la línea es quebrada por el fuego, no muere.
Solo duerme... en la piedra.
Y cuando el eco vuelva a despertar, sabrá quién es, aunque no lo recuerde.
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La Era del Silencio
Año 832 después del nacimiento de los hombres del sur
Cuando el fuego de los dioses fue apagado en los robledales,
cuando los cantos dejaron de escucharse en las piedras,
cuando los nombres antiguos se convirtieron en susurros...
empezó la Era del Silencio.
Los druidas, que durante siglos habían hablado con el cielo,
sanado con la tierra
y escrito sin tinta en la memoria de los suyos,
fueron perseguidos.
Quemados.
Olvidados.
Las Islas del Norte, una vez hogar del saber y los portales,
ardieron bajo los estandartes de hierro.
Y los que no murieron, se ocultaron.
Bajo tierra,
bajo nombres falsos,
bajo la piel de sus hijos.
El conocimiento no desapareció.
Se durmió.
Guardado en piedras.
Encerrado en sueños.
Sellado con canciones que solo despertarían
cuando el linaje estuviera listo para recordarlo.
En el oeste de Irlanda,
donde el lago de las nieblas aún respira,
una aldea oculta mantiene viva la chispa.
Allí, entre árboles viejos y piedras que miran al cielo,
una muchacha camina sin saber quién es.
Pero su sangre recuerda.
Su nombre es Erea.
Y cuando la piedra blanca vuelva a latir...
la historia comenzará de nuevo.
"Gracias por llegar hasta aquí... Este prólogo es la semilla que despertó toda la saga. Si sentiste algo al leerlo —aunque sea una vibración suave—, ya estás dentro del linaje. Te leo en los comentarios."
– Gi Allocco Delponte








